Adolf Hitler y Neville Chamberlain, 30 de Septiembre de 1938.

La incertidumbre de las langostas

Edgar Cherubini Lecuna

París, Enero 2018

Werner Heisenberg, Premio Nobel de Física 1932, enunció el llamado principio de incertidumbre o principio de indeterminación, según el cual es imposible medir simultáneamente, con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula. Esto significa, que la precisión con que se pueden medir las cosas es limitada. La incertidumbre no se deriva de los instrumentos de medida, sino del propio hecho de medir. Con los aparatos más precisos imaginables, la incertidumbre continúa existiendo. Desde entonces, el vocablo es de uso cotidiano. Por su parte, Stephen Hawking, dedicado a la didáctica y popularización de los complejos alcances de la Astrofísica, en su Teoría del tiempo, dice que “Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido de que es solo una hipótesis: nunca se puede probar. A pesar de que los resultados de los experimentos concuerden muchas veces con la teoría, nunca podremos estar seguros de que la próxima vez el resultado no vaya a contradecirla”.

Si en física las cosas no son absolutas, sino que, por el contrario, son inciertas, lo son más aún en la escala humana, ya que nuestras pequeñas y a veces colosales incertidumbres cotidianas se han convertido en un modo de vida, en algo natural. Ante la falta de certezas, la gente se alimenta de ilusiones, como las langostas que se sienten atraídas por un señuelo y no ven la nasa de red, la trampa que consiste en un cilindro que se va estrechando en forma de embudo invertido, de forma que cuando la langosta se introduce dirigiéndose hacia el cebo, cae en un depósito del que no puede salir, permaneciendo allí por días, hasta que es recogida, almacenada por semanas y posteriormente distribuida “viva” local e internacionalmente en todo el planeta. No puedo dejar de pensar en la analogía de las langostas de mar con las ideologías y fanatismos religiosos.

A propósito de la ingenuidad de las langostas, causa de su irremediable destino, no nos sorprenden las declaraciones del 12 de Enero de 2018, emitidas por Federica Mogherini, representante de la Política Exterior de la UE, a la salida de una reunión con Javad Zarif, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, en la que estaban presentes sus pares de Inglaterra, Alemania y Francia: “El acuerdo con Irán hace que el mundo sea más seguro”, afirmó emocionada la diplomática. Los nuevos Chamberlain se reunieron con el nuevo Goering para poder declarar a Occidente: “Hay que seguir escrupulosamente los términos (del acuerdo), es un instrumento crucial para mantener la paz en la región y en el mundo”, expresó por su parte el enviado de Francia a esta consulta.

Esta noticia nos hace recordar a Hitler y a su lugarteniente, el hampón disfrazado de mariscal Heinrich Goering, al prometer paz, estabilidad y seguridad a Europa al políticamente correcto canciller inglés Neville Chamberlain, mientras la maquinaria de guerra Nazi ocupaba Austria, Checoslovaquia y Polonia y preparaba la invasión al resto de Europa. El acuerdo firmado el 30 de Septiembre de 1938, fue suscrito en términos similares al de Irán: “Hemos tenido una reunión hoy y estamos de acuerdo en reconocer que la cuestión de las relaciones anglo-alemanas es de primera importancia para los dos países y para Europa. Consideramos que el acuerdo firmado ayer por la noche y el Acuerdo Naval Anglo-Alemán como símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no ir a la guerra de nuevo. Estamos decididos adoptar el método de la consulta para hacer frente a cualquier otra cuestión en referencia nuestros dos países, así como estamos decididos a continuar con nuestros esfuerzos para eliminar las posibles fuentes de diferencia y contribuir así a asegurar la paz en Europa”. Dos meses más tarde, el 6 de diciembre de 1938, von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich y Georges Bonnet, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, firmaron otro acuerdo, en términos idénticos al anterior: “(…) para la consolidación de la situación en Europa y el mantenimiento de la paz general”. En Mayo de 1940, Alemania invadió Francia ensayando con éxito su novísima Blitzkrieg o “guerra relámpago”.

La incertidumbre es alimentada día a día por la irresponsabilidad, la ingenuidad, superficialidad, el colaboracionismo en los negocios o la estupidez de los políticos occidentales. Como si nada, el régimen totalitario iraní, siguiendo su dictado teocrático de sojuzgar a los infieles de Occidente, continúa con sus pruebas de misiles balísticos y su retórica genocida contra Israel, país al que ha jurado borrarlo del mapa. Sumemos a esto el ingreso de miles de yihadistas a Europa, Norte de África y Gaza, debido a la retirada del Estado Islámico (ISIS) de Irak y Siria, muchos de éstos diluidos en la avalancha de inmigrantes que diariamente penetran las fronteras de Europa y que engrosarán las redes de fanáticos ya enclavadas en el corazón de las ciudades, donde ensayan nuevos métodos para sembrar el terror, cobijados a la sombra de la corrección política de los gobernantes, protectoras ONG’s y organizaciones políticas de extrema izquierda. Hay que anotar en este resumen el incremento exponencial de la persecución y matanza de cristianos con el auge del fundamentalismo islámico. En 2017 fueron asesinados 3.066 cristianos, el doble del 2016.

  Busto de Putin emperador, San Pétersburgo, 2015               

En este recuento de acontecimientos acaecidos en 2017 y las sospechas que en el 2018 serán similares o peores, no podemos pasar por alto los alcances del poder económico global de China y su penetración en varios continentes, ni el impulso con el que Putin ha iniciado el nuevo ideal hegemónico de Rusia como superpoder. Sobre esto último y aunque parezca una mera anécdota, no deja de ser significativa una noticia que pasó desapercibida en medio de tantas superficialidades, amenazas y calamidades globales. Se trata del busto en bronce de Putin, engalanado con una toga de emperador romano, erigido al Norte de San Petersburgo. Un despacho de la AFP da cuenta de la ceremonia inaugural donde se desveló la estatua: “Andrei Poliakov, líder de la asociación Ibris, que reúne a los cosacos de San Petersburgo, expresó: ‘La imagen de un emperador romano es la de la sabiduría, y esto corresponde al rol histórico de Vladimir Putin que logró unir Rusia y Crimea”. La anexión de esta península ucraniana en marzo de 2014 y el apoyo de Moscú a los separatistas en el este de Ucrania han llevado a un deterioro sin precedentes en las relaciones entre Rusia y los países occidentales desde el final de la Guerra Fría, que no reconocen esta anexión y han impuesto fuertes sanciones económicas a Rusia. La situación en Crimea se encuentra estancada hasta la fecha, pese a los diferentes encuentros amistosos de Putin con líderes europeos y con Trump.

Pero el incierto futuro del mundo, ante una posible reedición de la Guerra Fría, es minimizado en un análisis del pretigioso Hudson Institute, titulado The New Era of Global Stability (19.12.2017). Arthur Herman, su autor, afirma que Putin “no está interesado en revivir el comunismo o la revolución mundial. El presidente ruso simplemente quiere preservar su propio poder y restaurar la ascendencia de su país en Europa del Este, decidido a revertir el eclipse de Rusia como superpotencia”. Sobre China, Rusia y el posicionamiento de la nueva administración norteamericana, afirma: “Algunos dirán que esta rivalidad a tres bandas está causando tensión, arriesgando otra guerra mundial. Lo dudo. En esta nueva era, la fricción y los intereses en competencia serán vistos como naturales. La Estrategia de Seguridad Nacional (de EE UU) lo dice claramente: “La competencia no siempre significa hostilidad, ni conduce inevitablemente al conflicto”. Pero el conflicto puede detenerse antes de la guerra, gracias al equilibrio de las fuerzas opuestas y el poder de disuasión económica y militar”. Para confirmar esto, el autor cita una frase del presidente Trump: “Una América que compita con éxito es la mejor manera de prevenir el conflicto”. El autor concluye: “No es una era que hará felices a los idealistas o humanitarios. Pero a pesar de todas sus imperfecciones, después de un siglo en el que los ideólogos y los fanáticos han matado y mutilado a decenas de millones tratando de hacer del mundo un lugar perfecto, ¿existe la probabilidad de que lo hagamos peor?”.

Pero la incertidumbre se hace presente con énfasis en América Latina, donde se instituyó como cultura la perversión política, la corrupción y la reedición de las dictaduras, esta vez de izquierda, operadas por la tiranía cubana en su impune expansión subversiva contra las democracias continentales, gracias al sostén de la izquierda internacional enquistada en todas las instituciones internacionales, asi como del Papa Francisco, del apoyo del partido demócrata americano y los partidos socialistas y comunistas europeos. La dramática crisis venezolana es el reflejo de esta destructiva psicopatía política, que ha provocado 25.000 asesinatos anuales en ese país y en el que 30 millones de personas subsisten sin poder ejercer sus derechos ciudadanos, sin comida, ni medicinas, en la más completa incertidumbre, rehenes de unos militares y delincuentes en el poder. Nadie tiene la certeza de si amanecerá al día siguiente. Como bien dice el editorial de El Nacional (17.01.2018), “Venezuela está al arbitrio de un juego de dados, de una suerte que puede o no llegar a su destino”.

En medio de un destino incierto para los habitantes de este planeta, del desastre humanitario de Venezuela y de minorías en peligro de extinción en diversas regiones, hay quienes se preocupan por los sentimientos de las langostas que se van a comer en el almuerzo o cena. Los diarios europeos dieron cuenta de la revisión de las leyes de protección animal en Suiza, que motivó a su gobierno a emitir un decreto el 10 de enero pasado, prohibiendo a los cocineros sumergir langostas vivas en agua hirviendo, considerado esto como acto de crueldad, debido a que los defensores de los derechos de los animales y algunos científicos han llegado a la conclusión de que las langostas tienen sistemas nerviosos complejos y son propensos a experimentar dolor cuando se las hierve. A partir de ahora tendrán que “aturdir a los crustáceos de antemano con descargas eléctricas o destrucción mecánica del cerebro, antes de arrojarlos en agua hirviendo”, dice la ley. Importadores y vendedores de este sabroso y costoso crustáceo también se verán obligados por este decreto a “mejorar el bienestar de las langostas durante el transporte y almacenamiento”. Como referencia, el precio de una langosta de 500 gramos, importada viva de USA o Canadá, cocinada según la tradición de los restaurantes parisinos, es decir, arrojadas al agua hirviendo, está por el orden de los 52 Euros, es decir, el equivalente a 12.148.679 BsF, la moneda nacional de una Venezuela hiperinflacionaria.

Es probable que esta toma de conciencia sobre las langostas se deba al relato del periodista y escritor estadounidense David Foster Wallace, el día que asistió al Festival de la langosta en Maine. Foster Wallace describe el sufrimiento de estos crustáceos: “Incluso cubriendo la olla y alejándose de ella, puedes escuchar el chillido, el golpeteo y el chirrido de la langosta contra las paredes. O las zarpas de la criatura aruñando la olla tratando de salir. En otras palabras, la langosta tiene mucho de ti y de mi si nos arrojaran en agua hirviendo” (Consider the Lobster, 2006).

Como, gracias a los suizos, ya existe una certeza para las langostas, al poner fin a sus incertidumbres antes de ser cocinadas y almorzadas, sin duda habrá esperanza para nosotros los humanos, de ponerle fin a las nuestras.

Fernando Savater, en su artículo Incertidumbre (El País, 11.05.2015), afirma: “El principio de incertidumbre de Heisenberg, en física cuántica, dice que no se puede conocer al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula elemental. De modo semejante, el sabio no logra conocer la conjunción de su situación histórica y el vértigo acelerado de sus descubrimientos. Y quizá tampoco ninguno de nosotros sepa determinar juntamente dónde está y a dónde va en este mundo hermoso y atroz”.

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No nos quedan más comienzos

Edgar Cherubini Lecuna

París, Octubre 2017

El historiador Yuval Harari (Sapiens, 2014; Homo Deus, 2015), augura para el mundo un escenario preocupante que debe llamar a la reflexión a todos los venezolanos conscientes: “Las tecnologías, el conocimiento y la información están ampliando las desigualdades entre una clase de superhombres con mayores capacidades y posibilidades y el resto de la humanidad, la casta de los inútiles”.

Esto ya es una realidad en Venezuela, ya que mientras otros países, muchos de ellos pequeños, sin petróleo ni fuentes de energía, se preocupan por invertir y desarrollar el conocimiento, retener y atraer a los mejores talentos, buscar la excelencia en sus campus universitarios, nutrir la cultura y las artes, potenciar la agroindustria, desarrollar start-ups, pequeñas y medianas empresas dedicadas a la innovación tecnológica, acelerar el desarrollo de las ciencias vivas, desarrollar energías alternativas, hacer emerger las ciudades del mañana mediante diseños urbanos sustentables, alentar economías de nicho, promover políticas públicas eficaces, empoderar al ciudadano, invertir en el desarrollo informático, en la investigación biomédica, en la gestión sostenible de los residuos, en fin, todo lo que esta civilización y en especial las sociedades democráticas están demandando de sus gobiernos, Venezuela, un gigantesco teritorio pletórico de recursos y de gente buena, se ha quedado rezagada de la economía global, de las nuevas tendencias del desarrollo, de la sociedad del conocimiento, de las innovaciones y en general de la creatividad necesaria para enfrentar los retos que representan los nuevos paradigmas de la civilización, ya que una casta de inútiles en alianza con militares y el crimen organizado nos ha retrocedido a etapas primitivas.

Desde el boom del petróleo en la década de 1970 hasta el presente, estos temas han desaparecido del imaginario político. Políticos y gobernantes, han obviado reflexionar y debatir sobre modelos desarrollo que no estén basados en la renta petrolera y en las importaciones, debido a que allí han estado y continúan estando las oportunidades de enriquecimiento de una casta privilegiada de arribistas, políticos y militares, asociados a cada gobierno de turno, siendo una de las causas que ha contribuido a la ruina en la que hoy se encuentra Venezuela.

Durante la presidencia de Chávez, asistimos perplejos, a la mayor elaboración en nuestros años de historia como nación, de la taumaturgia y la deificación de un Estado petrolero absolutista y rentista. Cuando conversamos con ciudadanos de otros países y les comentamos que Venezuela en el ejercicio de una sola administración obtuvo ganancias por el comercio del petróleo de US$ 800.000 millones, no salen de su asombro al enterarse del desesperanzador cuadro de pobreza, escasez, improductividad y marginalidad en todos los indicadores del desarrollo y la economía mundial que exhibe nuestro país.

El chavismo, aparte de entregar la soberanía a terceros, lo que hizo fue potenciar aún más el rentismo y la corrupción. El ingreso petrolero no se reinvirtió en lograr un desarrollo sustentable para lograr la independencia económica, industrial y productiva, mucho menos para sentar las bases de una sociedad del conocimiento. Tampoco se utilizó para empoderar al ciudadano para que éste emprendiera su propio desarrollo y progreso individual, por el contrario, se lo robaron y despilfarraron hipotecando el futuro del país, convirtiéndolo en un paria del progreso humano y a los ciudadanos en mendigos de las bolsas CLAP, eso si tienen carnet del PSUV.

Como lo afirma el pensador Buckminster Fuller: “No podrás cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, debes construir un nuevo modelo que haga obsoleto el modelo actual.”

La verdadera lucha es por un cambio de paradigmas. Entre los factores para lograr la reconstrucción del país y sacarlo del encasillamiento de ideas obsoletas, es imperativo reposicionarlo, hay que pasar de ser un petro-Estado rentista a un Estado emprendedor. La tarea más urgente es la de ensamblar las individualidades para reconstruir el escenario político venezolano, para posicionarlo en el mundo del siglo XXI. Recuperar la voz crítica de ideas, es recuperar la política, cada día que pasa se hace más urgente. En este presente desacertado y dramático, por encima de los cogollos partidistas y de la casta de inútiles surgen voces esperanzadoras que auguran nuevos liderazgos: “es la hora de reunificar a la nación, es la hora de avanzar, es la hora de una nueva conducción política”.

No debemos subestimar la capacidad de los venezolanos para reinventarse. Así como el TSJ legítimo comenzará a sesionar en el exilio, ya por lo menos un think tank ha comenzado a aglutinar los talentos de la diáspora para contribuir a la reconstrucción del país.

Mediante un franco reposicionamiento, en pocos años el país puede alcanzar el desarrollo. Esto solo será posible en democracia, con la participación y voluntad política de mentes lúcidas que decidan corregir el rumbo incierto que ha predominado hasta el presente. Habría que comenzar por superar la pobreza mental imperante durante todos estos años (no hablo solo del chavismo) y buscar un terreno común para el establecimiento de unas reglas de juego claras para salir del cul-de-sac donde nos han conducido.

De acuerdo con George Steiner “no nos quedan más comienzos”, por eso, a la esperanza hay que ponerle nombre, estrategias, conducción, ideas y programas, para hacer posible el renacimiento y la reconstrucción de la nación a la que aspiramos y merecemos.

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Niña secuestrada por un contingente de las FARC en El Caguán, Colombia

 

Los niños invisibles de Colombia

Edgar Cherubini Lecuna

París, Septiembre 2017

Desde hace más de cincuenta años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), han estado en guerra contra el Estado, manteniendo en jaque a la sociedad colombiana. A este escenario de conflicto bélico se sumaron el Ejército de Liberación Nacional (ELN), poderosos carteles de la droga y grupos paramilitares como el AUC. En el presente se habla de una posibilidad para la paz, no exenta de exabruptos políticos y de oscuros acuerdos fabricados en Cuba. En esta larga historia de violencia, la aparición de los niños soldados es una de sus indignantes consecuencias, que hoy diversos factores políticos tratan de ocultar.

Para entender la situación de los niños y adolescentes en el conflicto colombiano, tomemos como ejemplo un parte de guerra del año 2.000: “El ejército colombiano cercó la columna Arturo Ruiz, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC- EP, en medio de la operación Berlín, en Suratá, Santander. Allí murieron 100 personas y fueron capturadas 90, de las cuales 72 eran menores de 18 años” (Ximena Pachón C., La infancia perdida en Colombia: los menores en la guerra, Universidad Nacional de Colombia, 2009).

Pero basta con recordar el informe que en el año 2004 ofrecieron una docena de organizaciones humanitarias, entre las que se encontraban Human Rights Watch, Save the Children y UNICEF, donde estimaban un promedio de 11.000 niños, niñas y adolescentes reclutados por los ejércitos guerrilleros de las FARC, el ELN y las Autodefensas Unidas de Colombia AUC. Los menores, con edades comprendidas entre 9 y 16 años, entrenados para el combate y manipulados psicológicamente, han sido utilizados para acciones de alto riesgo tales como la activación y desactivación de minas antipersonales, asaltos con armas cortas, espionaje, transporte de explosivos y servidumbre sexual para la tropa. Han sido reportados y documentados cientos de casos de niños, niñas y adolescentes que murieron o quedaron mutilados a consecuencia del manejo de minas antipersonales. No existe ninguna diferencia entre los “niños bomba” utilizados por Hezbollah y Hamas en el Medio Oriente, con lo ocurrido a sus pares colombianos.

Las FARC y al ELN son también responsables del reclutamiento de menores en las zonas fronterizas con Venezuela, amplia geografía por donde se han desplazado con total impunidad esos grupos narco terroristas debido a las alianzas y apoyo logístico brindado por Chávez desde que llegó al poder de la mano de Fidel Castro. Imposible olvidar la frase de Chávez: “Venezuela limita por el Oeste con las FARC”. Comunidades indígenas de Amazonas han denunciado por igual la utilización de sus jóvenes por la guerrilla, debido al conocimiento de la selva o como mano de obra en la extracción de oro que la guerrilla realiza a cielo abierto en territorio venezolano.

Niño entrenado por las AUC

Las “leyes de la guerra”, frágiles y variables, ponen ciertos límites al horror, pero cuando no se respetan las convenciones, la guerra se criminaliza. Las FARC y el ELN, con su ideología del “se vale todo”, aliadas con el narcotráfico, se ubicaron en la categoría de “terroristas internacionales”, incursos en crímenes contra la humanidad.

La aprobación en 1989 de la Convención sobre los Derechos del Niño, es el principal instrumento legal para proteger a todos los niños, niñas y adolescentes del planeta. Las resoluciones y protocolos sobre los niños y los conflictos armados, tanto de la Organización de Naciones Unidas (ONU) como de la Organización de Estados Americanos (OEA), instan a los Estados a impedir la utilización de niños como soldados. El Estatuto de Roma (1998), considera “crimen de guerra” el reclutar a niños menores de 15 años. Uno de los más importantes instrumentos legales a nivel internacional es el Protocolo Facultativo sobre la Participación de Niños en Conflictos Armados, que entró en vigencia en el año 2002, prohibiendo el reclutamiento obligatorio o voluntario de menores de 18 años.

Niños y adolescentes reclutados por las FARC

Como corolario de los acuerdos de paz, el 26 de enero de 2017, el presidente Santos exigió a las Farc entregar a los menores de 15 años, declarando: “La guerrilla ha incumplido esa parte del acuerdo, (los niños) deben salir ya de las filas de las Farc”, como fue estipulado en el pacto con los insurgentes el 15 de mayo 2016. Pero lo más grave es que no existen datos oficiales sobre el número total de menores que aún están en manos de los narco-guerrilleros o cuántos han sido desmovilizados “por la puerta trasera” para evitar denuncias.

Si bien se aprobó un protocolo para facilitar su reintegración a la vida civil, este se activará solo cuando las Farc ingresen definitivamente a las “orwellianas” Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), demarcaciones que agruparán a los guerrilleros como un primer paso para la “dejación (¿?) de armas y desmovilización”.

Por otra parte, Coalico, que hace parte de la Coalición Internacional contra la utilización de niños soldados, constituida en 1998 por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Jesuit Refugee Service, entre otras ONG’s, emitió la grave denuncia que, durante el primer año de negociación, las FARC habían reclutado medio millar de nuevos niños.

El periodista colombiano Eduardo Mackenzie, lanza una alerta sobre los llamados planes de “normalización” de los niños soldados: “Las Farc quieren perpetuar el control de los niños reclutados y de los niños secuestrados que logren salir de sus filas en los próximos meses. Quieren controlarlos de cerca para que no le cuenten a la prensa qué vida desgraciada tuvieron dentro de esa organización criminal y para que no se pasen, con el tiempo y la reflexión, al campo político contrario. Para eso inventaron un astuto programa. Lo llaman “Camino diferencial de vida”. Dicen que ese grupo se encargará de “consolidar” los “proyectos de vida” de los menores que dejen las armas. Prometen que a través de ese programa ellos podrán “reintegrar a la sociedad” a esos menores. Pero no habrá la tal “reintegración”: esos niños pasarán directamente de los cambuches guerrilleros, o de las zonas de “normalización”, a ese organismo para seguir siendo adoctrinados por las Farc. ¿Para qué? Para enviarlos enseguida a engrosar las filas de la organización política que las Farc quieren lanzar bajo la cubertura del falso “proceso de paz”. (No basta pedir que devuelvan a los niños, Periodismo sin fronteras, 13 de febrero de 2017).

Esos niños entrenados para odiar y asesinar, se les han cercenado sus derechos, sufriendo humillaciones a su dignidad y a su inocencia, los que sobrevivan a este horror nunca podrán crecer un solo centímetro como hombres y mujeres normales.

¿Cuál ha sido o será el destino de los miles de niños y adolescentes (muchos de ellos ya son adultos) reclutados y entrenados por las Farc y el ELN en todos estos años? ¿Cuántos son? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Es un grave error político que en aras de una supuesta justicia transicional para lograr la Paz con esos criminales narco-terroristas, se invisibilice a estos niños.

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Wuilly Arteaga

El violín y la aplanadora

Edgar Cherubini Lecuna

París, agosto 2017

Wuilly Moises Arteaga, el joven violinista de las barricadas, fue apresado por la GNB durante una manifestación en Caracas. Además de haber permanecido aislado, le quemaron su cabello y lo golpearon fuertemente en la cabeza y rostro, lo que hizo que perdiera la audición del oído derecho. Wuilly fue trasladado al Palacio de Justicia de Caracas y fue presentado ante un tribunal que determinó que continuará detenido, ya que al músico le imputan los delitos de “instigación pública y detentación de sustancias incendiarias”. No es la primera vez que arremeten contra él. En otra oportunidad fue sometido a una brutal golpiza y despojado de su violín para ser destruido, aplastado por las botas de los militares y paramilitares asesinos que reprimen las manifestaciones pacíficas que claman por democracia en Venezuela. Hasta aquí las noticias que circulan en las redes.

Vamos a tratar de dilucidar el por qué del odio y el ensañamiento de los verdugos del régimen contra este indefenso músico. Una de las respuestas la encontramos en 1984 de George Orwell, libro publicado en 1945, que describió en forma premonitoria la utopía totalitaria de una sociedad y una nación cayéndose a pedazos, dirigida por un gigantesco y abrumador aparato de propaganda. Unos fragmentos de la novela ilustran la terrible lógica de lo que sería en el presente la reedición de esta pesadilla: “Los hombres, deben ser dirigidos por aquellos que son más fuertes que ellos. El bien de los otros no nos interesa, solo buscamos el poder, nada mas que el poder. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución. Se hace una revolución para establecer una dictadura”. Por cierto, desde 1960, dicho libro está prohibido en Cuba y quien se arriesgue a obtenerlo, leerlo o comentarlo es encarcelado de inmediato.

El mundo orwelliano de 1984, revela la esencia del totalitarismo: “Luego del control de los recursos de la nación, lo que importa ahora es controlar la mente. La realidad está en el interior de la cabeza: El poder real, el poder por el cual debemos luchar día y noche, es el poder sobre los individuos ¿Cómo aseguramos el poder sobre el prójimo? ¡…Haciéndole sufrir!. La obediencia no basta. El poder es infringir sufrimiento y humillaciones. El poder es destruir el espíritu humano en pedazos que se juntan después bajo nuevos patrones armados por nosotros. ¿Qué clase de mundo estamos creando? Un mundo de temor, miedo, traición, tormento. Un mundo de aplastadores y aplastados, un mundo que a medida que lo afinemos se volverá cada vez más despiadado. El progreso de nuestro mundo será el progreso hacia el sufrimiento. Nuestra civilización está fundada sobre el odio; no habrá otras emociones que el temor, la rabia, el triunfo y la humillación. Destruiremos el resto”.

En el comunismo, llámese Stalinismo, Khmer Rouge, Castrismo o Chavomadurismo, se halla la matriz de todas estas aberraciones. Las botas que aplastaron el violín de Wuilly, son las mismas que en los años sesenta quisieron aplastar la libertad de conciencia del realizador ruso Andrei Tarkovski, autor del film El violín y la aplanadora, título de este artículo, en el que el tosco operario de una enorme aplanadora de asfalto se siente conmovido por primera vez en su vida por la música ejecutada por un niño violinista, dando nacimiento a una amistad entre la fuerza bruta y la sensibilidad musical, logrando transformar la vida del obrero. Tarkovski (1932-1986) y sus films fueron duramente criticados por el Partido Comunista y los comisarios políticos garantes de lo que se denominaba en Rusia el realismo socialista en el arte, es decir, la eliminación de toda expresión que no exaltara al socialismo real. Sus películas fueron prohibidas, forzándolo al exilio. El pensamiento único del Comunismo no permite desviaciones y menos que alguien se inspire en la música para transformar su existencia.

Cartel del film “El violín y la aplanadora”, 1960.

Como un antídoto contra el horror totalitario, la escritora Maria Popova relata que en un concierto de Bach en 1952, el filósofo alemán Josef Pieper, fue invitado a dirigirse al público durante el intermedio. Piepper habló de la perplejidad que sentimos por el encantamiento y el poder de la música, expresándose así: “La música es uno de los fenómenos más sorprendentes y misteriosos del mundo, lo que nos hace pensar que la música no es más que una filosofía secreta del alma”. Por eso, la dictadura comunista odia al joven violinista y a todo aquello que implique libertad de pensar y crear.

Caricatura de Rayma, 2017

En defensa del violinista, podríamos esgrimir la frase de Nietzsche, quien proclamó: “Sin música la vida sería un error”. De allí que, confiemos en que Wuilly seguirá en la calle, enfrentándose a los matones del dictador, utilizando su instrumento para disparar Mozart, Bach y Beethoven (Rayma dixit), en “Tempo giusto”, “Vivace” y “
Prestissimo” en este momento “Maestoso
” del pueblo venezolano luchando por la democracia, hasta que los criminales en el poder ejecuten su “Tocata y Fuga”.

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Una nación es un plebiscito de todos los días

Edgar Cherubini Lecuna

París, Julio 2017

Existen variadas definiciones sobre lo que es una nación, aunque todas hacen referencia a un conjunto de personas que se encuentran unidas por vínculos comunes como son la lengua, la raza, la cultura, las costumbres y las tradiciones, que van conformando una historia específica dentro de unos límites geográficos. Podríamos decir, que una nación es la unión psicológica de un pueblo que toma conciencia de un destino común. Ernest Renan, en una conferencia pronunciada en la Sorbona el año 1882, titulada “Qu’est-ce qu’une nation?”, afirmó en ese entonces: “Una nación es un alma, un principio espiritual”.

Por eso, la gente que siente a su nación en lo profundo de su ser, lucha por su construcción y su defensa, a través de decisiones éticas, que son el verdadero ejercicio de la libertad. Sin esa capacidad de elegir a diario no hay libertad posible y sin libertad una nación agoniza, es débil, es avasallada o desaparece. Cada una de nuestras decisiones y actos, nos va construyendo a nosotros mismos y a la vez va construyendo la nación que deseamos. De allí que Renan haya proclamado: “Una nación es un plebiscito de todos los días”.

El término “Nación”, proviene del latín “nascere”, “nacer”. Una nación la conforman quienes han nacido en su territorio y comparten la misma lengua que a su vez unifica a la nación y a su historia. Esa lengua se transforma en lenguaje político cuando se utiliza en lograr acuerdos para un pacto social, como única herramienta de búsqueda de conceptos, estrategias y soluciones colectivas concertadas para aglutinar las individualidades en una causa común, en un destino común.

Sobre esto último, Hubert Peres, reafirma la importancia de participar en “una comunidad de destino”, compartida por sus miembros más allá de los desacuerdos políticos y de la diversidad social. El sentimiento de que el destino individual solo es posible cumplirlo unido al de los otros, aunque piensen diferente a uno, forma parte de la construcción de una nación, que al final no es sino la suma del aporte de las convicciones, fidelidades, solidaridades y las narrativas personales que cada uno de sus ciudadanos desarrolla en libertad e igualdad.

La gesta popular del 16-J, significó el rechazo a “constitucionalizar el fracaso”, como bien lo definió Gustavo Roosen: “Nacida como una jugada política de audacia frente a la pérdida de aceptación ciudadana, la constituyente se anuncia como la consagración precisamente del modelo y de las políticas que han generado el inocultable fracaso de estos años” (El Nacional, 17.07.2017).

Siete millones seiscientas mil personas han puesto en marcha la reconstrucción democrática de Venezuela. Sin embargo, hay que terminar de definir ese gesto masivo, acompañándolo de conceptos y objetivos de un nuevo modelo de desarrollo, de un nuevo posicionamiento como nación, de un concepto que unifique de una vez por todas al pueblo en la defensa de la democracia y la búsqueda de un destino común.

Benedict Anderson (L’imaginaire national), aporta una definición que motiva a la reflexión: “Una nación es una comunidad política imaginada”. Esto quiere decir que una nación no es un hecho en sí, algo consumado, sino la permanente construcción de un ideal.

En Venezuela, hay que comenzar por la reconstrucción de las instituciones y de los valores, para poder lograr la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia social. Pero estas palabras son tan solo una representación ideal. Como dice James Baldwin (Nothing Personal), “La realidad detrás de estas palabras depende, en última instancia, de lo que todos y cada uno de nosotros creamos lo que realmente representan, depende de las decisiones que uno esté dispuesto a tomar, todos los días”. Supeditar la política a la ética es el único terreno sólido desde donde tomar esas decisiones. Una nación, al igual que un individuo, se construye todos los días.

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Gandhi o la fuerza de la convicción

Edgar Cherubini Lecuna

París, junio 2017

Mahatma Gandhi (1869-1948), dedicó su vida al bien común y a la independencia de su país. Este hombre de contextura esquelética y de una profunda espiritualidad, escogió el camino de la no violencia, adoptando el principio denominado satyagraha. En su autobiografía, relata como llegó a definir su lucha: “Veníamos utilizando el término inglés Nonviolent resistance o resistencia pasiva, para describir nuestra lucha, pero en una conversación con unos visitantes europeos comprendí que el término “resistencia pasiva” era muy simple y quizás débil, por eso reflexioné que era necesario acuñar una nueva palabra en nuestra lengua para designar el firme deseo de lucha de los hindúes por su independencia. Pero al no poder encontrar la definición, elaboré un concurso a través del diario Indian Opinion, premiando al lector que hiciera la mejor sugerencia al respecto. El resultado fue la palabra “Sadagraha” (sat: verdad, agraha: firmeza, convicción), de allí surgió el término satyagraha, para la designación de esta lucha que la convertí en la historia de mi vida” (Mahatma Gandhi, An Autobiography or the Story
of my Experiment with the Truth, 1955).

Mientras el movimiento para mantener el principio de la no violencia progresaba lentamente, la política de represión gubernamental se desataba con gran furia, especialmente en Punjab. Así lo describe Gandhi. “Los líderes populares fueron encarcelados, la ley marcial — lo que, en otras palabras, quiere decir inexistencia de cualquier ley — fue proclamada, y se crearon tribunales especiales. Estos no eran tribunales de justicia, sino instrumentos para llevar a cabo los deseos arbitrarios de un autócrata. Se pronunciaban sentencias por una simple sospecha, sin que ninguna evidencia fuera necesaria, en flagrante violación del más limitado espíritu de justicia”.

Entre marzo y abril de 1930, Gandhi organizó una marcha que recorrió 300 kilómetros hacia el oeste de la India hasta la costa del Océano Índico, que se conoció como Marcha de la Sal y cuyo objetivo consistía en reclamar el derecho de los hindúes a producir su propia sal y romper el monopolio impuesto por los ingleses. Al igual que muchos otros productos básicos, Gran Bretaña mantenía el monopolio de la fabricación y el comercio de sal de la India desde el siglo XIX, prohibiendo a los nativos extraer o vender el mineral y obligándolos a comprarlo a un alto costo a los comerciantes británicos. Dado que la sal era una necesidad nutricional en la India, Gandhi consideraba que las leyes de la sal eran inadmisibles.

 

A su paso por villas y ciudades, se le fueron uniendo miles de hombres, mujeres y niños, familias enteras, incluyendo funcionarios gubernamentales que padecían por igual las restricciones. En Dharasana, miles de manifestantes ignoraron las advertencias de la policía y avanzaron hacia el depósito de sal. El periodista estadounidense Webb Miller estaba en el lugar y describió lo que allí sucedía: “De repente, se escuchó una orden y decenas de policías se precipitaron sobre los manifestantes que avanzaban pacíficamente y una lluvia de bastonazos cayeron sobre sus cabezas … Ninguno de ellos levantó ni siquiera un brazo para defenderse de los golpes”. De inmediato, varios miles de hombres se colocaron en filas de a cuatro y, a medida que los de adelante eran golpeados brutalmente hasta caer al suelo ensangrentados, la siguiente fila daba un paso adelante para recibir otra andanada de bastonazos. Miller, conmovido por la decisión y convicción demostrada por aquellos hombres y mujeres, telegrafío al director de su diario anunciándole la inminente independencia de la India.

El intenso relato de Miller sobre la represión a esa manifestación pacífica y la actitud de los seguidores de Gandhi, se difundió en los medios de comunicación internacionales, llegando a ser leído en voz alta en el Congreso de los Estados Unidos. Winston Churchill, que definió a Gandhi como “un orate vestido con una sábana” admitiría más tarde que “el desafío de esas protestas y sus consecuencias habían infligido una inmensa humillación al Imperio Británico”.

Gandhi y 60.000 de sus seguidores fueron arrestados, pero los acontecimientos que se produjeron en esos días, desencadenaron el proceso de independencia de la India. El gobierno Inglés confiscó The Bombay Chronicle, diario que cubría las incidencias de la lucha por la independencia, pero surgieron otros medios que propagaron el Satyagraha como los semanarios Joven India y el Navajivan, que se pusieron a la disposición de Gandhi. “Mediante estas publicaciones me esforcé en informar al público lector sobre el verdadero sentido del satyagraha. Ambos diarios llegaron a alcanzar una amplia circulación. Estos periódicos me ayudaron, en cierta forma, a estar en paz conmigo mismo, ya que la desobediencia civil daba sus frutos, y ayudaron al pueblo en esta hora de prueba, cumpliendo con su humilde aporte en la lucha contra la tiranía y la ley marcial”.

Por otra parte, el gobierno de Punjab no podía mantener en la cárcel a miles de punjabis que, bajo el régimen de la ley marcial, fueron condenados a penas de prisión sobre la base de difusas evidencias como, por ejemplo “robo simbólico de sal”, entre otras acusaciones absurdas. Era tal el escándalo y las protestas en las comunidades que rodeaban ese acto de flagrante injusticia, que muchos de los presos fueron puestos en libertad por la presión popular.

Gandhi estuvo preso hasta principios de 1931, saliendo de la prisión más admirado que nunca. Time Magazine lo nombró “Hombre del Año” en 1930 y diarios de todo el mundo enviaron periodistas a entrevistarlo e informar sobre su gesta.

El virrey británico Lord Irwin finalmente aceptó negociar con él, y en marzo de 1931, los dos firmaron el Pacto Gandhi-Irwin, que puso fin a la satyagraha a cambio de varias concesiones, entre ellas la liberación de miles de presos políticos y el reconocimiento del derecho a recolectar ellos mismos la sal. Ese fue el primer paso en el proceso de independencia de la India, lograda finalmente en 1947.

“Describir la verdad, tal cual la entendí y en la forma exacta en que llegué a ella, ha sido mi objetivo”, expresa Gandhi en otras emotivas páginas de su autobiografía. “Esta tarea ha significado para mí una gran paz mental. Porque mi profunda esperanza consistía en despertar la fe en la verdad y en el ahimsa (respeto a la vida). Mis experiencias me han convencido de que no existe otro Dios que la verdad. Los chispazos de verdad que he podido entrever y transmitir, apenas sí pueden expresar la luz maravillosa que emerge de la verdad, un millón de veces más intensa que la del sol que diariamente ven nuestros ojos. Para contemplar cara a cara el espíritu de la verdad, uno debe ser capaz de amar como a uno mismo, a la más insignificante expresión de la creación. Un hombre que aspira a eso, no puede permanecer ajeno a cualquier manifestación de la vida. Por ello, mi devoción a la verdad me llevó al campo de la política”.

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              Francis Bacon, Tres estudios para un retrato de George Dyer, 1963

Francis Bacon o el desmembramiento de las certezas

Edgar Cherubini Lecuna

París, Mayo 2017

El mercado de arte contemporáneo continúa apostando por Francis Bacon. El 17 de mayo, los coleccionistas acudieron a la subasta Christie’s en Nueva York, atraídos por el tríptico, Tres estudios para un Retrato de George Dyer, siendo adquirido por la suma de US$ 51,7 millones.

En noviembre de 2013, un coleccionista pagó 142,5 millones de dólares por otro tríptico del pintor: Los tres estudios de Lucian Freud, convirtiéndose en el cuadro más costoso subastado hasta la fecha.

Dichos retratos obedecen a la íntima amistad de Bacon con ambos modelos. En 1951, Bacon realizó un retrato de su amigo Freud, identificando por primera al modelo en el título de sus obras, como para que no quedara duda de la identidad de ese rostro en trance de desdibujarse. Más tarde explicaría la brusquedad con la que, desde entonces, desechó los convencionalismos y apariencias del retrato: “La mayor parte de un cuadro siempre es convención, apariencia y eso es lo que intento eliminar de mis cuadros. Busco lo esencial, que la pintura asuma de la manera más directa posible la identidad material de aquello que representa. Mi manera de deformar imágenes me acerca mucho más al ser humano que si me sentara e hiciera su retrato, consigo una mayor cercanía mientras más me alejo”, escribió Gilles Deleuze en 1984 (Francis Bacon. Logique de la sensation). El pintor figurativo Lucian Freud, nieto de Sigmund Freud, representa junto a Bacon la corriente del retrato conceptual.

La historia con George Dyer que se inicia en 1963, es más compleja y escabrosa. Dyer era un delincuente oriundo del East End en Londres, un joven que detrás de su contextura atlética escondía una mente torturada y vulnerable. Según amigos cercanos, Bacon lo conoció una noche en que sorprendió a Dyer robando en su estudio, pero en su borrachera, en vez de enfrentarlo o llamar a la policía, hizo amistad íntima con él. Desde entonces se convirtió en su modelo hasta el día en que se suicidó en París en 1971, después de una discusión con el pintor.

George Dyer, 1963

Michael Peppiat, otro de sus amigos y autor de la biografía Francis Bacon; Anatomía de un enigma, lo describe así: “Encantador y seguro de sí mismo, con una vena sadomasoquista, llevó una vida siempre encaminada a los extremos”. Peppiat describe los excesos del pintor, su fascinación por Proust, T.S Eliot, Tiziano o Velázquez, así como su atracción por lo mundano, que lo convirtieron en una leyenda entre las mujeres de los clubes nocturnos londinenses, sus borracheras y orgías sexuales con mujeres y hombres.

En desciframiento del enigma Bacon, Peppiat desnuda las compulsiones del artista, refiriéndose a su inusitada pasión de observar los animales para comprender y plasmar en sus lienzos al hombre, como ser instintivo e inhumano. Para Bacon, “la civilización encubría una maraña de furia y bramidos de miedo escondidos en la mayoría de los seres humanos”.

En el valioso ensayo de Adolfo Vásquez Rocca, Francis Bacon. El cuerpo como objeto mutilado, el autor analiza el discurso con el que Francis Bacon, durante más de medio siglo, fue creando una serie de cuerpos crucificados, contorsionados, mutilados, deformes, con rostros en el límite de la desaparición, que lo conviertieron en un referente crucial de la pintura posterior a la Segunda Guerra Mundial: “Cuando los basamentos modernistas parecieron desfallecer, Bacon pone de manifiesto el choque de fuerzas que se origina en el mundo occidental: por un lado la vertiente racionalista, por otro, la vertiente organicista, en el centro Bacon, sosteniendo en espacios ascéticos los cuerpos que se desmembran en esa lucha por la fijeza, por la estabilidad jamás conseguida”.

Bacon desacraliza el cuerpo humano, pintando lo abyecto e innoble que mora en el interior del individuo, eso mismo que los totalitarismos del siglo XX han extraído de lo más oscuro del corazón de los hombres.

En los retratos conceptuales pintados por Bacon, el rostro humano es representado en plena disolución, con la intención de que, apenas sea reconocida la identidad del sujeto, sus rasgos, su yo, éstos comienzen a borrarse, a desdibujarse.  Los rostros clamando a la nada y las figuras desmembradas o animalizadas que Bacon pinta con obsesión serial, representan el dolor y el horror del siglo XX. A la vez repulsiva y fascinante, la obra de Bacon refleja el desmembramiento de las certezas del mundo actual.

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