El trazo único

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Le coeur, 2015, Maruo Renshi

El trazo único 

Edgar Cherubini Lecuna

París, Enero 2016

En la escritura china, el ideograma Un, consta de un solo trazo horizontal y significa Cielo y Tierra, simbolizando división y unidad, pero a su vez, representa el “trazo inicial”, el aliento primordial que separa la dimensión sagrada y la dimensión humana. A partir de ese signo, el pintor y calígrafo Yuanji Shih T’ao o Shin-tao (1642 – 1707), desarrolló el concepto del “trazo único de pincel”.  Según François Cheng (Cinq méditations sur la beauté, 2006), el trazo único implica todos los trazos posibles e imaginables, encarna lo uno y lo múltiple y el aliento primordial que unifica y anima a todos los seres de la creación.

Mediante el trazo único, se accede a un orden superior. En el imaginario artístico chino, la tinta encarna el devenir de la naturaleza y el pincel, el alma del artista que aborda y expresa esa naturaleza en busca de una revelación. Por lo tanto, afirma Cheng (Vacío y plenitud, 1989), “La pincelada, no es una simple línea ni el simple contorno de las cosas. Proviene del arte caligráfico y tiene múltiples implicaciones. Por lo grueso y lo fino de su trazo y por el vacío que encierra, representa forma y volumen; por su “ataque” y su “empuje”, expresa ritmo y movimiento; por el juego de la tinta, sugiere oscuridad y luz; finalmente, por el hecho de que su ejecución es instantánea y sin retoques, introduce los alientos vitales, cargándose de las pulsiones irresistibles del hombre”.  

Según Shin-tao, la pincelada única, sea en pintura o en la caligrafía, es el origen de todas las cosas, la raíz de todos los fenómenos, aunque el vulgo lo ignore. Si no se domina la pincelada única no se puede entender la belleza de la vida, de la naturaleza y los seres que la habitan.

La caligrafía japonesa o Shodō (Escribir el camino), se originó con la introducción del budismo en Japón por los monjes que retornaban de estudiar los sutras de Sakiamuni en los monasterios chinos. Los ideogramas kanji, eran caracteres inspirados por la observación de la naturaleza nutridos por un profundo sentido filosófico. Plasmarlos en tablillas de bambú y posteriormente en papel de arroz, constituyó un verdadero camino de realización personal y espiritual, así como de una especial actitud ante la vida y la sociedad. La caligrafía japonesa se considera un arte y una disciplina muy difícil debido a su perfección.

Se practica a la usanza milenaria, con pinceles y una barra de tinta (Sumi-e). Es una técnica de escritura que utiliza caracteres kanji y hiragana. Además de requerir una gran precisión por parte del calígrafo, cada carácter debe ser escrito según un trazo específico, lo que implica una rigurosa disciplina en quienes practican este arte. Debido a que el trazo no admite corrección, el gesto requiere de una extrema concentración mental, de manera que el cuerpo del calígrafo transmita su energía a la muñeca y mano para hacerlas converger armoniosamente en el pincel.  De allí que, un maestro calígrafo, en su intento de trazo único de un ideograma, pueda hacerlo de una sola vez o pasar días o semanas en el intento, meditando sobre el papel o vacío, mientras lo ensaya mediante movimientos corporales que asemejan a una danza. 

Al visitar la colección de caligrafías antiguas, modernas y contemporáneas de la Fundación Mainichi Shodokai, expuestas en el Museo Guimet de París, entre otras maravillosas obras, descubrimos la de Maruo Renshi y su caligrafía Le cœur (2015), allí percibimos la vida, el ritmo y el movimiento de sus trazos. Con razón dicha colección está englobada bajo el título «El papel vivo».

Dentro de este arte encontramos la tendencia caligráfica de poesía moderna o Kindai Shibunsho.  Esta se realiza pintando ideogramas inspirados en la observación de una escena, un paisaje o un acontecimiento como puede ser la puesta del sol entre dos edificios de Tokyo. Los ideogramas Kindai Shibunsho, mezclan las impresiones de un mundo hecho de sensaciones, sueños y todas las bellezas de una elusiva, real o irreal estética, a veces sobrenatural, que inunda nuestra vida, donde el vacío se llena simbólicamente de inagotables momentos poéticos capturados en vivo por el calígrafo y que necesariamente deben ser percibidos por el observador. Si no es así, no ha logrado su propósito.

Rigurosa disciplina del cuerpo, perfecta comunión entre la mente, el papel y la tinta, la acción del calígrafo no deja lugar a dudas, nada se deja al azar y no permite el arrepentimiento. En la caligrafía japonesa, cada línea expresa un significado y cada trazo encarna la vida del calígrafo. Este debe conducir su inconsciente al pincel ya que cada ideograma posee una dimensión sagrada, con la que el autor se ha conectado en ese instante y lo expresa con tinta sobre el papel en un gesto único e irrepetible.

edgar.cherubini@gmail.com

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“¿La belleza salvará al mundo?”

“¿La belleza salvará al mundo?”

Edgar Cherubini Lecuna

París, noviembre 2015

Esta pregunta, por demás enigmática, la formuló Dostoievski (1821-1881), un profundo conocedor de las miserias y grandezas de la condición humana. En sus novelas explora la psicología de sus personajes en la compleja sociedad rusa del siglo XIX, reflejando los mismos avatares de nuestro presente colmado de violencia, convulsión e incertidumbre.

Hoy podríamos interrogarnos sobre lo mismo, ya que estamos viviendo una peligrosa declinación de los valores y se debe, en parte, a la pérdida del consenso ético sobre la aspiración al Bien y a la Belleza.

En relación a la belleza, esta es una experiencia subjetiva que a través de juicios estéticos, la cultura y las convenciones sociales han contribuido a implantar como medida del arte. Sin embargo la belleza tiene connotaciones morales, debido a que en su esencia está asociada al Bien.

Alexander Baumgarten (Aesthetica de 1750), afirmaba que la perfección artística es un reflejo del orden existente en el universo y la belleza es la representación de ese orden. Inspirado en los valores griegos, Baumgarten expresó en su tratado que es necesario poseer virtud para reconocer la belleza, porque “la verdad estética va ligada a la verdad moral”.

El gran paradigma de la educación griega fue el de establecer un ideal para la moral del hombre: la aspiración al Bien y la Belleza.  Platón (S. V a.C) afirmaba que “la Belleza es englobante y unificadora” y definió el Bien como, “aquello que  eslabona todo el universo sensible e inteligible, lo material, las ideas y las representaciones de éstas, la tierra, los astros, el hombre, la política, las ciencias”.  Pero la aspiración a ese ideal no nacía del azar sino que eran producto de una disciplina consciente, condensada en el concepto y práctica de la Areté o Virtud.

Aristóteles en su Ética a Nicómaco afirma: “todo lo que nos da la naturaleza lo recibimos primero como potencialidades, que luego nosotros traducimos en actos (…) Quien se estima a sí mismo, debe ser infatigable en su heroísmo moral y, de ser necesario, abandonar todo para apropiarse del Bien y la Belleza”. Esto quiere decir, que esos valores los tenemos en potencia dentro de nosotros y la clave para hacerlos surgir, reside en nuestra actitud, decisiones y acciones.

En este sentido, Platón nos dice: “La belleza es la representación de la verdad” y asociando la belleza a una dimensión moral expresa: “La belleza conduce al bien”, “No podemos disociar el bien de la belleza”, “La belleza no es posible sin el bien” y, finalmente, “La belleza irradia el bien y lo hace deseable”.  Tenemos entonces que la belleza es un desafío a la conciencia. Kant participa de esta corriente cuando afirma, “La belleza impulsa la vida y está profundamente conectada con creencias y actitudes morales del individuo. Alain Michel (Parole et la beauté) afirma que “en todos los grandes textos religiosos lo sagrado se encuentra íntimamente ligado a la belleza”.

La belleza puede surgir de un individuo cuando este reflexiona sobre el sentido de su propia vida, ya que la verdadera belleza, la que traspasa las apariencias, surge del ser, esa “belleza interior que ilumina” (San Agustín), de la que se desprende la belleza verdadera, a la que todo ser aspira.

Quizás eso fue lo que quiso transmitir Dostoievski con su críptica frase. En uno de los capítulos de su novela Los hermanos Karamazov, Ippolit, pregunta al príncipe Mischkin: “¿Verdaderamente, príncipe, fue usted quien dijo una vez que el mundo se salvaría por la belleza?”, Mischkin no responde y en silencio se dedica a velar por un joven moribundo, presa del sufrimiento, necesitado de cuidados y respuestas existenciales a su incertidumbre vital. Hay quienes como Boff, interpretan este gesto de compasión como la respuesta de Mischkin.

Esto nos lleva a indagar en el concepto de compasión. Para Shopenhauer, en la compasión se basa toda virtud verdadera, pues el conocimiento que supone es un recuerdo de que todos somos uno y el mismo ser.

La compasión, término proveniente del griego, significa literalmente “sufrir juntos”, es un sentimiento que implica la percepción y comprensión del dolor que padece otro ser y el deseo de aliviar o eliminar tal sufrimiento. Según el Budismo Mahayana, la naturaleza del universo es la compasión y por ende, nuestra esencia humana también lo es, el problema es que no lo entendemos o se nos ha olvidado, por lo que tendríamos que tomar conciencia de esa enseñanza trascendental.

Si nos preguntáramos qué es contrario a la compasión, es decir la crueldad, la inhumanidad, la insensibilidad, hallamos que estos antónimos provienen del mal, ese mal que amenaza, que aniquila, que infunde terror, que corrompe, que divide y destruye. Que produce ogros totalitarios y terroristas sanguinarios.

Pero volvamos al vínculo con la belleza. François Cheng, en su conferencia titulada De la Beauté, hace relación a la frase en cuestión: “Frente al mal, qué significa la frase de Dostoiesvki ‘¿Nos salvará la belleza?’. El mal, por una parte y la belleza por otra, esos son los dos desafíos que debemos establecer, porque lo que está en juego es nuestro destino y los fundamentos de la libertad (…) En este tiempo de miseria omnipresente, de violencia ciega, hablar de la belleza puede parecer incongruente, inapropiado o incluso provocador. Casi un escándalo, pero lo hacemos porque la belleza es lo contrario del mal”.

¿Qué significa la belleza para nuestra propia existencia? Según Platón, la belleza “es la garantía del bien”, al que todos aspiramos y “que solo se obtiene en libertad”, ya que el bien es una exigencia de justicia, de dignidad, de igualdad, de generosidad, de responsabilidad, de actitud ética, de compasión, de elevación espiritual. En ese sentido, la belleza es revolucionaria ¡La belleza nos salvará!

edgar.cherubini@gmail.com

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Le Mouvement (El movimiento)

Exposition Le Mouvement, 1955. Œuvres de Jacobsen, Soto, Tinguely, Duchamp, Calder et Agam 
© Paris, Galerie Denise René.

El movimiento

Edgar Cherubini Lecuna

París, octubre 2015

En 1955, Denise René (1913-2012), concibió la exposición Le Mouvement, reuniendo por vez primera en su galería en París, obras de Vassarely, Duchamp y Calder, junto a unos jóvenes artistas desconocidos: Soto, Tinguely, Jacobsen, Agam y Bury, propiciando así la génesis del arte cinético.

Hace 60 años, gracias a la admirable la visión de esta mujer, junto a Victor Vasarely y Pontus Hulten, este último, curador de dicha exposición, Le mouvement marcó un momento clave en la historia del arte al impulsar una proposición plástica que exaltaba la inestabilidad del plano y una nueva dialéctica entre el espectador y las obras, lo que significaba una ruptura con las convenciones estéticas del momento.

Los artistas son testigos no solo de su entorno sino de la dinámica, el progreso y las tendencias que mueven las sociedades humanas.  Por eso, es preciso hacer alusión al Manifiesto Amarillo, escrito por Vasarely en 1955, una innovadora visión del arte cuyos factores fundamentales fueron el movimiento y el tiempo.  Vasarely recoge el sentir de los artistas, deseosos de sacudirse de los estándares tradicionales y hurgar en las teorías científicas en boga, adoptar las tecnologías del momento y experimentar con nuevos materiales, lo que les permitió incursionar en el arte con novedosas propuestas participativas.

Ya en 1947, Vasarely había expresado su inconformidad con las escuelas tradicionales: Descubrí que la forma pura y el color puro no podían explicar el mundo”, marcando así el inicio de una búsqueda que culminaría ocho años después, al publicar el “manifeste jaune”, sentando las bases teóricas del movimiento cinético y del arte construido como lo conocemos actualmente.  Apoyados en la ciencia y los avances tecnológicos, la obra del artista comenzó a ser “transformable en sí misma, por el movimiento óptico o la intervención del espectador, la obra convertida en una recreación sin límites”,  escribió Pontus Hulten, curador de la exposición Le Mouvement, sobre esa revolucionaria experiencia visual e interactiva.

Los antecedentes del cinetismo se remontan a 1920, con Naum Gabo, quien al experimentar con filamentos oscilantes, logra crear formas virtuales en el espacio en tiempo real. Ese mismo año, junto con Antoine Pevsner, redacta el Manifiesto Realista, en el que denomina como “cinéticas” sus propuestas: “Afirmamos que en las artes hay un elemento nuevo, los ritmos cinéticos, como formas básicas de nuestra percepción del tiempo real”.

“La belleza es un combate”

El movimiento cinético no hubiera surgido con la fuerza y las novedosas propuestas que lo caracterizaron si no hubiera sido por Denis René. Los que tuvimos el privilegio de conocerla, la recordamos como una mujer de talla menuda, dotada de una mente intuitiva y de una tenacidad inquebrantable. Su historia personal adquiere relevancia durante la ocupación Nazi, pues arriesgó su vida como militante de la Resistencia. Desde la fundación de su galería en 1944, apenas tres meses después de la liberación de París, expresó su inclinación por la Abstracción Geométrica: “Arte noble, austero, que afirma continuamente su vitalidad. ¿Por qué poco a poco me convertí exclusivamente en defensora del arte construido? La razón más importante para mi es que nadie expresa mejor el triunfo del artista sobre un mundo amenazado por la desintegración, de un mundo en gestación permanente. En una obra de Herbin o de Vasarely, no hay lugar para las fuerzas de la oscuridad, del estancamiento o la morbidez. Este arte refleja el dominio total del creador. Una hélice, un rascacielos, una escultura de Schöffer, un Mortensen o un Mondrian me tranquilizan, uno puede leer en éstas, en forma deslumbrante, el dominio de la razón humana, el triunfo del hombre sobre el caos. Esto es para mí el papel del arte”.

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Denise René junto a una obra de Jesús Soto, Galerie Denise René © Paris, Galerie Denise René.

“La belleza es un combate”, no se cansaba de repetir, mientras lidiaba con obstinación para imponer la Abstracción Geométrica y el Cinetismo, tendencias que aglutinaron a grandes figuras del arte del siglo XX, entre las que se cuentan artistas latinoamericanos como Cruz-Diez, García Rossi y Le Parc. “Yo defiendo con ferocidad este arte tan difícil de imponer, sobre todo en Francia”, afirmaba la galerista.

Denise René, representó una línea de conducta y una visión de reconocido rigor en la selección de obras con las que proyectó al mundo la abstracción geométrica en su mítica galería. “Dar a conocer, apoyar, ayudar, desear imponer y defender la vanguardia fue un feroz combate.  Eso representó tener una gran fuerza de carácter, sacrificio y abnegación, pero cuando uno tiene convicciones, las defiende contra viento y marea”.

En 2009, presencié el diálogo que sostuvo con Jean-Paul Ameline, conservador del Musée national d’art moderne en el auditorio de Sotheby’s en París. A sus 96 años, con una memoria y lucidez impecables, narró su  actitud de gran firmeza y perseverancia en la defensa de sus propias convicciones, acompañando su conversación con anécdotas adornadas con fino humor, que vivió con cada uno de los jóvenes artistas que apoyó en su galería y que con el tiempo se convirtieron en luminarias del arte contemporáneo.

En medio de la actual crisis de valoración estética y la confusión promovida en el mercado global del arte, eficaz en mercadear propuestas anodinas sin concepto ni discurso plástico que invaden las ferias y galerías en la actualidad, es en extremo valiosa esta visión coherente del arte y el legado de estos fascinantes personajes, ejemplos de convicción y tenacidad, que nutrieron con sus lúcidas reflexiones y conceptos al arte del siglo XX.

edgar.cherubini@gmail.com

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El mesías islamico y el apocalipsis

El mesías islamico y el apocalipsis

Edgar Cherubini Lecuna

París, marzo 2015 

Los fanáticos del Estado Islámico libran una guerra mística. La teología musulmana proclama que un mesías implantará el reino del Islam en la Tierra. Los yihadistas sunitas afirman que el Mahdi, el Guía, ya arribó y lidera a los combatientes en Daquib.   

Lo que hoy conocemos como Estado Islámico de Irak y Siria, EIIS, ISIS o Daesh, es una organización sunita que sucedió a Al-Qaeda Irak, creada en 2003, durante la ocupación de las tropas americanas en ese país. A partir de 2006, el Estado Islámico ha estado atrayendo hacia sus filas a fanáticos sunitas provenientes de diversos países del Medio Oriente.  Una de las razones esgrimidas por los líderes del nuevo califato y que ha sido la fuente de reclutamiento de miles de jóvenes de todas las capas sociales de la población musulmana mundial, es que entre sus militantes se encuentra el Mahdi o Soberano de los últimos días, una suerte de mesías anunciado por el Corán.

Nos encontramos ante unas creencias muy arraigadas del milenarismo musulmán, que habla del fin de los tiempos y la instauración del reino o sociedad islámica perfecta en la tierra antes del Yaum al-Qiyamah o día del juicio final.

Una de las diferencias con los musulmanes Chiitas es que estos sostienen que el Mahdi se encuentra aún oculto para proteger su vida porque en el futuro será ”el Salvador del mundo y traerá la justicia sobre la Tierra”. Mientras que para los sunitas el Mahdi ya se encuentra a la cabeza de sus huestes, como lo afirman Importantes jeques y eruditos islámicos, por eso han acelerado la instauración del Califato y el lugar escogido según las profecías es la ciudad de Dabiq en Siria, donde, según ellos, comenzará el apocalipsis.

El analista Ryan Mauro (The Islamic State Seeks the Battle of the Apocalypse) hace una interesante observación sobre un video donde aparece Abu Musab al-Zaraqawi, líder de Al-Qaeda en Irak, antecesor del ISIS, antes de que fuera eliminado en 2006 por un drone americano. En la arenga hace referencia a “las armadas de cruzados que serán quemados en Dabiq”.  Lo que al-Zaraqawi afirmaba, no era otra cosa que un hadiz o jadiz , recopilación de las sentencias de Mahoma, escritas por los sabios y eruditos encargados de transmitir  las enseñanzas orales del santo Profeta del Islam. De allí el horror de las imágenes emitidas por los órganos propagandísticos del ISIS donde se observa a los yihadistas quemando vivos a los infieles y prisioneros. 

Sahih Muslim, uno de los autores de los Jadiz, en su libro “La Agitación y los Portentos de la Última Hora” (The Book Pertaining to the Turmoil and Portents of the Last Hour –  Kitab Al-Fitan wa Ashrat As-Sa`ah), afirma proféticamente: “Las últimas horas antes del apocalipsis estarán signadas por la ocupación de los Romanos de las tierras de al-A’maq o de Dabiq”.  No es al azar que el Estado Islámico se refiera a Obama como “El perro de Roma” y al ejército americano como “los Romanos”, en una clara y actualizada alusión a sus antiguas escrituras, así, el Estado Islámico proyecta sus acciones según sus creencias milenaristas provocando la confrontación para de esa forma acelerar y justificar su profecía apocalíptica:  “El Jadiz dice que Dabiq será controlada por los mejores soldados islámicos provenientes de la Meca. Ellos capturarán a los ‘Romanos’ (americanos) en el momento que lancen su ataque”.

Cuando observamos a estos fanáticos destruyendo cruces, quemando iglesias y bibliotecas, demoliendo los museos, degollando y quemando vivos a los cristianos de Irak o a quienes no se plieguen a sus creencias, en realidad están despejando el camino para el Mahdi y la refundación del mundo.

No pasar por alto que tanto Irán como su brazo armado contra Israel, la temible Hezbollah, siendo chiitas, proclaman por igual la llegada de El Mahdi.  El integrismo Chiita y el extremismo sunita beben de la misma fuente, el Corán, interpretándolo a su manera ambas facciones desean destruir la cultura occidental.

Para enfrentar a un enemigo, la primera tarea  es conocerlo y definirlo. Esto ha sido difícil para los políticos occidentales. Para citar un solo ejemplo, en Francia, después de los últimos ataques terroristas de enero, reivindicadas por ISIS y Al-Qaeda, el presidente Hollande en su discurso de desagravio afirmó que las masacres ”no habían sido perpetradas por musulmanes”. El populismo socialista ha conducido a sus líderes a una forma de ceguera cuando desde el gobierno afirman que la pobreza es la causante del terrorismo islámico, obviado la psicopatía religiosa como una de las causas. Muchos de los jóvenes yihadistas noruegos e ingleses que se han unido al ISIS, provienen de familias pudientes. Bin Laden, quien perteneció a una familia musulmana millonaria, siempre tuvo la convicción que sus acciones eran un preámbulo a la instauración del Reino Islámico y que él no viviría para presenciarlo.

Graeme Wood (What ISIS Really Wants), afirma: “La realidad es que el Estado Islámico es islámico. Muy islámico. Sí, ha atraído a psicópatas y aventureros, en gran parte de las poblaciones descontentas del Medio Oriente y Europa. Pero la religión predicada por sus seguidores más fervientes se deriva de las interpretaciones coherentes de los eruditos del Corán y de las enseñanzas del Islam. Prácticamente todas las decisiones importantes y la ley promulgada por el Estado Islámico se adhieren a lo que denominan ‘la metodología profética’, que es detallada meticulosamente en sus pronunciamientos y en su propaganda, significando y proyectando así la profecía y el ejemplo de Mahoma. Los creyentes musulmanes pueden rechazar el Estado Islámico, muchos lo hacen, pero pretender que no es un grupo religioso y milenarista es obviar la realidad, generando falsas interpretaciones en Europa, y a los Estados Unidos a subestimarlo, estableciendo necios esquemas para contrarrestarlo”.

La realidad es que el Estado Islámico, aparte de ser una banda de sicópatas sumidos en el oscurantismo del siglo VII, es una organización religiosa que persigue una profecía en la que ellos son los agentes del apocalipsis. Su estrategia se engendra en una teología que alienta a los creyentes, combatientes invisibles diseminados por todo el mundo, a accionar el gatillo del fin de los tiempos y engrosar el ejército de mártires guiados por El Mahdi.  Se trata de una batalla mística por Alá y la instauración del Reino del Islam sobre la Tierra. ¿Cómo luchar contra un ejército con un concepto metafísico de la guerra, dirigido por un ser mítico?

edgar.cherubini@gmail.com

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La llave de los sueños de Chiharu Shiota

Chiharu Shiota, The Key in the Hand, Biennale di Venezia 2015

La llave de los sueños de Chiharu Shiota

Edgar Cherubini Lecuna

París, mayo 2015

Ya había causado asombro el escenario que ideó Chiharu Shiota en 2014 para la ópera Tristan e Isolda, en el Kiel Opera House, Alemania. No menos impactante fue la instalación de las 10.000 cartas en el Espai d’art contemporani de Castelló, Valencia. Esta vez se trata de la Bienal de Venecia 2015 y su propuesta The Key in the hand.

Podríamos hablar de esta instalación como una urdimbre, ya que se trata de un gigantesco entrelazado de hilos rojos que no obedecen a un orden establecido, pero que de alguna manera, el patrón de conjunciones de las 50.000 llaves que cuelgan sobre una barcaza aherrumbrada por el tiempo, crean un significado.

Llenar el vacío con llaves es una representación que nos induce a buscar su sentido.  En primer lugar, la llave implica apertura, pero también clausura o protección. Uno abre lo que está cerrado, se abre para salir o entrar. La llave también simboliza el conocimiento. En algunas culturas, la llave es lo masculino, lo que penetra y la cerradura lo femenino, lo que se activa.

En Japón es símbolo de prosperidad. Los iniciados en la creencia de que existe una llave para retornar al Paraíso no cesan de buscarla. Hay llaves divinas. Los dioses de las civilizaciones antiguas poseían las llaves de la naturaleza, el dios Jano abría las puertas del solsticio de invierno y del verano con una llave de oro.

La llave de los campos, así tituló Magritte uno de sus cuadros más enigmáticos. La llave que hace marchar el reloj de la estación de trenes de Waterloo o la que el afinador utiliza para ajustar las clavijas del piano, cumplen la misma función que la llave del diario secreto de una adolescente que abre por primera vez su corazón al amor.

Recordé también que en el film la Clé des songes o la Llave de los sueños, escrita por Jean Cocteau y dirigida por Marcel Carné en 1951, el personaje, al límite de lo abstracto, encuentra la llave para poder penetrar de nuevo al mundo de los sueños y reencontrar a su amada.

En todo esto pensé al observar las 50.000 llaves que conforman la obra The Key in the Hand, de Chiharu Shiota, llaves que han acumulado algo de la memoria de quienes las utilizaron. Imaginé a esas personas susurrando:  “Colocaré esto bajo llave”; “Debo cerrar con llave”; “Voy a echar llave a todo”; “Se lo entregaré llave en mano”; “Eso está guardado bajo siete llaves”; “Con esta llave abrirás el cofre”; “Toma mi llave, no hay otra”; “¿Para qué sirve esta llave?; “Olvidé las llaves”; …y así, cincuenta mil voces poblando la sala …si las llaves hablaran ¿Hablan?.

Chiharu Shiota, nacida en Osaka en 1972, actualmente vive y trabaja en Berlín. Su obra consiste en instalaciones en los que utiliza objetos cotidianos. Shiota explora las relaciones entre el pasado y el presente, lo vivo y lo muerto, así como la memoria que las personas insertan en los objetos de su uso cotidiano. Una característica de sus obras son las redes de hilo que los rodean, atrapan o sirven para conectarlos entre ellos y nosotros, como queriendo decir que todos estamos conectados a esa red invisible que sostiene la vida.

El arte está formado por un conjunto de códigos que, al utilizarlos de forma racional, intuitiva o metafórica, configuran un mensaje cuyo fin es el de trasmitir una información al receptor de la obra para que resuene en su interior, produciendo efectos en su conciencia, activando símbolos o despertando recuerdos y, a veces, exigiendo respuestas.

Para calificar la obra de Shiota, recurro a los aforismos del arte de Jorge Wagensberg, cuando este autor define tres de las tendencias que marcaron el siglo XX: “El Surrealismo: la realidad es lo que sueño”.
”El Dadaísmo: dimisión irrevocable ante la realidad obsoleta”. “El Expresionismo Abstracto: la realidad produce monstruos”.

En uno de los manifiestos del Dadaísmo encontramos una de las llaves para entrar al mundo de Shiota: “la poesía está en la acción y las fronteras entre arte y vida deben ser abolidas”. Las propuestas de Shioto son poemas plasmados en tres dimensiones. Mediante la utilización de materiales inusuales, maneja planos de pensamientos inconcebibles de mezclar, la artista se rebela contra el encasillamiento del pensamiento y hace surgir la espontaneidad de lo inmediato y lo aleatorio. Shioto es una cronista de la deconstrucción de la memoria.

Otra de las llaves podría ser el Expresionismo Abstracto o Abstract expressionism, término acuñado por el crítico Harold Rosenberg en 1952, para referirse a la obra de artistas como Jackson Pollock y Franz Kline, entre  otros. En esta tendencia el artista deforma la realidad y la expresa de manera subjetiva, por eso se la llama también “pintura gestual”, ya que plasma las emociones en el lienzo, a veces en forma frenética. Esto me induce a pensar que Shioto es una artista que se acerca instintivamente a dicha tendencia. Sus más recientes obras, son escenarios que se asemejan a un “pollock” gigante y tridimensional, incluyendo la angustia existencial en el centro de la escena.

En el mundo de las “instalaciones”, tan de moda entre los mercaderes en el templo del arte y generalmente tan mediocres, la propuesta “The Key in the hand” de Chiharu Shiota, es una excepción.

La obra de Chiharu Shiota me hace pensar en una llave maestra, esa que los ingleses llaman master key o skeleton key, para, llave en mano, poder abrir todas las puertas cerradas al pensamiento, a la libertad, a los sentimientos, a los sueños, al amor.

edgar.cherubini@gmail.com

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La invención de Occidente

La invención de Occidente

Edgar Cherubini Lecuna

París, abril 2015

En una ilustración de La Divina Comedia realizada por Gustav Doré, aparece el dios Minos como juez en los infiernos. Hijo de Zeus y de Europa, en la Grecia Antigua se le conoció como Minos el Legislador. Algunos investigadores piensan que Minos significaba rey, debido en parte a la similitud con Moisés, otro rey fundador, creador de leyes. Los griegos tomaron muchas ideas de la Torah o Biblia hebrea.

Jacques Attali y Pierre-Henry Salfati, son los autores de “La invención de Occidente” (L’invention de l’occident, 2012), un apasionante ensayo que narra el encuentro entre las fuentes judías y griegas, en un singular enraizamiento que dará nacimiento a la cultura occidental. En el trabajo se destacan las diversas coincidencias entre ambas culturas. Si para la religión judía solo hay un Dios, en la Grecia politeísta Platón inventó el Demiurgo, un dios creador del universo y de la idea del bien, un ser superior que organiza el mundo. En la religión griega, los hombres, fueron creados a imagen y semejanza de los dioses y gracias a Prometeo adquieren la dignidad, que vendría a ser una lejana concepción europea u occidental de los derechos del hombre.

“La invención de Occidente”, refiere la fascinante historia de esta convergencia que comienza con dos nomadismos, uno terrestre, el judío y el otro marítimo, el griego, relatados en los dos grandes libros fundacionales de ambas culturas, el libro de Homero (Siglo VIII a.C.), compuesto de la Ilíada y la Odisea, y el libro de Moisés, la Torah (circa Siglos X a XIV a.C.). Dos libros que describen al detalle la condición humana, revelando muchas similitudes. Aunque el de Homero no sea un tratado religioso, describe al héroe griego como prototipo del hombre libre e introduce la idea de la ética y de la libertad como ideal supremo del hombre virtuoso.

Ambos libros describen a su manera la historia de la emancipación del individuo mediante un retorno al origen. Ulises, desdeña la inmortalidad que le ofrece la ninfa Calipso, prefiriendo regresar a su morada de realidad y en su accidentado retorno a Ítaca se encuentra a sí mismo. Moisés guía a su pueblo a través del desierto, que es comparable a una geografía interior, en busca de la tierra prometida, hasta encontrarse cara a cara con un único Dios, estableciendo la Ley, que es una ley divina. En Grecia, se produce una sucesión de grandes legisladores, Minos, Solón (la igualdad de todos los individuos), Licurgo, entre otros, que participan en la evolución de la Justicia y las leyes (Temis, Nomos, Politeia), que conducen a Atenas a inventar la política y la democracia.

El trabajo de Attali y Salfati nos conduce hasta Alejandría y a la Biblia griega, conocida como septanta o septuaginta, que tiene la importancia de representar la simbiosis entre la cultura griega y la hebrea, fue traducida al griego de textos hebreos y arameos antiguos entre el siglo III y el siglo II a.C., representa una síntesis del monoteísmo judío y el carácter universalista de su ética. Se constituyó en el texto utilizado por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y posteriormente por la iglesia cristiana primitiva y sus diversas sectas de habla y cultura griega. Es la base y la fuente del Antiguo Testamento de la gran mayoría de las biblias cristianas.

La narración nos transporta al corazón del Sinaí, al monasterio de Santa Catalina, construido por los griegos bajo la égida de Justiniano, emperador y sacerdote bizantino, en el lugar de la revelación divina, donde Dios le hizo entrega de la Ley a Moisés.  En 1853 el Conde Constantin von Tischendorff, protestante, erudito y paleógrafo, en busca de antiguos manuscritos descubrió en su biblioteca el ejemplar original de la Biblia griega o Biblia de Alejandría, salvándola de la destrucción. Por cierto que el manuscrito original  fue desmembrado y vendido a la iglesia ortodoxa de Rusia y posteriormente, en 1933, Stalin lo revendió por una suma exorbitante a la Corona de Inglaterra. Desde entonces, el Codex Sinaiticus descansa en el Museo Británico.

Según Attali, el pensamiento griego exalta la búsqueda de la libertad, mientras que el pensamiento hebreo elabora la estrategia para obtenerla, construyendo un camino hacia la sociedad ideal y es en Alejandría donde ambas tendencias confluyen.  En esa ciudad, fundada por Alejandro Magno en 331 a.C., se recopilan y se dan a conocer las obras maestras de la literatura del mundo antiguo: Homero, Hesíodo, Píndaro, Eurípides, Esquilo y otros filósofos, así como la Torah, el libro de los Judíos, llamados por Teofrasto como el “pueblo de los filósofos natos”. En esa metrópolis confluyen la corriente filosófica neoplatónica, los filósofos judíos como Filón y los pensadores cristianos alejandrinos como Clemente y Orígenes cuyas ideas tienen una poderosa influencia en la teología cristiana primitiva.  Esta simbiosis singular de la fe y la razón nutre el diálogo entre las dos civilizaciones, es una hibridación que unifica ambas tendencias y que conduce a una doctrina nueva: el cristianismo.

Al mismo tiempo en que Euclides concibe sus Elementos, Alejandría engendra la religiosidad monoteísta y la mundialización de la economía de mercado. Los valores occidentales se arraigan en la confluencia de las culturas griega y judía, dando origen a las ideas germinales sobre las leyes de la política y los primeros postulados sobre los derechos humanos.

Este ensayo de Attali y Salfati, apoyado por un grupo de destacados especialistas, entre los se encuentran, Katell berthelot, Philipe Borgeaud, Luc Brisson, Marcel Détienne, Gilles Dorival, Joseph Mélèze-Modzejewski, Didier pralon, Thomas Romer y Suzanne Said, nos proporciona pistas históricas milenarias para comprender el nacimiento de occidente.

Pensamos que si Occidente no profundiza sobre sus orígenes para encontrar de nuevo su centro de gravedad y contrarrestar su falta de consistencia, difícilmente podrá sortear las amenazas del presente.

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La ideología del exterminio

Guerrilleros Khmer Rouge en plena ofensiva en Phnom Penh, 17 de abril 1975

La ideología del exterminio

Edgar Cherubini Lecuna

París, abril 2015 

El 17 de abril de 1975, los Khmers rouges o Jémeres Rojos, tomaron Phonm Penh, la capital de Camboya.  Eran 40.000 guerrilleros armados con Kaláshnikov, bazucas y granadas, surgidos de la selva, pequeños, famélicos, vestidos con pijamas negros, portando pañuelos rojos ajustados en la cabeza y calzando sandalias hechas con desechos de bandas de rodamiento de llantas. Su misterioso y anónimo líder era conocido como Pol Pot o Hermano número uno.

El mismo día de la ocupación, a partir de las seis de la tarde, los miembros del Angkar o Partido Comunista Khmer, llamado también Partido Comunista de Kampuchea (PCK), portando megáfonos, conminaron a la población a evacuar la ciudad bajo el engaño de que ésta sería bombardeada por los americanos. En 48 horas ya estaban en marcha hacia los campos de trabajo más de dos millones de personas. Los Khmer rouges habían seleccionando previamente a funcionarios, sacerdotes, intelectuales y otros «enemigos burgueses” para asesinarlos a mansalva. Los extranjeros, en especial los periodistas, debían concentrarse en la embajada de Francia. Los edificios públicos y las propiedades privadas de la ciudad fueron confiscadas y ocupadas por los Khmer rouge, sus familiares y allegados.

Jean Sévilla, periodista de Le Figaro Magazine afirma en “Abril Rojo” (Avril rouge, Le Figaro magazine, Abril, 2015), que los intelectuales, políticos y periodistas de izquierda en Occidente y en Francia en particular, se cegaron sobre lo que realmente estaba ocurriendo.  Ejemplo de ello, los titulares de Le Monde que celebraban la situación: “Liberada Phonm Penh”; “Entusiasmo popular”; “Siete días de fiesta por la liberación”; “Camboya será democrática, todas las libertades serán respetadas”.

Un mes después de estos acontecimientos, el 28 de abril, el periodista Jean Lacouture escribía loas a la revolución camboyana en Le Nouvel Observateur.  Al referirse a la evacuación de los habitantes de Phonm Penh conducidos a lo que posteriormente se conocería como killing fields o “campos de la muerte”, la describe con gran eufemismo como “una audaz transfusión de gente hacia el campo”.

Información sesgada

El sesgo de los periodistas de izquierda impidió conocer lo que verdaderamente acontecía.  A propósito de esto, Jean Sévilla cita un artículo de Patrice de Beer publicado en la edición de Le Monde el 10 de mayo, quien de regreso a París tras ser expulsado de Camboya, escribió: “¿Por qué esa actitud de crítica a la expulsión de corresponsales y observadores extranjeros?, qué les hace creer que los hombres de negro quieren ocultar que están perpetrando un baño de sangre, como quieren hacer ver los americanos. Nos guste o no, los camboyanos han decidido que ellos no quieren extranjeros en su país. (…) detrás del pijama negro y el pañuelo rojo en la cabeza, existe un orgullo nacionalista y una tremenda voluntad de retornar a sus fuentes rurales”.

Esa actitud ha sido siempre el reflejo del masoquismo político de la izquierda Europea y en especial la francesa en relación al Tercer Mundo. “Un Tercer Mundo espontáneo, sentimental, inocente y justo; un Occidente rapaz, materialista y cruel; sobre esa antítesis primaria y ambivalente la izquierda europea ha construido una corriente de pensamiento que se ha convertido en una ortopedia de la conciencia. Viven y proyectan una culpabilidad que hace de sus seguidores unos militantes de la expiación”, como bien lo define Pascal Bruckner (Le sanglot de l’homme blanc).

En 1977, ediciones Julliard publica los testimonios recogidos por el misionero católico François Ponchaud (Cambodge, année zéro) donde relata la tragedia de los sobrevivientes y refugiados de los “campos de la muerte”.  Luego de leer el libro y entrevistar al autor, el periodista Jean Lacouture, hizo un mea culpa a propósito de su visión sesgada de los primeros tiempos: “Los nuevos dominadores de Phonm Penh inventaron algo original, un auto genocidio. Después de Auschwitz y el Gulag, pensamos que ya no se producirían esos horrores, pero ahora observamos el suicidio de un pueblo en nombre de la revolución, aún peor, en nombre del socialismo”.

¿Qué pretendía el Khmer rouge?

Este movimiento engendrado en París en la década de 1960, culpaba a los países industrializados, en especial a los Estados Unidos, de ser los responsables del subdesarrollo de Indochina y de Camboya en particular, proponía el retorno al campo con el fin de lograr la “soberanía alimenticia” y la independencia a través de la “revolución agrícola”. Al tomar el poder, las primeras medidas fueron la abolición de la banca, las finanzas y la moneda, la prohibición de las religiones, la confiscación de todas las propiedades privadas y la reubicación de los habitantes de las zonas urbanas en granjas colectivas donde trabajarían de forma obligatoria. El propósito de esta política fue la de convertir a cada ciudadano camboyano en un «hombre nuevo» a través del retorno a sus raíces y a la cultura agraria.

El Khmer rouge intentó convertir a Camboya en una sociedad sin clases obligando a la población urbana a vivir en comunas a través de brutales métodos.  En el programa de trabajos forzados para recuperar la agricultura, murieron 1.700.000 personas, aparte de las ejecuciones sumarias que ascendieron a más de 200.000. Un genocidio en nombre de una visión llamada por estos fanáticos “El paraíso verde”. 

El Grupo de París, los futuros genocidas

En la década de 1950, unos jóvenes intelectuales camboyanos formaron el llamado Grupo de París. Provenían de familias de clase media, de terratenientes o de funcionarios públicos. Estos fueron los autores de la utopía revolucionaria del Khmer rouge. Formados en escuelas de élite en su país, más tarde fueron adoctrinados por el Partido Comunista Francés (PCF) en el pensamiento político marxista, en boga en las universidades parisinas a las que asistieron.  El PCF y los guardianes del templo marxista francés, que siempre ha pensado que el Tercer Mundo es el terreno ideal donde ensayar sus dogmas, pero sin moverse de sus cafés y tribunas académicas, apoyó al grupo para la instauración en Camboya de las ideas comunistas de una sociedad sin clases y el retorno a una Edad de Oro agrícola, la utopía socialista en la Tierra.  Los del Grupo de París, apenas tomaron el poder, se convirtieron en feroces genocidas de su propio pueblo.

Entre los que integraron el Grupo de París se encontraba Saloth Sar, estudiante de l’École du livre de París, quien adoptaría el pseudónimo de Pol Pot o Hermano número 1. Pol Pot fue el líder del Khmer rouge desde la década de 1960 hasta su muerte en 1998. Luego de la toma de Phnom Penh en 1975, se convirtió en un dictador sicópata y genocida de su propio pueblo, su verdadera identidad se conocería años después de instaurado el terror.  Leng Sary o “Hermano número 3”, estudiante en El Instituto de Estudios Políticos de París, mejor conocido como Sciences Po, fue otro de los líderes destacados. Khieu Samphan o “Hermano número 4”, considerado uno de los intelectos más brillantes de su generación, en su tesis doctoral expresó los lineamientos de la política adoptada por la Kampuchea Democrática, como así llamarían al nuevo Estado.

Líderes del Khmer Rouge (I-D), Pol Pot, Noun Chea, Leng Sary, Son Sen

Donde se implanta el comunismo y su ideal del “hombre nuevo” o “Paraíso Socialista”, sea en la URSS, Corea del Norte, Camboya, Cuba o Venezuela, el resultado, con sus variantes, es el mismo: demolición de las instituciones democráticas, supresión de las libertades, totalitarismo, terrorismo de Estado, asesinatos selectivos o masivos, confiscaciones, caos económico, desabastecimiento, hambrunas y todas las secuelas que trae consigo la ideología del exterminio.

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La asfixia de las palabras

La asfixia de las palabras

Edgar Cherubini Lecuna

París, marzo 2015

Sin libertad de expresión no hay democracia, ya que ésta condiciona el ejercicio de los demás derechos. En Venezuela, quedan muy pocos medios independientes que mantienen un manejo plural de las ideas y de la información, ya que son asediados y amenazados por un régimen que ha logrado monopolizar prácticamente todas las comunicaciones, controlando, cerrando o comprando a los medios privados, estableciendo una hegemonía comunicacional.

En los últimos 11 años, el gobierno ha neutralizado todos los medios críticos, no sólo con mecanismos jurídicos y financieros, sino mediante amenazas, ataques, encarcelamiento y persecución de periodistas, cierre de medios privados y la estatización casi total de las telecomunicaciones. Los medios del Estado no permiten ninguna expresión de descontento popular o críticas a la gestión gubernamental, censurando las noticias que puedan vulnerarlo. Esto ha venido desarrollándose desde el 2003, cuando el presidente Chávez consideró a los medios de comunicación privados como “enemigos del proceso revolucionario”, concretándose sus amenazas en el 2007, con el cierre de RCTV, seguido de varias decenas de emisoras de radio privadas. A los que no cerró, los amenazó con retirarle la concesión. Al periodista crítico se le trata de enemigo y traidor o se le tilda de terrorista, dejando la puerta abierta para agresiones por parte de los grupos paramilitares y otros órganos represivos.

La comunicación totalitaria

Los elementos del nuevo orden hegemónico comunicacional con los que el gobierno proyecta una “verdad oficial” o una “visión única” de la realidad del país, se pueden resumir así: 1. Intervención del Estado en los medios. 2. Exclusión de actores políticos críticos de los medios públicos. 3. Legislación que controla y limita la libertad de expresión. 4. Asfixia económica de los medios independientes al negarles publicidad oficial. 5. Cierre de fuentes informativas. 6. Negación y ocultamiento de  información sobre la gestión pública. 7. Manejo de mecanismos de censura y autocensura. 8. Intimidación judicial, amenazas y agresión a medios y periodistas. 9. Discriminación contra los medios críticos en eventos oficiales. 10. Impedimentos para adquirir papel para los diarios independientes. 11. Intimidación y expulsión de periodistas extranjeros. 12. Exposición al odio público de periodistas críticos y opositores a través de los medios de comunicación del Estado, haciendo públicas grabaciones obtenidas de manera ilegal, entre otras prácticas.

Sobre esto último, el presidente de la SIP Gustavo Mohme, denunció ante ese organismo: «Bajo la excusa de amenazas terroristas, seguridad nacional o de secreto de Estado utilizan sistema de vigilancia y espionaje para neutralizar al periodismo y sus ciudadanos críticos».

“Asfixia casi total de la libertad de expresión en Venezuela”

El pasado 16 de marzo, las agencias de noticias recogieron en sus titulares la dramática expresión de Asdrúbal Aguiar, Vicepresidente regional de la SIP, al presentar su informe sobre la libertad de expresión en Venezuela: “Asfixia casi total de la libertad de expresión en Venezuela”, afirmó, para luego agregar, “la hegemonía comunicacional de Estado es un hecho consumado”.  Según Aguiar, “la tarea periodística, eje fundamental de la vida democrática, se torna en empresa de alto riesgo. La información se considera secreto de Estado y se reduce a lo que declaran a su arbitrio, sin interpelación, verificación o contrastación, los distintos funcionarios. La censura previa toma cuerpo y doblega las líneas editoriales. Es criminalizada y judicializada toda forma de expresión e información disidente. La propaganda oficial ideológica y proselitista hace presa de la opinión, copa los horarios estelares de la programación radial y de televisión y recrea, a través de sus repetidas cadenas oficiales o presidenciales, un efectivo black out informativo”.

Con razón, Reporteros sin Fronteras (RSF) en su Informe mundial sobre Libertad de Prensa 2015, ubica a Venezuela en el puesto número 137 de 177. A partir del puesto 115 se enciende la alerta roja de los DDHH en los países allí reseñados.

Las palabras, como los hombres, sufren y mueren

La comunicación es palabra, pero también es acto, gesto. Incluso el gesto de amenaza posee una topografía mental plena de significados. De allí que Lacan, se pregunte: “¿Qué es un gesto de amenaza? No es un golpe que se interrumpe, realmente es algo que se hace para detenerse y quedar en suspenso. Quizás después lo lleve a cabo hasta el final”. Así lo sentimos los venezolanos, el suspenso ante la amenaza de la agresión, “detenida” a veces, pero que se producirá en cualquier momento. Según Lacan “las armas también son gestos”. De allí que la amenaza del uso de las armas y los grupos paramilitares del régimen tienen la misma connotación, actúen o no contra los ciudadanos. Debido a sus significados y significantes de destrucción, muerte y terror social, forman parte estructural de un lenguaje totalitario.

En Venezuela, todos los medios públicos son instrumentos de propaganda ideológica de la dictadura militar, disfrazada o no de democracia, que bajo el tutelaje cubano implantó Chávez y continúa ejerciendo Maduro, cuyo objetivo es el de estrangular la libertad de pensar y de hablar, pues en ese país, las palabras pueden significar prisión, tortura y muerte. La única voz en los medios es el lenguaje reduccionista, altanero, vulgar y onomatopéyico del régimen. Es un lenguaje pervertido que conduce a la sociedad a espacios pre-políticos, pre-sociales, por no decir salvajes. El lenguaje político fue demolido, por eso, la democracia y su sistema de libertades y derechos, de progreso individual y colectivo se extinguen junto con éste. Sucede entonces la muerte por asfixia del lenguaje, el fracaso de la palabra y su sentido. Arthur Adamov escribió: “Las palabras, centinelas del sentido, no son inmortales ni invulnerables. Las palabras, como los hombres, sufren. Unas pueden sobrevivir, otras no tienen salvación y mueren. Gastadas, raídas, vacías, las palabras se han vuelto esqueletos de palabras, palabras fantasmas”.  Pero, frente al mal y el silencio que éste impone, el individuo es impulsado a afirmar su humanidad y su dignidad armado de palabras, como un dictado infalible de su propia supervivencia espiritual, moral y cultural en el ejercicio de su libertad.

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Supervivencia en la selva

Supervivencia en la selva

Edgar Cherubini Lecuna

París, febrero de 2015

Charles Brewer-Carías (1938) es el autor del más importante inventario de etnobotánica del Amazonas que se haya publicado hasta la fecha. Se trata del libro “Desnudo en la selva”, estudio pormenorizado de los métodos de subsistencia de los indígenas de las etnias Ye’kuana y Yanomamö, combinando su propia investigación y experimentación de los rigores que implica la supervivencia en ese entorno durante mas de 55 años de exploraciones.

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Charles Brewer-Carías

Es un libro indispensable para pilotos y expedicionarios o para el que se vea obligado a subsistir en medio de la Amazonía durante días, meses o años. Pero lo más importante es que dicho libro hace comprensible, al catalogarlo y describirlo al detalle, algunos aspectos fundamentales del conocimiento ancestral de las etnias Ye’kuana y Yanomamö sobre un universo vegetal de más de 250.000 Km2 de las selvas que comprenden el estado Amazonas y el macizo Guayanés.

El lector encontrará una información pormenorizada de cada una de las especies vegetales y sus frutos que proporcionan alimento y sustento, en especial toda la familia de palmas, ya que éstas brindan diversos recursos alimenticios y otros usos prácticos.  Las plantas textiles constituyen un recurso indispensable en la selva, pues sus cortezas, fibras y lianas se emplean desde hace miles de años para fabricar cestas, hamacas y cordelería de diferentes calibres. 

Cada una de las especies capaces de alimentar y proporcionar útiles para la supervivencia, son presentadas debidamente ilustradas con fotografías de la planta, las semillas y los frutos, así como en siluetas que contemplan la escala humana en relación a la especie vegetal, de manera de poder identificarlas en la manigua. La didáctica del impecable apoyo gráfico, va acompañada de una explicación detallada de las técnicas para aprovechar el alimento de la planta, o el agua de los bejucos, necesarios para sobrevivir.  El manual especifica los insectos, reptiles, mamíferos y en general todos los animales aprovechables mediante la caza, la pesca, la colecta o la utilización de trampas. Otro recurso indispensable es el cómo hacer fuego a la usanza de los Ye’kuana y Yanomamö, para cocinar lo recolectado, aún cuando larvas, gusanos y lombrices pueden ingerirse crudos y son una excelente fuente de proteínas.  En suma, el libro contiene una detallada información vital para el que se encuentra en medio de ese universo vegetal, denominado por el autor “la bodega de la selva”. 

Un aspecto interesante del libro se refiere al primer encuentro de Brewer con la cultura Ye’kuana.  En 1960, a los 22 años de edad, recién graduado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se traslada a las cabeceras del río Erebato para realizar un estudio sobre la antropología dental de los Makiritares.  El testimonio de Ramón Tomedes, capitán de una comunidad Ye’kuana del río Caura, en Guayana, lo describe así:  “Yo era un niño en esos años cuando conocí a Charles, sin embargo recuerdo el día en que Gervasio, en ese entonces el capitán del poblado en el que se encontraba Brewer, le espetó en su cara: “tu para nosotros eres tan desvalido como un niño” (amödö sichu kua’kö), “no sabes hacer nada”.  Desde ese momento, Brewer se dedicó a preguntar y aprender cómo vivíamos, a conocer y hablar nuestra lengua y nuestra música, de cómo fabricar una curiara, a distinguir en la selva lo necesario para subsistir, hasta que se convirtió en un “sotto”, es decir, en un hombre, en el sentido de saber lo que una persona necesita para vivir en la selva”.

El significado de “Sotto”, se encuentra en el libro “Introducción a la cosmovisión de los indios Ye’kuana–Makiritare”, del antropólogo Daniel de Barandarian, estudio fundamental para entender dicha cultura.  Allí, el autor afirma: “El más importante concepto psicológico de un Ye’kuana es ver en la “persona Sotto” la energía vital humana que le permite estar en sintonía con el mundo existente y en especial con las otras personas de su grupo. Los niños aún no son “sotto” porque dependen de otros para sobrevivir. Los “nabë”, los forasteros que no viven en la selva, no son “sotto” porque para subsistir tienen que comprar lo que necesitan.  Un “sotto” se vale de sí mismo para vivir y recrearse en el mundo. El “sotto” decide por sí mismo entre el bien y el mal”. Pero lo más significativo es que un “sotto” conoce la prerrogativa fundamental del espíritu humano: la libertad o “Yaamadi”.

Ramón Tomedes, consciente de la importancia de este compendio para la subsistencia en el bosque tropical, ha pedido a Brewer que lo edite en lengua Ye’kuana, para que los jóvenes de su etnia aprendan y atesoren la riqueza botánica de la selva, vivan dignamente y no se dejen tentar por el llamado de la ciudad o sean reclutados para trabajar en las minas donde cambian su libertad por una esclavitud insalubre.

La lectura del libro ha coincidido con inquietantes noticias en relación a esos territorios, aparecidas recientemente en la prensa. Los que conocemos la región y hemos convivido con sus indígenas, no podemos dejar de reflexionar y alertar sobre los peligros que los acechan.  El Amazonas venezolano forma parte del pulmón verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo.  Sus bosques pluviales tienen una antigüedad de 75 millones de años y sustentan el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para todo el planeta.  Sin embargo, es lamentable el estado de ingobernabilidad de esos territorios, donde la guerrilla colombiana ha establecido campamentos y los garimpeiros o mineros ilegales arrasan indiscriminadamente la selva utilizando mercurio en el proceso de extracción del oro, perjudicando los suelos y envenenando los ríos, utilizan a los indígenas como guías, los esclavizan en las minas o los hostigan y asesinan.

El hombre blanco modifica la estructura mental y social del indígena, igualmente los aleja de su sistema natural de supervivencia. Pienso que la ideologización también es una forma de etnocidio cultural.

Jóvenes Yanomamö con semillas comestibles de Aguacatillo (Ocotea rubra) 

Pero lo más temible es que el régimen chavista ha puesto en  marcha una rebatiña orquestada por intereses muy poderosos que buscan la progresiva ocupación de esos territorios y de sus riquezas naturales. El presidente Maduro, por la vía habilitante, aprobó la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), cuya administración soberana sobre una región otorgada en concesión, será ejercida por el inversionista extranjero o la organización designada por los militares, en una rebatiña donde participan diversas multinacionales. Esto está ligado a la implementación de un renglón del llamado Plan de la Patria, denominado Arco Minero del Orinoco y a una nueva Ley de Fronteras que permitirá a multinacionales extranjeras, actividades de explotación minera, petrolera, forestal y otros desarrollos en territorios indígenas, parques nacionales, reservas forestales y de biosfera extremadamente vulnerables.

Los socialistas salvajes del siglo XXI y sus corporaciones criminales se encaminan a ocupar los territorios Ye’kuana y Yanomamö diezmando estas culturas que han sobrevivido en sus selvas por miles de años y que constituyen un reservorio de la sabiduría ancestral de la humanidad.

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El tirano y su servidumbre

“Si un tirano es un solo hombre y los subyugados son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?”.  –  Étienne de La Boétie

El tirano y su servidumbre

Edgar Cherubini Lecuna

París, febrero 2015

Étienne de La Boétie (1530-1563), escribió el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” (Discours de la Servitude volontaire) a la edad de 18 años, un escrito panfletario contra el rey Henri II. El tratado, de gran erudición, fue escrito alrededor de 1549, año que coincide con la represión y masacres de campesinos en Guyenne, al suroeste de Francia, que se habían sublevado contra el impuesto a la sal ordenado por el rey.

Desde su aparición, el libro fue adoptado por diferentes movimientos contestatarios no solo en Francia sino en toda Europa. Los líderes de la Revolución Francesa lo hicieron circular bajo el título “Las cadenas de la esclavitud”. Durante la ocupación nazi en Francia el libro fue prohibido, pero a pesar de ello se imprimieron miles de ejemplares que se repartieron clandestinamente.

¿Por qué este pequeño ensayo, escrito por un joven indignado del siglo XVI, hace temblar a los tiranos?  La respuesta está en lo que el autor afirma:  “Si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud? El que gobierna tiránicamente sobre ustedes, posee solamente dos ojos, solamente dos manos, solamente un cuerpo; en verdad no posee nada más que el poder que ustedes le confieren para destruirlos. ¿Dónde ha adquirido él ojos suficientes como para espiarlos, si ustedes no se los proveen por sí mismos? ¿Cómo puede tener él tantos brazos con los cuales golpearlos, si no los toma prestados de ustedes? Los pies que pisotean vuestras ciudades, ¿de dónde los obtiene si no son los vuestros?».   

Sobre la tiranía y los vicios políticos que ésta genera, La Boétie afirmó sin ambages: “los tiranos se crecen sobre la servidumbre voluntaria de sus súbditos. No hay rey sin súbditos, no hay tirano y no hay dictador sin masas resignadas”.  Para él, existe una matemática de la dominación a la que llama “cadena de obediencia social”, mediante la cual el tirano no necesita enfrentarse directamente a la masa que desea dominar. Mediante un modelo piramidal, utiliza a unos para dominar y tratar despóticamente a los que están debajo de éstos, quienes a su vez dominan a sus subordinados y así se va multiplicando su poder.  

Desde que comenzó a circular, el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” ha sido fuente de inspiración para aquellos que luchan por la libertad y se baten contra la opresión, la explotación, el abuso de fuerza, la corrupción y toda mitificación del poder.  En 1558 Montaigne, contemporáneo de La Boétie, autor de los conocidos Ensayos que han influido desde entonces en la filosofía y el pensamiento de occidente, interesado en saber quién era el autor del Discurso, viaja a Bordeaux donde La Boétie ya era magistrado a los 24 años de edad, dicho encuentro significó el inicio de una intensa amistad y una nutrida correspondencia política.

La Boétie anticipa la filosofía política de los pensadores de la Ilustración quienes sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, aunque en el siglo XXI aún suframos ese déficit.

En sus páginas, La Boétie no cesa de afirmar que “es la obediencia la que hace poderoso al tirano”. De allí que el autor nos plantea descifrar un enigma político: “no es el poder el que crea la obediencia, sino que es la obediencia la que crea el poder”, preguntándose con indignación: “¿Cómo las personas, pueden ser dominadas o, aún más, servir con fervor a quien las desprecia y oprime?. Es un hecho enigmático la capacidad de soportar, aceptar e incluso amar su servidumbre, hasta tal punto en que algunos la perciben como si fuera su salvación. ¿Por qué una enorme masa de decenas de miles se somete a la voluntad de un hombrecito mediocre?”.

Severine Auffret, en su libro «Comète» (ed. Milles et une nuit, 1995), donde traduce a La Boétie en francés moderno, sostiene en sus notas que “los conceptos de ‘dominación’ y ‘servidumbre’ del autor, sitúan al tirano no solo en una categoría política sino ‘mental’ y hasta ‘metafísica’, ya que esta relación de dominación y servidumbre, para darse en la sociedad, primero se instaura en lo más íntimo de la conciencia del individuo”.  La respuesta a este desacierto la da el mismo La Boétie: «La libertad, más allá de ser un ideal a conquistar, es una actitud”.

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