Venezuela convertida en una miserable trinchera de Rusia y Cuba

Venezuela convertida en una miserable trinchera de Rusia y Cuba

Edgar Cherubini Lecuna

Pensando en voz alta, comparto la preocupación de muchos ciudadanos sobre la deriva de la crisis que vive Venezuela hacia una de mayor amplitud. El juego geopolítico de Rusia, monitoreado desde Cuba, dimensiona el conflicto no solo a nivel regional, sino a una esfera internacional, enfrentando de hecho a dos potencias: USA y Rusia en este tablero, debido a la presencia y actuación militar rusa en territorio venezolano. No son “fanfarronadas” las declaraciones del vicecanciller ruso Sergei Ryabkov, quien, en el marco de las conversaciones en Viena, afirmó que “no confirmaría ni excluiría” la posibilidad de que Rusia pueda enviar activos militares a Cuba y Venezuela si las conversaciones fracasan y aumenta la presión de Estados Unidos sobre Rusia. La Unión Europea (UE) y los Estados Unidos acusan a Rusia de preparar un ataque contra Ucrania, aliado de Occidente. Rusia responde acusando a la OTAN de desarrollar actividades hostiles cerca de sus fronteras y reclamando garantías de seguridad jurídicas a Estados Unidos y la Alianza Atlántica.

De la declaración de Rusia se desprenden los siguientes argumentos:

  1. Se comprueba la autoridad política que ejerce Rusia y Cuba en Venezuela, al disponer a discreción el uso del territorio nacional como base de operaciones militares contra Estados Unidos y sus aliados en la región.
  2. La sumisión del régimen de Maduro a los planes y estrategias geopolíticas de Rusia y Cuba. La presencia militar rusa en Venezuela y el despliegue de armamento de alta tecnología es un hecho comprobado desde el año 2004.
  3. La indolencia de los gobiernos democráticos de América y Europa que continúan tolerando la desestabilización de las democracias regionales y la implantación de Estados criminales promovidos por Cuba y Venezuela.

Esta situación se ve agravada con la reedición de la era Maisto y su deslucida frase sobre Chávez : “No hagas caso a lo que dice sino a lo que hace” (¡…lo hizo!), al calificar el gobierno norteamericano de “fanfarronadas” las amenazas en ciernes, tal y como se expresó Jake Sullivan, el asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Joe Biden, para después agregar en forma timorata que su país respondería de forma “decisiva” si Rusia realiza tal despliegue militar en Venezuela o en Cuba. Respondiendo a la reacción de Estados Unidos y del presidente Interino Juan Guaidó a las declaraciones del Vicecanciller ruso, el ministro de la defensa, Gral. Vladimir Padrino (@vladimirpadrino), con su habitual arrogancia twitteó: “No asombra ver a la vil vocería de la antipatria hablar de soberanía nacional después de rogar intervención militar y sanciones contra Venezuela, cuando Rusia asoma la posibilidad de profundizar las relaciones de cooperación militar de nuestras naciones, las cuales YA EXISTEN”. (mayúsculas en el Twitt).

Es necesario recordar que el arribo a Venezuela de fuerzas militares rusas data de 2004, en el marco de acuerdos de asistencia técnica para el entrenamiento y manejo del sofisticado armamento que Chávez adquirió en ese entonces, convirtiéndose con los años en una misión interventora que, según lo declarara el propio gobierno ruso, “permanecerá allí por el tiempo que sea necesario”. En 2004, Rusia dotó al régimen de una flota de aviones de caza Sukhoi; el sistema de misiles de defensa antiaérea: S-300; helicópteros de ataque; tanques de guerra; vehículos de combate para infantería; sistemas portátiles de misiles de corto, mediano y largo alcance; 160.000 fusiles de asalto Kalashnikov de última generación (Existe una fábrica de fusiles AK y municiones instalada en Aragua); 6.000 fusiles Dragunov de largo alcance (1 Km) para francotiradores; lanzacohetes portátiles anti tanques y anti helicópteros, entre otros armamentos de gran movilidad y poder de fuego.

Venezuela se ha convertido en el primer aliado estratégico de Rusia en el continente americano. Desde 2008 y en dos oportunidades el país ha sido el teatro de maniobras aéreas y navales combinadas realizadas por las armadas de Rusia y Venezuela, incluyendo la participación de bombarderos nucleares TU-160 que han aterrizado en varias oportunidades en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía. Vale la pena apuntar que el sistema de misiles de defensa antiaérea de largo alcance: S-300, que los rusos han instalado en Venezuela, es el más avanzado de América Latina y el Caribe. Esto ha venido sucediendo ante la mirada impasible de los Estados Unidos y de los gobiernos democráticos de la región. Desde el 2018 se ha constatado la presencia (en Caracas y estado Bolívar) de contingentes de Spetsnaz Alfa o fuerzas especiales rusas provenientes de Siria con previa escala en Cuba antes de arribar al país. 

Para Venezuela y los países de la región se ciernen riesgos inminentes: el primero sería el verse involucrados en un conflicto geopolítico mundial, debido la intención de Rusia de incluir a Venezuela en sus planes de dotación de bases de apoyo y despliegue militar a nivel internacional. El segundo y más peligroso e inminente es el de la precipitación acelerada del país hacia un “Estado fallido” (pensamos que ya lo es), provocando que esos armamentos livianos y portátiles terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas, de los paramilitares y escuadrones de exterminio aliados con bandas hamponiles que hacen vida en el territorio venezolano amparadas por el régimen y que en alianza con grupos armados se han distribuido el territorio nacional para proteger sus negocios criminales.

A ninguno de los factores locales y foráneos antes mencionados les conviene el restablecimiento de la democracia en Venezuela, por el contrario, tienen la orden de impedir la hoja de ruta trazada por Guaidó y la Asamblea Nacional. Por eso, se hace necesario transmitir a la opinión pública internacional que ésta no es una dictadura militar como las que conoció Latinoamérica en el pasado, sino que se trata de un cartel criminal que está ejerciendo las funciones de gobierno con apoyo de militares, organizaciones criminales, narcoterroristas y rogue states (Rusia, Irán, Cuba), expoliando las riquezas que aún quedan de una nación en ruinas y que, de haber una transición democrática, Cuba continuará alimentando focos de subversión en Venezuela y países vecinos. Con justificada razón, Luis Almagro se refiere al régimen de Maduro como una “dictadura usurpadora” con una ‘dinámica de management’ dictatorial muy cubano, mezclado con el crimen organizado”. 

La cancillería del gobierno legítimo debe lograr la unión con las cancillerías democráticas del continente para hacer un llamado urgente a la opinión pública internacional y a los gobiernos democráticos del mundo, acerca de la muy peligrosa deriva de la crisis venezolana y cómo la cesión de soberanía territorial por el régimen de Nicolás Maduro a países forajidos como Rusia y Cuba, así como a organizaciones criminales que ya controlan parte del territorio, comprometen el futuro de los venezolanos y la paz de la región. La tolerancia tiene un límite.

No hace falta ser un experto para entender que el desenlace de una crisis política es el momento más delicado y de mayor suspenso en relación con los actores, los tiempos y las decisiones. Es usual que en un “momento de desenlace” se den situaciones inesperadas y si no se está preparado pueden resultar inmanejables o convertirse en una oportunidad perdida e irrepetible.

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El símbolo invertido devora al portador

Bandera del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei) conocido coloquialmente como Partido Nazi.

El símbolo invertido devora al portador

Edgar Cherubini Lecuna

Para Carl Jung, el símbolo implica algo desconocido u oculto. Un símbolo puede dar forma a lo que no tiene forma, pudiendo así materializar lo que antes era solo sensaciones, ideas, intuiciones, creencias o valores. Los símbolos activan las «resonancias» en el interior del individuo. Cuando la mente se propone explorar un símbolo, llega a ideas que van más allá de lo que nuestra razón puede captar, son “potenciales energéticos psíquicos” constitutivos de toda actividad humana. (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos, 1964). Los símbolos tienen repercusiones insospechadas en la psiquis de un individuo, de un grupo o de una sociedad. De allí, que la prudencia enseña a no desvirtuarlos.

Sin entrar en el análisis del surgimiento de los mitos colectivos y de aquellos que en su nombre los utilizan, pero sí en el terreno de las analogías políticas, ésta en particular que abordo a continuación, presenta rasgos interesantes por el uso esotérico de los símbolos para el empoderamiento de un caudillo, en este caso, el de Hitler y el nazismo.

Desde sus inicios, el nazismo estuvo plagado de ideas esotéricas. Michel Tournier, narra la jornada trágica en que terminó la conspiración e intento de golpe de estado de 1923, en la que Hitler conservó la bandera estampada con la cruz gamada, empapada en la sangre de los caídos (die Blutfahne) y que, a partir de 1933, era exhibida dos veces al año para celebrar el fracasado golpe de estado con una marcha sobre la Feldherrnhalle de Munich, pero sobre todo en septiembre en ocasión del Reichsparteitag de Nuremberg que constituía la cúspide del ritual de masas del partido nazi. En una tribuna en forma de altar, frente a decenas e miles de vehemente seguidores que colmaban el templo virtual que conformaban las columnas de luz de 150 reflectores apuntando al cielo, el visionario del futuro “Hombre Nuevo” y de una “nueva raza de superhombres”, el gran oficiante de ese culto, actuaba ceremoniosamente: “Cual semental que fecundase a una sucesión indefinida de hembras, la Blutfahne era puesta en contacto con los nuevos estandartes que aspiraban a la inseminación del Führer. El gesto del Führer, dando cumplimiento al rito nupcial de las banderas, es el mismo del reproductor guiando con su mano la verga del toro en la vía vaginal de la vaca” (Le roi des aulnes, Paris, Gallimard, 1970).

El tema recurrente del discurso de Hitler versaba sobre “el mandato que había recibido del pueblo, para sacarlo de su esclavitud y liberarlo”, la “defensa de la Sangre y de la Tierra” (Blut und Boden), idea representada por los colores rojo y negro de la bandera nazi, así como la voluntad de “una Alemania sólo para los verdaderos alemanes”, ya que los que no eran nazis, eran considerados alimañas, gusanos, piojos, escoria que deberían ser aniquilados. Para cumplir con ese propósito, la gnosis nazi se alimentó de toda una suerte de símbolos ancestrales y héroes de un pasado mitológico, así como de elementos sincretistas inspirados en diversas religiones y creencias.

Entre otras inclinaciones providenciales, Hitler se creía ungido de poderes sobrenaturales, de allí que ordenara a Himmler la creación de la Ahnenerbe o secretaría para estudios de ocultismo, encargada de localizar y traer a Alemania reliquias y talismanes como las Calaveras de Cristal de los Mayas, la Piedra del Destino o la Roca de Jacob (actualmente en la abadía de Westminster en Inglaterra y usada en la coronación de los reyes), la Lanza de Longinos (Viena), el Santo Grial (Francia) y el Arca de la Alianza (Israel), para empoderar al Führer y a su “mandato de mil años”. Para satisfacer el delirio de Hitler y sus SS, Himmler creó en febrero de 1935, un importante centro esotérico ubicado en el castillo triangular de Wewelsburg, concebido como el lugar propicio para el establecimiento de lo que luego sería conocida como la “Orden Negra” u “Orden de la Muerte”, que adoptó como insignia la calavera sobre unos huesos cruzados (Totenkopf) y un extraño culto ceremonial a la muerte para la iniciación de sus integrantes. El punto central de las edificaciones de Wewelsburg sería el Obergruppenführersaal, lugar donde se levantaban trece plataformas en torno a una mesa tallada en piedra bajo una bóveda que lucía una esvástica. Directamente debajo de ésta se encontraba una especie de templo llamado el “vestíbulo de los muertos”, lugar donde se conservaban los restos de antiguos héroes, utilizado para la realización de rituales y sesiones de magia negra, sirviendo a la vez de escenario para la iniciación de los escogidos. Entre las muchas ideas que surgieron de ese “templo”, la más demencial fue la del genocidio de seis millones de judíos. Según Francis King, “la política de Hitler se correspondió con el comportamiento de un ser necrófilo que ha pactado con los poderes del más allá. La esencia de ese pacto es la muerte y se expresa en la perversidad, la sangre y la destrucción” (Satan and Swastika: The Occult and the Nazi Party, 1976).

En el misticismo hindú y de otras culturas protoeuropeas, la cruz gamada sinistral o rotando hacia la izquierda, “Swástica” en sánscrito, es un positivo y poderoso símbolo solar, eje del mundo y de la regeneración perpetua la vida.

Los símbolos que emplearon los nazis para la destrucción del viejo orden y la instalación a perpetuidad del III Reich, se revirtieron contra ellos mismos. La cruz gamada, “Swástica” en sánscrito, era un positivo y poderoso símbolo solar, eje del mundo y de la vida del misticismo hindú y de otras culturas protoeuropeas, pero al ser copiada por los ideólogos del esoterismo nazi, fue adulterada deliberadamente al cambiar de dirección la rotación de los brazos, transformándola en un símbolo de destrucción y muerte. El Führer quien, a la vez, encarnaba al Pueblo, al Estado y el Partido Nazi, vivió su propio fin entre los escombros incendiados de la otrora poderosa Alemania, suicidándose en un oscuro bunker, dejando tras de sí un continente destruido y millones de muertos.

Salvando las distancias y los personajes, es imposible no aludir a lo ocurrido en Venezuela con la implantación del Socialismo del Siglo XXI. La pretendida refundación del país emprendida por Chávez se inició con la transformación de la historia y de los símbolos patrios.

Escudo de Venezuela (original)
Escudo modificado por Chávez

No contento con cambiarle el nombre al país, modificó la bandera y al escudo nacional le invirtieron la dirección hacia donde el caballo allí estampado solía cabalgar. Transformaron el rostro de Simón Bolívar en un zambo a imagen y semejanza suya. Chávez en persona dirigió la profanación del sarcófago del Libertador para utilizar sus huesos en rituales de empoderamiento de la santería cubana. La retórica genocida y necrófila que impuso con el “Patria, Socialismo o Muerte”, se convirtió en la política criminal de Estado que desde entonces flagela a los venezolanos. La espada libertadora de Bolívar fue mancillada al ser ofrendada a dictadores, terroristas y genocidas de toda calaña. En vez de marchar hacia el futuro, el bravío alazán del emblema patrio comenzó una cabalgata a la inversa, hacia un pasado violento y tenebroso. De las cornucopias del escudo dejaron de brotar los frutos de la tierra, dando paso a la ruina y a la penuria que, desde entonces, reinan sobre la patria. Con la inversión de los símbolos patrios comenzó la decadencia del país. Al mismo Chávez lo alcanzó una muerte temprana, dolorosa e inesperada. Según Tournier, “hay un pavoroso momento en que el símbolo invertido y ultrajado, se convierte en demonio y devora al portador”.

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La apoteosis de la línea

Carlos Cruz-Diez, Environnement Chromointerférent (1974/2016), exposición “Inter Lineas”, La Patinoire Royale – Galerie Valérie Bach, Bruselas, Bélgica, 2021-2022. Foto: Atelier Cruz-Diez París / Louise Mambi © Carlos Cruz-Diez / Bridgeman Images 2021

La apoteosis de la línea

Edgar Cherubini Lecuna

Una verdadera apoteosis de la línea, eso fue lo que experimenté al incursionar en la sorprendente Environnement Chromointerférent,de Carlos Cruz-Diez, en la exposición que bajo el título Inter Lineas presenta actualmente La Patinoire Royal-Galerie Valérie Bach en Bruselas. Pero antes de comentar sobre dicha exposición y para tratar de comprender dicha obra, voy a realizar un breve repaso sobre el concepto de línea y su evolución en la tendencia de la abstracción geométrica, en especial el uso que hizo Cruz-Diez de ésta para demostrar que el color no existe como un hecho absoluto, sino que es un devenir, un acontecimiento inestable y efímero.

En geometría, una línea es una sucesión continua de puntos que se extienden de manera indefinida formando un trazado en un mismo plano. Siendo la forma de expresión más sencilla y pura que existe, algunos artistas profundizaron en su esencia. En su obra Composición en Rojo, Azul y Amarillo (1930), Piet Mondrian utiliza solamente líneas rectas y colores primarios para representar su mística percepción de la compleja estructura del universo. En sus estudios, Kandinsky reveló la dinámica del punto: “Para que este punto se mueva es necesario crear una tensión que le aportará movimiento” (Punto y línea sobre el plano, 1926). Sobre esto último, Naum Gabo y Antoine Pevsner, en su Realist Manifesto (1920), ya habían comprendido la relación entre dinámica y espacio inherente a la línea,: “Afirmamos que la línea solo tiene valor como dirección de las fuerzas estáticas y de sus ritmos en los objetos, la línea como pulsación en el espacio”. Línea, espacio, tiempo y movimiento nos remiten al concepto de “cinetismo” al que, por primera vez en el arte, Gabo y Pevsner hacen mención en dicho manifiesto: “Afirmamos que en las artes hay un elemento nuevo, los ritmos cinéticos, como formas básicas de nuestra percepción del tiempo real”.

Desde sus primeros experimentos sobre el comportamiento del color Carlos Cruz-Diez (1923-2019), logró efectos de post-imagen con gran precisión mediante la utilización de líneas. “La línea no es un elemento estético en mi trabajo, es el medio más eficaz que pude encontrar para multiplicar las zonas críticas de visión entre dos planos de color. Es así como puedo generar nuevas e inestables gamas cromáticas. Lo cual no impide que el resultado sea un hecho expresivo, comunicativo y sensible”.  Este artista emprendió una sistemática reflexión sobre la condición sustantiva del color, con la que se dedicó a escrutar la realidad que existe detrás del fenómeno cromático, hasta lograr transformar el plano estático de la pintura tradicional en colores dinámicos que surgen al espacio.

Con la obra Amarillo Aditivo (1959), Cruz-Diez demuestra que cuando dos líneas de color se tocan, se produce una zona perceptiva crítica y se crea una línea virtual más oscura en el punto de contacto. Esta línea virtual contribuye a la aparición de un tercer color que no existe en los pigmentos utilizados en el soporte. Ello es producto de la condición prospectiva del ojo, que, al moverse continuamente, superpone en sus límites los planos de color que provocan, en parte, la continua transformación del color. Partiendo de ese mismo concepto crea la Chromointerférence (1964), al experimentar sobre un Color Aditivo con dos planos superpuestos móviles con los que, mediante un movimiento mecánico o manual de un patrón de líneas sobre éste, producía un efecto muaré, logrando una segunda transformación que reveló colores no contenidos en el soporte. De esta forma, el artista logró fundir los colores, unos con otros, en una red lineal en movimiento que, gracias al efecto mutable del color como agente cinético adicional, surgieron colores que no estaban contenidos en la superficie. El observador se encuentra, por tanto, en presencia de una doble animación de una superficie que emana del color.  

Carlos Cruz-Diez, Environnement Chromointerférent (1974/2016), exposición “Inter Lineas”, La Patinoire Royale – Galerie Valérie Bach, Bruselas, Bélgica, 2021-2022. Foto: Atelier Cruz-Diez París / Louise Mambi © Carlos Cruz-Diez / Bridgeman Images 2021

A partir de esos hallazgos, este artista visionario concibe el Environnement Chromointerférent (1974/2016), que consiste en la proyección luminocinética de líneas y tramas que al desplazarse en el espacio producen gamas de color inesperadas e inexistentes en el ambiente, adelantándose en el tiempo a lo que hoy conocemos como experiencias inmersivas. Esta imponente ambientación de tramas lineares en constante movimiento, en las que el espectador se sumerge para experimentar el asombro, no es otra cosa que una auténtica apoteosis de la línea.  La proyección ‘luminocinética’ de módulos cromáticos lineares estáticos y móviles, hace que el cuerpo y la mente del espectador penetren en un universo paralelo, donde los puntos de referencia se modifican y los sentidos reinventan un espacio-tiempo distinto, pero igualmente real. La percepción de movimiento y estabilidad simultáneas, crean en el espacio una situación de inmaterialidad, de transfiguración y ambigüedad del color. En esta obra, la participación del espectador alcanza niveles de exaltación, ya que experimenta en vivo una realidad sensorial que se materializa de una manera particular en el entorno. Con cada nuevo espectador que se desplaza dentro de la ambientación, se reproduce el efecto de Cromointerferencia en la superficie de su cuerpo mientras se desplaza o contempla inmóvil el efecto, haciendo que un observador, a la vez, sea observado por otro, sintiéndose ambos actores y autores de la obra.  Según Matthieu Poirier quien fue el curador de la exposición Un Être flottant (Palais d’Iéna, Paris, 2016) donde se exhibió Environnement Chromointerférent: “Esta obra despliega una concepción singular de la abstracción, que se podría calificar de ‘Heracliteana’ (…Nunca te bañas dos veces en el mismo río), ya que el color no es un hecho consumado, inmóvil, sino una mutación ininterrumpida en el tiempo y el espacio real”.

Carlos Cruz-Diez, Environnement Chromointerférent (1974/2016), exposición “Inter Lineas”, La Patinoire Royale – Galerie Valérie Bach, Bruselas, Bélgica, 2021-2022. Foto: Atelier Cruz-Diez París / Louise Mambi © Carlos Cruz-Diez / Bridgeman Images 2021

Con una superficie de casi 3.000 m2, la Patinoire Royal-Galerie Valérie Bach en Bruselas, es uno de los espacios más grandes, en manos privadas, dedicado al arte contemporáneo en Europa. Construida en 1877, albergó originalmente una pista de patinaje, siendo renovada en 2015 convirtiéndola en lo que hoy en día es la sede de la galería donde actualmente se presenta la exposición Inter Lineas, abierta al público hasta enero de 2022. En el catálogo leemos lo que expresan Valérie Bach y Constantin Chariot: “El extraordinario efecto visual descubierto por Cruz-Diez, crea un verdadero ‘espejismo’, porque la mezcla retiniana de colores anida en realidad, ‘entre líneas’, en el ojo del espectador y es donde se produce realmente el efecto de interferencia cromática, sorprendente y desconcertante, cuando ese espectador advierte que algunas gamas de color percibidas, en realidad no existen”. Por lo tanto, sobre la obra de Cruz-Diez, podemos decir que se trata de “una revolución de la mirada sobre un fenómeno impalpable del color flotando en el espacio y, a la vez, entre el ojo y el cerebro, una experiencia dinámica de la elasticidad de nuestra percepción” (Poirier). La puesta en escena de esta sorprendente obra fue realizada por el ingenioso equipo de profesionales y técnicos del Atelier Cruz-Diez París, dirigido por Carlos Cruz-Diez Jr.

Carlos Cruz-Diez, Environnement Chromointerférent (1974/2016), exposición “Inter Lineas”, La Patinoire Royale – Galerie Valérie Bach, Bruselas, Bélgica, 2021-2022. Foto: Atelier Cruz-Diez París / Louise Mambi © Carlos Cruz-Diez / Bridgeman Images 2021

Según Maurice Merleau-Ponty, “El color es el lugar donde nuestro cerebro y el universo se encuentran” (L’Œil et l’Esprit, 1961). Este sublime concepto lo podríamos aplicar a los descubrimientos de Cruz-Diez, para quien el punto de partida de sus obras es el carácter sustantivo del color. Durante más de sesenta años desarrolló ocho investigaciones sobre el fenómeno cromático: Couleur Additive (1959), Physichromie (1959), Induction Chromatique (1963), Chromointerférence (1965), Transchromie (1965), Chromosaturation (1965), Chromoscope (1968) y Couleur dans l’espace (1993). Con sus hallazgos y propuestas, Cruz-Diez modificó los estables paradigmas que existían sobre el color, al disociarlo de la forma: “El color tiene un valor intrínseco que le permite afirmarse a sí mismo mediante sus comportamientos y ambivalencias. Mis ambientaciones cromáticas ayudan a que la persona recree la realidad de su entorno al abordar el fenómeno del color sin significados preestablecidos y sin anécdotas. Yo propongo: el color como una realidad efímera, autónoma y evolutiva. En mis obras el color está presentado como un acontecimiento en continua mutación que no necesita de la forma, desprovisto de toda simbología, sin tiempo pasado ni presente” (Reflexiones sobre el color, Ediciones Fundación Juan March, Madrid, España, 2009). La trascendencia de su obra, lo sitúan en el mundo del arte como uno de los más destacados pensadores del color del siglo XX.

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Berlín no era Jericó

El 9 de noviembre de 1989, hace 32 años, una multitud incontenible acaba a martillazos con 28 años de oprobio.
 

A martillazos contra el muro

Berlín no era Jericó

Edgar Cherubini Lecuna

Berlín no era Jericó. El Muro no cayó por el toque de trompetas hechas de cuernos de carneros. Los alemanes del Este acabaron con él a martillazos como una manera de descargar su indignación. ¿Qué sentían esos millones de personas encerradas dentro de los límites impuestos por un Estado totalitario, esclavizadas a un sistema miserable, sometidas por la violencia y la crueldad de una clase dominante poseedora de todos los privilegios, obediente de las órdenes de Moscú? El muro de Berlín (1961-1989), emplazado a lo largo de la frontera que demarcaba las “zonas de influencia”, creadas tras la ocupación por la alianza militar que derrotó al régimen nazi de Adolf Hitler. Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y la Unión Soviética dividieron el territorio alemán en cuatro zonas imponiendo su dominio sobre Alemania. Berlín quedó separada en dos pedazos, el Este quedó bajo el control de la República Democrática Alemana o RDA ocupada por la Unión Soviética, mientras que el lado Oeste estaba bajo la influencia de las potencias occidentales

El muro separaba por igual a Europa y al mundo. Fuera del universo estalinista de la Unión Soviética y de los países que sobrevivían a la asfixia dentro de la Cortina de Hierro, muchos se preguntaban hacia dónde conduciría esa aventura colectiva sin significación ni finalidad que pretendía hacer historia a costa de sacrificar la libertad del individuo, sin entender que existe una naturaleza humana y lo humano se caracteriza por la vida del espíritu que trasciende a la historia. Pierre Henri Simón lo resume así: “Arrollados por lo fatal, consideraron el mundo y la historia como irremediablemente absurdos, entregados no a una ley secreta de progreso, menos aún a los designios de una providencia, pero sí a la contingencia pura y al azar. Chocaban de frente, por doquiera, contra el muro de lo trágico, ¿pues qué otra cosa es lo trágico sino la sensación de una resistencia obscura e insensata contra la cual se rompe la fuerza de libertad y de razón que hay en el hombre?” (Proceso al Hombre, 1962).

La respuesta contundente surgió de una marea humana de hombres y mujeres que llegaron a los límites de la repugnancia a una doctrina que bajo el concepto de la búsqueda del Hombre Nuevo y otras manipulaciones del socialismo real, representaba a la historia como un movimiento de fuerzas independientes de la iniciativa humana, donde el individuo debería sacrificar su presente y su vida en función de un gobierno dirigido por patanes y cuyos dogmas había que obedecer aun siendo irracionales. El 9 de noviembre de 1989, hace 32 años, una multitud incontenible se desborda y acaba a picotazos con 28 años de oprobio, luego de haber sido separado un país en dos mitades desgarradas, con su gente, sus familias, sus amigos, sus pueblos, sus árboles y pájaros, unos en una tierra de libertad y otros en una cárcel gigante: la Alemania del Este, un país convertido en una carcasa de horror y vilezas, un Estado militarizado, ocupado por los soviéticos, un régimen policial y represivo que, basado en la coerción, la amenaza, la violencia y la tortura aplicadas por la temible Stasi (Staatssicherheit) del Ministerio de la Seguridad del Estado, trató de doblegar y condicionar el comportamiento de millones de individuos que al final, en forma valiente y pacífica se rebelaron por su libertad y su dignidad.

El escritor Guy Sorman, testigo de los acontecimientos de la noche del 9 de noviembre, comenta en una entrevista: “La destrucción fue voluntaria y laboriosa; los alemanes orientales, actores y no espectadores, a golpes de martillo es que derriban el muro de hormigón. Yo estuve allí, presenciando que, apenas cruzado el Muro, los alemanes orientales, liberados, corrieron a los supermercados del Oeste y regresaron a casa cargados con lo que no podíamos encontrar en el Este, entre otros, pañales para bebés y bananas. (…) La destrucción del Muro y la caída del comunismo soviético, fueron en verdad imprevisibles. Nadie lo había previsto, el presidente de Alemania Oriental, en junio de 1989, había declarado que el Muro estaría allí durante cien años, inmediatamente se unió a esa opinión el líder socialdemócrata de Alemania Occidental, Gerhard Schroeder. La destrucción del Muro tampoco fue instantánea, como tampoco quedó inmediatamente claro que Alemania del Este había desaparecido, ni que Europa se había reunificado, ni la Unión Soviética borrada del mapa, ni que la ideología comunista estaba fuera del juego. La eliminación de la dictadura soviética procedió lentamente y solo tuvo éxito gracias al talento visionario de Helmut Kohl en Alemania, de George Bush en Estados Unidos, de Boris Yeltsin y Gorbachov en Rusia; gracias a ellos, que consiguieron precipitarse en la brecha, Europa acabó reunificada y la URSS desapareció. El Muro de Berlín y los que aún se le asemejan, son únicos y son los únicos que simbolizan una ideología. Por tanto, la elección última de la humanidad es la siguiente: vivir en el ‘infierno’ capitalista pero con el derecho a salir de él o en el ‘paraíso’ comunista, obligados a permanecer allí” (L’hebdo, 30.10.2009). 

“Cuando el manto de Dios pasa por la historia, hay que saltar y agarrarse a él”

En una entrevista a Helmud Kohl (El País/08.11.09), ex-canciller de Alemania y protagonista de esa historia, resume los entretelones del momento y nos brinda una lección reveladora del sentido de la oportunidad en política, afirmando lo siguiente: “Yo jamás dudé de que el muro caería en algún momento y de que Alemania volvería a unirse. Pero siempre fue una pregunta abierta cómo y cuándo ocurriría esto. Durante largo tiempo ni siquiera supe si esto sucedería mientras viviera. Siempre estuvo claro que para que eso ocurriera debían concurrir muchas cosas; tal como sucedió durante los años 1989 y 1990. No sólo la voluntad de libertad de las personas de la RDA; no sólo la Glasnost y la Perestroika; no sólo la política de distensión entre Oriente y Occidente; no sólo el presidente de EE UU, George Bush; no sólo el secretario general soviético, Mijaíl Gorbachov; no sólo el canciller alemán: nadie se habría bastado por sí solo para llevar a cabo la caída del muro y la reunificación. Se requería más bien una feliz -me gustaría decir histórica- constelación de personas y acontecimientos.  

También forma parte de la conciencia histórica saber que con la caída del muro aún no se había conquistado la unidad. Al contrario, nada estaba aún decidido el 9 de noviembre de 1989. Es cierto que se había abierto una rendija en una puerta, pero nada estaba decidido todavía en el día en que cayó el muro. La reunificación de nuestro país era más bien una lucha de poder político en torno al statu quo europeo y a los intereses de seguridad en el Este y el Oeste. Hasta el último momento, fue un acto de equilibrio en el campo de tensión de la guerra fría.  Para describir la situación en la que yo me encontraba entonces me gusta citar a Otto von Bismarck, porque no hay una imagen mejor: “Cuando el manto de Dios pasa por la historia, hay que saltar y agarrarse a él”. Para eso tienen que darse tres requisitos: en primer lugar, hay que tener la visión de que se trata del manto de Dios. En segundo lugar, debe sentirse el momento histórico; y en tercer lugar, hay que saltar y (querer) agarrarse a él”.

Sin fusiles no hay comunismo. Los militares y la policía no dispararon contra la multitud.

Sin fusiles no hay comunismo

Sin embargo, al celebrar los 32 años de este triunfo de la libertad y la democracia, nos damos cuenta de que el muro de lo trágico no solo está hecho de ladrillos, hormigón, campos minados y alambradas de púas, aun observamos y padecemos muros mentales, muros ideológicos, muros de incomunicación, muros virtuales y tantas otras separaciones y desgarramientos.  Hay quienes aun mantienen a sus pueblos dentro de muros difíciles de franquear como en Cuba o quienes en su desquiciamiento se empecinan en construir muros de odio y miseria como en Venezuela, donde unas cuantas mafias de militares y criminales han excluido del progreso humano a treinta millones de personas, sometidas por la violencia y la crueldad, obligando a seis millones de compatriotas a escapar de la “revolución bonita”.  

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Los submarinos y la decadencia francesa

Los submarinos y la decadencia francesa

Edgar Cherubini Lecuna

Este gran país y su valiosa historia política, social y cultural está perdiendo su grandeza y eso es preocupante en un momento geopolítico tan convulsionado como el que hoy vivimos. En los últimos días, Francia ha recibido un duro golpe propinado por Australia, cuando este país rompió el contrato para la construcción de 12 submarinos por un monto de 61.000 millones de euros. Pero eso no es todo, el gallo francés ha sido dejado a un lado del pacto y súper alianza estratégica Aukus, creada por Estados Unidos, Inglaterra y Australia, así como del Five Eyes, el consorcio de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, lo que supone también una afrenta para París. Como guinda para la torta, el Ministerio de la Defensa de Suiza ha preferido comprar los F-35 estadounidenses en lugar de los Rafales, perdiendo los franceses un contrato de 6 mil millones de euros.

Se hace necesario entonces, analizar fríamente esta delicada situación diplomática generada por Australia y sus socios estratégicos. George Friedman, en Why Australia Spurned France (Geopolitical Futures, 21.09.2021), se refiere al rechazo hacia Francia en términos muy precisos: 1) “La decisión de Australia fue geopolítica, no sobre un contrato”. 2) “La guerra no es inevitable, ni en mi opinión probable. Pero las naciones deben prepararse para el peor de los casos. Comprar equipos de Francia plantea la cuestión de las intenciones y capacidades francesas en caso de guerra. En tiempos de paz, la compra de equipos no se basa necesariamente en una alineación de intereses o en la capacidad o voluntad de participar en un posible conflicto. Una nación necesita tener una relación integral con un país que probablemente pueda compartir riesgos. El precio, en otras palabras, no es el problema. La adquisición de armas debe formar parte de un interés común y sistemático. Francia no encajaba en este perfil. Su acción o inacción desde el punto de vista de Australia es impredecible. Francia tiene sus intereses y no está claro que se alinearán con los de Australia. En 2016, esto no fue un problema. Ahora sí lo es”. 3) “Pero mucho más interesante es observar la evolución de Five Eyes, el consorcio de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Las tres grandes potencias ya han tejido una alianza que va mucho más allá de la inteligencia. El punto más importante es que está surgiendo un sistema de alianza internacional muy real centrado en los océanos. La OTAN todavía está allí, pero su misión y capacidades en caso de guerra no están claras”. 

El Estado y el gobierno francés parecen enfrentarse a una lenta degradación de su capacidad de actuar que va mucho más allá́ de la simple percepción y se revela flagrante en los asuntos políticos, económicos y diplomáticos. Macron, que aún mantiene su popularidad en el filo de la navaja como precandidato a las elecciones del año próximo, ha reaccionado ante esta situación llamando a sus embajadores en Australia y Estados Unidos, acentuando la gravedad de esta desafortunada situación, mientras, su ministro de exteriores Jean-Yves Le Drian, responsabilizaba a Biden por la pérdida de ese contrato aludiendo a “una puñalada por la espalda”.  Sobre esto último, la declaración de Inglaterra en boca de su ministra de relaciones exteriores lanza gasolina al fuego al afirmar sin ambages: “Se trata de algo más que de política exterior en abstracto, se trata de asociarse con países de ideas afines para construir coaliciones basadas en valores e intereses compartidos”. Ante estas fuertes palabras cualquiera se pregunta ¿Francia no llena esos estándares? ¿Es que Francia ha dejado de ser para occidente un socio confiable en asuntos de geopolítica? 

Sobre este delicado tema, Jean-Patrick Grumberg (La vérité sur la commande de sous-marins français annulée par l’Australie, que les médias ‘oublient’ de vous dire, Dreuz.info, 20/09/2021), escribe sobre las repetidas quejas de Australia en relación a dicho contrato, entre otras las referidas a las modificaciones presupuestarias, retrasos debido a la burocracia, paros, huelgas y vacaciones colectivas, pero fundamentalmente sobre la seguridad y el mantenimiento del secreto del proyecto: “En agosto de 2016, DCNS, anteriormente Naval Group, 62% propiedad del Estado francés, fue pirateado. 22.400 documentos relacionados con la capacidad de combate de los 6 submarinos Scorpene con destino a la India, que ya están en servicio en Chile y Malasia, y en construcción en la India, fueron pirateados, lo que puso extremadamente nervioso a Australia y suscitó preocupaciones sobre la seguridad de los suyos. No olvidemos que los submarinos no están destinados a viajes por mar, sino a desalentar el temerario imperialismo de China. El 26 de agosto, el ministro de Industria de Defensa, Christopher Pyne, ordenó que se diera una advertencia a DCNS. El Ministerio de Defensa australiano exigió entonces al fabricante de submarinos un mejor nivel de ciberprotección para su proyecto, igual al que le proporcionó Estados Unidos. Los datos robados, explicaron los ejecutivos de DCNS, pueden haber sido sacados de Francia en 2011 por un exoficial de la Armada francesa que, en ese momento, era un subcontratista de DCNS. En ese momento, la oposición exigió que se suspendieran las relaciones con la empresa francesa. El asunto comenzó con mal augurio”. Otro elemento para tomar en consideración es que, siendo Francia una potencia nuclear, en los últimos años el gobierno se ha dejado influenciar por grupos ambientalistas y “progresistas” opuestos a esta alternativa energética, demostrando, al igual que en otros asuntos de Estado, una preocupante bipolaridad. 

No solo es en los asuntos de seguridad interna en los que se aprecia la debilidad francesa como lo cita Grumberg, la declinación de Francia se debe entre otras causas a la ambigüedad supina de políticos y dirigentes europeos y en especial del gobierno francés sobre las políticas a implementar con urgencia como son, entre otras, el grave problema de la inmigración con dimensiones de invasión silente, la creciente amenaza islamista y el notable debilitamiento de la justicia francesa contra el terrorismo. En un escenario de amenazas y conflictos internacionales se deben buscar aliados confiables y firmes, pero cualquiera que observe la esfera política francesa, lo que percibe es el saco de grillos de una liga de intelectuales y políticos, utilizando en forma difusa las banderas del multiculturalismo, el tercermundismo y el antiimperialismo, así como el de un humanismo mal entendido, nadando en esa turbia marea antidemocrática y antioccidental, quizás orquestada por movimientos fundamentalistas islámicos que actúan a sus anchas en territorio francés, creando una temeraria relación de la extrema izquierda con el islamismo. Pierre Vermeren, escribe sobre la política del avestruz de los dirigentes franceses: “El caso francés ilustra la exitosa estrategia de los terroristas: islamización y conversión, radicalización religiosa previa al paso a la acción, banalización del crimen y del horror, frivolidad de las élites mediáticas y de los notables, compasión y cultura de la excusa de parte de sociólogos mediatizados, cobardía de las élites políticas” (Face au terrorisme, il faut arrêter la politique de l’autruche, Le Figaro, 20.08.2017). 

Desafortunadamente para este país, su política del avestruz y la ambigua imagen que proyecta hacia el mundo ha provocado su alejamiento de los centros estratégicos de decisiones geopolíticas. Ante tal agotamiento y para lidiar con un mundo geopolíticamente convulsionado y colmado de amenazas, Francia necesita con urgencia de estadistas que recuperen su grandeza histórica.  

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En Afganistán perdió la woke diplomacy, ganaron los narcos

En Afganistán perdió la woke diplomacy, ganaron los narcos

Edgar Cherubini Lecuna

El domingo 15 de agosto, mientras el mundo cristiano celebraba la asunción de la Virgen María ascendiendo a los cielos en cuerpo y alma, los lobos entraban a Kabul sembrando el terror y el caos. Cientos de fotografías y videos anónimos inundaron las redes sociales con las escenas de desesperación de millares de personas tratando de abordar los escasos aviones dispuestos para evacuar a diplomáticos y funcionarios. La mayor potencia militar y tecnológica del mundo sucumbía penosamente acorralada por una banda de feroces seguidores del integrismo musulmán sunita. En pocas horas se perdieron 20 años de ocupación militar y más de 180.000 millones de dólares, en el camino empedrado con las buenas intenciones de democratizar a una sociedad tribal fundamentada en el poderío de clanes patriarcales que constituyen los principales productores de opio del mundo. Afganistán suple con más de 7.000 toneladas métricas anuales al mercado de heroína mundial, constituyendo la principal fuente de divisas de los señores de la guerra, del gobierno de turno y de las organizaciones encargadas del tráfico hacia países vecinos y de allí hacia Europa y Estados Unidos, suficiente para alimentar a los 60 millones de adictos en el mundo. En los últimos años, bajo el abrigo del corrupto gobierno afgano, los cultivos tuvieron un crecimiento exponencial de cerca del 37% anual. Sin temor a equivocarnos, podríamos aseverar que la multimillonaria economía paralela de las drogas socava las instituciones de cualquier país. En ese espejo se pueden reflejar Colombia y Venezuela.

Con el título “No ha ganado el islamismo, ganó la heroína”, el diario Corriere della sera (18.08.2021), publica un crudo reportaje en el que afirma: “En estas horas, después de más de veinte años de guerra, el islamismo no ha ganado. Ganó la heroína. El error es llamarlos milicianos islamistas: los talibanes son narcotraficantes. Si lee los informes de la UNDC, la oficina de la ONU contra las drogas y el crimen durante al menos veinte años siempre encontrará los mismos datos: más del 90% de la heroína del mundo se produce en Afganistán. Esto significa que los talibanes, junto con los narcos sudamericanos, son los narcotraficantes más poderosos del mundo”. (Roberto Saviano, I miliziani della droga. I talebani sono i nuovi narcos: eroina, miliardi e geopolítica, Corriere della sera, 18.08.2021)

A la miopía de los políticos, diplomáticos y analistas norteamericanos sin experiencia en los terrenos de la realidad social de los países donde pretenden establecer las normas democráticas occidentales, se suma lo que Madeline Grant ha denominado woke diplomacy: “Cualesquiera que sean los aciertos y los errores de nuestro compromiso inicial, la suprema incompetencia de la salida de Occidente del Afganistán ha destrozado su credibilidad estratégica y su moral. Los últimos días no solo fueron trágicos a nivel humanitario, sino aterrador en lo que revelan sobre el establishment político: primero tan equivocado y luego tan sordo en las consecuencias. Las viejas certezas de la posguerra se han hecho añicos y han sido reemplazadas por una política de charlatanería vacía, que ve las palabras como un sustituto de la acción y cuyos valores a menudo están irremediablemente sesgados. Los últimos días han mostrado lo absurdo de esta cosmovisión. No es una coincidencia que los representantes electos a menudo carezcan de experiencia fuera de la política profesional” (The Telegraph, 18.08.2021).

José Luis Calvo Albero, de la Universidad de Granada, publica un excelente análisis histórico del proceso afgano bajo el título “Afganistán: reflexiones sobre el desastre”, en el que cuestiona las razones de las intervenciones en países en conflicto: “La primera es que no se puede intentar transformar una sociedad primitiva según parámetros occidentales. Entre la Edad Media y el siglo XXI hay múltiples etapas intermedias que es preciso recorrer y que se pueden acelerar, pero no ignorar.

La segunda es que en un sistema intrínsecamente corrupto hay que controlar también la corrupción y ser capaz de dirigirla en una dirección provechosa, en lugar de ignorarla y permitir que se convierta en un instrumento de demolición de todo lo construido.

La clara identificación de las elites en cada país: las que gobiernan, las que aspiran a gobernar y las que desearíamos que gobernasen, es un ejercicio indispensable a la hora de realizar un esfuerzo de estabilización.

Quizás la lección más dura, y una sobre la que merece la pena reflexionar, es que la democracia no es un punto de partida sino un destino final. A la democracia se llega a través de la maduración de una sociedad durante generaciones, maduración que implica experiencia, sacrificio y educación ciudadana. Pensar que la instauración de un sistema democrático supone el principio de una etapa de estabilidad, libertad y prosperidad es una idea muy norteamericana, pero lo que funcionó en las desarrolladas colonias británicas en América en el siglo XVIII no tiene por qué funcionar igual en el Afganistán del siglo XXI”.

El gigantesco fiasco ocurrido en Afganistán no ha hecho mella en la estupidez de los dirigentes mundiales. “El mundo los está mirando”, advirtió Nancy Pelosi a los talibanes mientras, con el rostro desencajado, hacía un gesto de reprimenda con su dedo índice. El Consejo de Seguridad de la ONU, hizo pública una declaración en la que exige “el cese inmediato de todas las hostilidades y el establecimiento, mediante negociaciones inclusivas, de un nuevo gobierno unido, inclusivo y representativo, incluso con la participación plena, igualitaria y significativa de las mujeres” https://www.un.org/press/en/2021/sc14604.doc.htm

Parece otra broma la admonición de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Arderm, al implorar a los terroristas «que reconozcan los derechos humanos». Un portavoz del Departamento de Estado de EE. UU. abre la posibilidad de reconocer un Gobierno talibán en Afganistán si «defiende los derechos humanos y rechaza el terrorismo». Podríamos calificar estas declaraciones como un arma secreta, capaz de matar de la risa a los terroristas. De la estupidez al cinismo más rancio fueron las declaraciones del canciller ruso recogidas por @Agence France-Presse: Las promesas de los talibanes en cuanto al respeto de la libertad de opinión en Afganistán representan una «señal positiva», ha considerado el jefe de la diplomacia rusa, Sergueï Lavrov https://twitter.com/afpfr/status/1427612423872155660?s=27

Mientras los políticos, sin ningún sentido del ridículo, abordaban la tragedia con puerilidad e insensatez, el diario El Mundo de España (@elmundoes), colgaba en twitter un video mucho más elocuente que esas declaraciones vacías. Allí se observa a un grupo de mujeres afganas portando unos carteles de protesta frente a bandas de talibanes armados llegando a Kabul: “Un grupo de mujeres desafía al talibán y protesta en plena calle por sus derechos, que los talibanes amenazan con dilapidarlos de golpe. Según la Sharia de los extremistas, no podrán trabajar ni ir a la escuela y solo podrán salir a la calle con su marido, su padre o hermano. Si no cumplen con estas normas, serán sometidas a azotes, palizas y abusos verbales».

Otro twitter de https://twitter.com/afoca13/, rezaba así: “Ayer vi hombres correr para escapar de Afganistán en aviones. Hoy veo mujeres valientes caminando las calles de Kabul dispuestas a defender sus derechos y logros frente a la barbarie de los talibanes.  Su valor me da escalofríos, saben que deben vencer el miedo para que las respeten”.

@Alonso twitteó: Hay que reemplazar a estos globalistas descerebrados por patriotas con sentido común y amor por sus pueblos. Ni en la peor crisis de Occidente son capaces de poner los pies en la tierra. https://twitter.com/alonso_dm/status/1427545027752964112?s=27

Un último twitt que recogí al día siguiente del desastre: “Si la administración de @POTUS puede entregar Afganistán con tanta facilidad a los talibanes, no debería sorprender que estén dispuestos a entregar América Latina al castrismo, al chavismo y a todos sus socios del crimen organizado”.

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El color como acción

Exposición Cruz-Diez. El color como acción, Galería Cayón, Menorca, 2021 ©Joaquín Cortés Noriega y Román Lores © Cruz-Diez, Bridgeman Images, 2021 © Foto: Courtesy Galería Cayón

El color como acción

Edgar Cherubini Lecuna

En una entrevista a Carlos Cruz-Diez realizada por el crítico Jérôme Sans (Dans la couleur, 2019), éste le pide que describa su trabajo, a lo que el artista respondió: “Exploro el color no solo como una situación estética determinada, lo exploro como una situación espaciotemporal o un proceso, algo que se modificará con mi recorrido, con mis movimientos y con manipulaciones sucesivas. Esta eficacia que emerge del discurso formal origina una nueva estética, una nueva concepción de la belleza. Es así́ como siempre dirijo mi trabajo hacia una comprensión no tradicional del color. En mi obra el color se convierte en una acción”. De esta última frase, Adolfo Cayón tomó el título para la exposición. Cruz-Diez. El color como acción, que inauguró el 12 de junio en la Galería Cayón en Mahon, Menorca, Islas Baleares, España, abierta al público hasta el 27 agosto 2021. 

Con la idea de asimilar el concepto de esta singular exposición, me remito a las reflexiones de Ellen Meloy (1946–2004), estudiosa de la antropología de los colores, cuyos pensamientos son de gran significación sobre el fenómeno cromático y su influencia sobre las personas. En uno de sus libros, Anthropology of Turquoise (Random House, 2003), la autora afirma: “Los colores no se pueden poseer, son las revelaciones íntimas de un campo energético. Son ondas de luz con longitudes matemáticamente precisas, y son misterios profundos y resonantes con subjetividad ilimitada. Los colores llevan las metáforas de culturas enteras. Transmiten todas las sensaciones, desde la lujuria hasta la angustia. Los seres humanos absorben colores como antídotos para la monotonía emocional. Nuestras vidas, cuando prestamos atención a la luz, nos obligan a sentir empatía por el color”. Pienso que Cruz-Diez. El color como acción, es una exposición fuera de norma, no solo por la importancia del artista y las obras allí presentadas, sino también por la magia de los espacios donde se exhiben. Para resumir la sensación que me inspira esta muestra, tomo prestada una frase de Meloy: “Para abarcar los colores, hay más sensaciones que palabras para ellos. Nuestros ojos están muy por delante de nuestras lenguas”. (Ibid)

Carlos Cruz-Diez, Labyrinthe de Transchromie. Exposición Cruz-Diez. El color como acción, Galería Cayón, 2021. © Joaquín Cortés Noriega y Román Lores © Cruz-Diez, Bridgeman Images, 2021 © Foto: Courtesy Galería Cayón

En 2018, Adolfo Cayón abrió este nuevo espacio en Carrer de Sant Roc 24 07701, en el antiguo Palacio del Barón de las Arenas, que en 1917 se convirtió en la sede de los populares Cines Victoria – bautizados con el nombre de la reina Victoria Eugenia de Batenberg, esposa de Alfonso XIII, al haber sido construido dicho espacio al comenzar su reinado. Para esta exposición tuvo la genial idea de colocar en la fachada del inmueble las Inductions Chromatiques à Double Fréquence, de 6 metros de altura, creadas por el artista en 2016 para la galería Cayón de Madrid. En el interior de la galería el visitante accede a la espaciosa nave central, de 500 m2 y 12 metros de altura, donde sus muros desvelan la historia de este edificio, allí se implantó un Labyrinthe de Transchromie (1965/2017). Se trata de una obra interactiva, que permite al observador intervenir y percibir las variaciones cromáticas que provocan variadas combinaciones de colores sustractivos que se originan a partir de la superposición de paneles de vidrios transparentes de colores que se modifican por el desplazamiento de la persona, por la intensidad de la luz y los colores del ambiente. “En esta obra los espectadores adquieren una doble función, la de ‘actores’ y ‘autores’ de un acontecimiento cromático en un tiempo y espacio reales”, expresaba el artista.  Las personas al desplazarse permiten que surjan nuevas gamas de color, otorgándole al espacio y al tiempo funciones inéditas, ya que estas obras no solo se observan con los ojos, sino también con el cuerpo. De allí que Arnauld Pierre expresara: “Cruz-Diez establece nuevas modalidades de la percepción del color, provocando una experiencia corporal más completa a través de la percepción absolutamente única y contingente de cada espectador físicamente involucrado en la duración de su propia experiencia» (À travers la couleur, 2018).

Carlos. Cruz-Diez, Physichromie (2013). Exposición Cruz-Diez. El color como acción, Galería Cayón, Menorca, 2021 © Joaquín Cortés Noriega y Román Lores © Cruz-Diez, Bridgeman Images, 2021 © Foto: Courtesy Galería Cayón

En todas las obras presentes en esta exposición: TranschromiesPhysichromiesCouleurs AdditivesChromointerférences e Inductions Chromatiques, el artista demuestra que el color, al interactuar con el observador, se convierte en una realidad autónoma y evolutiva, capaz de invadir el espacio sin anécdotas, desprovisto de símbolos, sin tiempo ni ayuda de la forma.  Los inusitados espacios de esta galería contribuyen a que el visitante se involucre e interactúe con el color en acción. A propósito de la entrevista con Jerome Sans, antes citada y reproducida en el catálogo de la muestra, Cruz-Diez se expresa sobre el concepto de belleza en sus obras: “Cada una de mis obras crea su propia estética, su propia dialéctica entre las formas geométricas elementales y las gamas de colores que cambian en función de las circunstancias de la luz y de los desplazamientos del espectador. Ellas embellecen la sorpresa y el acontecimiento”. 

Carlos Cruz-Diez, Physichromie (2015)Exposición Cruz-Diez. El color como acción, Galería Cayón, Menorca, 2021. ©Joaquín Cortés Noriega y Román Lores © Cruz-Diez, Bridgeman Images, 2021 © Foto: Courtesy Galería Cayón

Esta sorprendente exposición de la Galería Cayón, en colaboración en el Atelier Cruz-Diez (París), dirigido por Carlos Cruz-Diez Jr. y el Ayuntamiento de Mahón (Menorca) presenta, además, una de las famosas intervenciones concebidas por el artista: Color Aditivo en los pasos de peatones dispuestos en pleno centro de Mahón, en la conocida calle Ses Voltees, que une la parte alta de la ciudad con el puerto.

Carlos Cruz-Diez, Pasos Peatonales de Color Aditivo, Menorca 3018-2021 © Cruz-Diez, Bridgeman Images, 2021.

© Foto: Courtesy Galería Cayón

La intervención en las calles de Mahón, diseñada por el artista en 2018, es uno de los últimos proyectos de arte en espacios públicos de Cruz-Diez: “Con la intervención cromática de los pasos peatonales, pretendo cambiar la rutina de los pasantes en su trayecto cotidiano. Los pasos peatonales suscitan sorpresa, al modificar los inmutables códigos que empleamos al atravesar las vías. Es toda una reflexión sobre la inestabilidad y ambigüedad del color y eso produce asombro. Tenemos que cuestionar la realidad y crear conciencia de que nada es estable, todo puede ser modificado. El artista tiene que proponer situaciones inéditas y provocar sorpresas, despertar percepciones dormidas en el que las observa, estimulando su imaginación a otras lecturas de la realidad”. Sus crosswalks o pasos peatonales o pasos de cebra, han causado el asombro de multitudes en Caracas, Sao Paulo, Marsella, Fortaleza, Medellín, Cali, Houston, Atlanta, Miami, Liverpool, Los Angeles, Viena, Kazakstán, Coral Gables y ahora en Menorca. Como dijese Jan Butterfield (The Art of Light, 1996), “Etéreo y evocador, el arte de la luz, el color y el espacio empuja al espectador más allá de los límites cotidianos de la percepción”.

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Luz, las luces y el hombre ilustrado


« Luz, las luces », pabellón de Francia, Dubai 2021

Cruz-Diez en la Exposición Universal de Dubai

Luz, las luces y el hombre ilustrado

Edgar Cherubini Lecuna

«Colocar la innovación científica y tecnológica al servicio del progreso humano: esa es la ambición que Francia quiere encarnar desde la Ilustración. Frente a la actual crisis pandémica, así como a los desafíos de la transición ecológica, las nuevas formas de movilidad y la revolución digital, esta ambición adquiere ahora un nuevo significado y una nueva urgencia. Por eso queríamos colocar el Pabellón de Francia en la Exposición Universal de Dubai bajo el signo de las Luces del siglo XXI». Así se expresó Jean-Yves Le Drian, ministro de Relaciones Exteriores, sobre la participación de su país en La Exposición Universal de Dubai, a celebrarse entre 1 de octubre de 2021 y el 31 de marzo de 2022.

“Luz, las luces”, es el nombre asignado al pabellón, dedicado a la noción de progreso e innovación, basado en los recursos naturales, culturales y humanos de Francia, la experiencia del visitante gira en torno a la luz. De allí que, en el corazón del pabellón se exhibirá la edición original de los 35 volúmenes de la Enciclopedia o Encyclopédie, editada en Francia entre 1751 y 1772, bajo la dirección de Diderot.


Diderot, Enciclopedia, editada en Francia entre 1751 y 1772

Pienso que retomar la ilustración como idea central es de una gran significación en este presente rodeado de las asechanzas oscurantistas, ya que los valores esenciales que defienden los hombres de la Ilustración en toda Europa son la tolerancia, la libertad y la igualdad. El siglo de las Luces o de la Ilustración proyectó la figura del hombre pensante como un ideal a alcanzar por la sociedad. A este hombre se le exigía el rigor intelectual de ejercer la razón en todos los dominios del saber y, a la vez, tener conciencia y sensibilidad social.

Junto a las innovaciones tecnológicas y avances en todos los órdenes para el desarrollo sostenible, Francia exhibe su patrimonio cultural y artístico como el fundamento de su identidad como nación. La escogencia del artista franco-venezolano Carlos Cruz-Diez (1923-2019), que desde 1960 escogió Francia como su hogar, es sin duda un acierto. En 1960, al establecer su taller en París, las propuestas de Cruz-Diez se sumaron a las tendencias de la Abstracción Geométrica y a la corriente Cinética en pleno desarrollo en ese momento en Europa. Sus investigaciones sobre la luz y el fenómeno cromático, sus reflexiones y hallazgos hicieron que su nombre se asociara al de otras grandes figuras del arte contemporáneo, siendo considerado uno de los más destacados pensadores del color del siglo XX. Sus propuestas que han contribuido a modificar los paradigmas sobre el color forman parte de la motivación a la invención que desea transmitir Francia en su pabellón de Dubai.

Cruz-Diez, el hombre ilustrado

Las interrogantes que incitaron a Cruz-Diez a escrutar la realidad que existe detrás del fenómeno cromático y que lo llevaron a transformar el plano estático de la pintura tradicional en colores dinámicos o espaciales, fueron producto de una intensa y sistemática reflexión sobre la luz y la condición sustantiva del color.  Sus hallazgos son el fruto de un pensamiento libre que se nutrió sin cesar de los avances científicos y culturales de su tiempo. Sin esquemas preconcebidos, se dedicó a escrutar la realidad que existe detrás de los fenómenos. “Tú descubres cosas, las relacionas, haces tus reflexiones y asociaciones para luego inventar. El invento es la codificación de algo existente, es decir, de algo que existió siempre pero que tus contemporáneos o tus predecesores nunca lo percibieron. El arte es el vehículo entre el hombre y las cosas de una época, por eso, los misterios se aclaran gracias a los artistas”.


Carlos Cruz-Diez, Paris 2017 © Atelier Cruz-Diez Paris / Photo: Lisa Preud’homme © Estate of Carlos Cruz-Diez / Bridgeman Images

En su ensayo sobre el proceso creativo, James Baldwin describe la actitud del artista cabal y su reveladora misión en la sociedad: “El artista se distingue de los demás actores responsables en la sociedad por el hecho de que él es su propio tubo de ensayo, su propio laboratorio, trabajando de acuerdo con normas muy rigurosas, aunque no sean las establecidas, con el fin de revelar, sin ninguna consideración, todo lo que pueda descubrir con respecto al misterio del ser humano. La sociedad acepta algunas cosas como reales, pero la realidad visible esconde otras más profundas y es el artista quien las revela. La sociedad asume que todo es estable, pero es el artista el que conoce y expresa que no hay nada estable bajo el cielo” (James Baldwin, The Price of the Ticket,1985).

Si la función del artista, según Baldwin, es la de revelar lo que se esconde detrás de la realidad, que en su devenir es sutil, inestable y ambigua, pensamos que Cruz-Diez se inscribe en esa función social trascendente, cuando afirma: “El condicionamiento cultural fundado en el culto de la forma y la imagen, nos impide aprehender los acontecimientos sutiles que suceden en el espacio y el tiempo. En mis obras, el color aparece y desaparece en el transcurso del diálogo que se genera con el espacio y el tiempo real. Simultáneamente, aparece de forma incuestionable el hecho de que la información adquirida, así como los conocimientos memorizados en el transcurso de nuestra experiencia vital, no son, probablemente, ciertos …al menos parcialmente. Es posible, además que, gracias al color, abordado a través de una “visión elemental” desprovista de significaciones preestablecidas, podamos despertar otros mecanismos de aprehensión sensible más sutiles y complejos que los impuestos por el condicionamiento cultural y la información masiva de las sociedades contemporáneas” (Carlos Cruz-Diez, Reflexión sobre el color, 2009).

El crítico de arte Jean Clay se expresó sobre la trascendencia de su obra: “podríamos afirmar, sin lugar a duda, que los hallazgos de Cruz-Diez como pensador del color, dejan atrás las ideas establecidas sobre el color cultural, ligado a los sistemas de organización mental del siglo XX” (Cruz-Diez et les trois étapes de la couleur moderne,1969).

Cruz-Diez no solo se destacó como un artista cabal, sus preocupaciones sociales lo mantuvieron conectado con las convulsiones de su país natal y las evoluciones del pensamiento del país que lo adoptó en su plena madurez intelectual. Entre los 72.000 artículos de la Enciclopedia, Diderot define los valores del hombre ilustrado: “Es un intelectual comprometido que interviene en la sociedad, un hombre honesto que actúa en todo con la razón, que se preocupa por desenmascarar los errores». 

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El CNE y el teatro del absurdo

Euge Ionesco, Rhinocéres, 1960.

El CNE y el teatro del absurdo

Edgar Cherubini Lecuna

Al terminar la II Guerra Mundial hizo su aparición en una Europa destruida el Teatro del Absurdo, significando desde entonces una ruptura con los cánones teatrales. Las obras que hicieron célebre a Eugene Ionesco (1909-1994), tienen un denominador común, “escenifican lo absurdo del individuo en un clima de catástrofe, pero provocan risa por la incoherencia de los personajes involucrados en escena, atrapados en el absurdo de su propio mundo”.

Son inevitables las analogías. Desde hace más de 20 años, el régimen chavista ha adoptado la mentira como política de Estado en todos los órdenes de la vida nacional, convirtiendo a sus instituciones y actores polí­ticos en personajes de un teatro del absurdo violento y sangriento. La más reciente obra estrenada este mes se titula “El nuevo CNE”, interpretado por algunos seres candorosos como “una rendija hacia la transición democrática”. Desafortunadamente no se puede hablar de honestidad e imparcialidad de este parapeto nombrado por una Asamblea Nacional ilegítima que recibe órdenes de un gobierno ilegítimo producto del fraude de ese mismo CNE. Un absurdo digno de Ionesco, quien expresó lo que sería una analogía apropiada para esta situación: “Toma un círculo, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!”.  El presidente y la mayoría del directorio son militantes del chavismo, pero como han “injertado” a dos personas no afiliadas al partido de gobierno, han despertado toda una serie de conjeturas esperanzadoras en el rebaño de corderos mientras son conducidos al matadero. El guionista de esta nueva obra ha convencido a una camada de dirigentes de una oposición desmembrada de participar en las elecciones regionales de este año con un “mínimo” de condiciones, unas miguitas caídas de unas mesitas de negociación.

Los que somos simples observadores del acontecer político venezolano, nos hacemos toda suerte de preguntas tratando de escapar a este absurdo. Antes de aceptar la conformación de este CNE espurio ¿Acaso estos dirigentes y sus candidatos a la directiva del CNE condicionaron su colaboración a que liberaran a los disidentes, políticos y diputados presos y torturados en las mazmorras del régimen? ¿Cómo realizar primarias con los partidos de oposición inhabilitados, sus dirigentes presos o exiliados y sus emblemas confiscados? ¿Cómo se podrá participar en una campaña electoral ante el avasallamiento comunicacional y los recursos del Estado empleados a favor de los candidatos del régimen? ¿Cómo se puede organizar unas elecciones cuando el registro electoral es una ‘caja negra’ y el CNE modifica a su antojo la distribución de mesas y votantes según las estrategias del PSUV? ¿Acaso se investigaron las denuncias de los millones de votos electrónicos en reserva utilizados por el CNE en cada jornada electoral, denuncia realizada por sus propios operadores en el exilio? No se puede hablar de elecciones libres y transparentes en un paí­s donde no hay Estado de derecho y las instituciones solo obedecen al régimen. No se puede hablar de elecciones transparentes cuando los observadores son personajes y organizaciones importados directamente de países aliados de la dictadura. No se puede hablar de elecciones libres y justas en un país­ gobernado por un régimen que ha sido señalado como autor de crí­menes de lesa humanidad y sus responsables buscados por la justicia internacional con recompensas millonarias. Son preguntas que esperan una respuesta de los tramoyistas de esta nueva representación teatral.

Para finalizar estos pensamientos en voz alta sobre el CNE, engranaje montado por especialistas en fraudes electrónicos y donde los “representantes de la oposición” no tendrán arte ni parte, reproduzco las inteligentes reflexiones de Eugenio Martínez, en las que hace una descripción de las funciones claves del ente electoral: “El verdadero CNE está integrado por tres organismos subordinados: La Junta Nacional Electoral (JNE), la Comisión de Registro Civil y Electoral y la Comisión de Participación Política. Los que tengan buena memoria recordarán la importancia de la JNE durante el revocatorio de 2004. Solo para recordar un detalle: En esencia, es más importante ser presidente de la Junta Nacional Electoral, que vicepresidente del CNE. El primero tiene mucho poder de decisión en temas técnicos, el segundo mucho trabajo administrativo, pero poca incidencia en las decisiones. Por una norma no escrita desde 2005 quien preside el CNE, también preside la Junta Nacional Electoral (JNE). En 16 años han presidido la JNE: Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena e Indira Alfonso”. (Eugenio Martínez, Las 11 tareas pendientes del CNE, El Diario, 06.05.2021). Martínez profundiza en lo que habría que hacer para tener un verdadero CNE que inspire confianza. Recomiendo la lectura de este artículo para los que desconocemos los entretelones donde se escenifican las “tendencias irreversibles”.

“Rinoceritis”

En el último acto de Rhinocéres (1960), todos los personajes se van transformando en torpes y brutales rinocerontes, salvo Bérenger, el único que reacciona y se rebela contra la «Rinoceritis», enfermedad que los incapacita de mirar por donde caminan y de embestir lo que se encuentren. Mientras los demás siguen a sus líderes y camaradas rinocerontes, Bérenger decide no capitular: «¡Soy el último hombre, lo seguiré siendo hasta el final!» ¡No me rindo, ni me entrego! «. Pienso que, en esta escena, Berenger encarna a todos los que defendemos la democracia.

En un comunicado fechado el 4/5/2021, la OEA expresó su repudio al CNE. “Ante la designación en Venezuela de un nuevo Consejo Nacional Electoral por parte de una Asamblea Nacional ilegítima, la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) rechaza y condena estas acciones de la dictadura que son contrarias al Estado de Derecho democrático y la independencia de los Poderes políticos del Estado. (…) Esta ilegitimidad de origen vicia de nulidad sus actos y decisiones, así como cualquier legislación que aprobara. Asimismo, y en consecuencia, la Secretaría General condena las acciones de aquellos integrantes de la Comunidad Internacional que han inducido negociaciones para intentar validar un acuerdo entre colaboracionistas y la dictadura. Estas acciones también constituyen un claro apoyo a la dictadura y sus crímenes, contribuyendo a la profundización de la crisis política, social y económica en el país”.

Dos días después, el Foreign Affairs House emitió un comunicado de prensa firmado por su presidente, Gregory W. Meeks (el mismo que asistió al entierro de Chávez), fijando su posición sobre el CNE: “Si bien la nueva formación del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela está lejos de ser perfecta, creo que el acuerdo de ayer entre los representantes de la oposición y el gobierno de Maduro marca un paso importante hacia unas elecciones libres y justas en el país. Ante este importante anuncio, insto encarecidamente al gobierno de Biden a reconocer al nuevo CNE y aumentar el compromiso con el gobierno de Maduro, representantes de la oposición y miembros de la sociedad civil que jugaron un papel decisivo en la configuración de este acuerdo”.

Si el gobierno de Joe Biden acepta ese consejo, “nos condena a una transición nicaragüense”, como me comentó un diplomático amigo. Esta declaración del Foreign Affairs House, brinda legitimidad a Maduro y a sus dos elecciones, la del 20.05.2018 y la del 6.12.2020, en flagrante contradicción con el comunicado de la OEA. Pero lo más preocupante es que a esos altos niveles de la política hemisférica los actores fundamentales tampoco están de acuerdo, perpetuando así el absurdo del drama venezolano. Este comunicado sigue a pie juntillas el guion de Borrell-Zapatero (Grupo de Puebla-Cuba), que no cejarán hasta dejar por fuera a la OEA-G4-Guaidó-AN legítima. Es la jugada maestra de “la rinoceritis” para salir de Guaidó y de la incómoda disidencia democrática, permitiendo subir al escenario a una variopinta “oposición oficial” (Capriles et al) que ha pactado con el régimen para participar en unas nuevas elecciones “prêt-à-porter” a cambio de unas gobernaciones y gestionar ante los organismos internacionales el levantamiento de las sanciones, pidiéndole al sheriff que retire los carteles de «Se busca».

La OEA, por su parte, en su declaración plena de coherencia ante los despropósitos de los otros personajes de este drama, nos recuerda los objetivos fundamentales trazados por la AN legítima y el gobierno interino, que rezaban así en un coro de millones de voces: “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”. Mientras, la emergencia humanitaria compleja y la desesperanza devoran a sus moradores en un escenario de contradicciones e incoherencias digno de un teatro del absurdo.

Entre algunas de las obras emblemáticas de Ionesco se encuentran La cantante calva (1950), La lección (1950), Juego de masacre (1970). Los críticos y estudiosos del teatro del absurdo coinciden en caracterizar este género por el colapso del lenguaje en sus representaciones: “La comunicación mecanizada pierde todo su sentido y deja entrever el vacío y la extrema soledad que acecha a los personajes. Contra toda lógica y verosimilitud, el lenguaje se vuelve desarticulado. Lo absurdo, sin embargo, no resulta en un compromiso ni en una revuelta. Más bien, los personajes y situaciones del teatro del absurdo parecen estar inmovilizados en una tragedia total”. Una analogía vale por mil análisis.

edgar.cherubini@gmail.com

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My voice is as authentic as I think

J. T. Kirkland, Subspace_099,  2012

My voice is as authentic as I think

Interview with J. T. Kirkland

Edgar Cherubini Lecuna

Q: What is your inner need to express through art?

While growing up in Kentucky, I had very little exposure to art. In fact, I hated art and artists. I truly felt that being an artist was a waste of time. But during my junior year of college I studied abroad in France, and while in Paris one weekend my group stumbled into the Musée d’Orsay. It was there that art suddenly made sense to me. Standing in front of masterpieces, I felt joy and excitement build inside me. I wondered what these paintings were: Where did they come from? How do they function? I decided then and there that I wanted to become an artist.

I’m not the type who feels like I must make art due to some burning desire within my soul. I’m much more pragmatic. Art fascinates me in that after thousands of years—from the earliest cave drawings to my own work—it can continue to resonate with a viewer. An artist can create an object that feels fresh and thrilling, that can stimulate both our eyes and our brains. That’s the space that interests me. What can I create that might connect with a viewer? And how can I continue to push my work forward to discover new methods of visual communication? It’s a daunting, but exciting, pursuit.

Q: Geometric abstraction starts various currents. In which trend are you located?

When I’m working in the studio, I don’t think about trends; I think there’s too much baggage associated with the idea of trends to allow an artist to work freely. One day, a particular genre or style of art is popular. It can be seen in commercial galleries and museums and sells for huge sums of money at auction. Then, a moment later, it’s faded to obscurity. Maybe one day it’ll be popular again, but maybe not.

Instead of focusing on a trend, an artist’s primary responsibility is to make the best work they can. They should be saying something that is true to them. If an artist can do that, they are successful. The next step is to find an audience—but not everyone will like your work. Instead, an artist should find the audience that has an authentic response to the work and strive to engage them. I think pursuing more than that is a massively inefficient use of time and focus.

I’m aware of what’s going on around me, and I do think that’s hugely important. An artist can operate in a vacuum if they wish, but I want to know who is making what. If I see work that is close to my own, I want to evaluate if my voice is as authentic as I think. So while I can’t say that my work is part of a trend, per se, I can identify some of the characteristics of it that are present in the larger world: geometric abstraction, as you mentioned; minimalism; use of industrial materials; the intersection of fine art and craft; the pursuit of less didactic communication in non-representational art. If there’s a trend for what I’ve described here, that’s where I’m operating.

Q: The works of an artist are his responses to uncertainty, that is, moments of clarity that transform into matter, volumes, textures, shapes, light, color. What are your reflections?

Outside of a couple of very brief art classes, I’m a self-taught artist. My dad was an avid woodworker, but that didn’t interest me as a child. Once I became serious about art, I began experimenting with materials, as do most budding artists. Eventually, I was struck by the possibilities associated with wood, a material that had always been around me but that I never appreciated. I thought about all of the paintings in the world executed on wood panels, and I wondered if artists were improving upon their material by covering it up.

I began to work in such a way that my efforts collaborated with the natural beauty and complex visual patterns found in wood. Since 2003, I’ve explored dozens of methods of working with wood: I’ve drilled holes into the wood. I’ve painted parts of the wood white so that it visually disappears into the wall. I’ve cut the wood into unusual shapes so that the original painting is fractured. I’ve executed multi-layered paintings on wood and then sanded them so that the wood grain shows through.

Wood cannot be totally controlled. Instead, I can only collaborate with the wood and hope that the wood and I can work together in mutually beneficial ways. I like to think of it as a metaphor for human existence on Earth.

Q: You utilize forms found in wood, breaching the boundaries of painting and sculpture. On one occasion you have said: “By altering the context of the material however slightly, I am able to draw attention to its inherent beauty. In effect, my gesture only serves to bring forward that which is already there.” How do you define your proposal in the contemporary art context? 

I think beauty is still a taboo subject in the contemporary art world, but for me, it’s critically important. We’re simply inundated with ugliness in this world: war, pollution, bigotry… the list goes on and on. So I want my work to be a visually and conceptually stimulating respite from the day-to-day negativity. But also, contemporary art today seems to be about “bigger is better, expensive is better, shiny is better.” My work has its roots in the Minimalism of the 1960s but makes use of more-accessible materials and a hands-on approach to the making of the art. Oftentimes, when I see a show at a major gallery or museum, I ask myself: How much did all this cost to produce? My materials and tools come from home-improvement stores and lumber yards. They are affordable and accessible to anyone. I’m interested in transforming these utilitarian things into rigorous, formal works of art. Can I take that which is around us and prompt viewers to see it in new ways? Can I be responsible and efficient? Can I make something substantial from so little? From a contemporary art viewpoint, I think my work touches upon materiality, craftsmanship, recycling, beauty, and collaboration.

Q: Because of the confusion of recent years in the art market, some critics have begun to wonder about what is or is not art. I think that your personal definition of art can bring light to the subject.

Several years ago the question of what is or is not art interested me, and I devoted a lot of time and energy trying to figure it out. Ultimately, though, I reached the conclusion that it’s not worth the effort. Simply put, if an “artist” says something they created is “art,” who am I to say otherwise? It’s merely a label; it doesn’t come with an embedded qualitative value. Much more important: Does the object (art or not) bring me enjoyment or interest? If so, my interaction with it has been valuable and worthwhile. If not, that’s fine too. I simply move forward until the next interaction presents itself. I do believe what I make is art, and therefore I think about it in an art historical context. But for the viewer, I’m not concerned with their determination about it being art or not. I hope they find their interaction with it to be beneficial, but if not, I don’t want to use my energy worrying about it.

Q: What have you learned from other artists? Who?

Without a doubt, the two most influential artists for me are Anne Truitt and Robert Irwin. Anne Truitt’s diary, Daybook, gave me an understanding of how an artist can navigate through the real world and also a validation that the approach I take is acceptable. Specifically, Truitt lived a busy life: She was a wife, mother, teacher, and artist. She didn’t study art until after college, where she got a degree in psychology. She discovered a passion for art later in life and she was enormously successful in her career. But how did she find time for the studio with so many obligations? Well, after a long day of attending to those other responsibilities, she would go out to her studio and paint a single coat of color on her remarkable sculptures. If that’s all the time she had, it would have to suffice. Similarly, my college degree was in economics, not art, and today I have a full-time day job, a wife, and two rambunctious little boys. I pursue my work whenever I can, and Truitt taught me that was good enough.

Robert Irwin, on the other hand, taught me to be mindful of the environment in which my work is shown and the craftsmanship that goes into its creation. While the vast majority of people might not be conscious of the details present in the work or the environment, they may feel it on a subconscious level. If an artist puts such great thought and care into a work, it’s possible that it lives within the work for others to experience. Irwin’s greatest lessons for me are to study each situation that presents itself and to enjoy the experience of being an artist. As he puts it, it’s the best game in town.

Q: What exhibitions have made an impact on you?

In 2006, the Smithsonian’s Hirshhorn Museum mounted a career survey of Hiroshi Sugimoto’s photographs. The installation approach was incredibly dramatic: huge rooms were painted black; the only lighting was focused spotlights that illuminated the photographs and nothing more. I’ll never forget stepping into the installation of Sugimoto’s minimal seascapes, where water and sky meet at the middle of the composition. I was struck by the visceral drama of the room itself—dark and foreboding, a metaphor for nights at sea. The illuminated photographs acted as a window through which one could look out onto the sea. It felt as if you could reach your arm through the picture plane to feel the wind, smell the saltwater, and hear the rolling waves. In reality, what I saw was pieces of paper hung on a wall with theatrical lighting and nothing more. But the effect was a transformative experience that revealed to me not only the power of art, but also the environment in which it’s shown. I didn’t know much about Robert Irwin at the time, but it turns out that Sugimoto opened the door, and Irwin pushed me through to the place I work today.

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