Acerca de Edgar Cherubini

Periodista

Escena del filme El candidato de Manchuria, 1962

El candidato de Manchuria

Edgar Cherubini Lecuna

París, Marzo de 2018

La expresión “Candidato de Manchuria” o Manchurian Candidate, es utilizada en el argot político norteamericano para señalar a un candidato que se postula para un cargo público militando dentro de un grupo, apoyándolo para ganar las elecciones, pero una vez elegido utiliza sus funciones, sean ejecutivas o legislativas para ayudar al adversario. También se referiere a un “topo” o agente oculto dentro de una organización que trabaja para el enemigo.

Chávez fue el “Candidato de Manchuria” de Fidel Castro en 1998, de eso no hay ninguna duda. Veinte años después, pareciera que se repite el mismo guion, esta vez interpretado por Henry Falcón, salido de las filas de la MUD. Este oscuro personaje se había plegado a la oposición haciéndose pasar como un chavista arrepentido, permitiéndole participar activamente en el seno de la organización opositora, en la que llegó a dirigir la campaña electoral de 2013, a solicitud de Henrique Capriles. Si bien lo expulsaron hace unos días al no acatar el llamado abstencionista de la Unidad, su traición a la MUD no solo revela su verdadero papel de agente del régimen, al brindarle argumentos para tratar de legitimar unas elecciones fraudulentas, sino que desnuda la estulticia política de los que le abren las puertas al enemigo y a los mercaderes de la política.

El candidato de Manchuria, un filme visionario dirigido en 1962 por John Frankenheimer, donde actúan Frank Sinatra, Laurence Harvey y Janet Leight, es el origen de la expresión antes citada. El guion está basado en la novela del mismo nombre, del escritor Richard Condon, publicada en 1959. En el centro de la trama, un sargento del ejército americano, es atrapado junto con los miembros de su patrulla por el ejército chino. Al regresar a su país es condecorado por heroísmo en combate, teniendo acceso a las altas esferas de la políca, pero en realidad se ha convertido en un espía comunista y un sicario de los chinos en alianza con los rusos, ya que, durante su cautiverio, le han lavado el cerebro entrenándolo para que ejecute un asesinato político. Al presentarle una carta de póker, la reina de diamantes, el “topo” cumple una orden post-hipnótica y ejecuta la misión para las que ha sido programado.

La candidatura de Henry Falcón, puede ser tomada por los amigos de las teorías conspirativas como una analogía con esta historia de suspenso, pero la diferencia es que no fue necesario que le lavaran el cerebro, porque este ex militar, ex miembro del MBR y ex militante del PSUV, es un comunista convencido y chavista de uña en el rabo. Este ambiguo personaje, que fingió ser de oposición ante los cándidos y algunos no tan cándidos dirigentes de la MUD, podría ser “el candidato de Manchuria” de los cubanos, aliados con los rusos y chinos, para preservar el poder en manos de los militares gorilas y así continuar saqueando al país y asesinando la democracia. Esto último sí tiene parecido con la historia original ya que con su candidatura destruye muchas de las conquistas de la oposición. En el caso de que no sea el “candidato de Manchuria”, Falcón se presta como actor de reparto para justificar esta comparsa electoral mal llamada elecciones presidenciales, convocada de manera inconstitucional por la ANC y organizada prêt-à-porter por el fraudulento CNE, ambas instituciones falsas al servicio de la dictadura.

El escritor Alberto Barrera Tyszka, ha resumido con gran claridad la importancia del papel que juega Henry Falcón a favor del régimen: “No hay que especular sobre la existencia o no de intenciones ocultas o complicidades secretas. Más allá de eso, comprometerse a participar en las próximas elecciones Presidenciales no solo intenta regalarle a Nicolás Maduro algún margen de legitimidad sino propone, también, desautorizar al liderazgo de la oposición, a los partidos y a todos quienes han aseverado que no hay condiciones para realizar una elección transparente y mediamente equilibrada en el país. Al inscribir su candidatura, Falcón trata de hacer posible que el fraude se llame elección. Que la imposición autoritaria sea vista como un evento democrático. Que la estafa se transforme en una ceremonia legal. Y de esta forma, entonces, también se anula la memoria histórica, la lucha de un sector mayoritario que lleva dos años exigiendo una participación electoral diferente, unas elecciones de otro tipo en el país”.

Por otra parte, es bueno recordar que Henry Falcón cuenta con bases de apoyo en el estado Lara, labradas desde que asumió la alcaldía de Barquisimeto y después como gobernador, al crear comunas campesinas y redes de organizaciones sociales urbanas plagadas de ex guerrilleros. Desde entonces, sus estrategias son cocinadas en una sala situacional, que agrupa a miembros del Polo Patriótico, militares, magistrados, así como antiguos miembros de “Punto Cero”, organización guerrillera de los setenta que, en ese entonces, rechazaron la pacificación, prefiriendo dedicarse al negocio de los secuestros y asaltos a bancos. Algunos de ellos, si bien engavetaron las armas, continúan su labor de agentes castro-comunistas.

Volviendo a las analogías, Gustavo Coronel en su artículo El escenario Caballo de Troya, esboza un escenario similar al primero: “El narco-régimen ya ha comprendido que le resulta imposible seguir gobernando a un país destruido e internacionalmente aislado, manejado por un régimen despreciado, sin fuentes suficientes de ingreso. (…) Mediante la puesta en escena del 22 de Abril sucederían cuatro cosas: la primera, que Maduro sería electoralmente derrotado por Falcón. De eso se encargaría Tibisay, junto con la empresa a ser utilizada, a cargo de Jesse. La segunda, el Presidente electo Falcón, como gran demócrata, pediría ayuda financiera internacional para sacar al país adelante. Tercero y lo más importante: que los cabecillas del narco-régimen serían respetados, en aras de la convivencia nacional, de los sentimientos de “grandeza” del pueblo venezolano, reacio a la venganza. Cuarto, que las relaciones con La Habana se mantendrían con un perfil más bajo, para no asustar a nadie, pero esencialmente de la misma manera que bajo el actual narco-régimen. (…) Hasta ahora, todo parece indicar que la están montando en firme. Las candidaturas de Maduro y de Falcón ya se han registrado ante Tibisay y hay guiño de ojos entre los representantes de ambos grupos. Los estrategas Cubanos esperan que Venezuela, una vez más, guarde silencio ante la farsa. Hay optimismo en el campo del narco-régimen. ¿Se montará esta farsa en escena? La mejor manera de impedir que se concrete es denunciar su posibilidad”, concluye Coronel.

Como bien lo expresa Oswaldo Álvarez Paz (Tiempo de definiciones serias) “Estamos en dictadura o no. ¿Se trata simplemente de una democracia lesionada e imperfecta, pero aún vigente, que pudiera mediante el sufragio en las condiciones actuales corregir los defectos y retornar a la plena vigencia de los principios fundamentales que deben orientar sus acciones? Quiero que lo digan en alta voz y promuevan el debate correspondiente. Así caerían todas las caretas y quedarían al descubierto, más de lo que están, las dobles intenciones que condicionan la conducta de algunos”.

El bochorno que recientemente causaron los cuatro gobernadores opositores que se juramentaron ante la ANC y ahora asesinato político de la democracia que intenta perpetrar el candidato de Manchuria, deben llamar a la reflexión a las organizaciones democráticas sobre el necesario momento de definiciones y el plantearse de una buena vez el “quién es quien” dentro de sus filas, no solo en relación a los agentes ocultos cobijados en su seno, sino también la necesidad de expulsar del templo de la democracia a los mercaderes de la política, esos supuestos dirigentes opositores con “dobles intenciones” (OAP dixit) que mientras los jóvenes se sacrifican en las calles o son torturados en las mazmorras de la dictadura, ellos dedican a negociar con el régimen y a triangulaciones financieras con Cuba, esto último denunciado por El Nuevo Herald: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article38478414.html

En la versión criolla del filme de Frankenheimer, habría que precisar si la Reina de Diamantes, imagen fatídica que desencadena la orden emanada por los autores intelectuales, la sacan de un mazo de cartas o de una maleta de color verde, de las muchas que salen de Miraflores. También podríamos colocar un cartel al final que dijera: “cualquier parecido con la realidad ¿es acaso mera coincidencia?”.

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Giorgio de Chirico, I piaceri del poeta, 1911.

 

Villas, pueblas y escritores

Edgar Cherubini Lecuna

París, Febrero 2018

“Dime el paisaje en que vives y te diré quién eres”, esta concluyente frase es de José Ortega y Gasset (1885-1955). En sus caminatas por “las lomas nerviosas de Guadarrama”, el filósofo consiguió entender y traducir el lenguaje de ese paisaje serrano. “Había en torno nuestro un silencio que en cada instante iba a romperse y persistía, silencio donde laten las entrañas de las cosas, en que esperamos que rompa a hablarnos cuanto no sabe hablar”. En esas contemplaciones confiesa descubrir una parte de sí mismo “más compacta y nervada, menos fugitiva y de azar”.

Citar a Ortega y Gasset me pareció acertado para comentar este libro de Enrique Viloria Vera (1950), Villas, pueblas y escritores, ya que se trata de una singular antología de paisajes interiores expresados en las voces de escritores y poetas vivos o lejanos en el tiempo y en la geografía.

Villas, pueblas y escritores, es como un mapamundi de sentimientos y a la vez un inventario a escala, de tristezas, soledades, alegrías, amores, nostalgias y olvidos, en el que podemos ubicar a quienes sobreviven gracias a un hilo vital anclado a su terruño, aldea, villorrio, pueblo, villa, ciudad o puerto natal, que no los deja perderse en el extravío. Se trata de “un espacio vital y vitalista, un lugar que existe por sí mismo, ‘un lugar en sí’, pero sobre todo para la poesía, sin él, ella poco sería”, así lo refiere Enrique Viloria en su libro, publicado este año por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, España.

Enrique Viloria Vera, 2017. © Jacqueline Alencar.

En su quehacer académico y literario en el que ha sido autor o coautor de más de ciento treinta libros, Viloria es un conocedor de las claves para comprender esos vasos comunicantes entre el escritor y su entorno: “El ciudadano construye la ciudad; inclusive el ciudadano que jamás coloca un ladrillo, o una piedra, un cable o un tubo: todos los ciudadanos van haciendo la ciudad según sus intereses y sus ignorancias, sus conocimientos y sus sentimientos. Y al mismo tiempo, la ciudad va procreando los ciudadanos que necesita para descomponerse o embellecerse, para sublimarse o envilecerse. (…) La ciudad es, en primer lugar, un refugio donde cada quien concibe su sueño. En segundo lugar, la abundancia de sueños frustrados, convierte a la ciudad en una guerra de pareceres, en un escenario donde se buscan las huellas que va dejando la belleza en su constante deambular de antílope y se evaden milagrosamente, por milímetros, los factibles encuentros con la muerte, esa habitante”, expresa el escritor.

En el prólogo, encontramos un poema de Constantino Kavafis lo dice todo: “La ciudad te seguirá. Viajarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo; y entre las mismas paredes irás encaneciendo”.

Ese paisaje citadino tiene un lugar reservado en el libro, en especial cuando nos lleva de la mano a revisitar Barquisimeto en las palabras de Ramón Guillermo Aveledo: “¿Somos nosotros un invento de Barquisimeto? ¿Nos ha creado la ciudad a su imagen y semejanza? ¿Somos hechura de estas calles y estos modos y este paisaje árido por dos lados y verde por los otros dos? O, al contrario, ¿Es Barquisimeto nuestro invento? ¿Nos imaginamos una ciudad y la habitamos y hablamos de ella, sin que necesariamente sea realidad? ¿Es Barquisimeto un espejismo en nuestro cariño? ¿Es una creación de nuestros recuerdos? La verdad anda a caballo entre las dos posibilidades. A las dos preguntas es posible responder que sí. Y no hay contradicción, sino verdad. Barquisimeto nos hace, y nosotros la hacemos. Nos inventa y la inventamos”.

Para que no existan dudas de la unión entre el sujeto y el predicado, Viloria utiliza la conjunción para subtitular sus visitas poéticas guiadas: Ciudad de México y Alan Riding, Barcelona y Eduardo Mendoza, Macondo y Gabriel García Márquez, Iquitos y Mario Vargas Llosa, Guatapé y Juan Mares. Este último, es un poeta antioqueño que se adentra en los recuerdos de lo que vieron sus ojos y sintió su piel en Guatapé, expresándolo así en su libro El árbol de la centuria: “Traigo noticias / de un tiempo sumergido en las distancias. / Y son noticias / de un pueblo paria en las ciudades / De estas noticias / Me surte un pueblo oculto y diligente. / Que son noticias / Que brillan de sudor y sangre. / Mas mis noticias / Ni son augurio de salvación de nadie. //

La poesía de José María Muñoz Quirós, no puede prescindir del sagrado misterio que encierran las murallas y las torres de Ávila. “Aquí estoy / una vez más / frente a las torres / (…) Aquí estoy / como los pasos mismos / me han traído / hasta el borde del tiempo, / como he necesitado así rozar / la piel de este momento / para reconstruir la vida, / para hacerla merecedora / de este instante que recupero / en esa lucha de amor que a muerte sabe”. //

Albert Camus, en su afanosa búsqueda de un significado del mundo y de la vida humana se refiere al Orán de su Argelia natal, al señalar que “el modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y como se muere”. Quizás esa fue la misma inspiración que motivó a García Lorca a realizar el retrato poético de una ciudad avasallante al escribir Un poeta en Nueva York: “¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? / ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? / ¿Quién el sueño terrible de tus anécdotas manchadas?”.

Por su parte, Enrique Gracia Trinidad, no ha podido saldar las deudas con su Madrid de miserias y alegrías: “Nada te debo a ti, ciudad amarga y fiera, y todo te lo debo (…) Y cuanto más te pago más te debo”.

La villa Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora es la urbe que convoca los recuerdos más sentidos de Guillermo Morón. Recordemos cómo “el calor se aposentó en la ciudad y el calor soltó al diablo”, en esa extraordinaria atmósfera construida palabra a palabra para describir la villa en las páginas de su maravillosa novela El gallo de las espuelas de oro.

La costumbre de vivir del recuerdo enseña que el amor tiene un espacio donde algo sucede si el lugar se nombra y el nombre es Puerto Maldonado, donde el recuerdo es el ensueño de la redención: “cerrar los ojos y ser dueño / repentino de cursos fluviales”, así describe su terruño Alfredo Pérez Alencart.

Cumaná ocupa un espacio singular en Los Legajos del Marqués, de José Tomás Angola Heredia: “(…) Con el sol rabioso del mediodía / asando cabo corchado y chicote / aguas verdinas cuando en felibote / ancoré en la Nueva Andalucía (…) En puerto del paraíso soñado / do los ángeles son aves fermosas / y el mar un manto de azul templado. / Y es que lo nunca antes imaginado / a no ser me digan que falseo cosas / aquí se hace delirio de afiebrado”.

En su libro, Viloria reconstruye “esa gran nostalgia que acoge lo vivido en esa felicidad germinal que se llama infancia”. Por eso pienso que en el Canoabo de Vicente Gerbasi, el recuerdo de su terruño actúa en él como el “estadio del espejo” (Le stade du miroir) de Lacan, afirmando su yo al observarse a sí mismo en su pueblo, sin fragmentarse en su amor. “Es que Canoabo está en mí. Ya no necesito tener nostalgia de él, es mi alma. Yo soy Canoabo”.

Podríamos decir lo mismo del Barquisimeto primordial de Aveledo: “ciudad de dulce de higos pelados en teja (…) de café y de pan de tunja, de acemitas”. Ya que para el cronista, describir su ciudad es contruir su persona en el espejo del mundo: “Por aquí andan mis rastros, mis nostalgias, mis mejores risas, mis esperanzas primeras. En los rincones, en las esquinas, hay trazos de lo que he querido y lo que he detestado, Aquí respiro, camino, mis memorias. Me reencuentro con el que quise ser”.

Virginia Wolf, acertó al decir que sólo existe lo que se nombra y Gracia Trinidad lo testifica: “Poner nombre a las cosas / es el mejor oficio de la vida, // Lo hizo el Padre Adán cuando su Dios / se lo ordenó en el Paraíso. / Y así nacieron árbol, pájaro, río, piedra, / hormiga, pájaro, gacela, viento…/ Nada quedó sin nombre. // Pero luego ocurrió lo que ocurrió / la expulsión amplió los horizontes. / Ni Dios habría imaginado / que Adán siguiera su costumbre / y aún le quedasen nombres que asignar. / Así nacieron risa, amor o llanto, / dolor, tristeza, ausencia o esperanza”.

El libro sirve también como una piedra de afilar para el espíritu. “Es oficio de vértigo este asunto / de acuchillar palabras al papel, / juego de locos, / inútil alboroto de campanas, / pretencioso ejercicio que no sabe / si vive sueños o si arrastra vida. // La verdadera profesión / de los poetas / debería ser el silencio”, proclama Enrique Gracia Trinidad.

Cierto, este libro, invita a callar, a un silencio profundo, a meditar sobre nuestro paisaje interior, entrañable, germinal e inmutable del que partimos y al que nos dirigimos.

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En la foto destacan Adolf Hitler y el empresario Fritz Thyssen. 1933

El orden del día

Edgar Cherubini Lecuna

París, Febrero 2018

El orden del día de la reunión que sostuvieron los veinticuatro líderes de empresas alemanas con Hitler y Goering el 20 de febrero de 1933, contempló el financiamiento de la campaña electoral del Partido Nazi para las elecciones del 5 de marzo de 1933. Los dueños de las corporaciones e industrias alemanas, apoyaron a un psicópata megalómano y genocida a cambio de estabilidad para sus negocios y finanzas. Ese es el primer escenario que Éric Vuillard El orden del dia (L’Ordre du jour, Premio Goncourt 2017), indaga sobre los demonios que desataron el nazismo y el sometimiento de una de las sociedades más cultas y pujantes de Europa a un proyecto expansionista y desquiciado. El segundo escenario, que discurre en paralelo en el desarrollo de la trama, ocurre cinco años después de esa reunión, se trata de las dramáticas escenas del Anschluss, la anexión de Austria, donde se ensayó con éxito la tesis geoestratégica del “espacio vital” de la Alemania nazi, preámbulo de la ocupación de Europa por las tropas de Hitler.

En la reunión con los 24 grandes capitanes de la industria y la banca alemana, apenas a un mes de que Hitler fuera elegido Canciller, el rudo Hermann Goering les dirige un exhorto sin sutilezas: “Caballeros, acaban de escuchar al Canciller Hitler, queremos una victoria en las elecciones del 5 de marzo para estabilizar la economía de Alemania, erradicar a los comunistas y opositores y eliminar a los sindicatos para restaurar el poder del empresariado. Les pido que aporten lo suyo sin chistar”. Siete días después, del Parlamento (Reischstag) solo quedaban cenizas y Hitler, que comenzó a gobernar gracias a un decreto de emergencia, se erigía como dictador. De allí que el autor hable de “las pegajosas combinaciones e imposturas que forjan la historia”.

En dicha reunión estaban presentes los dueños de Bayer, Siemens, Opel, BMW, Daimler-Benz, Agfa, Porsche-VW, Telefunken, Krupp, Thyssen, I.G. Farbenindustrie AG (un conglomerado de 2.000 empresa alemanas), el presidente del Reichsbank, entre otros notables, terratenientes y nobles. En ese encuentro, el Führer da un simple discurso: “Para poner fin al comunismo y recuperar la prosperidad, se deben ganar las elecciones parlamentarias del 6 de marzo”. Invitados a financiar la campaña del partido nazi, “los veinticuatro patrones pagan sin fruncir el ceño. Permaneciendo allí, impasibles, como veinticuatro máquinas calculadoras a las puertas del Infierno”, escribe Vuillard. Pasando de la contabilidad a la estadística, allí se decidió el destino de Alemania y de Europa: 55 millones de muertos, incluidos los 6 millones de judíos y un continente destruido fue el resultado del “debe y haber”.

Vuillard, se refiere a esa reunión con una ácida ironía, debido a que en el presente, continuamos consumiendo productos de esas mismas empresas: “Las empresas no mueren como los hombres. La sangre que las alimenta siempre renueva las cabezas que las dirigen. Son cuerpos místicos que nunca perecen”. Amen de aquellas que usaron mano de obra judía extraídas de los campos de concentración. Horror e ironía, son los dos términos que se aplican a sus hallazgos en los intersticios de las historias oficiales.

Sobre Lord Halifax, Secretario de Asuntos Exteriores británico quien, pese a las advertencias de Churchill, intentó por todos los medios de convencer al Parlamento y a la Corona Británica de que a través del diálogo con Hitler y Mussolini lograrían la paz, como si se tratara de dos estadistas democráticos normales, el autor lo describe con gran cinismo: “No es el error de un viejo aturdido, el es un diplomático imbuido del orgullo de la aristocracía inglesa a la cabeza de su fila de antepasados, sordos y ciegos como una morgue”.

Para Jean-Louis Thiériot (L’Ordre du jour : un Goncourt au mépris de l’Histoire, Le Figaro 01/12/2017), la pluma de Vuillard, seca y cruel, dibuja las imágenes sorprendentes del teatro de sombras de la comedia de poder. “El orden del día” no es una novela, es un relato detallado, casi una rendición de cuenta que muestra la triste pantomima de los estadistas en la complejidad trágica de esos años decisivos”.

Para escribir su libro, Vuillard analizó cientos de fotografías y documentales, los incontables archivos del proceso de Núremberg, cartas, libros, documentos y testimonios de origen diverso que le permitieron hurgar en detalles que otros historiadores pasaron por alto. Comenta que se encontró con terribles ironías que lo sacudieron, pero lo hicieron comprender mejor lo ocurrido en Alemania y Austria, como la espeluznante carta de Walter Benjamin, donde cuenta que la empresa austríaca de gas se niega a suministrarle servicio a los judíos de Viena ya que estos utilizaban con preferencia el gas para suicidarse durante la ocupación nazi y eso le impedía cobrarles la factura al fin de mes.

Y es que Vuillard, investigó los 1.700 suicidios ocurridos tan solo en la primera semana de la ocupación, las demás muertes no fueron reseñados por la prensa por temor a las represalias nazis, que prohibieron mencionar los casos, so pena de ser apresados por la Gestapo bajo el delito de conspiración.

En una entrevista de Françoise Dargent (L’histoire est une manière de regarder le présent, Le Figaro 06.11.2017), Vuillard se refiere las distorsiones de la realidad debido a la influencia de la poderosa propaganda nazi en los noticieros de los cines de Europa, lo que contribuyó a una errada visión de la historia aún después de la guerra: “Las imágenes que tenemos de la guerra son y serán para la eternidad dirigidas y manipuladas por Joseph Goebbels. Es extraordinario que las noticias alemanas se conviertan en un modelo de ficción”.

Sobre su estilo de escritura, manifestó que la literatura y la historia siempre han tenido relaciones endogámicas: “La Ilíada es un poema, pero también es un libro de historia. Cuando uno lee Los miserables, uno encuentra         allí los episodios de la vida colectiva (…) Yo estoy impregnado de mi época y mis libros son igualmente productos sociales”.

Los hechos históricos, son útiles en la medida que nos sirven como un espejo para analizar el presente y decidir sobre nuestro futuro. Sobre esto último y salvando las distancias, las escalas y las dimensiones de los personajes, a comienzos de 1997, un importante empresario venezolano me pidió examinar unos videos que le habían suministrado un año antes. Para mi sorpresa se trataba de los discursos de Chávez y Fidel Castro en la Universidad de La Habana en 1994, el día en que Chávez fuera recibido como un jefe de Estado por los Castro, para trazar “el orden del día” de la llamada revolución bolivariana.

En la presentación de mi análisis ante un selecto grupo de empresarios y hacendados convocados por mi cliente, no olvidaré el vehemente rechazo que produjeron mis palabras en los allí presentes, en especial el de un exaltado gran cacao, cuando expresé que las intenciones de Chávez eran las de plegarse a las órdenes de la revolución comunista cubana y que ese día Fidel Castro le había traspasado el testigo de la subversión al inculto pero astuto militar, para utilizarlo como un muñeco de ventrílocuo en su estrategia de demoler las democracias del continente. Cuando cesaron las agrias críticas a mi cliente y a mi persona por habernos atrevido a presentar tal escenario, comprendí que todos ellos estaban apoyando y financiando a Chávez. Esos ciegos, voraces y altaneros hombres de negocio, algunos de ellos prestos a avasallar a quien se les atravesara en su camino, también habían acordado de antemano “el orden del día” de la vorágine que acontecería en Venezuela.

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Adolf Hitler y Neville Chamberlain, 30 de Septiembre de 1938.

La incertidumbre de las langostas

Edgar Cherubini Lecuna

París, Enero 2018

Werner Heisenberg, Premio Nobel de Física 1932, enunció el llamado principio de incertidumbre o principio de indeterminación, según el cual es imposible medir simultáneamente, con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula. Esto significa, que la precisión con que se pueden medir las cosas es limitada. La incertidumbre no se deriva de los instrumentos de medida, sino del propio hecho de medir. Con los aparatos más precisos imaginables, la incertidumbre continúa existiendo. Desde entonces, el vocablo es de uso cotidiano. Por su parte, Stephen Hawking, dedicado a la didáctica y popularización de los complejos alcances de la Astrofísica, en su Teoría del tiempo, dice que “Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido de que es solo una hipótesis: nunca se puede probar. A pesar de que los resultados de los experimentos concuerden muchas veces con la teoría, nunca podremos estar seguros de que la próxima vez el resultado no vaya a contradecirla”.

Si en física las cosas no son absolutas, sino que, por el contrario, son inciertas, lo son más aún en la escala humana, ya que nuestras pequeñas y a veces colosales incertidumbres cotidianas se han convertido en un modo de vida, en algo natural. Ante la falta de certezas, la gente se alimenta de ilusiones, como las langostas que se sienten atraídas por un señuelo y no ven la nasa de red, la trampa que consiste en un cilindro que se va estrechando en forma de embudo invertido, de forma que cuando la langosta se introduce dirigiéndose hacia el cebo, cae en un depósito del que no puede salir, permaneciendo allí por días, hasta que es recogida, almacenada por semanas y posteriormente distribuida “viva” local e internacionalmente en todo el planeta. No puedo dejar de pensar en la analogía de las langostas de mar con las ideologías y fanatismos religiosos.

A propósito de la ingenuidad de las langostas, causa de su irremediable destino, no nos sorprenden las declaraciones del 12 de Enero de 2018, emitidas por Federica Mogherini, representante de la Política Exterior de la UE, a la salida de una reunión con Javad Zarif, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, en la que estaban presentes sus pares de Inglaterra, Alemania y Francia: “El acuerdo con Irán hace que el mundo sea más seguro”, afirmó emocionada la diplomática. Los nuevos Chamberlain se reunieron con el nuevo Goering para poder declarar a Occidente: “Hay que seguir escrupulosamente los términos (del acuerdo), es un instrumento crucial para mantener la paz en la región y en el mundo”, expresó por su parte el enviado de Francia a esta consulta.

Esta noticia nos hace recordar a Hitler y a su lugarteniente, el hampón disfrazado de mariscal Heinrich Goering, al prometer paz, estabilidad y seguridad a Europa al políticamente correcto canciller inglés Neville Chamberlain, mientras la maquinaria de guerra Nazi ocupaba Austria, Checoslovaquia y Polonia y preparaba la invasión al resto de Europa. El acuerdo firmado el 30 de Septiembre de 1938, fue suscrito en términos similares al de Irán: “Hemos tenido una reunión hoy y estamos de acuerdo en reconocer que la cuestión de las relaciones anglo-alemanas es de primera importancia para los dos países y para Europa. Consideramos que el acuerdo firmado ayer por la noche y el Acuerdo Naval Anglo-Alemán como símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no ir a la guerra de nuevo. Estamos decididos adoptar el método de la consulta para hacer frente a cualquier otra cuestión en referencia nuestros dos países, así como estamos decididos a continuar con nuestros esfuerzos para eliminar las posibles fuentes de diferencia y contribuir así a asegurar la paz en Europa”. Dos meses más tarde, el 6 de diciembre de 1938, von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich y Georges Bonnet, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, firmaron otro acuerdo, en términos idénticos al anterior: “(…) para la consolidación de la situación en Europa y el mantenimiento de la paz general”. En Mayo de 1940, Alemania invadió Francia ensayando con éxito su novísima Blitzkrieg o “guerra relámpago”.

La incertidumbre es alimentada día a día por la irresponsabilidad, la ingenuidad, superficialidad, el colaboracionismo en los negocios o la estupidez de los políticos occidentales. Como si nada, el régimen totalitario iraní, siguiendo su dictado teocrático de sojuzgar a los infieles de Occidente, continúa con sus pruebas de misiles balísticos y su retórica genocida contra Israel, país al que ha jurado borrarlo del mapa. Sumemos a esto el ingreso de miles de yihadistas a Europa, Norte de África y Gaza, debido a la retirada del Estado Islámico (ISIS) de Irak y Siria, muchos de éstos diluidos en la avalancha de inmigrantes que diariamente penetran las fronteras de Europa y que engrosarán las redes de fanáticos ya enclavadas en el corazón de las ciudades, donde ensayan nuevos métodos para sembrar el terror, cobijados a la sombra de la corrección política de los gobernantes, protectoras ONG’s y organizaciones políticas de extrema izquierda. Hay que anotar en este resumen el incremento exponencial de la persecución y matanza de cristianos con el auge del fundamentalismo islámico. En 2017 fueron asesinados 3.066 cristianos, el doble del 2016.

  Busto de Putin emperador, San Pétersburgo, 2015               

En este recuento de acontecimientos acaecidos en 2017 y las sospechas que en el 2018 serán similares o peores, no podemos pasar por alto los alcances del poder económico global de China y su penetración en varios continentes, ni el impulso con el que Putin ha iniciado el nuevo ideal hegemónico de Rusia como superpoder. Sobre esto último y aunque parezca una mera anécdota, no deja de ser significativa una noticia que pasó desapercibida en medio de tantas superficialidades, amenazas y calamidades globales. Se trata del busto en bronce de Putin, engalanado con una toga de emperador romano, erigido al Norte de San Petersburgo. Un despacho de la AFP da cuenta de la ceremonia inaugural donde se desveló la estatua: “Andrei Poliakov, líder de la asociación Ibris, que reúne a los cosacos de San Petersburgo, expresó: ‘La imagen de un emperador romano es la de la sabiduría, y esto corresponde al rol histórico de Vladimir Putin que logró unir Rusia y Crimea”. La anexión de esta península ucraniana en marzo de 2014 y el apoyo de Moscú a los separatistas en el este de Ucrania han llevado a un deterioro sin precedentes en las relaciones entre Rusia y los países occidentales desde el final de la Guerra Fría, que no reconocen esta anexión y han impuesto fuertes sanciones económicas a Rusia. La situación en Crimea se encuentra estancada hasta la fecha, pese a los diferentes encuentros amistosos de Putin con líderes europeos y con Trump.

Pero el incierto futuro del mundo, ante una posible reedición de la Guerra Fría, es minimizado en un análisis del pretigioso Hudson Institute, titulado The New Era of Global Stability (19.12.2017). Arthur Herman, su autor, afirma que Putin “no está interesado en revivir el comunismo o la revolución mundial. El presidente ruso simplemente quiere preservar su propio poder y restaurar la ascendencia de su país en Europa del Este, decidido a revertir el eclipse de Rusia como superpotencia”. Sobre China, Rusia y el posicionamiento de la nueva administración norteamericana, afirma: “Algunos dirán que esta rivalidad a tres bandas está causando tensión, arriesgando otra guerra mundial. Lo dudo. En esta nueva era, la fricción y los intereses en competencia serán vistos como naturales. La Estrategia de Seguridad Nacional (de EE UU) lo dice claramente: “La competencia no siempre significa hostilidad, ni conduce inevitablemente al conflicto”. Pero el conflicto puede detenerse antes de la guerra, gracias al equilibrio de las fuerzas opuestas y el poder de disuasión económica y militar”. Para confirmar esto, el autor cita una frase del presidente Trump: “Una América que compita con éxito es la mejor manera de prevenir el conflicto”. El autor concluye: “No es una era que hará felices a los idealistas o humanitarios. Pero a pesar de todas sus imperfecciones, después de un siglo en el que los ideólogos y los fanáticos han matado y mutilado a decenas de millones tratando de hacer del mundo un lugar perfecto, ¿existe la probabilidad de que lo hagamos peor?”.

Pero la incertidumbre se hace presente con énfasis en América Latina, donde se instituyó como cultura la perversión política, la corrupción y la reedición de las dictaduras, esta vez de izquierda, operadas por la tiranía cubana en su impune expansión subversiva contra las democracias continentales, gracias al sostén de la izquierda internacional enquistada en todas las instituciones internacionales, asi como del Papa Francisco, del apoyo del partido demócrata americano y los partidos socialistas y comunistas europeos. La dramática crisis venezolana es el reflejo de esta destructiva psicopatía política, que ha provocado 25.000 asesinatos anuales en ese país y en el que 30 millones de personas subsisten sin poder ejercer sus derechos ciudadanos, sin comida, ni medicinas, en la más completa incertidumbre, rehenes de unos militares y delincuentes en el poder. Nadie tiene la certeza de si amanecerá al día siguiente. Como bien dice el editorial de El Nacional (17.01.2018), “Venezuela está al arbitrio de un juego de dados, de una suerte que puede o no llegar a su destino”.

En medio de un destino incierto para los habitantes de este planeta, del desastre humanitario de Venezuela y de minorías en peligro de extinción en diversas regiones, hay quienes se preocupan por los sentimientos de las langostas que se van a comer en el almuerzo o cena. Los diarios europeos dieron cuenta de la revisión de las leyes de protección animal en Suiza, que motivó a su gobierno a emitir un decreto el 10 de enero pasado, prohibiendo a los cocineros sumergir langostas vivas en agua hirviendo, considerado esto como acto de crueldad, debido a que los defensores de los derechos de los animales y algunos científicos han llegado a la conclusión de que las langostas tienen sistemas nerviosos complejos y son propensos a experimentar dolor cuando se las hierve. A partir de ahora tendrán que “aturdir a los crustáceos de antemano con descargas eléctricas o destrucción mecánica del cerebro, antes de arrojarlos en agua hirviendo”, dice la ley. Importadores y vendedores de este sabroso y costoso crustáceo también se verán obligados por este decreto a “mejorar el bienestar de las langostas durante el transporte y almacenamiento”. Como referencia, el precio de una langosta de 500 gramos, importada viva de USA o Canadá, cocinada según la tradición de los restaurantes parisinos, es decir, arrojadas al agua hirviendo, está por el orden de los 52 Euros, es decir, el equivalente a 12.148.679 BsF, la moneda nacional de una Venezuela hiperinflacionaria.

Es probable que esta toma de conciencia sobre las langostas se deba al relato del periodista y escritor estadounidense David Foster Wallace, el día que asistió al Festival de la langosta en Maine. Foster Wallace describe el sufrimiento de estos crustáceos: “Incluso cubriendo la olla y alejándose de ella, puedes escuchar el chillido, el golpeteo y el chirrido de la langosta contra las paredes. O las zarpas de la criatura aruñando la olla tratando de salir. En otras palabras, la langosta tiene mucho de ti y de mi si nos arrojaran en agua hirviendo” (Consider the Lobster, 2006).

Como, gracias a los suizos, ya existe una certeza para las langostas, al poner fin a sus incertidumbres antes de ser cocinadas y almorzadas, sin duda habrá esperanza para nosotros los humanos, de ponerle fin a las nuestras.

Fernando Savater, en su artículo Incertidumbre (El País, 11.05.2015), afirma: “El principio de incertidumbre de Heisenberg, en física cuántica, dice que no se puede conocer al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula elemental. De modo semejante, el sabio no logra conocer la conjunción de su situación histórica y el vértigo acelerado de sus descubrimientos. Y quizá tampoco ninguno de nosotros sepa determinar juntamente dónde está y a dónde va en este mundo hermoso y atroz”.

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Carlos Cruz-Diez, Induction du Jaune avec le Bleu Klein, París 2017. © Atelier Cruz-Diez Paris

El Azul Klein y el amarillo espacial de Cruz-Diez

Edgar Cherubini Lecuna

En 1951, Yves Klein (1928-1962) escribió en su diario: “Para luchar contra todo en la vida, creo que el único medio es tomar un poco de infinito y utilizarlo”. Sus primeros experimentos pictóricos fueron pequeños monocromos sobre cartón que, con el tiempo, se convirtieron en objetos de culto. La búsqueda espiritual de este multifacético artista, se confunde en el camino con su idea del arte: “Pinto el momento pictórico que nace de una iluminación”.

Inspirado por el cielo de Niza, su ciudad natal, inició una búsqueda mística, dedicándose a pintar fragmentos de azul infinito, “el mundo del color puro”. En Enero de 1957, en la galería Apollinaire de Milan, Yves Klein exhibió once paneles idénticos con su famoso “Azul”, culminando así la evolución de su búsqueda monocromática. El “periodo Azul”, fue el resultado de un proceso de investigación sobre el color azul, que lo llevó a desarrollar un fijador por medio de una resina sintética llamada Rhodopas, que se retrae en el secado, revelando así el pigmento en su pureza original conservando el aspecto luminoso del azul ultramarino. Desde ese momento, en el mundo del arte se conoce dicho color como International Klein Blue (IKB).

La Fundación Ives Klein y la casa de subastas Christie’s recibieron con beneplácito la iniciativa del artista cinético Carlos Cruz-Diez, de elaborar una obra bidimensional utilizando la fórmula original del “Azul Klein”, para ser exhibida y subastada junto a la de otros artistas el día 4 de diciembre, con la finalidad de recoger fondos para la restauración de la iglesia de Saint-Germain-des-Près, edificio emblemático ubicado en el barrio del mismo nombre, conocido escenario asociado históricamente a la vida cultural y artística de París.

Esta obra de excepción realizada por Cruz-Diez, en homenaje al pigmento IKB utilizado por Yves Klein, se titula Induction du Jaune avec le Bleu Klein, París 2017 (pintura acrílica sobre aluminio / 120 x 120 cm) y su precio de puja ha sido fijado por Christie’s entre 110.000 y 160.000 Euros. El monto total recaudado en la subasta, será donado para las obras de restauración de la Iglesia Saint-Germain-des-Près.

Conversamos con Cruz-Diez en su taller de París, sobre su obra presentada por Christie’s en la portada del catálogo de esta subasta.

Siendo la Inducción del Amarillo la génesis de su discurso cromático ¿Cómo ha sido posible la conjugación de dos posturas ante el hecho pictórico que estamos presenciando, un cuadro del cinético Cruz-Diez elaborado con el azul de un místico del arte como lo fue Klein?

Mi postura en el arte es con la realidad, pero, reconozco y admiro que la posición de Ives Kline, era una importante y arriesgada aventura del pensamiento contemporáneo. El haber utilizado su azul para hacer una de mis obras, es un modesto homenaje a su pensamiento.

En varias oportunidades, usted ha dicho que usted no se inspira, que sus propuestas que han proyectado el color fuera del plano, son producto de una intensa reflexión sobre el fenómeno cromático. Por su parte, Yves Klein, en su búsqueda espiritual expresaba que sus cuadros representan “eventos poéticos de la vida en libertad que es la llama de la poesía durante el momento pictórico”. ¿Qué significado tiene para usted el encuentro con las ideas de Klein?

Su obra está más ligado al mundo surrealista, que al arte concreto que yo profeso. Una de las grandes cualidades del arte es que múltiples y contradictorios discursos pueden convivir y dialogar. Por eso podemos ver al mismo momento un Botticelli, un Picasso, un Monet y un Mondrian a la vez y disfrutar plenamente de cada uno de sus mensajes.

Desde sus primeros experimentos sobre el comportamiento del color, usted logró efectos de post-imagen con gran precisión mediante la utilización de líneas de las cuales logra proyectar gamas de colores en el espacio. Por su parte, Klein busca la pureza del azul como una síntesis asertiva e implacable, “el mundo del color puro” como él lo expresara. En esta obra de excepción estos dos discursos se integran y conviven ¿Cómo ha sido posible lograrlo?.

La línea no es un elemento estético en mi trabajo, es el medio más eficaz que pude encontrar para multiplicar las zonas críticas de visión entre dos planos de color. La mezcla óptica integrada por dos o más colores genera nuevas gamas que no existen en la superficie y que se hacen visibles al espectador, se trata del color saliendo del plano estático al espacio dinámico. Es así como puedo generar nuevas e inestables gamas cromáticas. Lo cual no impide que el resultado sea un hecho expresivo, comunicativo y sensible. El pigmento amarillo que vemos surgir de entre el blanco de fondo y las líneas de color azul no está plasmado en el soporte. Ese amarillo tiene una existencia virtual, sin embargo, es tan real como el pigmento azul Klein.

edgar.cherubini@gmail.com

Christie’s Paris, 4 décembre 2017

Patrimoine de Saint-Germain-des-Prés

Vente aux enchères

Lundi 4 décembre 2017 à 19h00

9, avenue Matignon, Paris 8e

Commissaire-priseur: Camille de Foresta

Catálogo: http://www.christies.com/salelanding/index.aspx?intsaleid=27369&saletitle=

 

 

 

 

 


Portada del libro. Laurence Debray, fusil en mano, Brigada de Pioneros, Cuba, 1986

Laurence Debray, hija de dos subversivos

Edgar Cherubini Lecuna

París, Noviembre 2017

La biografía del Rey Juan Carlos de España que escribió Laurence Debray en 2013, acuciosa investigación sobre los personajes históricos que se entrecruzaron en la vida de Juan Carlos, fue sin duda una empresa ardua y laboriosa, a ratos delicada debido a la alta investidura del sujeto de marras. Pero escribir su propio relato autobiográfico, siendo la hija de dos personajes ligados a los avatares de la revolución cubana y agentes de la subversión en Latinoamérica en las décadas de 1960 y 1970, es sin duda una audaz aventura literaria, un camino espinoso para una niña que en Cuba aprendió a manejar un fusil de asalto antes de jugar con una Barbie, que fue mimada por Jane Fonda y Simon Signoret, que dio sus primeros pasos de la mano del pensador Jorge Semprún y aprendió a cultivar flores en el jardín de su casa de campo con el teórico marxista Louis Althusser.

Laurence Debray, conoce muy bien el desarrollo político tanto de Cuba como el de Venezuela, realidades que no hicieron sino confirmar su acertada decisión de dejar atrás el engorroso equipaje marxista que arrastraban sus progenitores, pero también, como ella lo expresa, de “deshacerse de los afectos para lograr la libertad”. Laurence es una de esas mentes brillantes del nuevo escenario intelectual francés, que ha sorprendido a todos con esta historia, su historia, en la que trata de armar el rompecabezas de su familia venezolana y francesa, hurgando con su característica minuciosidad de historiadora, dando marcha hacia atrás, desandando los caminos que recorrió su familia en Venezuela y Cuba (Fidel Castro y Elizabeth Burgos, su madre), en Bolivia (la aventura del Che Guevara y Regis Debray, su padre) y el de sus ancestros (la alta burguesía y clase política francesa). Una iconografía que había permanecido en penumbras, de pronto se ilumina en estas páginas.

Bajo el título “Hija de revolucionarios” (Fille de révolutionnaires, Éditions Stock, France, 2017) y que pronto será pubicado en Español por Editorial Anagrama, la autora realiza una radiografía del ambiente social, político e intelectual de las décadas de 1960 y 1970 en su Francia natal.

En el corazón de la historia narrada a sus 41 años, Laurence intenta comprender a las dos figuras míticas de su infancia y adolescencia: Regis Debray y Elizabeth Burgos, dos figuras ante las que se sobrecoge por “la dignidad de su pasado y la implacable pureza de sus compromisos”. Leer las 300 páginas de su libro significaron penetrar en un intrincado laberinto en cuyo centro moran dos Minotauros. Laurence encarna a la vez el coraje de Teseo y la sabiduría de Ariadna, al poder desentrañar el hilo del amor logrando su propia redención. “Amor, esa herida en el universo, ese exilio interior, ese déficit ontológico, pero que no existe hasta ser nombrado”, como bien lo expresara Lacan. Conversamos con la autora en el preámbulo de este otoño parisino y su singular meteorología. Aquí resumo sus palabras.

ECL: Indagar sobre Regis Debray y Elizabeth Burgos, subversivos de los años 60’s, es penetrar en un laberinto poblado de pasiones, aventuras y secretos. Aún siendo usted su hija, le ha costado mucho tiempo hilvanar sus historias. Si le pidiera un retrato de ambos personajes, en pocas palabras cómo los definiría.

LD: Son personajes complejos y comparten una historia compleja, ellos han evolucionado a través del tiempo. Si los padres suelen ser personas cercanas, para mi, ellos siempre fueron extranjeros. Escribí este libro en un intento de indagar en sus vidas para entenderlos mejor y entenderme mejor.

ECL: Por lo que relata en su libro, pareciera que su vida ha estado signada por dos polos de atracción: Cuba y Venezuela ¿Cómo ve al castrismo y al chavismo? ¿Cómo siente a esos dos procesos en la actualidad?

LD: Hoy en día, ya es evidente que el castrismo ha logrado imponerse como modelo político y económico en Venezuela. Es un castrismo con casi 60 años de experiencia de ejercicio totalitario del poder, que ha logrado fusionarse con el modelo petrolero venezolano, generando esa “águila de dos cabezas” que es hoy Venezuela.  Venezuela es un país que vive del petróleo desde hace un siglo, y que tiene la cultura de adquirir todo fácilmente, mediante su “petrochequera”, sin producir casi nada. El pragmatismo de Cuba y su proyecto geopolítico imperialista se puso al servicio de esa tendencia de la cultura venezolana, diseñándole a Chávez un método para la compra de adhesiones políticas y de paso, un modelo económico arcaico, el trueque, destruyendo la actividad económica del país al decretar la nacionalización de las industrias privadas. Pero lo que podría ser considerado como un fracaso del modelo económico castrista, el de transformar una economía floreciente en una verdadera ruina económica, como fue la destrucción de la industria azucarera en Cuba, y luego la de la industria petrolera en Venezuela, no es tal en términos de la lógica política castrista. Después de haber logrado el exilio de los sectores opuestos a la dictadura, queda una mayoría, el “pueblo”, convertido en masa dócil, que va acostumbrándose a la penuria, y que da su aval al poder a cambio de una bolsa de comida. Negociar, otorgando un espacio de democracia a la sociedad, significa ceder una parte de su “soberanía” y de su prepotencia. Así lo veo, lastimosamente sin solución.

ECL: Regis Debray, al pasar del pensamiento a la acción, al menos se destacó de la generalidad de intelectuales de la izquierda francesa, de tendencia “filotiránica”, que arrellanados en sus sillas académicas o desde las animadas mesas de los bistrots, donde nadie los persigue por sus ideas, siempre han pretendido hacer revoluciones a distancia en el tercer mundo, sea en Asia, Medio oriente, África o Latinoamérica, terminando éstas en genocidios como en Camboya y en tiranías como la cubana y la venezolana. Desde su punto de vista ¿qué es lo que pretendían y aún pretende esa “izquierda enceguecida”, como bien la denomina usted?

LD: La izquierda francesa ha conformado su imaginario político en la Revolución francesa y cree que todos los países deben pasar por esa fase con el fin de “emanciparse”. A ello se agrega la influencia marxista que ha sido muy fuerte en Francia en los años 60 y que conlleva la idea del “internacionalismo proletario”. También pesa el pasado colonialista de Francia y detrás de este, el mito del “buen salvaje” del siglo de las luces. El imperio colonial se vive hoy bajo la forma de la culpabilidad, lo que provoca un cierto sentimiento de condescendencia hacia los antiguos oprimidos por el colonialismo. En cuanto a América Latina, ésta le cae de maravilla, pues el antiamericanismo es una pasión que la izquierda radical francesa comparte con el castrismo.

Elizabeth Burgos y Laurence

ECL: Su madre se deshizo de las ataduras del castro-comunismo posicionándose como una crítica analista del proceso cubano. Elizabeth Burgos no cesa de escribir, alertando sin cesar sobre el modelo aplicado por Cuba en Venezuela ¿Acaso su padre le ha comentado algo en relación a cómo Cuba y Venezuela terminaron convertidas en dictaduras despiadadas y sangrientas?.

LD: A mi padre no creo que le importe mucho la dimensión represiva de los regímenes que se autocalifican de izquierda. Tal vez lo vea como una fatalidad de ese tipo de procesos. Porque el imaginario francés se divide entre aquellos que comulgan con el Club de Jacobinos cuyo presidente fue Robespierre, que desencadenaron el periodo del “Terror” y la otra corriente moderada, la de los Girondinos, opuesta al “Terror”.

Regis Debray y Laurence

ECL: En estos días, todos los diarios del mundo rememoran los cincuenta años de la muerte del Che Guevara y su fallida gesta en Bolivia, acompañado por Regis Debray, su padre. Siendo la hija de dos revolucionarios y habiendo sido entrenada en las filas de los “Pioneros” cubanos ¿Cómo pudo usted desconectarse del mito del Che Guevara, diseñado especialmente para la juventud?

LD: Nunca practiqué la adoración del mito del Che Guevara. Mis padres nunca me lo inculcaron, nunca tuvieron un retrato ni del Che ni de Fidel Castro en sus casas. He sabido que en el apartamento en el que vivían en La Habana, era el único en toda la isla en el que no habían fotos de Fidel ni del Che. Ellos no han sido parte del público que se alimenta de imágenes, ellos han sido actores políticos, gente de acción. Por el contrario, como mi vida transcurrió en parte en España, mi único héroe es Juan Carlos I, rey de España, al que dedique una biografía. El es uno de los actores políticos mas importantes del siglo XX, un héroe pacifico de la democracia. Como puede ver, no me atrae la épica heroica y trágica. Soy un producto de lo institucional. Como lo explico en mi libro el ejemplo de mis abuelos paternos cuenta mucho en eso. La historia de Francia tiene también muchos otros personajes importantes para escoger y seguir.

Che Guevara (centro) y Regis debray (derecha), Bolivia, 1967

ECL: Si bien usted describe a sus padres como “electrones libres propensos al ocultamiento”, mientras que se refiere a sí misma “en búsqueda de la claridad, la transparencia y un lugar”, sin especificar a cuál lugar se refiere ¿Existió o existe ese lugar? ¿Dónde está la luz y dónde la penumbra?

LD: Todas las generaciones piden rendir cuentas a las generaciones anteriores. Es un proceso normal y saludable. A veces, a ellos les cuesta mucho porque no han sido acostumbrados a rendir cuentas a nadie ni a justificarse ante nadie. Han pensado mas en la Historia que en su propio legado o en su descendencia.

ECL: Al leer su apasionante relato sobre las aventuras revolucionarias de sus padres y la búsqueda detectivesca de sus rastros en la historia política latinoamericana, le brinda el motivo para escribir sobre su exploración en busca de una identidad a través de una minuciosa descripción autobiográfica de su vida plena de nostalgias, alegrías, ganancias y pérdidas, queda pendiente una incógnita; ¿Quién es usted?

LD: Yo soy un producto de mi época, con preocupaciones conjugadas en tiempo presente. No tengo la pretensión de impactar el mundo, solo a veces de aclararlo. Tengo la suerte de haber crecido en un medio intelectual interesante y abierto, donde la democracia es un hecho inalterable, pero que siempre hay que cuidarla. La vigilancia política es una prioridad.

ECL: En su libro, usted cita una frase de Félicien Marceau que resume muchas páginas, por eso le pregunto ¿En cuál de los dos pisos vive usted?

“- En primer lugar, ¿cómo está?

–  Está bien.

– ¿Él es feliz?

– Es libre.

– ¿Es diferente?

– Es el piso de arriba”.

LD: En el piso de arriba …libre, desde luego. Una libertad que heredé de mis padres.

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No nos quedan más comienzos

Edgar Cherubini Lecuna

París, Octubre 2017

El historiador Yuval Harari (Sapiens, 2014; Homo Deus, 2015), augura para el mundo un escenario preocupante que debe llamar a la reflexión a todos los venezolanos conscientes: “Las tecnologías, el conocimiento y la información están ampliando las desigualdades entre una clase de superhombres con mayores capacidades y posibilidades y el resto de la humanidad, la casta de los inútiles”.

Esto ya es una realidad en Venezuela, ya que mientras otros países, muchos de ellos pequeños, sin petróleo ni fuentes de energía, se preocupan por invertir y desarrollar el conocimiento, retener y atraer a los mejores talentos, buscar la excelencia en sus campus universitarios, nutrir la cultura y las artes, potenciar la agroindustria, desarrollar start-ups, pequeñas y medianas empresas dedicadas a la innovación tecnológica, acelerar el desarrollo de las ciencias vivas, desarrollar energías alternativas, hacer emerger las ciudades del mañana mediante diseños urbanos sustentables, alentar economías de nicho, promover políticas públicas eficaces, empoderar al ciudadano, invertir en el desarrollo informático, en la investigación biomédica, en la gestión sostenible de los residuos, en fin, todo lo que esta civilización y en especial las sociedades democráticas están demandando de sus gobiernos, Venezuela, un gigantesco teritorio pletórico de recursos y de gente buena, se ha quedado rezagada de la economía global, de las nuevas tendencias del desarrollo, de la sociedad del conocimiento, de las innovaciones y en general de la creatividad necesaria para enfrentar los retos que representan los nuevos paradigmas de la civilización, ya que una casta de inútiles en alianza con militares y el crimen organizado nos ha retrocedido a etapas primitivas.

Desde el boom del petróleo en la década de 1970 hasta el presente, estos temas han desaparecido del imaginario político. Políticos y gobernantes, han obviado reflexionar y debatir sobre modelos desarrollo que no estén basados en la renta petrolera y en las importaciones, debido a que allí han estado y continúan estando las oportunidades de enriquecimiento de una casta privilegiada de arribistas, políticos y militares, asociados a cada gobierno de turno, siendo una de las causas que ha contribuido a la ruina en la que hoy se encuentra Venezuela.

Durante la presidencia de Chávez, asistimos perplejos, a la mayor elaboración en nuestros años de historia como nación, de la taumaturgia y la deificación de un Estado petrolero absolutista y rentista. Cuando conversamos con ciudadanos de otros países y les comentamos que Venezuela en el ejercicio de una sola administración obtuvo ganancias por el comercio del petróleo de US$ 800.000 millones, no salen de su asombro al enterarse del desesperanzador cuadro de pobreza, escasez, improductividad y marginalidad en todos los indicadores del desarrollo y la economía mundial que exhibe nuestro país.

El chavismo, aparte de entregar la soberanía a terceros, lo que hizo fue potenciar aún más el rentismo y la corrupción. El ingreso petrolero no se reinvirtió en lograr un desarrollo sustentable para lograr la independencia económica, industrial y productiva, mucho menos para sentar las bases de una sociedad del conocimiento. Tampoco se utilizó para empoderar al ciudadano para que éste emprendiera su propio desarrollo y progreso individual, por el contrario, se lo robaron y despilfarraron hipotecando el futuro del país, convirtiéndolo en un paria del progreso humano y a los ciudadanos en mendigos de las bolsas CLAP, eso si tienen carnet del PSUV.

Como lo afirma el pensador Buckminster Fuller: “No podrás cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, debes construir un nuevo modelo que haga obsoleto el modelo actual.”

La verdadera lucha es por un cambio de paradigmas. Entre los factores para lograr la reconstrucción del país y sacarlo del encasillamiento de ideas obsoletas, es imperativo reposicionarlo, hay que pasar de ser un petro-Estado rentista a un Estado emprendedor. La tarea más urgente es la de ensamblar las individualidades para reconstruir el escenario político venezolano, para posicionarlo en el mundo del siglo XXI. Recuperar la voz crítica de ideas, es recuperar la política, cada día que pasa se hace más urgente. En este presente desacertado y dramático, por encima de los cogollos partidistas y de la casta de inútiles surgen voces esperanzadoras que auguran nuevos liderazgos: “es la hora de reunificar a la nación, es la hora de avanzar, es la hora de una nueva conducción política”.

No debemos subestimar la capacidad de los venezolanos para reinventarse. Así como el TSJ legítimo comenzará a sesionar en el exilio, ya por lo menos un think tank ha comenzado a aglutinar los talentos de la diáspora para contribuir a la reconstrucción del país.

Mediante un franco reposicionamiento, en pocos años el país puede alcanzar el desarrollo. Esto solo será posible en democracia, con la participación y voluntad política de mentes lúcidas que decidan corregir el rumbo incierto que ha predominado hasta el presente. Habría que comenzar por superar la pobreza mental imperante durante todos estos años (no hablo solo del chavismo) y buscar un terreno común para el establecimiento de unas reglas de juego claras para salir del cul-de-sac donde nos han conducido.

De acuerdo con George Steiner “no nos quedan más comienzos”, por eso, a la esperanza hay que ponerle nombre, estrategias, conducción, ideas y programas, para hacer posible el renacimiento y la reconstrucción de la nación a la que aspiramos y merecemos.

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