El San Juan de invierno y el Niño Sol

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Adoración de los Reyes Magos, anónimo, Escuela Flamenca, Siglo XVI

El San Juan de invierno y el Niño Sol

Edgar Cherubini Lecuna

París, diciembre 2016

La naturaleza obedece a un Orden y a una Ley trascendentes. Ante esa fuerza generadora desconocida, albergamos el sentimiento de lo sagrado ante la vida y el universo. Los símbolos son vínculos entre el mundo manifiesto que percibimos y ese orden cósmico. Las alegorías y símbolos, activan las resonancias intuitivas que, en un momento dado y en condiciones psíquicas concretas, posibilitan un nuevo tipo de percepción, una lectura diferente de la realidad. La comprensión de un símbolo requiere de una íntima vivencia personal y provoca una «emoción”, “un encantamiento”, difícilmente comunicable.

En este sentido, el solsticio de invierno es un acontecimiento cuya simbología se remonta a las tradiciones culturales más antiguas de la humanidad. El solsticio es un evento astronómico que sólo dura un instante y según las previsiones realizadas por el Instituto de Mecánica Celeste (IMCCE) de Francia, ha sido pautado para que ocurra el 21 de diciembre, a las 10h44, y ese será el último día más corto del año. A partir de ese momento, los días comenzarán a prolongarse y la oscuridad a disminuir, la luz va a ser cada vez más intensa y la Tierra, en sus movimientos de translación y circunvalación comenzará a acercarse al Sol.

El calendario juliano estableció el 25 de diciembre como el solsticio de invierno en el hemisferio Norte y en 1582, el papa Gregorio XIII, aunque decretó el cambio al nuevo calendario, fijó la fiesta de Navidad el 25 de ese mes. No es una coincidencia que el solsticio de invierno y la celebración del nacimiento del niño Dios se den en estos días. Navidad viene del latín nativitas, que significa «el aniversario de un retorno», es decir, del renacer del Sol, el Sol Invictus. En efecto, a partir de esa fecha el sol renace en todo su esplendor y los días comienzan a ser más largos.

El símbolo cósmico puede haber mutado en su significado de una civilización a otra, pero siempre ha conservado su esencia a pesar de las variaciones culturales. Por eso es interesante revisar la simbología asociada con las celebraciones de los dos San Juan. El día más largo correspondiente a la fiesta de San Juan Bautista y coincide con el solsticio de verano, que se celebra en Venezuela con los tambores de Barlovento el 24 de junio, y el día más corto del año es la fiesta de San Juan el evangelista llamado el solsticio de invierno la noche del 24 de diciembre o días antes.

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Esa celebración tiene sus orígenes en la antigua Roma, con la tradición de las fiestas de Janus, el dios de dos caras. Janus significa Janua «puerta de acceso», es el dios de las puertas, de los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que derivó de su nombre del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a enero. Las representaciones del dios, lo describen con dos rostros, uno que mira al pasado y otro que observa el futuro. Los romanos celebraban la fiesta de Janus, el que «abre» y «cierra» las puertas del ciclo anual. Después de la cristianización de los mitos paganos, los dos Juanes tomaron el lugar de Janus.

Las celebraciones con sus ceremonias y rituales como los de Navidad y Año Nuevo, son la respuesta a la búsqueda y necesidad profunda como ser humano de renacer, de poder empezar de nuevo su vida, como sucedía en los antiguos rituales ante los ciclos renovadores de las estaciones, donde las culturas agrarias percibían en la naturaleza y en la lectura de los astros el sentido de su permanencia y supervivencia en el mundo.

El San Juan de invierno, que simboliza el renacimiento del Sol invencible o el Sol que renace o el Niño Dios en la fe cristiana, aparecen en el corazón de la noche más larga del año, para marcar su fin y dar inicio al ascenso de la claridad, de la victoria de la luz sobre la oscuridad. Es el renacimiento del amor, de la generosidad, de recomenzar la vida con nuevos propósitos, de unirse y conjugar una alta dosis de fe en el triunfo de la razón, de ordenar el caos y hacer frente a las dificultades con rigor y coraje, tener confianza en si mismo y, lo más importante, transmitir esperanza. Navidad significa el renacimiento de la esperanza.

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En este preciso instante

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Harold Lloyd, Safety Last! (1923)

En este preciso instante

Edgar Cherubini Lecuna

París, Octubre 2016

Al reflexionar sobre la naturaleza del tiempo, San Agustín concluye que “no hay tiempo que sea del todo presente a la vez», lo que ocurre es que «el pasado y el futuro son creados y ambos fluyen de lo que es siempre presente» (Las Confesiones, S. IV).

Según la ciencia, el “tiempo” es una medida física denominada “magnitud” con la que un observador mide la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, esto es, el período que transcurre entre el estado o instante X y el estado o instante X1, es decir cuando el observador registra una variación perceptible.

La vida está hecha de tiempo. En Occidente, asumimos un concepto de tiempo lineal. De allí que sea común escuchar que “el hombre es la medida del tiempo”. La vida, esa “sucesión de ahoras” como la definía Aristóteles, es para nosotros una carrera contra el tiempo, donde acarreamos con el pasado (a veces como una pesada carga), mientras somos acicateados por la incertidumbre de un futuro que desconocemos, que no existe, así como el temor al “no tiempo”, es decir, a la muerte, al vacío, a la nada.

San Agustín, concluye que el tiempo es un fenómeno interior: «(…) ¿Quién hay que niegue que no existen aún los futuros? Sin embargo, ya existe en el alma la espera de cosas futuras. Y ¿quién hay que niegue que las cosas pasadas ya no existen? Sin embargo, existe todavía en el alma la memoria de cosas pasadas. Y ¿quién hay que niegue que carece de espacio el tiempo presente, ya que pasa en un instante? Y sin embargo, perdura la atención por donde pasa».

Acerca de la naturaleza del tiempo, Kant afirma que “el tiempo es una de las formas de nuestra sensibilidad, de la manera como estructuramos, como ensamblamos la materia bruta de las sensaciones para hacerla inteligible, para darle sentido, una forma universal y necesaria.

Para Jorge Luis Borges, la visión del tiempo adquiere otras dimensiones: «El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego» (Nueva refutación del tiempo, 1952). ¿Querrá decir con esto que el mundo y nosotros somos una misma cosa y que el tiempo no es más que una construcción ficticia?

Sobre esto último, es interesante observar que para algunas culturas indígenas del Amazonas y las que pudieron sobrevivir al expolio y extinción a las que fueron sometidas en los Estados Unidos, el tiempo vital no es visto como una progresión lineal. El lingüista Benjamin Lee Whorf (Lenguaje, pensamiento y realidad, 1956), quien estudió a fondo la lengua Hopi de los indígenas americanos que aún habitan al noroeste de Arizona, antepone la concepción que éstos tienen del tiempo a la de científicos y filósofos. Las lenguas indoeuropeas, según Whorf, utilizan un «tiempo espacial», que se registra de manera similar a cómo se cuenta el espacio. La lengua Hopi, según Whorf, “no contiene palabras, formas gramaticales, construcciones o expresiones para referirse directamente a lo que nosotros llamamos tiempo, ni explícita ni implícitamente”.  Todo aquello que es accesible a los sentidos, no distingue entre pasado y futuro. Los Hopi viven en un continuo presente.

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Indígenas Hopi

Para la inusitada visión del mundo de Gaston Roupnel (Siloë, 1910), el tiempo solo tiene una realidad, la del instante. “El instante que se nos acaba de escapar es la misma muerte inmensa a la que pertenecen los mundos abolidos y los firmamentos extintos. Y, en las propias tinieblas del porvenir, lo ignoto mismo y temible contiene tanto el instante que se nos acerca como los Mundos y los Cielos que se desconocen todavía”.

Ese continuo fluir del tiempo y de todo el universo en conjunto, es analizado desde otra perspectiva por el filósofo japonés Daisaku Ikeda (Life an Enigma,1982), en su libro sostiene que si profundizáramos en “este instante” de nuestra vida, nos daríamos cuenta que contiene todos los recuerdos del pasado, incluidos los espirituales y los físicos, contiene por igual todas las esperanzas, todas las expectativas, los deseos y las potencialidades del futuro. En realidad, en un momento dado, en cualquier instante, nuestro cuerpo contiene toda la información fisiológica que utilizaremos en el futuro, las cinco mil millones de moléculas de ADN, dotadas de la información que necesitamos para vivir en el siguiente instante. Y es que todas nuestras experiencias están contenidas a cada instante de nuestra vida, las vivencias físicas están grabadas en las células y órganos, nuestros sentimientos, tanto conscientes como inconscientes, están almacenados en nuestro cerebro.

Según Jung, poseemos en nuestra memoria colectiva la historia de la humanidad. En esto coincide Daniel Goleman (Inteligencia emocional, 1996), cuando afirma que algunas de nuestras reacciones cotidianas, en especial el miedo y la agresividad, tienen su origen en las emociones registradas a través de cincuenta mil generaciones.

El budismo plantea que al ser uno con el universo, acumulamos en nuestra vida la energía del cosmos. Es decir, contamos con potencialidades indecibles para vivir el siguiente instante. Nuestros deseos, esperanzas y ambiciones son poderosas fuerzas que existen en nuestro interior para construir el futuro. Por eso, no se puede decir que el presente esté separado del pasado o del futuro.

Por su parte, Bergson aporta una hermosa definición, al comparar la vida de cada individuo con una melodía: «¿Se ha pensado, sin desnaturalizarla, acortar la duración de una melodía? La vida interior es esta melodía misma” (El pensamiento y lo moviente, 1934).

Gastón Bachelar (La intuición del instante, 1987), acierta al decir que “es nuestra intención la que en verdad ordena el porvenir, como una perspectiva cuyo centro de proyección somos nosotros. Es preciso desear, es preciso querer, es preciso alargar la mano y andar para crear el porvenir. Tanto el sentido como el alcance del porvenir están inscritos en el propio presente. El porvenir no es lo que viene hacia nosotros, sino aquello hacia lo cual vamos”. En este preciso instante y según la actitud que adoptemos, construimos nuestro futuro.

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James Baldwin, nada personal

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James Baldwin, Saint-Paul-de-Vence, 1980

Nada personal

Edgar Cherubini Lecuna

París, Abril 2016

“Tenemos que ser tan lúcidos como sea posible acerca de los seres humanos, porque cada uno de nosotros, continúa siendo la única esperanza del otro”, le responde James Baldwin a Margaret Mead durante el diálogo que ambos sostuvieron en New York en 1970. Mead, a sus setenta años disfrutaba de un merecido éxito académico y Baldwin, quien para ese momento contaba 46 años, era un hombre en busca de si mismo a través de la escritura. Seis años antes, había aumentado su notoriedad como escritor con el libro Nada personal, obra realizada en colaboración con el fotógrafo Richard Avedon, taxidermista a la hora de retratar el entorno social, ilustrando así la descarnada descripción que hace Baldwin de una sociedad excluyente en la nació y creció. Un texto impecable donde vemos retratados el tormento y mérito de un hombre que contra todas las adversidades persistió en buscar su propia redención, ayudando en su adversidad a levantar los corazones de otros para que perseveraran en su lucha por la dignidad.

Esto lo escribo, al releer el libro Nada personal (Nothing Personal, C. J. Bucher, Lucerna, Suiza, 1964), que he tenido siempre a mano desde la fecha en que lo compré en 1974.  Revisitar a Baldwin significa toparse con el pensamiento de un escritor universal, en el sentido de que su discurso encaja en cualquier sociedad que se encuentre polarizada o crispada por la intolerancia: “¡Esta gente está todavía encerrada en su pasado! Y estar encerrado en el pasado significa en realidad no tener pasado, puesto que uno no puede nunca fijarlo ni utilizarlo: y si no se puede utilizar el pasado, no se puede actuar en el presente, y por ende no se puede ser libre”.  Baldwin insiste en señalar, “Si una sociedad permite que una parte de sus ciudadanos sea amenazada o destruida, pronto no habrá nadie en esa sociedad que quede a salvo. Las fuerzas así desatadas en un pueblo nunca pueden ser controladas y siguen su curso devastador, destruyendo los mismos fundamentos que creían poder salvaguardar”. Por eso alerta: “La más peligrosa creación de una sociedad, es el hombre que no tiene nada que perder”.

James Baldwin (1924–1987), nació y se crió en la pobreza del barrio Harlem en Nueva York, que en esa época era un odioso gueto de gente aislada y marginada producto de la segregación racial. Fue el mayor de nueve hermanos en un hogar miserable precariamente sostenido solo por la madre, nunca conoció a su padre.  Desde niño sufrió los rigores de la exclusión social. A los 17 años dejó su familia para hacer trabajos menores en el barrio bohemio de Greenwich Village, donde vivió mientras trabajaba en las casas de los artistas del vecindario, allí comenzó su pasión por escribir y de esa época data su colección de relatos. En 1948, a los 24 años y sin contar con medios de subsistencia, decidió irse a vivir en París, en búsqueda de su identidad como negro norteamericano y como artista, lejos de las heridas producidas por el racismo y para poder sentirse libre de escribir sobre la sociedad a la cual pertenecía aunque algunos se lo negaran. La bibliografía de Baldwin es extensa: ensayos, críticas, libros y obras de teatro sobre un país que amaba profundamente a pesar de sentirse excluido. En 1957 volvió a Estados Unidos para participar activamente en el movimiento por los derechos civiles que había comenzado dos años antes con las protestas contra la segregación hacia los negros en los autobuses públicos, después del arresto y juicio de Rosa Park.

“Todo aquel que haya tenido que luchar en medio de la pobreza sabe lo extremadamente costoso que es ser pobre”, declaró en una oportunidad. Fue un humanista cabal que durante toda su vida luchó por la dignidad que todo ser humano debe poder ejercer a diario. Defendió sus derechos y el de los negros americanos, en medio de la más cruel exclusión, sin que en ningún momento mostrara odio o resentimiento. En todo momento esgrimió sus valores humanistas y su integridad como persona amante de la libertad.

Baldwin, quien desde su infancia sufrió en carne viva la segregación racial y la pobreza extrema, se preguntaba por el significado de las palabras que a usamos diario hasta el desgaste. “Realmente no me gustan palabras como «artista» o “responsabilidad” o «integridad» o «coraje» o «nobleza.» Tengo una especie de desconfianza de todas esas palabras porque no se muy bien lo que quieren decir, y menos aún de lo que realmente significan palabras como «democracia» o «paz» o «amante de la paz», o «guerra» o «integración». Y sin embargo, uno se ve obligado a reconocer que todas estas palabras son imprecisos intentos que realizamos para llegar a la realidad que vive detrás de cada una de ellas. Al final de cuentas, hay una cosa llamada integridad. Hay una cosa llamada nobleza. Hay una cosa llamada coraje. Lo terrible es que la realidad detrás de estas palabras depende en última instancia de lo que todos y cada uno de nosotros creamos que realmente representan. Lo terrible es que la realidad detrás de todas estas palabras depende de decisiones que uno tiene que tomar, por los siglos de los siglos, todos los días».

Esta última cita la extraje de la lectura crítica “James Baldwin The Creative Process”, sobre la antología de ensayos de Baldwin “The Price of the Ticket” que hace Maria Popova, editora del semanario Brainpickings, quien toma prestada una frase de Cummings para referirse a este novelista, ensayista, crítico cultural, poeta, artista y dramaturgo: “desaprendió todo lo que había aprendido, con el fin de conocerse a sí mismo”.

Baldwin, representa la agonía de una época convulsa para los negros americanos, pero también el mérito de haberse salvado tratando de iluminar a otros. “La mayoría de las personas viven en la oscuridad casi total; millones de personas que no te conocen y a las que nunca verás; personas que pueden intentar asesinarte mañana, viven en una oscuridad que nadie puede definir, pero que, a fin de cuentas, tu eres responsable de iluminar”.  

En estos tiempos de oscuridad e intolerancia, vale la pena volver a leer Nada personal.

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La asfixia de las palabras

La asfixia de las palabras

Edgar Cherubini Lecuna

París, marzo 2015

Sin libertad de expresión no hay democracia, ya que ésta condiciona el ejercicio de los demás derechos. En Venezuela, quedan muy pocos medios independientes que mantienen un manejo plural de las ideas y de la información, ya que son asediados y amenazados por un régimen que ha logrado monopolizar prácticamente todas las comunicaciones, controlando, cerrando o comprando a los medios privados, estableciendo una hegemonía comunicacional.

En los últimos 11 años, el gobierno ha neutralizado todos los medios críticos, no sólo con mecanismos jurídicos y financieros, sino mediante amenazas, ataques, encarcelamiento y persecución de periodistas, cierre de medios privados y la estatización casi total de las telecomunicaciones. Los medios del Estado no permiten ninguna expresión de descontento popular o críticas a la gestión gubernamental, censurando las noticias que puedan vulnerarlo. Esto ha venido desarrollándose desde el 2003, cuando el presidente Chávez consideró a los medios de comunicación privados como “enemigos del proceso revolucionario”, concretándose sus amenazas en el 2007, con el cierre de RCTV, seguido de varias decenas de emisoras de radio privadas. A los que no cerró, los amenazó con retirarle la concesión. Al periodista crítico se le trata de enemigo y traidor o se le tilda de terrorista, dejando la puerta abierta para agresiones por parte de los grupos paramilitares y otros órganos represivos.

La comunicación totalitaria

Los elementos del nuevo orden hegemónico comunicacional con los que el gobierno proyecta una “verdad oficial” o una “visión única” de la realidad del país, se pueden resumir así: 1. Intervención del Estado en los medios. 2. Exclusión de actores políticos críticos de los medios públicos. 3. Legislación que controla y limita la libertad de expresión. 4. Asfixia económica de los medios independientes al negarles publicidad oficial. 5. Cierre de fuentes informativas. 6. Negación y ocultamiento de  información sobre la gestión pública. 7. Manejo de mecanismos de censura y autocensura. 8. Intimidación judicial, amenazas y agresión a medios y periodistas. 9. Discriminación contra los medios críticos en eventos oficiales. 10. Impedimentos para adquirir papel para los diarios independientes. 11. Intimidación y expulsión de periodistas extranjeros. 12. Exposición al odio público de periodistas críticos y opositores a través de los medios de comunicación del Estado, haciendo públicas grabaciones obtenidas de manera ilegal, entre otras prácticas.

Sobre esto último, el presidente de la SIP Gustavo Mohme, denunció ante ese organismo: «Bajo la excusa de amenazas terroristas, seguridad nacional o de secreto de Estado utilizan sistema de vigilancia y espionaje para neutralizar al periodismo y sus ciudadanos críticos».

“Asfixia casi total de la libertad de expresión en Venezuela”

El pasado 16 de marzo, las agencias de noticias recogieron en sus titulares la dramática expresión de Asdrúbal Aguiar, Vicepresidente regional de la SIP, al presentar su informe sobre la libertad de expresión en Venezuela: “Asfixia casi total de la libertad de expresión en Venezuela”, afirmó, para luego agregar, “la hegemonía comunicacional de Estado es un hecho consumado”.  Según Aguiar, “la tarea periodística, eje fundamental de la vida democrática, se torna en empresa de alto riesgo. La información se considera secreto de Estado y se reduce a lo que declaran a su arbitrio, sin interpelación, verificación o contrastación, los distintos funcionarios. La censura previa toma cuerpo y doblega las líneas editoriales. Es criminalizada y judicializada toda forma de expresión e información disidente. La propaganda oficial ideológica y proselitista hace presa de la opinión, copa los horarios estelares de la programación radial y de televisión y recrea, a través de sus repetidas cadenas oficiales o presidenciales, un efectivo black out informativo”.

Con razón, Reporteros sin Fronteras (RSF) en su Informe mundial sobre Libertad de Prensa 2015, ubica a Venezuela en el puesto número 137 de 177. A partir del puesto 115 se enciende la alerta roja de los DDHH en los países allí reseñados.

Las palabras, como los hombres, sufren y mueren

La comunicación es palabra, pero también es acto, gesto. Incluso el gesto de amenaza posee una topografía mental plena de significados. De allí que Lacan, se pregunte: “¿Qué es un gesto de amenaza? No es un golpe que se interrumpe, realmente es algo que se hace para detenerse y quedar en suspenso. Quizás después lo lleve a cabo hasta el final”. Así lo sentimos los venezolanos, el suspenso ante la amenaza de la agresión, “detenida” a veces, pero que se producirá en cualquier momento. Según Lacan “las armas también son gestos”. De allí que la amenaza del uso de las armas y los grupos paramilitares del régimen tienen la misma connotación, actúen o no contra los ciudadanos. Debido a sus significados y significantes de destrucción, muerte y terror social, forman parte estructural de un lenguaje totalitario.

En Venezuela, todos los medios públicos son instrumentos de propaganda ideológica de la dictadura militar, disfrazada o no de democracia, que bajo el tutelaje cubano implantó Chávez y continúa ejerciendo Maduro, cuyo objetivo es el de estrangular la libertad de pensar y de hablar, pues en ese país, las palabras pueden significar prisión, tortura y muerte. La única voz en los medios es el lenguaje reduccionista, altanero, vulgar y onomatopéyico del régimen. Es un lenguaje pervertido que conduce a la sociedad a espacios pre-políticos, pre-sociales, por no decir salvajes. El lenguaje político fue demolido, por eso, la democracia y su sistema de libertades y derechos, de progreso individual y colectivo se extinguen junto con éste. Sucede entonces la muerte por asfixia del lenguaje, el fracaso de la palabra y su sentido. Arthur Adamov escribió: “Las palabras, centinelas del sentido, no son inmortales ni invulnerables. Las palabras, como los hombres, sufren. Unas pueden sobrevivir, otras no tienen salvación y mueren. Gastadas, raídas, vacías, las palabras se han vuelto esqueletos de palabras, palabras fantasmas”.  Pero, frente al mal y el silencio que éste impone, el individuo es impulsado a afirmar su humanidad y su dignidad armado de palabras, como un dictado infalible de su propia supervivencia espiritual, moral y cultural en el ejercicio de su libertad.

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Supervivencia en la selva

Supervivencia en la selva

Edgar Cherubini Lecuna

París, febrero de 2015

Charles Brewer-Carías (1938) es el autor del más importante inventario de etnobotánica del Amazonas que se haya publicado hasta la fecha. Se trata del libro “Desnudo en la selva”, estudio pormenorizado de los métodos de subsistencia de los indígenas de las etnias Ye’kuana y Yanomamö, combinando su propia investigación y experimentación de los rigores que implica la supervivencia en ese entorno durante mas de 55 años de exploraciones.

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Charles Brewer-Carías

Es un libro indispensable para pilotos y expedicionarios o para el que se vea obligado a subsistir en medio de la Amazonía durante días, meses o años. Pero lo más importante es que dicho libro hace comprensible, al catalogarlo y describirlo al detalle, algunos aspectos fundamentales del conocimiento ancestral de las etnias Ye’kuana y Yanomamö sobre un universo vegetal de más de 250.000 Km2 de las selvas que comprenden el estado Amazonas y el macizo Guayanés.

El lector encontrará una información pormenorizada de cada una de las especies vegetales y sus frutos que proporcionan alimento y sustento, en especial toda la familia de palmas, ya que éstas brindan diversos recursos alimenticios y otros usos prácticos.  Las plantas textiles constituyen un recurso indispensable en la selva, pues sus cortezas, fibras y lianas se emplean desde hace miles de años para fabricar cestas, hamacas y cordelería de diferentes calibres. 

Cada una de las especies capaces de alimentar y proporcionar útiles para la supervivencia, son presentadas debidamente ilustradas con fotografías de la planta, las semillas y los frutos, así como en siluetas que contemplan la escala humana en relación a la especie vegetal, de manera de poder identificarlas en la manigua. La didáctica del impecable apoyo gráfico, va acompañada de una explicación detallada de las técnicas para aprovechar el alimento de la planta, o el agua de los bejucos, necesarios para sobrevivir.  El manual especifica los insectos, reptiles, mamíferos y en general todos los animales aprovechables mediante la caza, la pesca, la colecta o la utilización de trampas. Otro recurso indispensable es el cómo hacer fuego a la usanza de los Ye’kuana y Yanomamö, para cocinar lo recolectado, aún cuando larvas, gusanos y lombrices pueden ingerirse crudos y son una excelente fuente de proteínas.  En suma, el libro contiene una detallada información vital para el que se encuentra en medio de ese universo vegetal, denominado por el autor “la bodega de la selva”. 

Un aspecto interesante del libro se refiere al primer encuentro de Brewer con la cultura Ye’kuana.  En 1960, a los 22 años de edad, recién graduado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se traslada a las cabeceras del río Erebato para realizar un estudio sobre la antropología dental de los Makiritares.  El testimonio de Ramón Tomedes, capitán de una comunidad Ye’kuana del río Caura, en Guayana, lo describe así:  “Yo era un niño en esos años cuando conocí a Charles, sin embargo recuerdo el día en que Gervasio, en ese entonces el capitán del poblado en el que se encontraba Brewer, le espetó en su cara: “tu para nosotros eres tan desvalido como un niño” (amödö sichu kua’kö), “no sabes hacer nada”.  Desde ese momento, Brewer se dedicó a preguntar y aprender cómo vivíamos, a conocer y hablar nuestra lengua y nuestra música, de cómo fabricar una curiara, a distinguir en la selva lo necesario para subsistir, hasta que se convirtió en un “sotto”, es decir, en un hombre, en el sentido de saber lo que una persona necesita para vivir en la selva”.

El significado de “Sotto”, se encuentra en el libro “Introducción a la cosmovisión de los indios Ye’kuana–Makiritare”, del antropólogo Daniel de Barandarian, estudio fundamental para entender dicha cultura.  Allí, el autor afirma: “El más importante concepto psicológico de un Ye’kuana es ver en la “persona Sotto” la energía vital humana que le permite estar en sintonía con el mundo existente y en especial con las otras personas de su grupo. Los niños aún no son “sotto” porque dependen de otros para sobrevivir. Los “nabë”, los forasteros que no viven en la selva, no son “sotto” porque para subsistir tienen que comprar lo que necesitan.  Un “sotto” se vale de sí mismo para vivir y recrearse en el mundo. El “sotto” decide por sí mismo entre el bien y el mal”. Pero lo más significativo es que un “sotto” conoce la prerrogativa fundamental del espíritu humano: la libertad o “Yaamadi”.

Ramón Tomedes, consciente de la importancia de este compendio para la subsistencia en el bosque tropical, ha pedido a Brewer que lo edite en lengua Ye’kuana, para que los jóvenes de su etnia aprendan y atesoren la riqueza botánica de la selva, vivan dignamente y no se dejen tentar por el llamado de la ciudad o sean reclutados para trabajar en las minas donde cambian su libertad por una esclavitud insalubre.

La lectura del libro ha coincidido con inquietantes noticias en relación a esos territorios, aparecidas recientemente en la prensa. Los que conocemos la región y hemos convivido con sus indígenas, no podemos dejar de reflexionar y alertar sobre los peligros que los acechan.  El Amazonas venezolano forma parte del pulmón verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo.  Sus bosques pluviales tienen una antigüedad de 75 millones de años y sustentan el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para todo el planeta.  Sin embargo, es lamentable el estado de ingobernabilidad de esos territorios, donde la guerrilla colombiana ha establecido campamentos y los garimpeiros o mineros ilegales arrasan indiscriminadamente la selva utilizando mercurio en el proceso de extracción del oro, perjudicando los suelos y envenenando los ríos, utilizan a los indígenas como guías, los esclavizan en las minas o los hostigan y asesinan.

El hombre blanco modifica la estructura mental y social del indígena, igualmente los aleja de su sistema natural de supervivencia. Pienso que la ideologización también es una forma de etnocidio cultural.

Jóvenes Yanomamö con semillas comestibles de Aguacatillo (Ocotea rubra) 

Pero lo más temible es que el régimen chavista ha puesto en  marcha una rebatiña orquestada por intereses muy poderosos que buscan la progresiva ocupación de esos territorios y de sus riquezas naturales. El presidente Maduro, por la vía habilitante, aprobó la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), cuya administración soberana sobre una región otorgada en concesión, será ejercida por el inversionista extranjero o la organización designada por los militares, en una rebatiña donde participan diversas multinacionales. Esto está ligado a la implementación de un renglón del llamado Plan de la Patria, denominado Arco Minero del Orinoco y a una nueva Ley de Fronteras que permitirá a multinacionales extranjeras, actividades de explotación minera, petrolera, forestal y otros desarrollos en territorios indígenas, parques nacionales, reservas forestales y de biosfera extremadamente vulnerables.

Los socialistas salvajes del siglo XXI y sus corporaciones criminales se encaminan a ocupar los territorios Ye’kuana y Yanomamö diezmando estas culturas que han sobrevivido en sus selvas por miles de años y que constituyen un reservorio de la sabiduría ancestral de la humanidad.

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El tirano y su servidumbre

“Si un tirano es un solo hombre y los subyugados son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?”.  –  Étienne de La Boétie

El tirano y su servidumbre

Edgar Cherubini Lecuna

París, febrero 2015

Étienne de La Boétie (1530-1563), escribió el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” (Discours de la Servitude volontaire) a la edad de 18 años, un escrito panfletario contra el rey Henri II. El tratado, de gran erudición, fue escrito alrededor de 1549, año que coincide con la represión y masacres de campesinos en Guyenne, al suroeste de Francia, que se habían sublevado contra el impuesto a la sal ordenado por el rey.

Desde su aparición, el libro fue adoptado por diferentes movimientos contestatarios no solo en Francia sino en toda Europa. Los líderes de la Revolución Francesa lo hicieron circular bajo el título “Las cadenas de la esclavitud”. Durante la ocupación nazi en Francia el libro fue prohibido, pero a pesar de ello se imprimieron miles de ejemplares que se repartieron clandestinamente.

¿Por qué este pequeño ensayo, escrito por un joven indignado del siglo XVI, hace temblar a los tiranos?  La respuesta está en lo que el autor afirma:  “Si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud? El que gobierna tiránicamente sobre ustedes, posee solamente dos ojos, solamente dos manos, solamente un cuerpo; en verdad no posee nada más que el poder que ustedes le confieren para destruirlos. ¿Dónde ha adquirido él ojos suficientes como para espiarlos, si ustedes no se los proveen por sí mismos? ¿Cómo puede tener él tantos brazos con los cuales golpearlos, si no los toma prestados de ustedes? Los pies que pisotean vuestras ciudades, ¿de dónde los obtiene si no son los vuestros?».   

Sobre la tiranía y los vicios políticos que ésta genera, La Boétie afirmó sin ambages: “los tiranos se crecen sobre la servidumbre voluntaria de sus súbditos. No hay rey sin súbditos, no hay tirano y no hay dictador sin masas resignadas”.  Para él, existe una matemática de la dominación a la que llama “cadena de obediencia social”, mediante la cual el tirano no necesita enfrentarse directamente a la masa que desea dominar. Mediante un modelo piramidal, utiliza a unos para dominar y tratar despóticamente a los que están debajo de éstos, quienes a su vez dominan a sus subordinados y así se va multiplicando su poder.  

Desde que comenzó a circular, el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” ha sido fuente de inspiración para aquellos que luchan por la libertad y se baten contra la opresión, la explotación, el abuso de fuerza, la corrupción y toda mitificación del poder.  En 1558 Montaigne, contemporáneo de La Boétie, autor de los conocidos Ensayos que han influido desde entonces en la filosofía y el pensamiento de occidente, interesado en saber quién era el autor del Discurso, viaja a Bordeaux donde La Boétie ya era magistrado a los 24 años de edad, dicho encuentro significó el inicio de una intensa amistad y una nutrida correspondencia política.

La Boétie anticipa la filosofía política de los pensadores de la Ilustración quienes sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, aunque en el siglo XXI aún suframos ese déficit.

En sus páginas, La Boétie no cesa de afirmar que “es la obediencia la que hace poderoso al tirano”. De allí que el autor nos plantea descifrar un enigma político: “no es el poder el que crea la obediencia, sino que es la obediencia la que crea el poder”, preguntándose con indignación: “¿Cómo las personas, pueden ser dominadas o, aún más, servir con fervor a quien las desprecia y oprime?. Es un hecho enigmático la capacidad de soportar, aceptar e incluso amar su servidumbre, hasta tal punto en que algunos la perciben como si fuera su salvación. ¿Por qué una enorme masa de decenas de miles se somete a la voluntad de un hombrecito mediocre?”.

Severine Auffret, en su libro «Comète» (ed. Milles et une nuit, 1995), donde traduce a La Boétie en francés moderno, sostiene en sus notas que “los conceptos de ‘dominación’ y ‘servidumbre’ del autor, sitúan al tirano no solo en una categoría política sino ‘mental’ y hasta ‘metafísica’, ya que esta relación de dominación y servidumbre, para darse en la sociedad, primero se instaura en lo más íntimo de la conciencia del individuo”.  La respuesta a este desacierto la da el mismo La Boétie: «La libertad, más allá de ser un ideal a conquistar, es una actitud”.

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