Francis Bacon, Tres estudios para un retrato de George Dyer, 1963

Francis Bacon o el desmembramiento de las certezas

Edgar Cherubini Lecuna

París, Mayo 2017

El mercado de arte contemporáneo continúa apostando por Francis Bacon. El 17 de mayo, los coleccionistas acudieron a la subasta Christie’s en Nueva York, atraídos por el tríptico, Tres estudios para un Retrato de George Dyer, siendo adquirido por la suma de US$ 51,7 millones.

En noviembre de 2013, un coleccionista pagó 142,5 millones de dólares por otro tríptico del pintor: Los tres estudios de Lucian Freud, convirtiéndose en el cuadro más costoso subastado hasta la fecha.

Dichos retratos obedecen a la íntima amistad de Bacon con ambos modelos. En 1951, Bacon realizó un retrato de su amigo Freud, identificando por primera al modelo en el título de sus obras, como para que no quedara duda de la identidad de ese rostro en trance de desdibujarse. Más tarde explicaría la brusquedad con la que, desde entonces, desechó los convencionalismos y apariencias del retrato: “La mayor parte de un cuadro siempre es convención, apariencia y eso es lo que intento eliminar de mis cuadros. Busco lo esencial, que la pintura asuma de la manera más directa posible la identidad material de aquello que representa. Mi manera de deformar imágenes me acerca mucho más al ser humano que si me sentara e hiciera su retrato, consigo una mayor cercanía mientras más me alejo”, escribió Gilles Deleuze en 1984 (Francis Bacon. Logique de la sensation). El pintor figurativo Lucian Freud, nieto de Sigmund Freud, representa junto a Bacon la corriente del retrato conceptual.

La historia con George Dyer que se inicia en 1963, es más compleja y escabrosa. Dyer era un delincuente oriundo del East End en Londres, un joven que detrás de su contextura atlética escondía una mente torturada y vulnerable. Según amigos cercanos, Bacon lo conoció una noche en que sorprendió a Dyer robando en su estudio, pero en su borrachera, en vez de enfrentarlo o llamar a la policía, hizo amistad íntima con él. Desde entonces se convirtió en su modelo hasta el día en que se suicidó en París en 1971, después de una discusión con el pintor.

George Dyer, 1963

Michael Peppiat, otro de sus amigos y autor de la biografía Francis Bacon; Anatomía de un enigma, lo describe así: “Encantador y seguro de sí mismo, con una vena sadomasoquista, llevó una vida siempre encaminada a los extremos”. Peppiat describe los excesos del pintor, su fascinación por Proust, T.S Eliot, Tiziano o Velázquez, así como su atracción por lo mundano, que lo convirtieron en una leyenda entre las mujeres de los clubes nocturnos londinenses, sus borracheras y orgías sexuales con mujeres y hombres.

En desciframiento del enigma Bacon, Peppiat desnuda las compulsiones del artista, refiriéndose a su inusitada pasión de observar los animales para comprender y plasmar en sus lienzos al hombre, como ser instintivo e inhumano. Para Bacon, “la civilización encubría una maraña de furia y bramidos de miedo escondidos en la mayoría de los seres humanos”.

En el valioso ensayo de Adolfo Vásquez Rocca, Francis Bacon. El cuerpo como objeto mutilado, el autor analiza el discurso con el que Francis Bacon, durante más de medio siglo, fue creando una serie de cuerpos crucificados, contorsionados, mutilados, deformes, con rostros en el límite de la desaparición, que lo conviertieron en un referente crucial de la pintura posterior a la Segunda Guerra Mundial: “Cuando los basamentos modernistas parecieron desfallecer, Bacon pone de manifiesto el choque de fuerzas que se origina en el mundo occidental: por un lado la vertiente racionalista, por otro, la vertiente organicista, en el centro Bacon, sosteniendo en espacios ascéticos los cuerpos que se desmembran en esa lucha por la fijeza, por la estabilidad jamás conseguida”.

Bacon desacraliza el cuerpo humano, pintando lo abyecto e innoble que mora en el interior del individuo, eso mismo que los totalitarismos del siglo XX han extraído de lo más oscuro del corazón de los hombres.

En los retratos conceptuales pintados por Bacon, el rostro humano es representado en plena disolución, con la intención de que, apenas sea reconocida la identidad del sujeto, sus rasgos, su yo, éstos comienzen a borrarse, a desdibujarse.  Los rostros clamando a la nada y las figuras desmembradas o animalizadas que Bacon pinta con obsesión serial, representan el dolor y el horror del siglo XX. A la vez repulsiva y fascinante, la obra de Bacon refleja el desmembramiento de las certezas del mundo actual.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

 

Anuncios

 

 

Venezuela

La tiranía y el manto de Dios

Edgar Cherubini Lecuna

París, Mayo 2017

No hablamos de un hecho milagroso o sobrenatural, sino del sentido de la oportunidad en política y la visión de que se trata del manto de Dios. Esta historia nos remonta a la ocupación soviética en la Alemania del Este (RDA) y el muro erigido en 1961 a instancias del Partido Socialista Unido Alemán, para separar en dos su país, lo que convirtió a la RDA en una carcasa de horror y vilezas, producto de un Estado militarizado, un régimen policial y represivo que, basado en la coerción, la amenaza, el espionaje de la vida privada, la represión, los asesinatos y la tortura, trató de doblegar y condicionar el comportamiento de millones de individuos que al final se rebelaron por su libertad y su dignidad.

Cualquier parecido con la realidad venezolana no es por mera analogía, ya que desde los años sesenta, el antiguo Ministerio para la Seguridad del Estado de Alemania Oriental, mejor conocido como la Stasi, los servicios de inteligencia más temibles y efectivos del mundo comunista, asesoraron durante veinte años al Servicio Secreto cubano, instruyéndolos en técnicas de espionaje, infiltración, psicología de masas, represión y tortura, aplicando esos mismos métodos de terrorismo de Estado en Venezuela desde que el chavismo está en el poder.

En el caso de la RDA, ni siquiera los más sofisticados métodos de control social y de represión de la disidencia lograron contener las ansias de libertad.  Sin ningún liderazgo visible, hombres y mujeres comunes habían llegado a los límites de la repugnancia contra una doctrina que, bajo el concepto de la búsqueda del “Hombre Nuevo” y otras manipulaciones del comunismo, instaban al individuo a sacrificar su presente y su vida en función de un gobierno dirigido por criminales y patanes corruptos, un sistema creador de miseria cuyos dogmas había que obedecer aun siendo irracionales.

En ese callejón, aparentemente sin salida en que se encontraba Alemania, el 9 de noviembre de 1989, los soldados de uno de los puestos de control (Bornholmerstrabe check point) que dividía a la ciudad de Berlín en dos mitades, hartos de la tiranía y deseosos de unirse a la multitud que quería pasar al otro lado, hacia la libertad, alzaron las barreras sin disparar a sus compatriotas. Ese gesto de solidaridad entre oprimidos, se transformó en una grieta que hizo que el agua represada de la indignación generalizada arrasara con el muro de la vergüenza con el que una minoría en el poder mantenía secuestrados a dieciséis millones de personas. Un testigo de esos acontecimientos pronunció una frase lapidaria: “Sin fusiles no hay comunismo”. Al día siguiente, una multitud incontenible, a la que se sumaron los militares que lo custodiaban, se desborda y arremete a picotazos contra el muro que los separaba de la democracia y del progreso, acabando con 28 años de oprobio.

En el artículo titulado “El muro de lo trágico”, publicado en Noviembre de 2009, compartí algunas reflexiones sobre el símil utilizado por el ex canciller Helmut Kohl, al describir los súbitos acontecimientos que condujeron a la caída del muro de Berlín en 1989. En una entrevista (El País, 08.11.09), el ex-canciller de Alemania y protagonista de esa historia, nos brinda una lección reveladora del sentido de la oportunidad en política, afirmando lo siguiente: “Yo jamás dudé de que el muro caería en algún momento y de que Alemania volvería a unirse. Pero siempre fue una pregunta abierta el cómo y cuándo ocurriría esto. El 9 de noviembre de 1989, es cierto que se había abierto una rendija en una puerta, pero nada estaba decidido todavía en el día en que cayó el muro. Hasta el último momento, fue un acto de equilibrio en el campo de tensión de la guerra fría. Para describir la situación en la que yo me encontraba entonces me gusta citar a Otto von Bismarck, porque no hay una imagen mejor: “Cuando el manto de Dios pasa por la historia, hay que saltar y agarrarse a él. Para eso tienen que darse tres requisitos: en primer lugar, hay que tener la visión de que se trata del manto de Dios. En segundo lugar, debe sentirse el momento histórico; y en tercer lugar, hay que saltar y (querer) agarrarse a él”.

Sobre esos días cruciales y las vertiginosas decisiones que él asumió, Kohl señala: “no solo hace falta la voluntad, sino que se requiere de una constelación de personas y acontecimientos”, refiriéndose a las alianzas que en pocas horas logró establecer con otros líderes internacionales para aprovechar la oportunidad y poder cabalgar encima de la ola provocada por la reacción de libertad al otro lado del muro.

Hoy nos encontramos en Venezuela con una generalizada reacción de indignación popular con marcada presencia juvenil, que ha sobrepasado los cálculos y estrategias del gobierno, así como el de los dirigentes de organizaciones políticas opositoras, que en dos oportunidades convalidaron diálogos fraudulentos con un régimen dictatorial maquinado por el comunismo cubano y sus métodos aprendidos en la RDA, que aplican despiadadamente en el país.

De allí que, para recuperar la democracia, los valores y los derechos ciudadanos arrebatados por la tiranía, es necesario desarrollar el sentido de lo factible, pero también reaccionar ante lo que es intolerable e inaceptable.

No puede haber transición hacia la democracia con un gobierno de criminales que reprime salvajemente a su pueblo y que se sustenta en poderes públicos inescrupulosos y sesgados a su favor, en especial el Poder Judicial y el electoral. Ante el muro de odio y exclusión levantado por el chavismo en los últimos dieciocho años y el avasallamiento de la dictadura al estado de derecho, se hace necesario esgrimir la legítima defensa de la desobediencia civil, resistencia, insurrección o insurgencia popular contemplada en la Constitución, cuando son violados sus sagrados principios. Los recientes acontecimientos, pese a su saldo dramático, han logrado renovar la esperanza de recuperar la democracia. Hay que observar con atención el manto de Dios pasando por Venezuela, agarrarse a él y no soltarse.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

Kolonien copie

 

Un país con tres discursos irreconciliables

Edgar Cherubini Lecuna

París, Marzo 2017

El filósofo y lingüista José Manuel Briceño Guerrero (1929-2014), al estudiar la complejidad existencial del latinoamericano, afirmaba lo siguiente: “Fuimos europeos primeros de América que nos convertimos en europeos segundos a distancia, por efecto de las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, al calor de las luchas de emancipación. Somos los descendientes de los libertadores, los que después de nuestra independencia política buscamos la independencia económica y mental sin haberla podido conseguir hasta ahora”. Si bien las democracias latinoamericanas se construyeron con base en modelos occidentales, estas no han terminado de consolidarse, como tampoco el pleno desarrollo de sus países. La aproximación a esta realidad la analiza Briceño Guerrero a partir del lenguaje, ese lenguaje con el que el hombre construye el mundo, de allí que en sus reflexiones sobre el ser latinoamericano las encamina a través de tres discursos, compilados y editados por Monteávila en 1994, bajo el título El laberinto de los tres minotauros:

“El “discurso de señores”, es decir, el discurso cristiano-hispánico o discurso mantuano heredado de la España imperial, en su versión americana característica de los criollos y del sistema colonial español. En lo material está ligado a un sistema social de nobleza heredada, de la jerarquía y del privilegio. Este discurso se afianzó durante los siglos de colonia y pervive con fuerza silenciosa en el período republicano hasta nuestros días, estructurando las aspiraciones y ambiciones en torno a la búsqueda personal y familiar o de privilegios de clan, noble ociosidad, filiación y no mérito, sobre relaciones señoriales de lealtad y protección, gracia y no función, territorio con peaje y no servicio oficial aún en los niveles limítrofes del poder. Supervivencia del ethos mantuano en mil formas nuevas y extendidas a toda la población.

El “”discurso de las luces”, patrimonio de los siglos XVIII y XIX, guiado por la razón, animado por la posibilidad del cambio social deliberado y planificado hacia la vigencia de los derechos humanos para la totalidad de la población, expresado tanto en el texto de las constituciones como en los programas de acción política de los partidos y las concepciones científicas del hombre, potenciado verbalmente con el auge teórico de los diversos positivismos, tecnocracias y socialismos con su alboroto doctrinario en movimientos civiles o militares o paramilitares de declarada intención revolucionaria. Este discurso gobierna sobre todo las declaraciones oficiales, los pensamientos y palabras que expresan concepciones sobre el universo y la sociedad, proyectos de gobierno de mandatarios y partidos, doctrinas y programas de los revolucionarios.

El “discurso salvaje” de los que no tenían derecho a hablar, legado de la derrota sufrida por los indígenas y las víctimas de la esclavitud negra en suelo americano. Es el discurso del resentimiento en los pardos por la relegación a larguísimo plazo de sus anhelos de superación. Pero portador igualmente de la nostalgia por formas de vida no europeas no occidentales, conservador de horizontes culturales aparentemente cerrados por la imposición de Europa en América. Para este discurso lo occidental es ajeno y extraño. Sus portavoces representan una alteridad inasimilable en cuyo seno sobrevive en sumisión aparente, rebeldía ocasional, astucia permanente y oscura nostalgia. El discurso salvaje se asienta en la más íntima afectividad y relativiza a los otros dos, poniéndose de manifiesto en un cierto desprecio secreto por todo lo que se piensa, se dice y se hace, tanto así que la amistad más auténtica no está basada en el compartir de ideales o de intereses, sino en la comunión con un sutil oprobio, sentido como inherente a su condición, el discurso salvaje corroe todos los proyectos y se lamenta complacido.

Estos tres discursos de fondo están presentes en la sociedad. Es fácil ver que estos tres discursos se obstaculizan mutuamente produciendo para América consecuencias graves y lamentables, ninguno de los tres discursos logra gobernar la vida pública hasta el punto de poder dirigirla hacia formas coherentes y exitosas de organización, pero cada uno de los discursos es suficientemente fuerte para frustrar a los otros dos, y los tres son mutuamente inconciliables e irreconciliables”.

Pensando en voz alta, pudiéramos añadir que también se mimetizan unos con otros para fines inconfesables. En el caso de Venezuela, pienso que se hace patente cómo la llamada revolución de los pobres o “Socialismo del siglo XXI”, enarboló en sus comienzos el “discurso de las luces”, agraciándose con el “discurso de los señores” notables y mantuanos, ganándose además el apoyo ciego de la izquierda internacional que veneró a un caudillo militar e ignorante portavoz de un “discurso salvaje”. Cuando los dirigentes del régimen militar con fachada civil hablan de soberanía popular y socialismo, sabemos que no tiene nada que ver con el socialismo democrático europeo o norteamericano. Lo mismo sucede cuando proclaman la independencia o la igualdad. Además, se disfrazan del “discurso de señores”, al haberse entronizado en el poder siendo una minoría y esgrimen el “discurso salvaje” al perseguir y violentar a los que no piensan como ellos, mientras saquean las riquezas de la nación en medio de la corrupción y la impunidad. Luego de dilapidar más de 800.000 millones de dólares en 17 años, de los cuales desaparecieron 300.000, sin dejar rastro alguno, conduciendo al país a la ruina, hablan de revolución, socialismo y comunismo a bordo de sus lujosos yates anclados en marinas del primer mundo o en sus jets privados y mansiones gracias a sus testaferros, una vida de ostentación con cuentas multimillonarias en la banca internacional mientras proclaman que “ser rico es malo” y llaman al “pueblo” a apoyar la revolución y enfrentar a los imperios de occidente. El cinismo y el autoritarismo se aprende en las cortes de los señores y el pillaje es sin duda una característica de lo salvaje. Durante la era democrática los tres discursos fluctuaron en diversos tiempos. Recordemos la dictadura de los partidos de espaldas al país y la secular corrupción. Hoy, algunos de sus dirigentes esgrimen el “discurso de las luces”, mientras traicionan sus principios al negociar con los portavoces del “discurso de los señores” y del “discurso salvaje”.

Para los que abogamos por un discurso unificador que brinde un concepto de país para hacer posible su reconstrucción en democracia, la cruda realidad desbarata las buenas intenciones, ya que, tal como afirma Briceño Guerrero, “Los tres discursos se interpenetran, se parasitan y lo más dramático es que se sabotean entre si, son inconciliables e irreconciliables. Ante este panorama de discursos en guerra, sin victoria, sólo queda, en la perspectiva del presente, el escalofrío estético catártico que produce la contemplación de una tragedia”.

Los que tuvimos el privilegio de conocer a Briceño Guerrero y nutrirnos de su erudición y visión del mundo, damos testimonio de su bonhomía, así como de su fino humor. A finales de los sesenta, siendo estudiantes en la ULA, en ocasiones nos abordaba o nos respondía con un tono irónico, tosco o agrio, utilizando un lenguaje poco académico o amistoso para, después de observar nuestro gesto de perplejidad, soltar una risa sonora para demostrarnos que estaba actuando un rol cualquiera en alguno de los tres discursos. Su método de análisis era una especie de Gestalt, al asumir y representar diferentes roles y actuarlos para poder entenderlos o el de un actor que ensaya su papel en lo cotidiano, para poder transmitir los sentimientos y pulsiones del personaje representado. Esto le permitía escribir con impecable prosa, reflexiones desde lo profundo de ese sentir y hablar. Sus discursos están escritos por personajes que encarnan cada uno de ellos y que atrapan al lector en un laberinto de pulsiones demasiado cercanas.

El sociólogo Miguel Rodríguez Lorenzo, lo denominó “El método dramático” (GRHIAL, ULA, 2015),
como una estrategia teórico-metodológica consistente en poner en boca de un relator imaginario cada uno de los sistemas de actitudes o posturas que determinan la interpretación de la realidad social, brindando para ello un ejemplo tomado de uno de los primeros ensayos de Briceño Guerrero: “(…) nuestra idiosincrasia mestiza se manifiesta negativamente de múltiples maneras como oposición, obstáculo y entorpecimiento de las instituciones que nos rigen. Así tenemos: en el trabajo el “manguareo”, en la educación sistemática, la “paja” o el “caletrazo” mal digerido de manuales por parte de los profesores, el “apuntismo” y el “vivalapepismo” por parte de los estudiantes; en la vida social la “mamadera de gallo”; en la producción literaria y artística, el “facilismo” … en la política el “bochinche”, el “caudillismo”, el “golpismo”; en las posiciones de responsabilidad el “paterrolismo” y el “guabineo”; en la lucha por el mejoramiento personal, el “pájaro- bravismo”, el “compadrazgo” y la “rebatiña”; en la religión el “ensalme”, la “pava”, la “mavita”, el “cierre”, los “muñecos” y las “lamparitas”…”.

En el “discurso salvaje” hay un pasaje revelador sobre la astucia. Allí Briceño Guerrero habla en primera persona, asumiendo el drama con un realismo conmovedor: “Dominados. Ante la fuerza superior de Occidente, nuestros ancestros derrotados debieron escoger la esclavitud o la muerte. Muchos murieron luchando. Otros aceptaron la servidumbre, se agacharon, rodilla en tierra, bajaron la cerviz, para sobrevivir. De estos otros descendimos nosotros, de ellos heredamos ese amor oprobioso por la vida, más grande que la libertad y el honor. No entendemos el valor heroico, no comprendemos que pueda haber algo más importante que la vida. Vivir de rodillas es vivir y mientras hay vida hay esperanza. Heredamos el rechazo cobarde de la muerte, pero también la astucia, la rebeldía a largo plazo disimulada en la actitud servil, la agresividad cuidadosa siempre lista para el golpe a mansalva o el repliegue. Dominados, pero existentes. Conservamos identidad. Somos nosotros. Otros, distintos de ellos, los dominadores, luego no nos han dominado realmente, no nos han asimilado, no nos han integrado a su ser…”.

Reflexionar a título personal sobre los asertivos análisis de Briceño Guerrero y rememorar su amistad y lucidez, surgen después de haber asistido al reencuentro sobre J.M. Briceño Guerrero y su obra, coloquio titulado Les trois discours de l’identité latino-américaine, organizado por la Association J. M. Briceño Guerrero, dirigida por Cristina Briceño-Fustec. Dicho evento tuvo lugar el día 09 de marzo de 2017 en la Maison de l’Amérique latine, en París.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

 

imagen-no-1_mandricardo

¿Qué veía Ariosto cuando cerraba los ojos?

Edgar Cherubini Lecuna

París, Enero 2017

Mito y realidad se conjugan en Orlando furioso de Ludovico Ariosto (1474-1533). Este poema épico publicado en 1516, consta de 46 cantos y cuarenta mil versos endecasílabos escritos en octavas. Siendo un libro concebido para disfrute de la corte de los duques de Este, señores de Ferrara, se popularizó de inmediato, debido a que en italiano la rima adquiere un ritmo y una melodía tan prodigiosa, que inspiraba a los trovadores a cantar el poema en mesones, plazas y ferias para deleite de la población iletrada.

El poema, es una urdimbre en la que la trama va tejiendo un laberinto de situaciones y personajes que componen en su conjunto una descomunal ópera que va de lo real a lo fantástico, de la tragedia a la comedia, de leyendas y fábulas a personajes de carne y hueso de su tiempo. Todo esto se va entrelazando en una minuciosa y laberíntica estructura que se escenifica por todo el globo terráqueo y ¡…hasta en la Luna!. Ariosto, retrata al detalle las cortes de las ciudades-Estado italianas, propensas al refinamiento y al teatro social y a la vez versadas en el arte de la guerra, de allí la descripción pormenorizada de un sinfín de batallas. En el imaginario popular de la época, Orlando simbolizaba al caballero leal a su rey en la lucha contra el invasor musulmán y que con audacia y valor va en busca de una doncella y enloquece de amor por ella.

imagen-no-2_ludovico_ariosto

El Palazzo dei Diamanti, en la maravillosa ciudad de Ferrara, sirve de escenario la exposición “Orlando furioso, 500 años” que muestra el entorno renacentista en que vivió Ariosto y que inspiró su magnífica obra literaria. La exposición fue organizada por la Fundación Ferrara Arte para conmemorar el quinto centenario de la primera edición del Orlando Furioso, una obra maestra de la literatura occidental y fuente inagotable de la literatura fantástica hasta nuestros días.

¿Qué veía Ariosto cuando cerraba los ojos? Para dar forma al concepto y visión de la muestra, los curadores Guido Beltramini y Adolfo Tura, identificaron e inventariaron las obras figurativas y las cosas que Ariosto conoció y que nutrieron su imaginación. Más de ochenta obras maestras del Renacimiento de grandes artistas de la época como Mantegna, Bellini, da Vinci, Dossi, Rafael, Miguel Ángel, di Cosimo, Ucello o Tiziano, junto a objetos preciosos, libros incunables, planisferios, manuscritos, miniaturas, instrumentos musicales, monturas, yelmos y espadas que evocan el refinamiento y a la vez el rigor de la vida cortesana del mundo caballeresco donde se desenvolvió su autor.

imagen-no-5_andrea-mantegna-minerva-che-scaccia-i-vizi-dal-giardino-delle-virtu-1497-1502

Andrea Mantegna, Minerva (1497)

¿Qué veo cuando cierro los ojos? En el tren de regreso, rumbo a París, al cerrar los ojos para organizar mis pensamientos y escribir esta nota, reconstruyo el recorrido dentro de la muestra. Veo los mensajeros alados de La liberazione di Andromeda que Piero di Cosimo pintara en 1510 y la fabulosa Minerva che scaccia i Vizi dai giardino delle Virtú (1497) de Mantegna. Veo los detalles de La batalla de Roncesvalle del 778, en el tapiz de seda que data de 1475, enviado por el Victoria and Albert Museum de Londres.

imagen-no-4_piero-di-cosimo-la-liberazione-di-andromeda

Piero di Cosimo, La liberazione di Andromeda,1510

imagen-no-9_la-battaglia-di-roncisvalle

La batalla de Roncesvalle, 1475 (Tapiz)

Escudriño con la mirada un cuerno de marfil tallado en el siglo XI, Olifante, “Corno di Orlando”, instrumento de uno de los episodios célebres de la epopeya. Ariosto se inspiró por igual en fábulas del Medio Oriente, en mitos griegos y muy especialmente en las leyendas Carolingia y Arturiana, cantares de gesta de la Edad Media. El influjo de Ovidio y su Metamorfosis y la de Paolo Ucello con su San Giorgio e il drago, 1440, también están presentes en sus páginas.

imagen-no-7_olifante-detto-corno-dorlando

Corno Olifante (S. XI), instrumento que portaba Orlando

Cierro los ojos y entiendo el por qué Orlando enloquece de amor, al contemplar la sensual venus desnuda de Boticelli, Venere pudica (1485), pintura que le sirve de inspiración al autor para describir la belleza de Angélica, personaje principal de su poema: “Con bionda chioma lunga et annodata: Oro non è, che più risplenda e lustri” (VII, 11, 3-4).

imagen-no-8_boticelli

Sandro Boticelli, Venere pudica, 1485

Después de admirar esas y otras obras, recorro la colección de mapas antiguos, entre los que se encuentra la Cosmographia de Tolomeo (1462), para llegar finalmente al eje en torno al cual gira toda la exposición: el ejemplar de la primera edición del Orlando furioso, impreso en Ferrara en 1516 por Giovanni Mazzocchi. Esa primera versión constaba de 40 cantos, pero en 1532 se imprimió una segunda y definitiva con 46 cantos y 40.000 versos.

 

imagen-no-3_ariosto_orlando-furioso

Cierro los ojos y veo el castillo de los duques de Este o Castello Estense, en el centro histórico de Ferrara, obra arquitectónica de Bartolino de Novara en el año 1.395. Es un edificio de planta cuadrada y muros de ladrillo bermellón, dotado de cuatro torres defensivas, rodeadas por un foso de agua. La estructura urbanística de la ciudad, desarrollada dentro de regias murallas, se remonta al siglo XIV. El primer plano urbanístico moderno de Europa tiene su origen en Ferrara, con el proyecto futurista realizado por Biagio Rossetti (1447-1516), una innovadora fusión que une el entramado de la ciudad medieval con el nuevo trazado renacentista. La ciudad fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1995, bajo la denominación “Ferrara, Ciudad del Renacimiento”.

Cierro los ojos y aun saboreo la inigualable sazón de la Cesarina, esposa de Luciano Vaccari, en su casa en Molinella, donde fui invitado a su tradicional almuerzo de Navidad: “I piatti in ordine di portata sono capeletti in brodo, il brodo fatto con cappone, guancia, un’altra pezzo di manzo, poi il lesso servito caldo con salsa e mostarda di senape, scaloppine con purea di carciofi, cotechino e salama di suga con pure’ …poi i dolci ! Torta di riso, di tagliolini, pesche sciroppate, panpapato, vino prodotto da Luciano e altre delizie”.

Cierro los ojos y recorro las estancias del antiguo palazzo situado en Via Camello 22, donde vivió Bartolino de Novara mientras construía el castillo Estense. Una parte del regio edificio pertenece a la familia Steiger Acciaro, quienes fueron mis anfitriones en Ferrara. En esos mismos salones, Doménico Maria de Novara, descendiente del arquitecto, organizó importantes tertulias con intelectuales y científicos de la época. Walter Steiger, extrae de su nutrida biblioteca el acucioso estudio de Antonieta Folchi “Copérnico e lo Studio di Ferrara” (2003), para señalarme las referencias sobre la amistad entre Doménico de Novara y Nicolas Copérnico, cuando este último estudiaba un doctorado en Derecho en la Universidad de Ferrara. Doménico de Novara, apasionado por la Astronomía y traductor de antiguas cosmogonías griegas, invitó al sabio a sus tertulias en esta casa y fue quien lo motivó a estudiar el movimiento de los astros. Al cabo de un tiempo, Copérnico expuso sus investigaciones sobre la teoría heliocéntrica en el tratado De revolutionibus orbium celestium, en el cual afirmaba que nuestro sistema planetario era heliocéntrico, la tierra y los restantes planetas giraban alrededor del Sol, una revolución que comenzó a cambiar la visión del hombre en el universo, contrariando dogmas y prejuicios arraigados en el oscurantismo.

Cierro los ojos y escucho las voces de mis contertulios reunidos en Il Brindisi, dicen que es la hostería y bodega de vinos más antigua de Italia, situada en la Via degli Adelardi, 11. En esta misma mesa donde estamos degustando un buen vino del piedemonte toscano, conversaron Novara y Copérnico y en la mesa del fondo se reunían Ariosto y Tiziano. Desde ese entonces se remonta su tradición y sus vinos, provenientes de las mejores reservas de Italia.

La universidad de Ferrara, fundada en 1.391, un siglo antes del descubrimiento de América, se nutrió de brillantes humanistas y científicos. En sus aulas y tertulias promovidas en su seno se fraguaron las mentes más avanzadas del renacimiento. Ferrara fue por mucho tiempo el centro político, cultural y diplomático más importante de Italia y parte de Europa. Esa supremacía se logró gracias a que se convirtió en lo que hoy llamaríamos una sociedad del conocimiento.

Ariosto y tantos otros humanistas y científicos, lograron abrir nuevos caminos al pensamiento gracias a una sociedad cimentada en la cultura y en los valores humanos.

Sentir el espíritu que se respira en esos recintos, donde mentes brillantes revolucionaron su época, me hizo presentir que en medio de las amenazas oscurantistas que se ciernen sobre Occidente, se aproxima un cambio de paradigmas, un nuevo renacimiento. En el presente, en muchos centros de pensamiento tratan de sacudirse modelos obsoletos de economía y política, mientras ensayan nuevas tendencias para crear un futuro más humanista.

El pensador Buckminster Fuller afirma: “No podrás cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, debes construir un nuevo modelo que haga obsoleto el actual” y eso está ocurriendo, se están gestando nuevos modelos de desarrollo humano y una nueva visión del mundo, eso veo con los ojos bien abiertos.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

foto-no-1_adoracion-de-los-reyes-copy-2

Adoración de los Reyes Magos, anónimo, Escuela Flamenca, Siglo XVI

El San Juan de Invierno y el Niño Sol

Edgar Cherubini Lecuna

París, diciembre 2016

La naturaleza obedece a un Orden y a una Ley trascendentes. Ante esa fuerza generadora desconocida, albergamos el sentimiento de lo sagrado ante la vida y el universo. Los símbolos son vínculos entre el mundo manifiesto que percibimos y ese orden cósmico. Las alegorías y símbolos, activan las resonancias intuitivas que, en un momento dado y en condiciones psíquicas concretas, posibilitan un nuevo tipo de percepción, una lectura diferente de la realidad. La comprensión de un símbolo requiere de una íntima vivencia personal y provoca una “emoción”, “un encantamiento”, difícilmente comunicable.

En este sentido, el solsticio de invierno es un acontecimiento cuya simbología se remonta a las tradiciones culturales más antiguas de la humanidad. El solsticio es un evento astronómico que sólo dura un instante y según las previsiones realizadas por el Instituto de Mecánica Celeste (IMCCE) de Francia, ha sido pautado para que ocurra el 21 de diciembre, a las 10h44, y ese será el último día más corto del año. A partir de ese momento, los días comenzarán a prolongarse y la oscuridad a disminuir, la luz va a ser cada vez más intensa y la Tierra, en sus movimientos de translación y circunvalación comenzará a acercarse al Sol.

El calendario juliano estableció el 25 de diciembre como el solsticio de invierno en el hemisferio Norte y en 1582, el papa Gregorio XIII, aunque decretó el cambio al nuevo calendario, fijó la fiesta de Navidad el 25 de ese mes. No es una coincidencia que el solsticio de invierno y la celebración del nacimiento del niño Dios se den en estos días. Navidad viene del latín nativitas, que significa “el aniversario de un retorno”, es decir, del renacer del Sol, el Sol Invictus. En efecto, a partir de esa fecha el sol renace en todo su esplendor y los días comienzan a ser más largos.

El símbolo cósmico puede haber mutado en su significado de una civilización a otra, pero siempre ha conservado su esencia a pesar de las variaciones culturales. Por eso es interesante revisar la simbología asociada con las celebraciones de los dos San Juan. El día más largo correspondiente a la fiesta de San Juan Bautista y coincide con el solsticio de verano, que se celebra en Venezuela con los tambores de Barlovento el 24 de junio, y el día más corto del año es la fiesta de San Juan el evangelista llamado el solsticio de invierno la noche del 24 de diciembre o días antes.

 

foto-no-3_janus-el-dios-de-dos-caras

 

Esa celebración tiene sus orígenes en la antigua Roma, con la tradición de las fiestas de Janus, el dios de dos caras. Janus significa Janua “puerta de acceso”, es el dios de las puertas, de los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que derivó de su nombre del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a enero. Las representaciones del dios, lo describen con dos rostros, uno que mira al pasado y otro que observa el futuro. Los romanos celebraban la fiesta de Janus, el que “abre” y “cierra” las puertas del ciclo anual. Después de la cristianización de los mitos paganos, los dos Juanes tomaron el lugar de Janus.

Las celebraciones con sus ceremonias y rituales como los de Navidad y Año Nuevo, son la respuesta a la búsqueda y necesidad profunda como ser humano de renacer, de poder empezar de nuevo su vida, como sucedía en los antiguos rituales ante los ciclos renovadores de las estaciones, donde las culturas agrarias percibían en la naturaleza y en la lectura de los astros el sentido de su permanencia y supervivencia en el mundo.

El San Juan de invierno, que simboliza el renacimiento del Sol invencible o el Sol que renace o el Niño Dios en la fe cristiana, aparecen en el corazón de la noche más larga del año, para marcar su fin y dar inicio al ascenso de la claridad, de la victoria de la luz sobre la oscuridad. Es el renacimiento del amor, de la generosidad, de recomenzar la vida con nuevos propósitos, de unirse y conjugar una alta dosis de fe en el triunfo de la razón, de ordenar el caos y hacer frente a las dificultades con rigor y coraje, tener confianza en si mismo y, lo más importante, transmitir esperanza. Navidad significa el renacimiento de la esperanza.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

 

foto-1_harold-lloyd_safety-last_1923
Harold Lloyd, Safety Last! (1923)

 

En este preciso instante

Edgar Cherubini Lecuna

París, Octubre 2016

Al reflexionar sobre la naturaleza del tiempo, San Agustín concluye que “no hay tiempo que sea del todo presente a la vez”, lo que ocurre es que “el pasado y el futuro son creados y ambos fluyen de lo que es siempre presente” (Las Confesiones, S. IV).

Según la ciencia, el “tiempo” es una medida física denominada “magnitud” con la que un observador mide la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, esto es, el período que transcurre entre el estado o instante X y el estado o instante X1, es decir cuando el observador registra una variación perceptible.

La vida está hecha de tiempo. En Occidente, asumimos un concepto de tiempo lineal. De allí que sea común escuchar que “el hombre es la medida del tiempo”. La vida, esa “sucesión de ahoras” como la definía Aristóteles, es para nosotros una carrera contra el tiempo, donde acarreamos con el pasado (a veces como una pesada carga), mientras somos acicateados por la incertidumbre de un futuro que desconocemos, que no existe, así como el temor al “no tiempo”, es decir, a la muerte, al vacío, a la nada.

San Agustín, concluye que el tiempo es un fenómeno interior: “(…) ¿Quién hay que niegue que no existen aún los futuros? Sin embargo, ya existe en el alma la espera de cosas futuras. Y ¿quién hay que niegue que las cosas pasadas ya no existen? Sin embargo, existe todavía en el alma la memoria de cosas pasadas. Y ¿quién hay que niegue que carece de espacio el tiempo presente, ya que pasa en un instante? Y sin embargo, perdura la atención por donde pasa”.

Acerca de la naturaleza del tiempo, Kant afirma que “el tiempo es una de las formas de nuestra sensibilidad, de la manera como estructuramos, como ensamblamos la materia bruta de las sensaciones para hacerla inteligible, para darle sentido, una forma universal y necesaria.

Para Jorge Luis Borges, la visión del tiempo adquiere otras dimensiones: “El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego” (Nueva refutación del tiempo, 1952). ¿Querrá decir con esto que el mundo y nosotros somos una misma cosa y que el tiempo no es más que una construcción ficticia?

Sobre esto último, es interesante observar que para algunas culturas indígenas del Amazonas y las que pudieron sobrevivir al expolio y extinción a las que fueron sometidas en los Estados Unidos, el tiempo vital no es visto como una progresión lineal. El lingüista Benjamin Lee Whorf (Lenguaje, pensamiento y realidad, 1956), quien estudió a fondo la lengua Hopi de los indígenas americanos que aún habitan al noroeste de Arizona, antepone la concepción que éstos tienen del tiempo a la de científicos y filósofos. Las lenguas indoeuropeas, según Whorf, utilizan un “tiempo espacial”, que se registra de manera similar a cómo se cuenta el espacio. La lengua Hopi, según Whorf, “no contiene palabras, formas gramaticales, construcciones o expresiones para referirse directamente a lo que nosotros llamamos tiempo, ni explícita ni implícitamente”.  Todo aquello que es accesible a los sentidos, no distingue entre pasado y futuro. Los Hopi viven en un continuo presente.

foto-2_danza-hopi

Indígenas Hopi

 

Para la inusitada visión del mundo de Gaston Roupnel (Siloë, 1910), el tiempo solo tiene una realidad, la del instante. “El instante que se nos acaba de escapar es la misma muerte inmensa a la que pertenecen los mundos abolidos y los firmamentos extintos. Y, en las propias tinieblas del porvenir, lo ignoto mismo y temible contiene tanto el instante que se nos acerca como los Mundos y los Cielos que se desconocen todavía”.

Ese continuo fluir del tiempo y de todo el universo en conjunto, es analizado desde otra perspectiva por el filósofo japonés Daisaku Ikeda (Life an Enigma,1982), en su libro sostiene que si profundizáramos en “este instante” de nuestra vida, nos daríamos cuenta que contiene todos los recuerdos del pasado, incluidos los espirituales y los físicos, contiene por igual todas las esperanzas, todas las expectativas, los deseos y las potencialidades del futuro. En realidad, en un momento dado, en cualquier instante, nuestro cuerpo contiene toda la información fisiológica que utilizaremos en el futuro, las cinco mil millones de moléculas de ADN, dotadas de la información que necesitamos para vivir en el siguiente instante. Y es que todas nuestras experiencias están contenidas a cada instante de nuestra vida, las vivencias físicas están grabadas en las células y órganos, nuestros sentimientos, tanto conscientes como inconscientes, están almacenados en nuestro cerebro.

Según Jung, poseemos en nuestra memoria colectiva la historia de la humanidad. En esto coincide Daniel Goleman (Inteligencia emocional, 1996), cuando afirma que algunas de nuestras reacciones cotidianas, en especial el miedo y la agresividad, tienen su origen en las emociones registradas a través de cincuenta mil generaciones.

El budismo plantea que al ser uno con el universo, acumulamos en nuestra vida la energía del cosmos. Es decir, contamos con potencialidades indecibles para vivir el siguiente instante. Nuestros deseos, esperanzas y ambiciones son poderosas fuerzas que existen en nuestro interior para construir el futuro. Por eso, no se puede decir que el presente esté separado del pasado o del futuro.

Por su parte, Bergson aporta una hermosa definición, al comparar la vida de cada individuo con una melodía: “¿Se ha pensado, sin desnaturalizarla, acortar la duración de una melodía? La vida interior es esta melodía misma” (El pensamiento y lo moviente, 1934).

Gastón Bachelar (La intuición del instante, 1987), acierta al decir que “es nuestra intención la que en verdad ordena el porvenir, como una perspectiva cuyo centro de proyección somos nosotros. Es preciso desear, es preciso querer, es preciso alargar la mano y andar para crear el porvenir. Tanto el sentido como el alcance del porvenir están inscritos en el propio presente. El porvenir no es lo que viene hacia nosotros, sino aquello hacia lo cual vamos”. En este preciso instante y según la actitud que adoptemos, construimos nuestro futuro.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

@edgarcherubini

 

 

palais-iena-600kb-copie

Cruz-Diez en el Palais d’Iena

Un diálogo entre la arquitectura y el arte

Edgar Cherubini Lecuna

París, Octubre 2016

 

El Palais d’Iena en París, obra magistral del arquitecto Auguste Perret,  sirve de escenario para la exposición « Un être flottant » : Carlos Cruz-Diez au Palais d’Iena.  

Esta exposición invita a participar en un diálogo inédito entre dos creadores geniales: Auguste Perret (1874-1954), el arquitecto más representativo e innovador del neoclasicismo francés y Carlos Cruz-Diez (1923), figura mayor del arte óptico-cinético y uno de los últimos pensadores del color del siglo XX.

Con su intervención, el artista invita a interactuar con su obras, Environnement Chromointerférent y Ambientación Cromática in situ (Ill), un conjunto de Couleurs Additives adosados al piso y a lo largo del bosque de columnas de concreto armado en obra limpia, de la sala hipóstila.

Environnement Chromointerférent, consiste en la proyección de líneas y tramas de color que al desplazarse producen gamas cromáticas inesperadas e inexistentes en el ambiente, para sorpresa del espectador. El propósito de los Ambientes Cromointerferentes es crear en el espacio una situación de inmaterialidad, de transfiguración y ambigüedad del color a través del movimiento.

Con la Ambientación Cromática in situ (Ill), Cruz-Diez logra evidenciar ante el espectador, que el color no es una certeza sino una circunstancia efímera y aleatoria que se modifica continuamente y que puede existir por sí mismo sin ayuda de la forma. El visitante, al desplazarse hace surgir gamas de colores de las Inducciones Cromáticas adosadas a las columnas, suscitando un diálogo con el color.

“En mis obras el color flota virtualmente fuera del soporte que las contiene. Lo que aparenta ser una forma, es en realidad una sucesión programada de líneas paralelas que por acumulación generan espacios de colores cambiantes y virtuales que no han sido aplicados físicamente. Es el color surgiendo del plano al espacio. El color, apareciendo y desapareciendo, produce una dialéctica de tiempo y de espacio entre el espectador y la obra. Las superficies que concibo para este propósito, crean un espectáculo cromático de transfiguración que es independiente de la forma que lo contiene”. – CCD

Según Matthieu Poirier, curador de la exposición, Cruz-Diez ha logrado el sueño de Vassily Kandinsky hace un siglo: “Hacer de la imagen, un ser flotando en el aire”. De allí, el título de la exposición.

Arte y arquitectura se unen hoy, gracias a la iniciativa de la galería Mitterrand y del Conseil économique, social et environnemental, con el concurso de Caroline Smulders y del Atelier Cruz-Diez Art Team, Paris.

Exposición: « Un être flottant » : Carlos Cruz-Diez au Palais d’Iéna

Comisario : Matthieu Poirier

Palais d’Iéna – Conseil économique, social et environnemental

9 place d’Iéna, 75016 París

16-25 octubre 2016