La responsabilidad de resistir y combatir para brindar esperanza

El 31 de julio de 1944, a las 8:45 horas, Antoine de Saint-Exupéry despegó de una base aérea en Córcega para una misión de reconocimiento a bordo de un Lightning P-38, siendo abatido por un caza alemán. Fotografía: David Langley, The Life and Times of Antoine de Saint-Exupéry / © The Aviation History On-Line Museum, 2009.


La responsabilidad de resistir y combatir para brindar esperanza

Edgar Cherubini Lecuna

El 15 de junio de 1940, Francia fue invadida y ocupada por las tropas de asalto de Hitler en alianza con el gobierno colaboracionista de Pétain. A los pocos días, el 18/06/1940, el General Charles de Gaulle realizó desde Londres, a través de la BBC, el llamado a la resistencia, que significó́ la unión de militares, políticos, agricultores, intelectuales, obreros y gente común para enfrentar al invasor y reconquistar la República. A partir de allí́, muchos acudieron al llamado de lucha contra el invasor Nazi y los colaboracionistas franceses. Tal fue el caso de Maurice Krieger y de los escritores Saint-Exupéry y Romain Gary, que a riesgo de sus vidas se plegaron a la Francia Combatiente, convirtiéndose en héroes de la liberación.

Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), desde 1932, mientras servía como piloto civil a la empresa Aeropostale, se había consagrado al periodismo con sus reportajes sobre la Indochina Francesa y sobre España en los preludios de la Guerra Civil. Se unió como voluntario al ejército francés en plena avanzada de las divisiones nazis, actuando como piloto de reconocimiento. Saint-Exupéry escribe en su log-book sobre la responsabilidad de resistir y combatir para brindar esperanza a los otros: “Nos encontramos en plena retirada, en pleno desastre. Todo está en suspenso. Todo está perdido. Claro que estamos vencidos. Pero yo continúo experimentando la tranquilidad de un vencedor ¿Que son contradictorias mis palabras? Me rio de las palabras. No dispongo de ningún lenguaje para justificar mi sentir victorioso, pues me siento responsable. Nadie puede sentirse a la vez responsable y desesperado”. El coraje y las reflexiones de este piloto vaticinan lo que sucederá en los próximos meses, el reagrupamiento de los patriotas franceses que darán la pelea al invasor, de allí que expresara en medio de la retirada: “La derrota, a pesar de su fealdad, en ocasiones puede revelarse como el único camino hacia la resurrección. Yo sé bien que para crear un árbol se condena a una semilla a pudrirse. El primer acto de resistencia, si llega demasiado tarde, es siempre perdedor, pero significa el despertar de una resistencia victoriosa, un árbol saldrá de él como de una semilla”. Sin haber disfrutado del millonario éxito editorial de El Principito, publicado en Estados Unidos en 1943, no cesa de realizar vuelos de reconocimiento sobre la Francia ocupada, siendo abatido su avión por un caza alemán el 31 de julio de 1944, precipitándose al mar a escasos kilómetros del puerto de Saint-Raphael en el sur de Francia. Sus libros: El pequeño Príncipe, Vuelo nocturno, Piloto de guerra y Ciudadela, lo mantienen vivo en nuestros pensamientos.

Al igual que otros jóvenes patriotas franceses, Romain Gary (1914-1980), se unió a la Royal Air Force (RAF) y participó en los combates aéreos contra el invasor Nazi. Romain Gary formó parte de los pilotos del Grupo Bombardero Lorrain, excelente unidad de la Fuerza Aérea francesa, destinada a misiones de asalto y bombardeo a baja altitud. El grupo utilizó un avión muy versátil, el Douglas A20, un bombardero de asalto comúnmente llamado «Boston» por los pilotos de la RAF, en el que Gary protagonizó más de cien misiones de combate.

Tripulación del Boston III (izq-der) Teniente Roman Gary, observador Bercault y ametrallador Bauden / Fotografía : © Histoires de Français Libres. https://www.francaislibres.net/

Honrado con las más altas condecoraciones de guerra, en las memorias del grupo Lorrain se encuentran expresiones sobre la valerosa actuación de Gary: «Varias veces herido en combate, demostró excelencia, energía y valor en todas las circunstancias que se presentaron durante las misiones de bombardeos en el frente occidental”.

Gary, que después de la guerra recibiría en dos oportunidades el Premio Goncourt, no cesó de escribir en las horas de descanso cada vez que retornaba a su base. Estas reflexiones las garabateó en su diario antes de embarcarse en su primera misión de combate: “Desde muy joven, he luchado contra tres dioses. En primer lugar, está el dios de la estupidez, su truco favorito es el de reclutar a grandes hombres para asegurarse de nuestra propia destrucción.

Tenemos también al dios de las verdades absolutas. Cada vez que mata, tortura y oprime en nombre de una verdad religiosa, política o moral, la mitad de la humanidad le lame emocionada sus botas. Se divierte mucho, aun a sabiendas de que no existen las verdades absolutas, él sabe que son tan sólo un medio para reducirnos a la servidumbre. También está el dios de la mezquindad, del prejuicio, del desprecio, del odio – al grito de sucio estadounidense, sucio árabe, sucio judío, sucio ruso, chino sucio, sucio negro – es un maravilloso organizador de los movimientos de masas, de guerras, linchamientos y persecuciones. Es hábil con la dialéctica, padre de todas las ideologías, inquisidor y amante de la guerra santa. A pesar de su pelo sarnoso, de su cabeza de hiena y sus pequeñas piernas torcidas, es uno de los dioses más poderosos y de los más celosos guardianes de la Tierra, que nos pertenece, pero que nos la disputa con astucia y habilidad. Hay otros dioses, más misteriosos y sospechosos, más insidiosos y ocultos, difíciles de identificar, sus cohortes son numerosas y numerosos sus cómplices entre nosotros. Mi madre los conocía bien y por eso ivió presa de tantos sufrimientos. De noche, presionando mi cabeza contra su pecho, en voz baja me prevenía de estos sátrapas que señorean en el mundo. Poco a poco, los fui identificando y familiarizándome con estos seres grotescos. Mi madre fue uno de sus juguetes favoritos, por eso desde una edad muy joven, me había prometido a mí mismo liberarme de la servidumbre de esta calaña. Somos viejos enemigos y esta es mi lucha y la quiero entablar desde hoy, contra esos dioses absurdos y ebrios de poder que se creen dueños del mundo. Mi avión es mi espada. No cesaré mi combate y no volveré a casa hasta haber restituido la honorabilidad de los que vivimos en esta tierra que amamos …se lo prometí a mi madre”.

Al terminar la guerra y debido a sus servicios excepcionales por la liberación de Francia, fue invitado a formar parte del servicio diplomático, en el que se distinguió como embajador y representante de Francia ante organismos internacionales. Sus libros: La promesa del amanecer, Las raíces del cielo, El gran bestiario y Educación europea, entre otros, se convirtieron en best-sellers mundiales.

El árbol nacido de la semilla de la resistencia dio sus frutos. El 25 de agosto de 1944, el día de la liberación de París, los franceses pudieron conocer al fin a Maurice Kriegel, alias Valrimont (1914-2006), comandante del Comité d’action militaire (Comac), brazo armado del Mouvements unis de la Résistance (MUR). Este joven abogado, trabajaba como empleado en una compañía de seguros antes de unirse al movimiento patriótico, un hombre común que de la noche a la mañana decidió cambiar su destino y el de su país, convirtiéndose en combatiente y héroe de la liberación de Francia. Fue motivado a engrosar las filas de la France Combattante por un humilde profesor de geografía, Raymond Samuel y su esposa Lucie, ambos cobijados bajo el alias Aubrac, quienes fueron los inspiradores de la Resistencia en el interior de la Francia ocupada. En 1940, se organizaron las primeras redes con la participación de “intelectuales, maestros, periodistas, personal de museos, galeristas, bomberos, mesoneros, mecánicos, peluqueras, convirtiéndose de un día para otro en personas de acción o en combatientes”, escribe Agnès Humbert en su libro Résistance. Los esposos Samuels se convirtieron en un mito en la región meridional de Francia, debido a sus acciones militares temerarias durante la ocupación, además de ser personas del círculo de confianza de Jean Moulin y Charles de Gaulle.

El joven Maurice Kriegel, alias Valrimont (1914-2006), comandante del Comité d’action militaire (Comac), en la foto de pie detrás del temible general nazi Dietrich von Choltitz, jefe de la guarnición de París, quien se había rendido horas antes, el 25 de agosto de 1944, el día de la liberación de Paris.

Después de la liberación, en 1946, Kriegel ejerció la vicepresidencia de la Alta Corte de Justicia y le tocó enjuiciar a los colaboracionistas del régimen y a todos los que traicionaron a Francia, llegando al asco al constatar que solo uno de los cientos de jueces de los tribunales franceses se había negado a acatar los dictados del régimen apátrida de Vichy durante la ocupación.

Execrado del Partido Comunista francés, partido en el que había militado desde su juventud, debido a sus críticas luego de enterarse del informe Khrushchev en 1956, sobre los horrores del estalinismo, a finales de los años sesenta lideró una cruzada contra la ocupación soviética de Checoeslovaquia, entre otras acciones contra los totalitarismos y en defensa de la democracia. En tiempos recientes, sus críticas apuntaron por igual al anquilosamiento y la corrupción de los políticos y de cómo Francia había perdido “su fuerza motriz”, esa que llevó a su generación a luchar por el restablecimiento de los valores republicanos. Lo extraordinario es que Kriegel, desde el mismo día de la liberación y hasta sus últimos días, continuó portando el estandarte de la dignidad y de la honestidad política e intelectual, luchando por sus valores y por su país.

Vaclav Havel

Retomando el título de esta nota, citaré a otro joven rebelde: Vaclav Havel (1936-2011), que comandó la resistencia contra el comunismo en Checoeslovaquia durante la década de 1970. Debido a su defensa de los DDHH, fue acusado de sedición, hostigado y encarcelado en numerosas ocasiones. En 1984, durante la perestroika en la URSS, fue el líder de Foro Cívico en Praga y en 1989, fue elegido presidente de la República de Checoeslovaquia. Havel habla de cómo la esperanza siempre lo nutrió en los años de resistencia y persecución: “La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido”.

edgar.cherubini@gmail.com

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Noticias del planeta azul

Noticias del planeta azul

Edgar Cherubini Lecuna

Científicos de la NASA han informado haber descubierto rastros de vida en una roca que cayó en la superficie terrestre procedente del cosmos hace 2000 años, se trata de microorganismos, bacterias fosilizadas dentro de un fragmento de roca espacial. Estas formas de vida son, por cierto, muy similares a las arqueobacterias, unos organismos unicelulares que viven en diversas formaciones del planeta, tanto en la superficie como en las profundidades del océano. Esto ha llevado a especular sobre la posibilidad de que alguna de las especies que habitan la Tierra, sin descartar al hombre, podrían ser el resultado de mutaciones de miles de millones de años de evolución de estos microorganismos que en un remoto pasado cayeron a la Tierra provenientes de alguna de los cientos de miles de estrellas de la galaxia.

Edwin Hubble anunció en 1924 que la Vía Láctea no era la única girando en el cosmos, que la nebulosa espiral Andrómeda era otra galaxia y que la nuestra era una entre decenas de millones de galaxias. Estas noticias nos colocaron en una posición menos arrogante en la escala astronómica ya que, al parecer no somos los únicos habitantes del universo. Sin embargo, esta maravillosa posibilidad, con todas sus repercusiones científicas, filosóficas y religiosas, ha pasado a un segundo plano noticioso dentro de la trivialidad generalizada de los innumerables filmes y series de ciencia ficción, donde la idea de vida extraterrestre es concebida como una legión de seres monstruosos, belicosos y despiadados que amenazan con conquistar la tierra. Vivimos en una sociedad donde el espectáculo retoma cada parcela de la realidad convirtiéndolas en productos de consumo masivo, lo que, a su vez, refuerza nuestra tendencia a percibir un mundo ilusorio. Para la sociedad del espectáculo, la incertidumbre y el miedo a lo desconocido son un jugoso negocio. 

El regreso de los ovnis

En Estados Unidos, el Pentágono ha admitido, tras años de silencio total, la existencia de numerosos “fenómenos aéreos no identificados” (UAP). Diversas instituciones y testimonios en distintos lugares del globo corroboran con objetividad dichos avistamientos. Esto ha potenciado a los guionistas de Hollywood a producir historias sobre OVNIS y conspiraciones extraterrestres que producen ganancias millonarias. Pareciera que, aparte de todos los terrores producidos por nosotros mismos, como la parálisis del mundo debido a la pandemia o la actual amenaza de Putin de lanzar una guerra atómica, estuviéramos fabricando otro miedo colectivo, esta vez proveniente del espacio infinito. La fascinación y especulación sobre temas de ficción futurista ha sido recurrente desde los inicios de la modernidad. A finales del siglo pasado, Julio Verne, en su libro De la Tierra a La Luna predijo con su estilo extravagante lo que sucedería un siglo después en la Misión Apolo 11. La Guerra de los Mundos, escrita por H.G. Wells, primera novela de ciencia ficción publicada en 1898, detalla el conflicto entre la humanidad y una raza extraterrestre de marcianos. Wells señaló que la inspiración de la trama fue el efecto catastrófico de la colonización europea sobre los aborígenes de Tasmania a comienzos de 1800. Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, Odisea Espacial: 2001 de Clarke-Kubrick entre otras obras maestras, me llevan a pensar que la ciencia ficción aparte de haber creado una nueva mitología adaptada a la sociedad industrial del siglo XX, ha sido un medio para la proyección de la ansiedad colectiva ante el futuro. Esta podría ser la razón de por qué en estos días la idea de vida extraterrestre se ha convertido en noticia sensacionalista. Debido a creencias aprendidas y a nuestra ignorancia, arrastramos una carga de prejuicios religiosos, culturales y sociales que nos hacen pensar de una manera limitada sobre el universo y hasta de nuestra propia vida. Todo aquello que no es familiar a nosotros o diferente a nuestra manera de ver el mundo lo percibimos como una amenaza. Las creencias geocéntricas de la Edad Media aun permean nuestra visión del mundo y de los fenómenos. Quizás sea por eso por lo que durante años se descartó la existencia de vida en otros planetas pues esta suposición vulneraba nuestra humana arrogancia.

Para la mayoría, la vida y el universo son campos desconocidos. La tendencia a proyectar hacia afuera la causa de nuestra ansiedad o de nuestros problemas produce miedos y hasta monstruos. La escritora Regina Barreca expresó en una oportunidad: «Nuestras pesadillas se hacen insoportables por la precisión con las cuales nosotros mismos las elaboramos. Nuestro miedo convierte nuestro mundo familiar y conocido en un paisaje apocalíptico que solo existe en nuestra imaginación» (Regina Barreca, The Uses of Fear, NorthEast. Harford Courant Sunday Magazine. Connecticut, oct. 27, 1996).

Alien, Exterminador, Depredador, Día de la independencia, X-Files, podrían simbolizar nuestras propias tendencias y acciones proyectadas en la pantalla de los cines y televisores. Hasta el momento no hay certeza de que seres extraterrestres hayan llegado a la tierra o infligido daño a alguien. Por el contrario, son terrícolas los causantes de la conquista y exterminio sistemático de las culturas indígenas de América, el genocidio de millones de judíos cometido por los Nazis, el bombardeo atómico sobre poblaciones civiles indefensas en Hiroshima y Nagasaki, los campos de exterminio del Khmer Rouge, la invasión rusa a Ucrania, los salvajes ataques terroristas contra Israel y el exterminio de los cristianos en el Medio Oriente y norte de África, sin dejar de lado la destrucción sistemática de las selvas del Amazonas y de las etnias ancestrales que allí habitan orquestadas por los gobiernos socialistas de la región asociados con el crimen organizado. La contaminación y depredación sistemática en progreso de los recursos naturales pone en peligro la vida misma sobre la Tierra, son hechos reales cuya monstruosidad supera el horror de los filmes de ciencia ficción.

El tema de la existencia de vida en otros planetas, el cual se ha prestado a tantas especulaciones y distorsiones, es abordado por el filósofo budista Daisaku Ikeda (1928-2023), cuando afirma: «En el sentido budista, los entes vivos no están limitados a los seres biológicos conocidos. El budismo considera el universo entero como la fuente que genera todas las entidades. El universo es en sí mismo un ser vivo que contiene el potencial para desarrollar vida en todas las formas. La interpretación filosófica budista nos lleva a asumir que la vida está latente en todo el universo. Todo pensamiento teórico budista parte de la idea de que el universo en su totalidad es un inmenso cuerpo viviente.  Siendo esto así, a un budista no le sorprendería en lo más mínimo la idea de que en otros planetas vivan otros seres inteligentes” (Daisaku Ikeda and Arnold Toynbee, Choose Life, A Dialogue, Oxford University Press, 1989).

En la actualidad, las únicas naves que surcan la órbita terrestre no están tripuladas por criaturas monstruosas y belicosas sino por astronautas que nos han permitido observar a nuestro pequeño y hermoso planeta azul flotando en el espacio sideral, girando como un trompo a 1.500 kilómetros por hora mientras realiza un viaje de 365 días alrededor del sol, transportando a 8.000 millones de seres humanos, a millones de especies diferentes de plantas, animales y microorganismos, cuyas poblaciones forman entre sí una vasta y dramática trama de relaciones interdependientes en un frágil equilibrio.

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“Oro parece, plata no es”

Maurizio Cattelan, Comedian, feria Art Basel Miami, 2019. 

“Oro parece, plata no es”

Edgar Cherubini Lecuna

Según The Art Basel and UBS Global Art Market Report 2024, el mercado global del arte en 2023 alcanzó la cifra de 65.000 millones de dólares, una verdadera economía paralela que atrae miles de personas a galerías, subastas y ferias donde se exhiben y venden las obras de reconocidos artistas y se muestran nuevas propuestas.  Sin embargo, el público visitante observa con desconcierto como en algunos stands de ferias, simples objetos, sean bolsas de basura repletas de desechos, felpudos, cajas de zapatos, animales en formol y recientemente una banana pegada con cinta adhesiva en un muro, son calificados por curadores y críticos como obras de arte; por eso comenzaremos hablando de la figura retórica del calambur (RAE). Algunas adivinanzas y bromas se basan en el calambur: “Oro parece, plata no es”; “Blanca por dentro, verde por fuera, si quieres que te lo diga, espera”. El ingenioso poeta Quevedo utilizó un calambur al acercarse a la reina con un clavel blanco en una mano y una rosa roja en la otra mano y le dio a elegir entre las dos flores declamando: “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”. Para aproximarse a lo que está sucediendo en el mercado del arte contemporáneo, se necesitaría del atrevido cinismo de un Quevedo para denunciar el descaro de algunos pseudo artistas y su coro de idiotizados seguidores.

Una banana como carnada en una trampa cazabobos de US$ 6,2 millones 

Debido a que calambur rima con cambur (plátano dulce, banano), voy a hablar aquí de la supuesta “obra de arte” de Maurizio Cattelan, titulada Comedian, presentada por primera vez en la feria Art Basel en Miami en el año 2019. La obra consiste en una banana sujeta con una cinta adhesiva gris a una pared blanca. La pieza, con tres versiones (todas vendidas durante la feria) tenían un valor de US$ 120.000.​ En días recientes, el cambur o banana de Cattelan (uno nuevo, porque maduran muy rápido …y se pudren) se vendió por 6,2 millones de dólares a Justin Sun, un inversionista chino: «Me lo comeré como parte de una experiencia única», expresó, mientras degustaba la banana, que en cualquier puesto de frutas cuesta unos pocos céntimos. En España, calificar a alguien de “banana” es un término despectivo ya que significa una persona tonta, boba. Esto de la banana de Cattelan es parte de las trampas cazabobos del arte contemporáneo en la que caen mansamente curadores, críticos y el público que asiste a las exposiciones ignorando la artimaña que con astucia han reservado para incautos estos sagaces vendedores para algunos idiotas que adquieran sus calambures.

A los que somos apasionados del arte contemporáneo nos causa estupor esta chanza mediocre ya que es indigna frente a la proeza creativa, la coherencia de sus discursos y a la rigurosa vida en el arte de importantes artistas de los últimos dos siglos. Pero, además, esta burla realizada por un pseudo artista que no tiene una obra sólida qué mostrar como para decir que va contra los cánones del arte, es solo exhibicionismo. Este es uno entre muchos ejemplos de la superficialidad y banalidad que invaden las galerías, ferias y museos alrededor del mundo. Eso es cosa frecuente en muchos stands de las últimas ferias de arte que he visitado, donde uno no sabe si está observando una exposición de decoradores, artesanos o bromistas. Instalaciones con juegos de muebles, espejos, piezas de baño o valijas, eso sí, con un texto explicativo de la “obra” con el que tratan de convencer de su engendro.  Muchas de las llamadas obras de arte e instalaciones “vanguardistas” o “posmodernas”, sin ningún discurso conceptual que las sostenga, no son otra cosa que trampas caza bobos armadas por sagaces galeristas con una estrategia de marketing respaldándolos, muchas agallas y poco miedo al ridículo. Hay un viejo refrán popular que dice: “Donde hay un timador, hay un incauto”. Es una trapacería, no hay otra palabra para definir a unos autodenominados “artistas”, fabricantes de desaguisados. 

Del ready-made art al se vale todo

Cuando el maestro Marcel Duchamp (1887–1968), tras una destacada trayectoria cuestionó el academicismo en el arte, expuso un urinario de porcelana que tituló Fountain (1917), bajo el concepto ready-made art, dando inicio, sin proponérselo, a que otros se sintieran con licencia para matar el arte. Son vulgares imitadores de las obras de Duchamp, Ray, Picabia o Beuys, que estos exponentes del disparate nos tratan de vender como algo novedoso. Críticos de arte, periodistas culturales y curadores que convierten lo banal y nulo en vanguardia, no hacen otra cosa que invitar a la gente a vivir en el mundo de la confusión.

Si bien, el arte es completamente libre por tratarse de un mecanismo de expresión del que dispone cualquier individuo, debe existir al menos una dosis de ética en el artista con relación a las obras que exhibe. Son hilarantes las anécdotas sobre estos supuestos artistas sin pudor alguno. En la FIAC de 2013 en París, visité un stand que exhibía felpudos usados, eso sí, muy bien enmarcados e iluminados. Uno de estos aún tenía restos de mierda de perro, donde muy probablemente el “artista” había limpiado sus zapatos. Tuvieron mucha demanda pese a los altos precios. El paroxismo de esta confusión generalizada sobre lo que es el Arte en la actualidad, lo presencié en la FIAC París en 2016, cuando en uno de los pasillos me topé con un grupo de personas que tomaban fotografías o señalaban hacia el piso, donde observé una agenda de cuero marrón muy usada, entreabierta de canto en el piso, repleta de hojas amarillas de post-it y unas cartas de visita desparramadas. Un señor mayor, muy elegante y con la punta de su dedo índice colocado en su labio inferior, comentaba a su bella acompañante, con cierto desdén de connoisseur, lo interesante de esa obra que el interpretaba (sic) como el tiempo lineal en el que uno se pierde en la vida. En medio de ese espontáneo apiñamiento, apareció una señora un tanto regordeta, desencajada y respirando nerviosamente, se coló hacia el centro iluminado hasta que, entre suspiros de alivio, tomó la agenda que rato antes había perdido y organizando las tarjetas dio las gracias hacia el cielo por haberla encontrado, la guardó en su bolso y se marchó presurosa. 

En el mundo de las “instalaciones”, tan de moda entre los mercaderes del templo del arte y generalmente tan anodinas, el “se vale todo” ha ocasionado una crisis de valoración estética aunada a una deslegitimación promovidas por un mercado voraz y muy eficaz en impulsar propuestas insulsas que invaden las salas de exposiciones, donde críticos de arte en alianza con galeristas, grupos financieros y medios especializados, persuaden a la gente desinformada a preferir lo falso a lo verdadero, lo insustancial a lo valioso. Este desconcierto está opacando a los verdaderos discursos del Arte contemporáneo, incluyendo el de artistas con investigaciones y propuestas innovadoras tanto en la abstracción geométrica como en el arte conceptual. 

La “banana” antes mencionada no es estupidez, no es una broma o calambur, pienso que se inscribe en esa tendencia “progre” y “woke” en maridaje con la “cancel culture o “culture de l’annulation aupada por la izquierda internacional y minorías extremistas, ese movimiento conspicuo global que busca la deconstrucción de los cimientos occidentales y que, con saña, arremete también contra el arte impulsando la declinación de los valores que aspiran a la belleza. Alexander Baumgarten (Aesthetica,1750) afirmaba que “la perfección artística es un reflejo del orden existente en el universo y la belleza es la representación de ese orden. La verdad estética va ligada a la verdad moral”.

edgar.cherubini@gmail.com

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“¡Mi reino por un caballo!” ¿Un caballo llamado “negociación”?

Una corona ensangrentada es la fiel representación de Ricardo III en el afiche de la obra dirigida por Timothy L’Ecuyer en el The Winnipesaukee Playhouse de New Hampshire, USA.

“¡Mi reino por un caballo!” ¿Un caballo llamado “negociación”?

Edgar Cherubini Lecuna

“¡Hay que ser imbécil, moralmente imbécil para suponer que es mejor vivir rodeado de pánico!”, escribe Fernando Savater (Ética para amador, 2007), cuando se refiere a Ricardo III de Inglaterra (1452-1485), personaje central de la tragedia de Shakespeare. Ricardo Plantagenet, duque de Gloucester, es un personaje deforme, resentido, acomplejado y cruel, cuyo único objetivo en la vida es lograr ser coronado rey de Inglaterra. Para lograrlo, Gloucester se vale de todo tipo de artimañas, complots y asesinatos. Su psicopatía se expresa con cinismo, codicia y planes perversos que esconde bajo toda suerte de apariencias, incluyendo la de mostrarse como un hombre que “ama demasiado” a sus súbditos. Corteja, posee y luego desecha a Ana, viuda de Eduardo IV, Príncipe de Gales, a quien ha ordenado asesinar para convertirse en protector del reino. Este drama en cinco actos fue escrito por Shakespeare en 1593, inspirado en las anécdotas sobre las dos nobles familias de Lancaster y de York, luego de la famosa Guerra de Las Rosas. Nadie mejor que el para hurgar en las pasiones humanas y meter el dedo en la llaga de los poderosos. La tragedia es generada por las pulsiones psicopáticas de un individuo que ha logrado “el poder por el poder”, dentro de su incapacidad de crear valor en su reino, provocando su propia ruina, produciendo su propia Némesis. ¿Por qué́ termina Gloucester vuelto un enemigo de sí mismo? ¿Acaso no ha conseguido lo que quería, el poder del trono? Sí, pero al precio de desmantelar toda posibilidad de ser amado y respetado.

Pero no hay rey sin súbditos, no hay tirano y no hay dictador sin masas resignadas. Ante el poder despiadado de Ricardo III se inclinaron todos los nobles, incluyendo a Ana Neville, la viuda de Eduardo IV, a quien Ricardo ha asesinado para convertirse en guardián de sus hijos a quienes asesinará también. Ella lo sabe, sin embargo, se rinde a sus pies. Shakespeare conduce al lector a preguntarse por qué́ lo adulan y toleran. La respuesta la da La Boétie, quien afirmaba que los tiranos se crecen sobre la “servidumbre voluntaria de sus súbditos”. Savater profundiza en la psicología del personaje, afirmando que Gloucester quiere ser amado, se siente aislado por su malformación y cree que el afecto puede imponerlo a los otros por la fuerza. “Un trono no concede automáticamente ni amor ni respeto verdadero, sólo garantiza adulación, temor y servilismo. Sobre todo, cuando se consigue por medio de fechorías” (Savater). Gloucester se aprovechaba de los otros cuando le venía bien su colaboración, los aniquilaba si ya no le resultaban útiles. Habría que estudiar aun más la psicología de la resignación, pues todos conocían muy bien sus intenciones y sin embargo le servían y adulaban.

Shakespeare por su parte, desnuda al despiadado personaje en la dimensión de su verdadera tragedia, al conducirnos al final del primer acto, en el que Ana Neville, daga en mano, amenaza a Gloucester, preguntándole por qué ha asesinado a su esposo y a tanta gente, sólo para entronizarse en el poder, para engreírse, ufanarse y vanagloriarse, para nada más, pues no tenía nada que dar al reino, más bien era un ser mediocre, una nulidad. Él le toma la mano donde ella sostiene la afilada hoja, sujetándola con la suya y con provocación coloca la punta sobre su propio corazón, mientras le contesta con lacónico cinismo: “Esta mano que por tu amor mató a tu amor, matará por tu amor a un amor más fiel: serás cómplice de sus dos muertes”. A lo que Ana le responde conteniendo el pánico y la repulsión ante tanta perversidad: “Querría por un instante conocer qué escondes en tu corazón”.

Al final de la obra, ya cansados de tanta violencia e impunidad, las tropas rebeldes de la casa Tudor entablan combate contra su ejército en Bosworth (1485), donde Ricardo III, después de pasar una noche atormentado por la espantosa visión de sus víctimas, se encuentra, pie en tierra, desesperado en medio del fragor de la batalla. Shakespeare inmortaliza ese momento cuando el rey, cercado por sus enemigos, antes de ser abatido mortalmente grita desesperado: “¡Mi reino por un caballo!”.

Una analogía con el final de esta historia aplicada a la tragedia venezolana cuyos actores son igual de despiadados y cínicos, podría concluir con el clamor de Maduro pidiendo un caballo llamado “negociación”.

edgar.cherubini@gmail.com

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McDonald’s Trump y la ardilla Peanut

McDonald’s Trump y la ardilla Peanut

Edgar Cherubini Lecuna

Como un simple espectador de la política norteamericana y ávido de información objetiva que me permita reflexionar, escribí algunos apuntes durante el proceso electoral, al que le hice seguimiento y que hoy comparto.

1.El partido Demócrata y sus burócratas socialistas-progresistas, no le prestaron atención a la clase trabajadora y a la clase media que son los que mueven a los Estados Unidos, además se olvidaron por completo de la llamada “basura blanca”, White trash, Red neck o Hillbilly, epítetos despectivos para señalar a esa población blanca marginal que puebla las zonas rurales y montañosas del país, que habita también en las periferias de muchas urbes. Trump escogió como vicepresidente a J.D. Vance, un brillante abogado egresado de Yale, autor del libro Hillbilly Elegy: A Memoir of a Family and Culture in Crisis (2016), proveniente de una familia pobre y marginal Hillbilly de los Apalaches y defensor de la cultura y valores nativos de su terruño, despreciados por los burócratas de turno, derrumbando con este gesto la sempiterna mentira socialista de que ellos están con los pobres. En la entrevista que Alexandre Devecchio le hace a Christophe Guilluy (Le Figaro, 07/11/2024), este último afirma que “la elección de Trump es una reacción a años de invisibilidad y ostracismo de la mayoría ordinaria”. Son estas clases trabajadoras y medias las que escriben la hoja de ruta, tanto en Estados Unidos como en Europa, esta hoja de ruta es idéntica. Las clases populares se han alejado definitivamente de la división izquierda-derecha. Sus exigencias son las de proteger a los trabajadores, reactivar la economía, reindustrializar, controlar las fronteras y regular los flujos migratorios, exigencias de una ‘mayoría ordinaria’ que se niega a ser dejada de lado. Es la clase obrera estadounidense la que hace a Trump, ¡y no al revés! (Christophe Guilluy,Les Dépossédés. L’instinct de survie des classes populaires, Flammarion, 2022).

2. Kamala Harris comenzó su campaña con un plomo en el ala, ya que fue escogida a dedo por la cúpula del partido pese a que existían otros líderes mejor preparados. La escogencia de Tim Walz, para la vicepresidencia, un burócrata como Biden, no fortaleció su deficiente candidatura. Se apoyó en Barack Obama, en cantantes famosos y estrellas de Hollywood contribuyendo al desencanto del votante deseoso de respuestas a su precariedad social y no de espectáculos del showbiz. Gran parte de su campaña la dedicó a descalificar a Trump llamándolo delincuente, machista, fascista, “Hitler”, entre otros epítetos. En una campaña política la demonización a veces no da resultado o produce el efecto contrario.

3. Por otra parte, el récord histórico de apoyo que recibió Trump del voto hispano, de los afroamericanos y de la mayoría de la clase trabajadora se debe a que esas familias necesitaban que alguien coincidiera con sus preocupaciones como la droga, el crimen, las consecuencias de la inmigración ilegal, la inflación de los últimos dos años o el rechazo a que sus hijos sean expuestos a la instrucción woke en las escuelas públicas, tendencia apoyada por Harris en su campaña. Trump prometió que en el primer día de mandato impedirá las aberrantes políticas que siembran la transexualidad en las escuelas públicas aprovechándose de la inocencia de los niños, una de las promesas más aclamadas en los estados donde Trump afirmó su liderazgo. Su estilo agresivo en defensa de los valores de la familia atrajo hacia sus filas al americano medio.

4. En muchas entrevistas Kamala Harris demostraba su incapacidad e incurría en contradicciones cuando era abordada sobre temas esenciales para el votante en situaciones en las que no estaba asistida por telepronters. En una ciudad se mostraba pro-Israel y al día siguiente, delante de otra audiencia, se mostraba pro-Palestina, este comportamiento desencantó no solo al votante indeciso sino a muchos militantes demócratas. Esto se intensificó durante la entrevista con el veterano periodista de CNN Anderson Cooper (pro-Partido Demócrata) cuando, para ayudarla, le preguntó qué la diferenciaba del gobierno de Biden en temas tan acuciantes como la economía o el de los migrantes ilegales, a lo que dudó en responder o se contradijo en sus respuestas. Esta falta de unidad de criterio en temas claves y la segmentación de su discurso dependiendo del mood de las audiencias, la hicieron aparecer como ambigua e insegura. Mostrarse simpática no fue suficiente. No podemos dejar de mencionar sus incontrolables risotadas a quijada batiente, que resultaron grotescas para muchos.

Fotografía: © Evan Vucci, Associated Press (AP)

5. Sobre los eslóganes de ambos candidatos, el de Harris, escrito en condicional: “Cuando luchamos juntos, ganamos”, comparado con el de Trump: “Make America Great Again”, Que América vuelva a ser grande, que es un llamado a la acción o “Trump Will Fix It” (Trump arreglará esto), frase colocada en los podios para sus discursos. A esto hay que sumar la impresionante escena el día del atentado en Butler, Pensilvania, donde el mundo entero vio a un Trump real, con salpicaduras de sangre en su rostro después de haber recibido un disparo y con el puño en alto exclamar: “Luchar. Luchar. Luchar”, con la bandera americana de fondo. Esa imagen captada por Evan Vucci, de Associated Press (AP), recordó la famosa fotografía de los marines en la batalla de Iwo-Jima (1945), un ícono del patriotismo norteamericano. A mí no me cabe la menor duda que ese día, debido a su coraje y temple, millones de americanos decidieron votar por Trump.

6. Contrastando con la campaña de Harris, la capacidad y destrezas comunicacionales de Trump y la de su equipo de recuperar cada declaración en su contra de manera creativa nutrió su campaña de momentos inolvidables. Cuando a escasos días del cierre de campaña Biden declaró: “Los seguidores de Trump son basura (garbage)”, al día siguiente, Trump apareció vestido de garbage collector, en un camión de basura, para gloria de los empleados del aseo urbano. Lo mismo ocurrió con la mentira de Harris de haber sido empleada de McDonald’s en su época de estudiante utilizando para ello un fotomontaje. En un video por Twitter que se hizo viral, mientras repartía hamburguesas y envases con papitas fritas, Trump declaraba con sorna: “Yo sí he trabajado en McDonald’s”.

7. Para concluir, dentro de las muchas otras singularidades de esta campaña, el apoyo de Elon Musk, un genio de la industria automovilística y espacial, quien lo ayudará a hacer más eficiente su administración, significa que su gobierno acrecentará aún más la investigación tecnológica. No quiero terminar sin resaltar el caso de la ardilla Peanut y cómo, en el fragor de cualquier batalla electoral, un simple suceso puede desencadenar millones de reacciones a favor o en contra. El 30 de octubre, faltando pocos días para las elecciones, funcionarios del Departamento de Conservación Medioambiental del Estado de Nueva York (Demócrata), acudieron al hogar de Mark Longo y su esposa Daniela, acusándolos de poseer animales considerados salvajes. Los agentes del D.E.C. incautaron la ardilla Peanut, que la pareja durante siete años había cuidado con amor desde que la madre del animalito murió arrollada por un automóvil. Como la ardilla se sacudió y mordió al ser apresada por esos desconocidos, los funcionarios procedieron a sacrificarla para comprobar si estaba infectada con el virus de la rabia. En las redes, la triste denuncia de Longo y su esposa se transformó en una viral indignación de millones de internautas contra la burocracia demócrata, acontecimiento que fue recuperado de inmediato por el equipo de campaña de Trump, convirtiendo a Peanut en un mártir. “En un mitin de Trump, Marjorie Taylor Greene, congresista de Georgia, comparó el destino de Peanut con el de Laken Riley, una mujer de la localidad que fue asesinada por un ilegal venezolano, inculpando al gobierno de Biden-Harris por sus políticas migratorias” (Sarah Maslin Nir, How the Death of a Celebrity Squirrel Became a Republican Rallying Cry, New York Times, 04/11/2024).  La imagen de la ardilla Peanut, símbolo de protesta en los últimos días de la campaña, portando la bandera americana y acompañando a Trump, representado como capitán América, se tornó viral en las redes sociales.

Aunque socialistas y progresistas afirmen que “la victoria de Trump es un fallo de la democracia” (¿Por haber perdido Kamala Harris?), como lo han declarado diversos analistas, políticos y comentaristas en los medios globales, negando o distorsionando la realidad del voto popular masivo que obtuvo Trump, respaldado por los grandes electores en los estados claves cuyo mínimo es de 270 votos, obteniendo 312 vs 226. Una victoria contundente, con el respaldo de todas las clases sociales, razas y creencias religiosas que conviven en los Estados Unidos. La “mayoría ordinaria”, los Hillbilly y hasta los Amish contribuyeron a su triunfo. La democracia en Estados Unidos continuará siendo un modelo para imitar.

edgar.cherubini@gmail.com

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Los chamanes y el reencantamiento del mundo

Máscara ritual de un chamán del pueblo Yupit, Alaska, s. XIX. Musée des explorations du monde, Cannes, France.

Los chamanes y el reencantamiento del mundo

Edgar Cherubini Lecuna

Para el pensamiento chamánico, el mundo visible está dominado por fuerzas o espíritus invisibles que influyen o afectan las vidas de los integrantes de una comunidad. La palabra chamán proviene de la lengua tungús šamán, hablada en Manchuria y Siberia oriental, contiene la raíz sha-, que significa ‘saber’. El shamán sería entonces ‘el o la que sabe’. Su origen se ubica en la lengua palí hindú, śamana, y del sánscrito śramana: ‘asceta’, ‘sabio’, ‘vidente’.  El historiador Mircea Eliade (Shamanism, Archaic Techniques of Ecstacy, 1964), sostiene que el chamanismo es una antigua religión superviviente del Paleolítico, siendo progresivamente marginado con la propagación del monoteísmo, cuando el cristianismo se impuso sobre las religiones griega y romana.

Al poderse comunicar con los espíritus y las energías presentes en la naturaleza, mediante trances ayudados por cantos (mantras) o mediante la ingestión de plantas alucinógenas, los chamanes actúan como “mediadores” en su comunidad, al poder trasladarse y comunicarse con otras dimensiones, invisibles para el humano común. Sólo para citar un fragmento del entramado de creencias de los Yanomamis del alto Orinoco, cada uno de los habitantes del shabono tiene su non-eshi, alter ego o doble espiritual, que habita en las entrañas de la selva; por eso, cuando un Yanomami se enferma es porque en algún lugar, se ha caído una cría de su nido, o un animal se encuentra herido o sufriendo. De allí que la comunidad en pleno, guiada por el chamán, se dedique a buscar en la intrincada foresta la causa del padecimiento de uno de sus miembros. Es como si el entorno vegetal, animal o mineral se convirtiera en una extensión del cuerpo del chamán, en un medio para avanzar en los intangibles senderos de su práctica. El prestigio del chamán deriva directamente de su poder de sanación, al poder convertir a los espíritus de la naturaleza y de los hombres en sus aliados, para poder restaurar la armonía entre el hombre, el mundo espiritual y el mundo físico.

Yanomami preparándose para una ceremonia en el patio del shabono

En la etnia Yeküana, donde aún sobrevive la figura del chamán, éste tiene el poder de transformarse en jaguar, capaz de moverse libremente en la tierra, en el agua o trepar árboles para observar el entorno y proteger a su comunidad. Algunos chamanes Yeküana logran entrar en trance observando los diseños geométricos tejidos en sus cestas. En el libro Simbología de la cestería ye’kwána, portal hacia un mundo paralelo (2019), Charles Brewer aporta sus observaciones de campo: “La razón por la que los ye’kwána se empeñan en tejer algunos de estos complicados diseños con remolinos awídi, es que éstos pueden ser contemplados a manera de mandala para generar trances hipnóticos, especialmente a los fhíwai o chamanes, con el fin de que su akáto o espíritu pueda superar en menor tiempo el portal que lo separa de un mundo paralelo”.

Cesta tejida ye’kwána con diseños de remolinos awídi que generan trances hipnóticos. Charles Brewer-Carías,  Simbología de la cestería ye’kwána, portal hacia un mundo paralelo (2019).

Esto nos lleva a reflexionar sobre la relación del individuo con el mundo. En los estudios de Philippe Descola (Les natures en question, 2017) encontramos una aproximación acertada a la dicotomía individuo-naturaleza impuesta en nuestra cultura. Este antropólogo y profesor del Collège de France afirma que “la modernidad se construyó sobre la idea de una división fundamental entre naturaleza y cultura, entre humanos y no humanos, entre el mundo y el espíritu”. Somos herederos de una antigua concepción naturalista, característica de Europa, que establece una separación radical entre naturaleza y cultura, que consiste en hacer de la naturaleza un objeto autónomo que los humanos pueden controlar y poseer. En esta visión, enraizada en las sociedades occidentales, está el origen del problema de separación del individuo y su relación original con la naturaleza, al ver a ésta sólo como un objeto de explotación y beneficio.

La dicotomía o separación entre el individuo y el mundo físico, la aborda el filósofo japonés Daisaku Ikeda, uno de los más destacados exponentes del budismo en el siglo XX, al hablarnos del principio del Esho Funi, concepto que expresa la inseparabilidad del individuo y el medio ambiente.  La vida (sho) y su entorno (e) son inseparables (funi). Ello a su vez implica que, aunque percibimos las cosas que nos rodean como separadas de nosotros, existe una dimensión de nuestra vida que es una con la naturaleza. En el nivel más esencial, no hay separación alguna entre nosotros mismos y nuestro entorno: “Cada vida humana, junto con su ambiente, participa de la fuerza vital fundamental del cosmos. El ambiente individual toma forma como ambiente objetivo. La existencia subjetiva y el ambiente objetivo constituyen una sola existencia. Es inconcebible que esta existencia pueda ser dividida en dos. La formación de una vida humana como existencia subjetiva es idéntica con la formación del ambiente de esa vida. No es posible separarlas, como no lo es separar el crecimiento y el desarrollo de plantas y animales del mundo en que viven” (Daisaku Ikeda, La vida un enigma, Emecé, 1984). Si en occidente nos educan a percibir la naturaleza como algo que está allí afuera, completamente distinta y separada de nosotros, la filosofía budista aporta un sustancial concepto sobre la inseparabilidad del individuo y el medio ambiente.

En el Amazonas venezolano, la filosofía de vida de los Yeküana y su cosmovisión se asientan en una integración indivisible entre individuo y su medio ambiente. Lo mismo ocurre con los Yanomamis, en su concepción de la vida, cada individuo y todos los seres sean animales o vegetales son en sí portadores de una energía que forma parte de una fuerza vital universal común a todo lo que existe. Estos dos pueblos, hoy amenazados por la voracidad minera, han sobrevivido por miles de años en las selvas al sur del Orinoco en perfecta armonía con ese inmenso mundo vegetal.

Shaman Inuit de Alaska, Circa 1937. Alaska Museum of Natural History.

En mi búsqueda personal sobre este tema, el pasado mes de julio visité el Museo de las Exploraciones del Mundo (MEM), en el puerto de Cannes, para admirar Chamanes, dialogues avec l’invisible, una formidable colección de objetos ceremoniales provenientes de los cinco continentes. En el catálogo de la exhibición, el antropólogo Jeremy Narbi, expresa su visión sobre el chamanismo al afirmar que, en su afán de objetividad, nuestra sociedad ha separado a los humanos de las otras especies. “Los humanos aparecen entonces como los únicos “sujetos” verdaderos, mientras los otros no son sino simples objetos. Dentro del concepto que motiva a los pueblos ancestrales y a sus chamanes, los otros seres que nos acompañan en este planeta son igualmente “sujetos” con los que tenemos un vínculo de parentesco (nuestro ADN lo comprueba). La vía chamánica nos permite aprender de nuevo a conocer el mundo, a reconectarnos con los otros seres que lo pueblan. Es una manera de ‘reencantar’ el mundo”.

Una de las cualidades chamánicas es la de percibir y comprender el lenguaje de la naturaleza. Entre los fascinantes objetos que componen dicha muestra, observé en un enmarcado de taxidermia, la colorida Uranie (Chrysidiria rhipheus), una de las más vistosas mariposas del mundo, formando parte de esa colección de objetos rituales, ya que para los chamanes malgaches de Madagascar, es considerada el “alma” de sus ancestros, quienes se presentan en la forma de este lepidóptero para transmitirles, con sus giros danzantes en el aire, mensajes desde otra dimensión, que ellos leen, interpretan y traducen a su pueblo. No es de extrañar su semejanza con la religión griega. La palabra psyche, significaba “alma” y la figura de esta deidad era representada con alas de mariposa. Para los griegos el alma se alejaba volando del cuerpo, como una mariposa de su crisálida.

En la cultura malgache, los ancestros se aparecen en forma de mariposas. Musée des explorations du monde, Cannes, France.

Nunca es tarde para un cambio de perspectiva y cuestionar nuestros paradigmas aprendidos. Es necesario realizar cambios en la educación y promover la reflexión sobre el concepto de unidad persona-naturaleza, individuo-mundo. Mientras no se entienda este principio fundamental, continuará inexorablemente la dramática destrucción de la biodiversidad y de los ambientes donde habitan culturas de avanzada filosofía de vida que viven en armonía con el planeta. Chamán, shaman, sramana, el asceta, el vidente, el conector de mundos, el caminante de las esferas invisibles, el hombre-medicina, el que conoce el sendero hacia otras dimensiones; en todas las formas en que son mencionados, los chamanes son los depositarios de una sabiduría ancestral en peligro de extinción.

edgar.cherubini@gmail.com

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Los lenguajes cifrados del arte y la poesía

Auguste Herbin, Alphabet Plastique I, circa 1950

“Como la música, la pintura tiene su propio alfabeto que servirá de base para todas las combinaciones de colores y formas».  – Auguste Herbin

Los lenguajes cifrados del arte y la poesía

Edgar Cherubini Lecuna

“La sociedad acepta algunas cosas como reales, pero la realidad visible esconde otras más profundas y es el artista quien las revela”,[1] esto lo dice James Baldwin al describir la misión del artista en la sociedad, que tiene como fin el de revelar todo lo que pueda descubrir con respecto al misterio del ser humano. Por su parte, Theodor Adorno, afirmó en su momento que el arte en sí mismo es un enigma, “Es como una escritura jeroglífica cuyo código se hubiera perdido y cuyo contenido está determinado en parte por dicha pérdida”.

La percepción y reflexión de un fenómeno por un artista y la necesidad de comunicar lo que ha observado, descubierto, ideado o inventado es su arte, pero ¿cómo aborda el arte la realidad? Sobre esto, Aristóteles abre tres opciones que, según Jorge Wagensberg, se relacionan con la intención del artista: “Ocuparse de lo que la realidad es, de lo que la realidad parece o de lo que la realidad debe ser”. El autor concluye que una obra de arte es un pedazo finito de realidad que distorsiona una experiencia del mundo para encender en la propia mente o en la ajena, una ampliación de tal experiencia, por lo tanto, “una obra de arte es una compresión en pos de una expansión”.[2]

Tomás de Aquino (S. XIII) lo definió el arte como “el recto ordenamiento de la razón”. Esto nos conduce a pensar que el arte está formado por un conjunto de códigos que, al utilizarlos de forma racional, intuitiva o metafórica, configuran un mensaje cuyo fin es el de trasmitir una información al receptor de la obra. Por lo tanto, el arte utiliza un lenguaje propio que le permite establecer un diálogo con el observador y “los lenguajes son ventanas que nos permiten asomarnos a la realidad de una manera única”, diría George Steiner.(3)

A propósito de esto último, la abstracción, es una tendencia del arte que desde sus inicios estableció códigos de lectura que transformaron la visión del mundo. Kathleen Hall, una estudiosa de esta corriente, se refiere a su surgimiento del Arte Abstracto a finales del siglo XIX y especialmente a los padres fundadores del movimiento: Wassily Kandinsky, Frantisek Kupka, Piet Mondrian y Kazimer Malevich, expresando que esos artistas se sintieron los mensajeros de un mundo metafísico y comunicar este conocimiento se convirtió en el objetivo de su arte. El lenguaje con el que estos artistas tradujeron su visión de ese mundo fue la abstracción: “eran escribas que pintaban lo que no se podía decir con palabras”.(4)

Con su obra Composición en Rojo, Azul y Amarillo (1930), Piet Mondrian utiliza solamente líneas rectas y colores básicos. Mondrian había leído con avidez los ensayos teosóficos de Blavatsky (1831-1891) y Schoenmaekers (1915), en los que este último argumentaba: “Los dos extremos absolutos fundamentales que conforman nuestro planeta son: la línea de fuerza horizontal, es decir, la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol, y el movimiento vertical y profundamente espacial de los rayos que tiene su origen en el centro del sol. Los tres colores principales son el amarillo, el azul y el rojo. No existen más colores que ellos”.  Mondrian adoptó las formas geométricas y colores primarios para representar la compleja estructura del universo. Kandinsky y Mondrian reflexionaron sobre la posibilidad de crear un lenguaje universal mediante la utilización de un alfabeto con colores, con la intención de trascender las particularidades geográficas y culturales del receptor de la obra de arte: el espectador.  

En 1942, Auguste Herbin (1882–1960) comienza a elaborar sus obras a partir de un código inventado por él, al que denominó Alfabeto Plástico (Alphabet Plastique), estableciendo correspondencias entre las letras, los colores, las formas geométricas y las notas musicales. En su libro L’art non figuratif-non objectif, lo explica: “El color es un elemento primordial de la vida del universo y este se define por la luz materializada por lo oscuro. Esto quiere decir que todos los colores en la naturaleza son el resultado de la acción recíproca de la energía de la luz y de la energía de lo obscuro. Así como son necesarios dos principios para el nacimiento del color, existen dos colores esenciales que se corresponden con la preponderancia de cada uno en esos dos principios: el azul resulta de la preponderancia del principio de oscuridad y el amarillo del principio de la luz.  Sus mezclas, directa o indirectamente, producen el verde, expresión de la inmovilidad, color del mundo vegetal, o el púrpura, expresión movible del claro al oscuro, color del reino humano y vegetal”.(5)

Alfabeto de plástico de Herbin

M: amarillo barita; forma triangular; sonoridad media.

A: rosado. Este color resultante de la acción de las cuatro fuerzas etéricas, el rosa irá acompañado de una forma resultante de la combinación de las formas esférica, triangular, hemisférica y cuadrangular. Correspondencia musical: do, re, mi, fa, sol, la, si.

T: violeta azul oscuro; combinación de formas hemisféricas y cuadrangulares; el, sol, si.

I: naranja, combinación de formas esféricas y triangulares; sonido: re.

N: blanco; va acompañado de todas las formas de sonoridad: do, re, mi, fa, sol, la, si.

En las reflexiones de Herbin, los colores por sí mismos tienen “poder espacial”: «El color, expresado en su extensión bidimensional, posee, en sí mismo, un poder espacial. Algunos colores expresan el espacio en profundidad (los azules), otros el espacio frontal (los rojos). Algunos colores expresan el resplandor de adentro hacia afuera (los amarillos), otros de afuera hacia adentro (los azules). Algunos colores expresan movilidad (rojos, amarillos y azules), otros la inmovilidad (blanco, negro y verdes), otros movilidad e inmovilidad según sea percibido (rosas y violetas)».

Herbin utiliza cuatro (04) formas fundamentales a las que califica de unidades significantes como en lingüística: “La esfera, el hemisferio, el triángulo y el cuadrángulo (rectángulo y cuadrado). Por tanto, el sistema tiene tantas unidades significativas -como en lingüística se podría decir tantos fonemas- que luego puede articularse entre sí jugando, con gran libertad, en las relaciones de escala de formas-colores entre ellas; así que aquí tenemos la definición de un código que preexiste a cualquier idioma ”.  Recordemos que Platón asoció sus poliedros regulares convexos o cuerpos cósmicos con los elementos, así vemos que el fuego está asociado con el tetraedro; el aire, con el octaedro; el agua, con el icosaedro y la tierra, con el cubo, indicando que aún es posible una quinta forma, el dodecaedro, utilizado por Dios para la arquitectura del universo.​

Sobre la paradoja de la autonomía y dependencia de los colores, Josef Albers inicia en 1950, su notable Homenaje al cuadrado, una serie de más de dos mil composiciones de colores en las que todas parten de la disposición en el plano de cuatro cuadrados coloreados, de manera de permitir al observador descubrir la interacción de un determinado color con los colores que lo rodean, demostrando así la ambigüedad sustantiva del color. Alber afirmó con contundencia que “un color casi nunca se ve como realmente es, como es físicamente. Este hecho hace que el color sea el medio más relativo en el arte. (…) El color, pienso, se comporta como un humano, de dos maneras distintas: primero dentro de su existencia autónoma, después en su relación con el otro”.(6)

No solo fueron pintores los que se asomaron a las ventanas de la realidad para descubrir formas ideales en dimensiones sublimes o verdades escondidas a nuestras limitadas percepciones. Arthur Rimbaud (1854-1891) elaboró una gramática a color a partir de su apocalipsis personal. En su poema Voyelles[7], les asigna un color a las cinco vocales, en lo que sería un intento de crear un lenguaje cromático a partir de su inclemente experiencia vital:

A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales, contaré algún día tus nacimientos latentes:

A negro y peludo corsé de moscas resplandecientes,

Que zumban girando en torno a hedores insoportables

Golfos de sombra;

E, candor de vapores y tiendas,

las lanzas de los orgullosos glaciares, esos reyes blancos, escalofríos de umbelas;

I, púrpura, escupitajo sanguinolento, risa de hermosos labios

En cólera o en penitente borrachera;

U, ciclos, estremecimientos divinos de los mares verdosos,
la paz de los pastos sembrados de animales, la paz de las arrugas
que la alquimia imprime a las grandes frentes estudiosas;

O, Clarín supremo lleno de raras estridencias,
los silencios atravesados por Mundos y Ángeles;
– O la Omega, el rayo violeta de sus Ojos.

Un ángulo de aproximación a estas formulaciones y hallazgos nos la da Blanca Rego, quien escribe sobre la Sinestesia, entendida como la experiencia de asociaciones inusuales entre dos sensaciones de orígenes aparentemente diferentes, como la correspondencia entre el sonido y los colores o entre objetos y colores. La autora analiza, entre otros, el caso de la cantante Margaret Watts Hughes, que inventó el Eidófono (1834), un aparato para visualizar la voz, mediante el cual su canto generaba diferentes dibujos y formas que ella luego coloreaba. “Para ella era un misterio el por qué surgían esas figuras, pero era consciente de que quizá sugerían algo respecto a cómo produce la naturaleza sus formas. Su conclusión fue que “el universo se había formado a partir de las vibraciones de la voz de Dios”.(8)

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com


[1] James Baldwin, The Creative Process. The Price of the ticket, Penguin Random Hause, 1985.

[2] Jorge Wagensberg, El gozo intelectual: teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza, Tusquets Editores, 2007.

[3] George Steiner, Grammaires de la créatión, Gallimard, 2005.

[4] Kathleen Hall, Theosophy and the Emergence of Modern Abstract Art, TF Magazine, 2012.

[5] Herbin, Auguste, L’art non figuratif-non objectif. Editeur Hermann, France, 2013.

[6] Josef Albers, Inter​ac​tion of Color, Yale Univer​sity Press, 1963.

[7] Arthur Rimbaud, Œuvres completes, Collection Bibliothèque de la Pléiade (n° 68), Gallimard, Paris, 2009.                                 

[8] Blanca Rego (Mujeres que vieron el sonido, 6 pioneras de la música visual, Canino, 13.11. 2018).

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Despotismo, martirio y sacrificio

Funerales de Navalny en Moscú ©Ansa

El individuo, sus valores y las leyes del corazón están por encima de cualquier ley impuesta arbitrariamente por un tirano.

Despotismo, martirio y sacrificio

Edgar Cherubini Lecuna

La palabra mártir proviene del griego μάρτυς y significa “testigo”. Un mártir es una persona que sufre persecución y muerte por defender una causa religiosa o política, por lo que con su sufrimiento o muerte da “testimonio” de sus convicciones. Orígenes Adamantius (c. 184-253), ​considerado uno de los padres de la iglesia, que fue perseguido y torturado, en su libro Exhortacion al martirio, expresa que “el martirio es acción salvadora por el mundo”.

Hegel se refiere a estos hombres y mujeres capaces de sacrificarse por sus valores como “espíritus lucidos en sí mismos, espíritus íntegros”. “El auténtico acto de autorrealización equivale a la sustancia ética o moralidad como acto sustantivo”. La Moral (de la raíz Mori: costumbre) tiene que ver con el conjunto de valores, comportamientos y normas que socialmente aceptamos como válidos en nuestra sociedad, en nuestra cultura, en nuestra civilización. Ética, es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y por qué decidimos actuar en consecuencia.

La filósofa y psicoanalista Anne Dufourmantelle, en su ensayo Le sacrifice est-il encore possible? (Philosophie Magazine No 58), explora el tema del sacrificio refiriéndose a la heroína griega Antígona, considerando su actuación vigente en nuestros días: “Una sociedad que no está en condiciones de soportar el sacrificio es una sociedad pervertida. Esta verdad escandalosa es sólo una manera de decir que, sin la posibilidad de sacrificio, ya sea en forma de un acto heroico o de una resistencia diaria, inevitablemente se dibuja un horizonte totalitario y de clausura. El sacrificio crea el «acontecimiento», divide el tiempo psíquico, humano e histórico en dos, definiendo un antes y un después. El sacrificio inaugura un nuevo tiempo, realiza una ruptura y es, en esencia, una insubordinación radical, otorgando una magnitud superior al sujeto que lo realiza, ya que su acto, su sacrificio abre el acceso a una dimensión humana. Por eso, el sacrificio amenaza el orden social, ya que es un acto totalmente subversivo como lo atestiguan figuras míticas, especialmente femeninas, como Antígona”.

Antígona es el tema de una de las más notables y controversiales tragedias de Sófocles. La trama comienza con Eteocles, a quien le correspondía alternar la conducción de Tebas con su hermano Polinice, pero se aferra al poder despojándolo de su derecho, lo que provoca el alzamiento de Polinice, quien marcha hacia la ciudad encabezando una rebelión. Los dos hermanos entran en combate y se dan muerte el uno al otro. El tirano Creonte toma el poder de la ciudad, ordenando que se abandone el cuerpo de Polinice frente a los muros de Tebas, para que sea pasto de las fieras. Nuestra heroína desobedece el edicto del mandatario y le da sepultura a su hermano, lo que hace desatar la furia del tirano, disponiendo que fuera enterrada viva en una cueva.

Antígona, cuya historia está encarnada en muchas mujeres del presente, actúa según los dictados de su conciencia, obedeciendo al mandato de esos valores que no están plasmados en las leyes, sino en el corazón de cada individuo: “Desobedezco tus leyes y edictos, porque yo obedezco a otras leyes no escritas e inalterables, leyes eternas, que no son de hoy ni de ayer. ¿Es que acaso crees que voy a violar esas leyes divinas por miedo a una voluntad humana?”. La obra concluye con el sacrificio de Antígona.

Cuando Antígona se rebela y defiende sus valores obedeciendo su ética personal, ejerce su libertad, aun a riesgo de sacrificar su vida. Antígona contraría la idea establecida en la sociedad, de que el guion de nuestras vidas ya ha sido trazado por el destino, rebelándose no solo contra las leyes humanas impuestas por Creonte sino contra el terrible destino de sumisión al tirano que el pueblo de Tebas aceptaba sin protestar. De allí, que Steiner exprese que su interés en Antígona es el de preguntarse el por qué esta tragedia “continúa dominando y dando forma vital a nuestro sentido del yo y del mundo. ¿Por qué las Antígonas son verdaderamente eternas y siguen tan cercanas a nosotros en nuestro presente?”. El poeta Hofmannsthal da la respuesta: “¡Esta radiante criatura no pertenece a ninguna época! Venció una vez y continúa venciendo”. Las Antígonas del presente, encarnan la lucha por los valores humanos, por la democracia y la libertad.

Alexéi Navalny (1976-2024), líder de la oposición rusa, debido a sus denuncias sobre la corrupción del régimen y su lucha por la democracia, se suma a la legión de mártires del despotismo del siglo XXI, que adquiere diversas formas de opresión en los pueblos sojuzgados por regímenes totalitarios o despóticos como los de Rusia, Cuba, Venezuela y Nicaragua, por mencionar algunos. Después del asesinato de Navalny, Putin ordenó que no se entregara el cuerpo del mártir, pero su madre, Lyudmila Navalnaya, de 69 años, se trasladó al Gulag donde lo asesinaron, enfrentándose con un coraje inaudito a esa maquinaria despótica logrando darle sepultura en Moscú junto a miles de arriesgados seguidores del líder democrático. Navalnaya se convierte así en otra Antígona del presente.

Antígona es el símbolo de la rebeldía de la mujer enfrentada a la aplastante maquinaria del Estado. Simboliza el ideal de virtud y nobleza, recordándonos que el individuo, sus valores y las leyes del corazón están por encima de cualquier ley impuesta arbitrariamente por un tirano.

Deseo transmitir mi especial admiración y orgullo por las mujeres que se enfrentan a la denigrante dictadura comunista en Venezuela y Cuba, a esas madres, esposas, hermanas e hijas que han visto encarcelar, torturar y asesinar a sus seres queridos, manteniendo sus frentes en alto con dignidad y coraje, arriesgando sus vidas en su lucha por la democracia. Son las nobles Antígona criollas.

edgar.cherubini@gmail.com

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El símbolo devora a quien lo altera

No hay solsticio de invierno en octubre

El símbolo devora a quien lo altera

Edgar Cherubini Lecuna

El escritor Milan Kundera, quien padeció la exclusión y el hostigamiento durante la ocupación de Checoeslovaquia por la URSS en 1968, expresa su criterio sobre el guion comunista de la refundación del Estado: «Para liquidar a los pueblos se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Y alguien más escribe otros libros, les da otra cultura, inventa otra historia; después de eso, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son”. En Venezuela con la implantación del Socialismo del Siglo XXI, Chávez utilizó el mismo libreto para dar inicio a la refundación del país, comenzando por la transformación de la historia y los símbolos patrios. No contento con cambiarle el nombre por “República Bolivariana”, modificó la bandera, agregándole una octava estrella y al escudo nacional le invirtió la dirección hacia donde el caballo allí estampado solía cabalgar. Transformó el rostro de Simón Bolívar en un zambo a su imagen y semejanza. Chávez en persona dirigió la profanación del sarcófago del Libertador para utilizar sus huesos en rituales de la santería cubana. La retórica genocida y necrófila que impuso con el “Patria, Socialismo o Muerte”, se convirtió en la política criminal de Estado que desde hace 25 años oprime a los venezolanos. La espada libertadora de Bolívar fue mancillada al ser ofrendada a terroristas y dictadores de toda calaña. En vez de marchar hacia el futuro, el bravío alazán del emblema patrio comenzó una cabalgata a la inversa, hacia un pasado violento y tenebroso. De las cornucopias del escudo dejaron de brotar los frutos de la tierra, dando paso a la ruina y a la penuria que, desde entonces, reinan sobre la patria. Con la inversión de los símbolos patrios comenzó la decadencia del país. Al mismo Chávez lo alcanzó una muerte temprana, dolorosa e inesperada. Según Michel Tournier, “Hay un pavoroso momento en que el símbolo invertido y ultrajado, se convierte en demonio y devora a su portador” (Michel Tournier, Le roi des aulnes, Paris, Gallimard, 1970).

Los riesgos de alterar los símbolos.

Para Carl Jung, el símbolo implica algo desconocido u oculto que da forma a lo que antes eran solo sensaciones, ideas, intuiciones, creencias o valores. Los símbolos activan las resonancias en el interior del individuo. Cuando la mente se propone explorar un símbolo, llega a ideas que van más allá de lo que nuestra razón puede captar, son “potenciales energéticos psíquicos constitutivos de toda actividad humana”, afirma Jung. (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos, 1964). Los símbolos tienen repercusiones insospechadas en la psiquis de un individuo, de un grupo o de una sociedad. La prudencia enseña a no desvirtuarlos y menos a ultrajarlos.

Sin entrar en el análisis de los mitos colectivos y de aquellos que en su nombre los utilizan, pero sí en el terreno de las analogías políticas, la de Hitler y el nazismo presenta rasgos interesantes por el uso esotérico de los símbolos para el empoderamiento de un caudillo. La cruz gamada, “Swástica” en sánscrito, era un positivo y poderoso símbolo solar, eje del mundo y de la vida del misticismo hindú y de otras culturas orientales, pero al ser copiada por los ideólogos del esoterismo nazi, fue adulterada deliberadamente al cambiar la dirección de la rotación de los brazos hacia la derecha, transformándola en un símbolo de destrucción y muerte que, al final, se volcó contra ellos mismos. El Führer y su camarilla terminaron suicidándose entre los escombros incendiados de un oscuro bunker, dejando tras de sí un continente destruido y 60 millones de muertos.

El símbolo de la Esvástica en las culturas orientales (izq) se remonta a 7.000 años y representa el movimiento del Sol a través del cielo y a las cuatro estaciones. Es un símbolo espiritual positivo y sus brazos rotan hacia la izquierda. La Swastika nazi fue alterada y rotan hacia la derecha. Los nazis la esgrimieron con odio y violencia destructiva.

Escudo de armas de Venezuela original (izq) y escudo alterado por Chávez.

Es imposible no aludir a lo que ocurre en Venezuela. El chavismo se conectó con el lado oscuro de la condición humana y emprendió la inversión y ultraje de los símbolos patrios, allí comenzó la ruina del país. Sus sucesores no cesan de falsear la realidad, el discurso oficial es una acumulación de mentiras y humillaciones. Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea en nada, “un pueblo que ya no distingue entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal, es un pueblo privado del poder del pensamiento» (Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism, 1951). Para intentar distraer la atención sobre el descomunal fraude electoral del 28-J y la violenta represión desatada contra el pueblo que lo rechaza, Maduro ha decretado la Navidad en octubre, alterando un símbolo sublime de la cultura occidental, muy enraizado en las tradiciones venezolanas. Los ignorantes del régimen no entienden que el solsticio de invierno, que ocurre entre el 21 y el 25 de diciembre, es un acontecimiento astronómico. Nuestro planeta, en sus movimientos de translación y circunvalación, en esos días comienza su marcha hacia el Sol del que se había alejado en el solsticio de verano que ocurre el 24 de junio, de esa forma, los días comienzan a prolongarse y la oscuridad a disminuir. Ese orden cósmico no lo puede cambiar por decreto un tirano ignorante.

El calendario juliano estableció el solsticio de invierno el 25 de diciembre en el hemisferio Norte y en 1582, el papa Gregorio XIII fijó la fiesta de la Natividad el 25 de ese mes. No es una coincidencia que el solsticio de invierno y la celebración del nacimiento del niño Dios ocurra en esos días. Navidad viene del latín Nativitas, que significa la conmemoración de un retorno, es decir, del renacer del Sol o invictum solis o Sol invencible que comienza a alejar las tinieblas y que ocurre en esa fecha, motivo de adoración en templos de la antigua Roma y en rituales de remotas culturas agrarias. La naturaleza obedece a un orden y leyes trascendentes, de allí́ que los símbolos crean los vínculos entre el mundo manifiesto que percibimos y el enigmático orden cósmico al que pertenecemos. Cada diciembre, la mecánica celeste nos brinda la oportunidad de renacer espiritualmente. No hay solsticio de invierno en octubre, la Navidad se celebra el 25 de diciembre. Este símbolo esperanzador de la Navidad está siendo alterado, escamoteado por unos grotescos falsarios. La mente de un individuo o la de una colectividad, para sobrevivir necesita elaborar pautas vitales tomadas de la realidad, por eso, no es de extrañar que los venezolanos en su gesta democrática del 28-J, decidieron al unísono actuar contra la mentira, la opresión, el desprecio y el oscurantismo de este régimen. Exigir la verdad en Venezuela es un acto revolucionario.

edgar.cherubini@gmail.com

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Exceso de presente

René Magritte La Clef des champs (1936). Imagen cortesía de la Fundación-Colección Thyssen-Bornemisza, F.S.P., Madrid, España.

Exceso de presente

Una mirada a la obra poética de Leandro Area

Edgar Cherubini Lecuna

Al comenzar sus investigaciones sobre la naturaleza del tiempo, San Agustín (354-430), expresa: “El pasado y el futuro son creados y ambos fluyen de lo que es siempre el instante presente”. Esta sabia afirmación la inserto en estas líneas que escribo sobre la obra poética de Leandro Area, debido a que uno de sus libros se titula Exceso de presente (1997), en el que el autor se pregunta sin ambages: “¿Quién no es el taxidermista de sí mismo?”. Deduzco entonces que en dichas páginas hay un exceso de pasado que fluye hacia un tiempo verbal conjugado en presente, cargado de instantes transformados en sentimientos y habitado por punzantes reflexiones sobre sí mismo. Aguijoneado por sus intuiciones Leandro Area marcha como un acróbata sobre una cuerda tensada a gran altura entre dos postes de amarre que Hölderlin definió con claridad: “La Poesía es la más peligrosa de las obras, y a la vez la más inocente de las tareas”.[1]

Hito (del libro Exceso de presente)

A riesgo de perder la inocencia / escribo. / Limito y ordeno la intuición / el caos se hace triángulo / o palabra. / Es tal vez la irresponsabilidad mayor / y torpe / para quien aspira por momentos / a la imprevisión total de los hechos.

(Fragmento de Rito, del libro Exceso de presente)

Me interrogo hasta dónde puede el entusiasmo puro / convertir una ventisca en duda valedera / si la sorpresa es muda. / Hasta qué punto puede / un ciudadano tan común inmortalizar lo / cotidiano. / En el fondo ese es el drama / de querer trascender/ para dejar de ser pura ceniza / mientras todo transcurre y nada pasa.

Palabra(del libro Exceso de presente)

Palabra, hormiga negra. Trazo, triza, trenza. / Suma de horizontales restas / torcidas torpes / tripas tramposas. / Urbe de mil ventanas huecas. / Cabra, / clima que lame el lomo de la piedra / alimento purgante / búsqueda tropiezo / ascenso desenlace. / Salgan por fin / tuercas inhumanamente tercas. / Broten gemidos / irrisoriamente tristes. Digan de una vez / a qué obsesión aspiran / y déjennos tranquilos.

Al leer a Leandro Area, recuerdo la certeza con la que Enrique Gracia Trinidad definió el arte de la poesía: “Es oficio de vértigo este asunto de acuchillar palabras al papel”.[2] Area utiliza cuatro piedras de afilar para su cuchillo: Henry Morgan lo sabe (1987), Exceso de presente (1997), La casa extraviada (2000) y Virutario (2017). Los cuatro libros los leí al azar, sin orden cronológico, intentando integrar los fragmentos de una redención que acontece en esas páginas, porque ¿no es acaso su propia redención lo que busca un poeta? Al atisbar en ese umbral muy personal que Area describe al afilar las palabras de cada poema, me doy cuenta de que, en ellos, como en una holografía, el todo está presente en cada trozo. Antes mencioné la palabra atisbo y lo hice en el sentido de conjetura o vislumbre, al acercarme a escudriñar en ese umbral. Leandro Area escribe en un estilo libre de moldes y pretensiones, con una inusitada sinceridad consigo mismo, utilizando un lenguaje pleno de imágenes abstractas, unas veces, conciso y epigramático otras. Esto último me hace recordar a George Steiner cuando afirma que “los lenguajes son ventanas que nos permiten asomarnos a la realidad de una manera única”.[3]  Buscando una imagen que me permitiera resumir y mostrar una analogía con sus poemas, tropecé con La Clef des champs de Magritte. Como sucede en esta pintura, Leandro Area abre su ventana para que el lector se asome a su intimidad, eso sí, debe romper el cristal para poder apreciar la belleza poética de lo incongruente.

Fragmento de Tiempo (del libro Henry Morgan lo sabe)

Tiempo: irremediable misterio de infinitos cajones. / El reloj es un truco de olvido, / más transparente que una ventana fuera de sitio, / en lugar de un techo, por ejemplo.

Planea una nube (del libro Henry Morgan lo sabe)

Camino de donde para cuando / y no recuerdo la marca / del cigarrillo que no fumo. / Prendo la noche y no aparece el día. / Despierto y resulta que el mundo está durmiendo. / Se abre un baúl y no aparecen sino fotos futuras. / Registro mis bolsillos y surge una llave / de quién sabe qué puerta / que debo soportar como posible. / Planea una nube. Probablemente.

En sus poemas, Leandro Area logra sintetizar imágenes desde diferentes perspectivas, en las que representa al niño que, al caminar de espaldas, descubre vacíos y ausencias, al adolescente insaciable de amores al son de boleros y despechos, finalmente al hombre que, al traspasar la línea de la mediana edad, inicia el más peligroso de los peregrinajes en busca del paraíso perdido. Al final del viaje, se da cuenta que ya no puede volver al lugar de donde partió y sin esperanza asume una fe salvadora en sí mismo, a pesar de sus incertidumbres.

Amigos(extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

La despedida fue más que larga. / Planes de reencuentro, / teléfonos que sabíamos no sonarían jamás. / Cada quien anduvo con su noche. / Yo iba con lo mío a cuestas / recordando el paraíso perdido / el único que existe.

El guerrero(extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

Fue allí́, en la precisión de aquel instante / que inicia la costumbre de caminar solamente de espaldas intentando / el camino de regreso a los primeros pasos para / escarbar en el acto de sus propias raíces, lo aún no recibido, / lo hasta ahora vedado.

Me faltas más que tú (extracto, del libro Exceso de presente)

Sin ti estoy perdido/ en un desierto idéntico y eterno / donde abundan el agua en manantial y los frutos más dulces / para colmo de males, / pues no podré morir / ni de sed ni de hambre sino de soledad / que es la pena, supongo, más cruenta de estar vivo / porque la soledad / es eternidad repetida al revés. / Tú no eres suficiente. Me faltas más que tú. / Existo al encontrarte. / Por eso me repito: / se te pasó la mano, corazón.

Cuando de paso estés (extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

Cuando de paso estés, no te detengas. / Hazlo como quien sabe de antemano que un nido es una huella que se borra. / Ten el coraje de no arrancarle la suerte a lo próximo. / Abandónate así / sin que la dejadez invierta en entredicho / tu responsable desazón. /Paséate nada más / únicamente de soslayo / para que el otro lado de tu cara se desoriente para que tu previsión no / te acorrale.

Quizás Boris Cyrulnik acierta al decir que “una pérdida sin palabras es un pozo sin fondo. Las historias que uno construye para llenar este vacío crean un sentido de existencia, a pesar de todo».[4]  En Los barcos íntimos(Henry Morgan lo sabe), Area expresa con desazón: “Todo nacimiento es un destierro” o, en Mi padre, (del libro La casa extraviada): Mi padre nació́ en Cuba / Nunca lo vi jamás / Me dejó en herencia / unas tremendas ganas de bailar.

Como nosotros (del libro Henry Morgan lo sabe)

Sepultados a la sombra de la Academia Palatina, Pipino, hijo de Carlo Magno, y Alcuino, / preceptor y amigo, / discurren sobre las formas del silencio. / El joven insiste luego de un / largo mutismo: «Maese, ¿qué es la escritura?», / y aquél que observa las hormigas sin tiempo responde: / «La conservadora de la ciencia». / «¿Y la palabra, maestro?» / Alcuino que ve el puñal de su cinto sin dudar alega: / «La traición del pensamiento» / El texto ha cancelado la memoria. / Por qué en vez de escribir no digo, bailo o callo, sin sentir disgusto o pena. / ¿Por qué nos duele tanto Alejandría? / El libro es una ilusión occidental contra el olvido, objeto ritual frente a la muerte.

El escritor francés Romain Gary afirmaba que el humor es el arma blanca de los hombres desarmados. Es una forma de revuelta pacífica que desactiva la dolorosa realidad que les está sucediendo. En muchas de las páginas, Area emplea esa navaja: Nada de sumas/ reptas / El verbo agregar es letra mueca.  (…) Los pianos nunca han escrito sus conciertos. (…) corbatas que no combinan con la historia.

En sus poesías, Leandro Area va desandando palabras desde el desasosiego a un desahogo incomprensible para quien no posee la llave del cálido recinto de las interpretaciones. Algunos de sus poemas se articulan mediante la yuxtaposición de escenas, de actos y acontecimientos hasta lograr una abstracción. A propósito de esto, Luis Camnitzer, artista conceptual, afirma que “el artista (…y yo añadiría, el poeta) es el que tiene la intuición disciplinada”.[5] Por eso, al abordar la obra poética de Leandro Area, realicé un ejercicio de permutación de las escenas metafóricas a un marco intuitivo ya que éste funciona por asociación, como lo expresa Christophe Haag: “La intuición es la activación del ‘inconsciente adaptativo’, en el que el cerebro analiza el entorno y luego busca en el álbum de la memoria acontecimientos o emociones que tengan algo en común con la situación, de allí que una imagen desencadena una sensación y esta revela una idea”.[6]  Según Area, el tiempo es “un irremediable misterio de infinitos cajones. El reloj es un truco de olvido, / más transparente que una ventana fuera de sitio, / en lugar de un techo por ejemplo”; “Cuánto pesa este sol de mediodía. / Se detiene el tiempo en relojes distintos”; “—al mediodía la hora es la misma en todas partes— sin importar el siglo”. Pero, si bien la metáfora es la sustitución de una palabra por otra, la metonimia es la conexión de una palabra con otra palabra. La metáfora se liga con el ser, la metonimia con su falta. “Sé río sin saberlo. Ya mar habrá́ una vez”. Su poesía rebosa de metonimias y de incógnitas.

Teje (Henry Morgan lo sabe):

Nunca esperes que desde el otro lado del camino alguien alguna vez te diga que la ruta está abierta. / Mira bien delante de tus huellas / y recuerda como aquél que tiene tras de sí́ / el polvo de las noches sin sueño, / que la pálida oruga teje su muerte sin saberlo. / Las sombras jamás mienten, / la contorsión es otra treta de su estilo. No finjas el regreso / pues el sosiego no está́ sino detrás / de la muralla / que nunca encontraremos.

Area compone una oda muy particular a la ciudad que lo vio nacer: Alguna vez me iré́ / por el patio trasero / para evitar las despedidas / y encontraré un aguacero en el desierto florido / al que nos parecemos. / Por eso en vidas futuras / no dudaré en qué ciudad nacer. / Novia y puñal, tú: Caracas. Al finalizar la lectura de sus poemas, el lector no conocerá el secreto de sus perplejidades, solo rasgos de su geografía íntima y unos mapas que conducen al final del laberinto donde moran rabiosas confesiones: “Se pierde lo eterno al descubrir el tiempo”; “Uno no sabe por qué́ escribe o más bien sí lo sabe / y por eso lo esconde”; “Uno no entiende para quién escribe y por ello se oculta con lo escrito en alguna nostalgia salvadora”. A quienes osen hostigarle, les dice sin rodeos: “Convénzanse muchachos: Nadie me borrará. Soy invisible”. 

edgar.cherubini@gmail.com


[1] Martin Heidegger, Hoelderlin y la esencia de la poesía, ULA, 1968. Traducción y  

  comentarios por Juan David García Bacca.

[2] Enrique Viloria Vera, Villas, pueblas y escritores. Centro de Estudios Ibéricos y  

  Americanos de Salamanca, 2017.

[3] George Steiner, Grammaires de la créatión, Gallimard, 2005.

[4] Boris Cyrulnik, La nuit, j’écrirai des soleils, Edit. Odile Jacob, 2020.

[5] Bea Espejo, Retrospectiva de Luis Camnitzer en el Museo Reina Sofía, El País, 15/10/2018.

[6] Christophe Haag, La Contagion émotionnelle, Ed. Albin Michel, 2019.

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