Los chamanes y el reencantamiento del mundo

Máscara ritual de un chamán del pueblo Yupit, Alaska, s. XIX. Musée des explorations du monde, Cannes, France.

Los chamanes y el reencantamiento del mundo

Edgar Cherubini Lecuna

Para el pensamiento chamánico, el mundo visible está dominado por fuerzas o espíritus invisibles que influyen o afectan las vidas de los integrantes de una comunidad. La palabra chamán proviene de la lengua tungús šamán, hablada en Manchuria y Siberia oriental, contiene la raíz sha-, que significa ‘saber’. El shamán sería entonces ‘el o la que sabe’. Su origen se ubica en la lengua palí hindú, śamana, y del sánscrito śramana: ‘asceta’, ‘sabio’, ‘vidente’.  El historiador Mircea Eliade (Shamanism, Archaic Techniques of Ecstacy, 1964), sostiene que el chamanismo es una antigua religión superviviente del Paleolítico, siendo progresivamente marginado con la propagación del monoteísmo, cuando el cristianismo se impuso sobre las religiones griega y romana.

Al poderse comunicar con los espíritus y las energías presentes en la naturaleza, mediante trances ayudados por cantos (mantras) o mediante la ingestión de plantas alucinógenas, los chamanes actúan como “mediadores” en su comunidad, al poder trasladarse y comunicarse con otras dimensiones, invisibles para el humano común. Sólo para citar un fragmento del entramado de creencias de los Yanomamis del alto Orinoco, cada uno de los habitantes del shabono tiene su non-eshi, alter ego o doble espiritual, que habita en las entrañas de la selva; por eso, cuando un Yanomami se enferma es porque en algún lugar, se ha caído una cría de su nido, o un animal se encuentra herido o sufriendo. De allí que la comunidad en pleno, guiada por el chamán, se dedique a buscar en la intrincada foresta la causa del padecimiento de uno de sus miembros. Es como si el entorno vegetal, animal o mineral se convirtiera en una extensión del cuerpo del chamán, en un medio para avanzar en los intangibles senderos de su práctica. El prestigio del chamán deriva directamente de su poder de sanación, al poder convertir a los espíritus de la naturaleza y de los hombres en sus aliados, para poder restaurar la armonía entre el hombre, el mundo espiritual y el mundo físico.

Yanomami preparándose para una ceremonia en el patio del shabono

En la etnia Yeküana, donde aún sobrevive la figura del chamán, éste tiene el poder de transformarse en jaguar, capaz de moverse libremente en la tierra, en el agua o trepar árboles para observar el entorno y proteger a su comunidad. Algunos chamanes Yeküana logran entrar en trance observando los diseños geométricos tejidos en sus cestas. En el libro Simbología de la cestería ye’kwána, portal hacia un mundo paralelo (2019), Charles Brewer aporta sus observaciones de campo: “La razón por la que los ye’kwána se empeñan en tejer algunos de estos complicados diseños con remolinos awídi, es que éstos pueden ser contemplados a manera de mandala para generar trances hipnóticos, especialmente a los fhíwai o chamanes, con el fin de que su akáto o espíritu pueda superar en menor tiempo el portal que lo separa de un mundo paralelo”.

Cesta tejida ye’kwána con diseños de remolinos awídi que generan trances hipnóticos. Charles Brewer-Carías,  Simbología de la cestería ye’kwána, portal hacia un mundo paralelo (2019).

Esto nos lleva a reflexionar sobre la relación del individuo con el mundo. En los estudios de Philippe Descola (Les natures en question, 2017) encontramos una aproximación acertada a la dicotomía individuo-naturaleza impuesta en nuestra cultura. Este antropólogo y profesor del Collège de France afirma que “la modernidad se construyó sobre la idea de una división fundamental entre naturaleza y cultura, entre humanos y no humanos, entre el mundo y el espíritu”. Somos herederos de una antigua concepción naturalista, característica de Europa, que establece una separación radical entre naturaleza y cultura, que consiste en hacer de la naturaleza un objeto autónomo que los humanos pueden controlar y poseer. En esta visión, enraizada en las sociedades occidentales, está el origen del problema de separación del individuo y su relación original con la naturaleza, al ver a ésta sólo como un objeto de explotación y beneficio.

La dicotomía o separación entre el individuo y el mundo físico, la aborda el filósofo japonés Daisaku Ikeda, uno de los más destacados exponentes del budismo en el siglo XX, al hablarnos del principio del Esho Funi, concepto que expresa la inseparabilidad del individuo y el medio ambiente.  La vida (sho) y su entorno (e) son inseparables (funi). Ello a su vez implica que, aunque percibimos las cosas que nos rodean como separadas de nosotros, existe una dimensión de nuestra vida que es una con la naturaleza. En el nivel más esencial, no hay separación alguna entre nosotros mismos y nuestro entorno: “Cada vida humana, junto con su ambiente, participa de la fuerza vital fundamental del cosmos. El ambiente individual toma forma como ambiente objetivo. La existencia subjetiva y el ambiente objetivo constituyen una sola existencia. Es inconcebible que esta existencia pueda ser dividida en dos. La formación de una vida humana como existencia subjetiva es idéntica con la formación del ambiente de esa vida. No es posible separarlas, como no lo es separar el crecimiento y el desarrollo de plantas y animales del mundo en que viven” (Daisaku Ikeda, La vida un enigma, Emecé, 1984). Si en occidente nos educan a percibir la naturaleza como algo que está allí afuera, completamente distinta y separada de nosotros, la filosofía budista aporta un sustancial concepto sobre la inseparabilidad del individuo y el medio ambiente.

En el Amazonas venezolano, la filosofía de vida de los Yeküana y su cosmovisión se asientan en una integración indivisible entre individuo y su medio ambiente. Lo mismo ocurre con los Yanomamis, en su concepción de la vida, cada individuo y todos los seres sean animales o vegetales son en sí portadores de una energía que forma parte de una fuerza vital universal común a todo lo que existe. Estos dos pueblos, hoy amenazados por la voracidad minera, han sobrevivido por miles de años en las selvas al sur del Orinoco en perfecta armonía con ese inmenso mundo vegetal.

Shaman Inuit de Alaska, Circa 1937. Alaska Museum of Natural History.

En mi búsqueda personal sobre este tema, el pasado mes de julio visité el Museo de las Exploraciones del Mundo (MEM), en el puerto de Cannes, para admirar Chamanes, dialogues avec l’invisible, una formidable colección de objetos ceremoniales provenientes de los cinco continentes. En el catálogo de la exhibición, el antropólogo Jeremy Narbi, expresa su visión sobre el chamanismo al afirmar que, en su afán de objetividad, nuestra sociedad ha separado a los humanos de las otras especies. “Los humanos aparecen entonces como los únicos “sujetos” verdaderos, mientras los otros no son sino simples objetos. Dentro del concepto que motiva a los pueblos ancestrales y a sus chamanes, los otros seres que nos acompañan en este planeta son igualmente “sujetos” con los que tenemos un vínculo de parentesco (nuestro ADN lo comprueba). La vía chamánica nos permite aprender de nuevo a conocer el mundo, a reconectarnos con los otros seres que lo pueblan. Es una manera de ‘reencantar’ el mundo”.

Una de las cualidades chamánicas es la de percibir y comprender el lenguaje de la naturaleza. Entre los fascinantes objetos que componen dicha muestra, observé en un enmarcado de taxidermia, la colorida Uranie (Chrysidiria rhipheus), una de las más vistosas mariposas del mundo, formando parte de esa colección de objetos rituales, ya que para los chamanes malgaches de Madagascar, es considerada el “alma” de sus ancestros, quienes se presentan en la forma de este lepidóptero para transmitirles, con sus giros danzantes en el aire, mensajes desde otra dimensión, que ellos leen, interpretan y traducen a su pueblo. No es de extrañar su semejanza con la religión griega. La palabra psyche, significaba “alma” y la figura de esta deidad era representada con alas de mariposa. Para los griegos el alma se alejaba volando del cuerpo, como una mariposa de su crisálida.

En la cultura malgache, los ancestros se aparecen en forma de mariposas. Musée des explorations du monde, Cannes, France.

Nunca es tarde para un cambio de perspectiva y cuestionar nuestros paradigmas aprendidos. Es necesario realizar cambios en la educación y promover la reflexión sobre el concepto de unidad persona-naturaleza, individuo-mundo. Mientras no se entienda este principio fundamental, continuará inexorablemente la dramática destrucción de la biodiversidad y de los ambientes donde habitan culturas de avanzada filosofía de vida que viven en armonía con el planeta. Chamán, shaman, sramana, el asceta, el vidente, el conector de mundos, el caminante de las esferas invisibles, el hombre-medicina, el que conoce el sendero hacia otras dimensiones; en todas las formas en que son mencionados, los chamanes son los depositarios de una sabiduría ancestral en peligro de extinción.

edgar.cherubini@gmail.com

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Los lenguajes cifrados del arte y la poesía

Auguste Herbin, Alphabet Plastique I, circa 1950

“Como la música, la pintura tiene su propio alfabeto que servirá de base para todas las combinaciones de colores y formas».  – Auguste Herbin

Los lenguajes cifrados del arte y la poesía

Edgar Cherubini Lecuna

“La sociedad acepta algunas cosas como reales, pero la realidad visible esconde otras más profundas y es el artista quien las revela”,[1] esto lo dice James Baldwin al describir la misión del artista en la sociedad, que tiene como fin el de revelar todo lo que pueda descubrir con respecto al misterio del ser humano. Por su parte, Theodor Adorno, afirmó en su momento que el arte en sí mismo es un enigma, “Es como una escritura jeroglífica cuyo código se hubiera perdido y cuyo contenido está determinado en parte por dicha pérdida”.

La percepción y reflexión de un fenómeno por un artista y la necesidad de comunicar lo que ha observado, descubierto, ideado o inventado es su arte, pero ¿cómo aborda el arte la realidad? Sobre esto, Aristóteles abre tres opciones que, según Jorge Wagensberg, se relacionan con la intención del artista: “Ocuparse de lo que la realidad es, de lo que la realidad parece o de lo que la realidad debe ser”. El autor concluye que una obra de arte es un pedazo finito de realidad que distorsiona una experiencia del mundo para encender en la propia mente o en la ajena, una ampliación de tal experiencia, por lo tanto, “una obra de arte es una compresión en pos de una expansión”.[2]

Tomás de Aquino (S. XIII) lo definió el arte como “el recto ordenamiento de la razón”. Esto nos conduce a pensar que el arte está formado por un conjunto de códigos que, al utilizarlos de forma racional, intuitiva o metafórica, configuran un mensaje cuyo fin es el de trasmitir una información al receptor de la obra. Por lo tanto, el arte utiliza un lenguaje propio que le permite establecer un diálogo con el observador y “los lenguajes son ventanas que nos permiten asomarnos a la realidad de una manera única”, diría George Steiner.(3)

A propósito de esto último, la abstracción, es una tendencia del arte que desde sus inicios estableció códigos de lectura que transformaron la visión del mundo. Kathleen Hall, una estudiosa de esta corriente, se refiere a su surgimiento del Arte Abstracto a finales del siglo XIX y especialmente a los padres fundadores del movimiento: Wassily Kandinsky, Frantisek Kupka, Piet Mondrian y Kazimer Malevich, expresando que esos artistas se sintieron los mensajeros de un mundo metafísico y comunicar este conocimiento se convirtió en el objetivo de su arte. El lenguaje con el que estos artistas tradujeron su visión de ese mundo fue la abstracción: “eran escribas que pintaban lo que no se podía decir con palabras”.(4)

Con su obra Composición en Rojo, Azul y Amarillo (1930), Piet Mondrian utiliza solamente líneas rectas y colores básicos. Mondrian había leído con avidez los ensayos teosóficos de Blavatsky (1831-1891) y Schoenmaekers (1915), en los que este último argumentaba: “Los dos extremos absolutos fundamentales que conforman nuestro planeta son: la línea de fuerza horizontal, es decir, la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol, y el movimiento vertical y profundamente espacial de los rayos que tiene su origen en el centro del sol. Los tres colores principales son el amarillo, el azul y el rojo. No existen más colores que ellos”.  Mondrian adoptó las formas geométricas y colores primarios para representar la compleja estructura del universo. Kandinsky y Mondrian reflexionaron sobre la posibilidad de crear un lenguaje universal mediante la utilización de un alfabeto con colores, con la intención de trascender las particularidades geográficas y culturales del receptor de la obra de arte: el espectador.  

En 1942, Auguste Herbin (1882–1960) comienza a elaborar sus obras a partir de un código inventado por él, al que denominó Alfabeto Plástico (Alphabet Plastique), estableciendo correspondencias entre las letras, los colores, las formas geométricas y las notas musicales. En su libro L’art non figuratif-non objectif, lo explica: “El color es un elemento primordial de la vida del universo y este se define por la luz materializada por lo oscuro. Esto quiere decir que todos los colores en la naturaleza son el resultado de la acción recíproca de la energía de la luz y de la energía de lo obscuro. Así como son necesarios dos principios para el nacimiento del color, existen dos colores esenciales que se corresponden con la preponderancia de cada uno en esos dos principios: el azul resulta de la preponderancia del principio de oscuridad y el amarillo del principio de la luz.  Sus mezclas, directa o indirectamente, producen el verde, expresión de la inmovilidad, color del mundo vegetal, o el púrpura, expresión movible del claro al oscuro, color del reino humano y vegetal”.(5)

Alfabeto de plástico de Herbin

M: amarillo barita; forma triangular; sonoridad media.

A: rosado. Este color resultante de la acción de las cuatro fuerzas etéricas, el rosa irá acompañado de una forma resultante de la combinación de las formas esférica, triangular, hemisférica y cuadrangular. Correspondencia musical: do, re, mi, fa, sol, la, si.

T: violeta azul oscuro; combinación de formas hemisféricas y cuadrangulares; el, sol, si.

I: naranja, combinación de formas esféricas y triangulares; sonido: re.

N: blanco; va acompañado de todas las formas de sonoridad: do, re, mi, fa, sol, la, si.

En las reflexiones de Herbin, los colores por sí mismos tienen “poder espacial”: «El color, expresado en su extensión bidimensional, posee, en sí mismo, un poder espacial. Algunos colores expresan el espacio en profundidad (los azules), otros el espacio frontal (los rojos). Algunos colores expresan el resplandor de adentro hacia afuera (los amarillos), otros de afuera hacia adentro (los azules). Algunos colores expresan movilidad (rojos, amarillos y azules), otros la inmovilidad (blanco, negro y verdes), otros movilidad e inmovilidad según sea percibido (rosas y violetas)».

Herbin utiliza cuatro (04) formas fundamentales a las que califica de unidades significantes como en lingüística: “La esfera, el hemisferio, el triángulo y el cuadrángulo (rectángulo y cuadrado). Por tanto, el sistema tiene tantas unidades significativas -como en lingüística se podría decir tantos fonemas- que luego puede articularse entre sí jugando, con gran libertad, en las relaciones de escala de formas-colores entre ellas; así que aquí tenemos la definición de un código que preexiste a cualquier idioma ”.  Recordemos que Platón asoció sus poliedros regulares convexos o cuerpos cósmicos con los elementos, así vemos que el fuego está asociado con el tetraedro; el aire, con el octaedro; el agua, con el icosaedro y la tierra, con el cubo, indicando que aún es posible una quinta forma, el dodecaedro, utilizado por Dios para la arquitectura del universo.​

Sobre la paradoja de la autonomía y dependencia de los colores, Josef Albers inicia en 1950, su notable Homenaje al cuadrado, una serie de más de dos mil composiciones de colores en las que todas parten de la disposición en el plano de cuatro cuadrados coloreados, de manera de permitir al observador descubrir la interacción de un determinado color con los colores que lo rodean, demostrando así la ambigüedad sustantiva del color. Alber afirmó con contundencia que “un color casi nunca se ve como realmente es, como es físicamente. Este hecho hace que el color sea el medio más relativo en el arte. (…) El color, pienso, se comporta como un humano, de dos maneras distintas: primero dentro de su existencia autónoma, después en su relación con el otro”.(6)

No solo fueron pintores los que se asomaron a las ventanas de la realidad para descubrir formas ideales en dimensiones sublimes o verdades escondidas a nuestras limitadas percepciones. Arthur Rimbaud (1854-1891) elaboró una gramática a color a partir de su apocalipsis personal. En su poema Voyelles[7], les asigna un color a las cinco vocales, en lo que sería un intento de crear un lenguaje cromático a partir de su inclemente experiencia vital:

A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales, contaré algún día tus nacimientos latentes:

A negro y peludo corsé de moscas resplandecientes,

Que zumban girando en torno a hedores insoportables

Golfos de sombra;

E, candor de vapores y tiendas,

las lanzas de los orgullosos glaciares, esos reyes blancos, escalofríos de umbelas;

I, púrpura, escupitajo sanguinolento, risa de hermosos labios

En cólera o en penitente borrachera;

U, ciclos, estremecimientos divinos de los mares verdosos,
la paz de los pastos sembrados de animales, la paz de las arrugas
que la alquimia imprime a las grandes frentes estudiosas;

O, Clarín supremo lleno de raras estridencias,
los silencios atravesados por Mundos y Ángeles;
– O la Omega, el rayo violeta de sus Ojos.

Un ángulo de aproximación a estas formulaciones y hallazgos nos la da Blanca Rego, quien escribe sobre la Sinestesia, entendida como la experiencia de asociaciones inusuales entre dos sensaciones de orígenes aparentemente diferentes, como la correspondencia entre el sonido y los colores o entre objetos y colores. La autora analiza, entre otros, el caso de la cantante Margaret Watts Hughes, que inventó el Eidófono (1834), un aparato para visualizar la voz, mediante el cual su canto generaba diferentes dibujos y formas que ella luego coloreaba. “Para ella era un misterio el por qué surgían esas figuras, pero era consciente de que quizá sugerían algo respecto a cómo produce la naturaleza sus formas. Su conclusión fue que “el universo se había formado a partir de las vibraciones de la voz de Dios”.(8)

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com


[1] James Baldwin, The Creative Process. The Price of the ticket, Penguin Random Hause, 1985.

[2] Jorge Wagensberg, El gozo intelectual: teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza, Tusquets Editores, 2007.

[3] George Steiner, Grammaires de la créatión, Gallimard, 2005.

[4] Kathleen Hall, Theosophy and the Emergence of Modern Abstract Art, TF Magazine, 2012.

[5] Herbin, Auguste, L’art non figuratif-non objectif. Editeur Hermann, France, 2013.

[6] Josef Albers, Inter​ac​tion of Color, Yale Univer​sity Press, 1963.

[7] Arthur Rimbaud, Œuvres completes, Collection Bibliothèque de la Pléiade (n° 68), Gallimard, Paris, 2009.                                 

[8] Blanca Rego (Mujeres que vieron el sonido, 6 pioneras de la música visual, Canino, 13.11. 2018).

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Despotismo, martirio y sacrificio

Funerales de Navalny en Moscú ©Ansa

El individuo, sus valores y las leyes del corazón están por encima de cualquier ley impuesta arbitrariamente por un tirano.

Despotismo, martirio y sacrificio

Edgar Cherubini Lecuna

La palabra mártir proviene del griego μάρτυς y significa “testigo”. Un mártir es una persona que sufre persecución y muerte por defender una causa religiosa o política, por lo que con su sufrimiento o muerte da “testimonio” de sus convicciones. Orígenes Adamantius (c. 184-253), ​considerado uno de los padres de la iglesia, que fue perseguido y torturado, en su libro Exhortacion al martirio, expresa que “el martirio es acción salvadora por el mundo”.

Hegel se refiere a estos hombres y mujeres capaces de sacrificarse por sus valores como “espíritus lucidos en sí mismos, espíritus íntegros”. “El auténtico acto de autorrealización equivale a la sustancia ética o moralidad como acto sustantivo”. La Moral (de la raíz Mori: costumbre) tiene que ver con el conjunto de valores, comportamientos y normas que socialmente aceptamos como válidos en nuestra sociedad, en nuestra cultura, en nuestra civilización. Ética, es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y por qué decidimos actuar en consecuencia.

La filósofa y psicoanalista Anne Dufourmantelle, en su ensayo Le sacrifice est-il encore possible? (Philosophie Magazine No 58), explora el tema del sacrificio refiriéndose a la heroína griega Antígona, considerando su actuación vigente en nuestros días: “Una sociedad que no está en condiciones de soportar el sacrificio es una sociedad pervertida. Esta verdad escandalosa es sólo una manera de decir que, sin la posibilidad de sacrificio, ya sea en forma de un acto heroico o de una resistencia diaria, inevitablemente se dibuja un horizonte totalitario y de clausura. El sacrificio crea el «acontecimiento», divide el tiempo psíquico, humano e histórico en dos, definiendo un antes y un después. El sacrificio inaugura un nuevo tiempo, realiza una ruptura y es, en esencia, una insubordinación radical, otorgando una magnitud superior al sujeto que lo realiza, ya que su acto, su sacrificio abre el acceso a una dimensión humana. Por eso, el sacrificio amenaza el orden social, ya que es un acto totalmente subversivo como lo atestiguan figuras míticas, especialmente femeninas, como Antígona”.

Antígona es el tema de una de las más notables y controversiales tragedias de Sófocles. La trama comienza con Eteocles, a quien le correspondía alternar la conducción de Tebas con su hermano Polinice, pero se aferra al poder despojándolo de su derecho, lo que provoca el alzamiento de Polinice, quien marcha hacia la ciudad encabezando una rebelión. Los dos hermanos entran en combate y se dan muerte el uno al otro. El tirano Creonte toma el poder de la ciudad, ordenando que se abandone el cuerpo de Polinice frente a los muros de Tebas, para que sea pasto de las fieras. Nuestra heroína desobedece el edicto del mandatario y le da sepultura a su hermano, lo que hace desatar la furia del tirano, disponiendo que fuera enterrada viva en una cueva.

Antígona, cuya historia está encarnada en muchas mujeres del presente, actúa según los dictados de su conciencia, obedeciendo al mandato de esos valores que no están plasmados en las leyes, sino en el corazón de cada individuo: “Desobedezco tus leyes y edictos, porque yo obedezco a otras leyes no escritas e inalterables, leyes eternas, que no son de hoy ni de ayer. ¿Es que acaso crees que voy a violar esas leyes divinas por miedo a una voluntad humana?”. La obra concluye con el sacrificio de Antígona.

Cuando Antígona se rebela y defiende sus valores obedeciendo su ética personal, ejerce su libertad, aun a riesgo de sacrificar su vida. Antígona contraría la idea establecida en la sociedad, de que el guion de nuestras vidas ya ha sido trazado por el destino, rebelándose no solo contra las leyes humanas impuestas por Creonte sino contra el terrible destino de sumisión al tirano que el pueblo de Tebas aceptaba sin protestar. De allí, que Steiner exprese que su interés en Antígona es el de preguntarse el por qué esta tragedia “continúa dominando y dando forma vital a nuestro sentido del yo y del mundo. ¿Por qué las Antígonas son verdaderamente eternas y siguen tan cercanas a nosotros en nuestro presente?”. El poeta Hofmannsthal da la respuesta: “¡Esta radiante criatura no pertenece a ninguna época! Venció una vez y continúa venciendo”. Las Antígonas del presente, encarnan la lucha por los valores humanos, por la democracia y la libertad.

Alexéi Navalny (1976-2024), líder de la oposición rusa, debido a sus denuncias sobre la corrupción del régimen y su lucha por la democracia, se suma a la legión de mártires del despotismo del siglo XXI, que adquiere diversas formas de opresión en los pueblos sojuzgados por regímenes totalitarios o despóticos como los de Rusia, Cuba, Venezuela y Nicaragua, por mencionar algunos. Después del asesinato de Navalny, Putin ordenó que no se entregara el cuerpo del mártir, pero su madre, Lyudmila Navalnaya, de 69 años, se trasladó al Gulag donde lo asesinaron, enfrentándose con un coraje inaudito a esa maquinaria despótica logrando darle sepultura en Moscú junto a miles de arriesgados seguidores del líder democrático. Navalnaya se convierte así en otra Antígona del presente.

Antígona es el símbolo de la rebeldía de la mujer enfrentada a la aplastante maquinaria del Estado. Simboliza el ideal de virtud y nobleza, recordándonos que el individuo, sus valores y las leyes del corazón están por encima de cualquier ley impuesta arbitrariamente por un tirano.

Deseo transmitir mi especial admiración y orgullo por las mujeres que se enfrentan a la denigrante dictadura comunista en Venezuela y Cuba, a esas madres, esposas, hermanas e hijas que han visto encarcelar, torturar y asesinar a sus seres queridos, manteniendo sus frentes en alto con dignidad y coraje, arriesgando sus vidas en su lucha por la democracia. Son las nobles Antígona criollas.

edgar.cherubini@gmail.com

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El símbolo devora a quien lo altera

No hay solsticio de invierno en octubre

El símbolo devora a quien lo altera

Edgar Cherubini Lecuna

El escritor Milan Kundera, quien padeció la exclusión y el hostigamiento durante la ocupación de Checoeslovaquia por la URSS en 1968, expresa su criterio sobre el guion comunista de la refundación del Estado: «Para liquidar a los pueblos se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Y alguien más escribe otros libros, les da otra cultura, inventa otra historia; después de eso, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son”. En Venezuela con la implantación del Socialismo del Siglo XXI, Chávez utilizó el mismo libreto para dar inicio a la refundación del país, comenzando por la transformación de la historia y los símbolos patrios. No contento con cambiarle el nombre por “República Bolivariana”, modificó la bandera, agregándole una octava estrella y al escudo nacional le invirtió la dirección hacia donde el caballo allí estampado solía cabalgar. Transformó el rostro de Simón Bolívar en un zambo a su imagen y semejanza. Chávez en persona dirigió la profanación del sarcófago del Libertador para utilizar sus huesos en rituales de la santería cubana. La retórica genocida y necrófila que impuso con el “Patria, Socialismo o Muerte”, se convirtió en la política criminal de Estado que desde hace 25 años oprime a los venezolanos. La espada libertadora de Bolívar fue mancillada al ser ofrendada a terroristas y dictadores de toda calaña. En vez de marchar hacia el futuro, el bravío alazán del emblema patrio comenzó una cabalgata a la inversa, hacia un pasado violento y tenebroso. De las cornucopias del escudo dejaron de brotar los frutos de la tierra, dando paso a la ruina y a la penuria que, desde entonces, reinan sobre la patria. Con la inversión de los símbolos patrios comenzó la decadencia del país. Al mismo Chávez lo alcanzó una muerte temprana, dolorosa e inesperada. Según Michel Tournier, “Hay un pavoroso momento en que el símbolo invertido y ultrajado, se convierte en demonio y devora a su portador” (Michel Tournier, Le roi des aulnes, Paris, Gallimard, 1970).

Los riesgos de alterar los símbolos.

Para Carl Jung, el símbolo implica algo desconocido u oculto que da forma a lo que antes eran solo sensaciones, ideas, intuiciones, creencias o valores. Los símbolos activan las resonancias en el interior del individuo. Cuando la mente se propone explorar un símbolo, llega a ideas que van más allá de lo que nuestra razón puede captar, son “potenciales energéticos psíquicos constitutivos de toda actividad humana”, afirma Jung. (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos, 1964). Los símbolos tienen repercusiones insospechadas en la psiquis de un individuo, de un grupo o de una sociedad. La prudencia enseña a no desvirtuarlos y menos a ultrajarlos.

Sin entrar en el análisis de los mitos colectivos y de aquellos que en su nombre los utilizan, pero sí en el terreno de las analogías políticas, la de Hitler y el nazismo presenta rasgos interesantes por el uso esotérico de los símbolos para el empoderamiento de un caudillo. La cruz gamada, “Swástica” en sánscrito, era un positivo y poderoso símbolo solar, eje del mundo y de la vida del misticismo hindú y de otras culturas orientales, pero al ser copiada por los ideólogos del esoterismo nazi, fue adulterada deliberadamente al cambiar la dirección de la rotación de los brazos hacia la derecha, transformándola en un símbolo de destrucción y muerte que, al final, se volcó contra ellos mismos. El Führer y su camarilla terminaron suicidándose entre los escombros incendiados de un oscuro bunker, dejando tras de sí un continente destruido y 60 millones de muertos.

El símbolo de la Esvástica en las culturas orientales (izq) se remonta a 7.000 años y representa el movimiento del Sol a través del cielo y a las cuatro estaciones. Es un símbolo espiritual positivo y sus brazos rotan hacia la izquierda. La Swastika nazi fue alterada y rotan hacia la derecha. Los nazis la esgrimieron con odio y violencia destructiva.

Escudo de armas de Venezuela original (izq) y escudo alterado por Chávez.

Es imposible no aludir a lo que ocurre en Venezuela. El chavismo se conectó con el lado oscuro de la condición humana y emprendió la inversión y ultraje de los símbolos patrios, allí comenzó la ruina del país. Sus sucesores no cesan de falsear la realidad, el discurso oficial es una acumulación de mentiras y humillaciones. Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea en nada, “un pueblo que ya no distingue entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal, es un pueblo privado del poder del pensamiento» (Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism, 1951). Para intentar distraer la atención sobre el descomunal fraude electoral del 28-J y la violenta represión desatada contra el pueblo que lo rechaza, Maduro ha decretado la Navidad en octubre, alterando un símbolo sublime de la cultura occidental, muy enraizado en las tradiciones venezolanas. Los ignorantes del régimen no entienden que el solsticio de invierno, que ocurre entre el 21 y el 25 de diciembre, es un acontecimiento astronómico. Nuestro planeta, en sus movimientos de translación y circunvalación, en esos días comienza su marcha hacia el Sol del que se había alejado en el solsticio de verano que ocurre el 24 de junio, de esa forma, los días comienzan a prolongarse y la oscuridad a disminuir. Ese orden cósmico no lo puede cambiar por decreto un tirano ignorante.

El calendario juliano estableció el solsticio de invierno el 25 de diciembre en el hemisferio Norte y en 1582, el papa Gregorio XIII fijó la fiesta de la Natividad el 25 de ese mes. No es una coincidencia que el solsticio de invierno y la celebración del nacimiento del niño Dios ocurra en esos días. Navidad viene del latín Nativitas, que significa la conmemoración de un retorno, es decir, del renacer del Sol o invictum solis o Sol invencible que comienza a alejar las tinieblas y que ocurre en esa fecha, motivo de adoración en templos de la antigua Roma y en rituales de remotas culturas agrarias. La naturaleza obedece a un orden y leyes trascendentes, de allí́ que los símbolos crean los vínculos entre el mundo manifiesto que percibimos y el enigmático orden cósmico al que pertenecemos. Cada diciembre, la mecánica celeste nos brinda la oportunidad de renacer espiritualmente. No hay solsticio de invierno en octubre, la Navidad se celebra el 25 de diciembre. Este símbolo esperanzador de la Navidad está siendo alterado, escamoteado por unos grotescos falsarios. La mente de un individuo o la de una colectividad, para sobrevivir necesita elaborar pautas vitales tomadas de la realidad, por eso, no es de extrañar que los venezolanos en su gesta democrática del 28-J, decidieron al unísono actuar contra la mentira, la opresión, el desprecio y el oscurantismo de este régimen. Exigir la verdad en Venezuela es un acto revolucionario.

edgar.cherubini@gmail.com

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Exceso de presente

René Magritte La Clef des champs (1936). Imagen cortesía de la Fundación-Colección Thyssen-Bornemisza, F.S.P., Madrid, España.

Exceso de presente

Una mirada a la obra poética de Leandro Area

Edgar Cherubini Lecuna

Al comenzar sus investigaciones sobre la naturaleza del tiempo, San Agustín (354-430), expresa: “El pasado y el futuro son creados y ambos fluyen de lo que es siempre el instante presente”. Esta sabia afirmación la inserto en estas líneas que escribo sobre la obra poética de Leandro Area, debido a que uno de sus libros se titula Exceso de presente (1997), en el que el autor se pregunta sin ambages: “¿Quién no es el taxidermista de sí mismo?”. Deduzco entonces que en dichas páginas hay un exceso de pasado que fluye hacia un tiempo verbal conjugado en presente, cargado de instantes transformados en sentimientos y habitado por punzantes reflexiones sobre sí mismo. Aguijoneado por sus intuiciones Leandro Area marcha como un acróbata sobre una cuerda tensada a gran altura entre dos postes de amarre que Hölderlin definió con claridad: “La Poesía es la más peligrosa de las obras, y a la vez la más inocente de las tareas”.[1]

Hito (del libro Exceso de presente)

A riesgo de perder la inocencia / escribo. / Limito y ordeno la intuición / el caos se hace triángulo / o palabra. / Es tal vez la irresponsabilidad mayor / y torpe / para quien aspira por momentos / a la imprevisión total de los hechos.

(Fragmento de Rito, del libro Exceso de presente)

Me interrogo hasta dónde puede el entusiasmo puro / convertir una ventisca en duda valedera / si la sorpresa es muda. / Hasta qué punto puede / un ciudadano tan común inmortalizar lo / cotidiano. / En el fondo ese es el drama / de querer trascender/ para dejar de ser pura ceniza / mientras todo transcurre y nada pasa.

Palabra(del libro Exceso de presente)

Palabra, hormiga negra. Trazo, triza, trenza. / Suma de horizontales restas / torcidas torpes / tripas tramposas. / Urbe de mil ventanas huecas. / Cabra, / clima que lame el lomo de la piedra / alimento purgante / búsqueda tropiezo / ascenso desenlace. / Salgan por fin / tuercas inhumanamente tercas. / Broten gemidos / irrisoriamente tristes. Digan de una vez / a qué obsesión aspiran / y déjennos tranquilos.

Al leer a Leandro Area, recuerdo la certeza con la que Enrique Gracia Trinidad definió el arte de la poesía: “Es oficio de vértigo este asunto de acuchillar palabras al papel”.[2] Area utiliza cuatro piedras de afilar para su cuchillo: Henry Morgan lo sabe (1987), Exceso de presente (1997), La casa extraviada (2000) y Virutario (2017). Los cuatro libros los leí al azar, sin orden cronológico, intentando integrar los fragmentos de una redención que acontece en esas páginas, porque ¿no es acaso su propia redención lo que busca un poeta? Al atisbar en ese umbral muy personal que Area describe al afilar las palabras de cada poema, me doy cuenta de que, en ellos, como en una holografía, el todo está presente en cada trozo. Antes mencioné la palabra atisbo y lo hice en el sentido de conjetura o vislumbre, al acercarme a escudriñar en ese umbral. Leandro Area escribe en un estilo libre de moldes y pretensiones, con una inusitada sinceridad consigo mismo, utilizando un lenguaje pleno de imágenes abstractas, unas veces, conciso y epigramático otras. Esto último me hace recordar a George Steiner cuando afirma que “los lenguajes son ventanas que nos permiten asomarnos a la realidad de una manera única”.[3]  Buscando una imagen que me permitiera resumir y mostrar una analogía con sus poemas, tropecé con La Clef des champs de Magritte. Como sucede en esta pintura, Leandro Area abre su ventana para que el lector se asome a su intimidad, eso sí, debe romper el cristal para poder apreciar la belleza poética de lo incongruente.

Fragmento de Tiempo (del libro Henry Morgan lo sabe)

Tiempo: irremediable misterio de infinitos cajones. / El reloj es un truco de olvido, / más transparente que una ventana fuera de sitio, / en lugar de un techo, por ejemplo.

Planea una nube (del libro Henry Morgan lo sabe)

Camino de donde para cuando / y no recuerdo la marca / del cigarrillo que no fumo. / Prendo la noche y no aparece el día. / Despierto y resulta que el mundo está durmiendo. / Se abre un baúl y no aparecen sino fotos futuras. / Registro mis bolsillos y surge una llave / de quién sabe qué puerta / que debo soportar como posible. / Planea una nube. Probablemente.

En sus poemas, Leandro Area logra sintetizar imágenes desde diferentes perspectivas, en las que representa al niño que, al caminar de espaldas, descubre vacíos y ausencias, al adolescente insaciable de amores al son de boleros y despechos, finalmente al hombre que, al traspasar la línea de la mediana edad, inicia el más peligroso de los peregrinajes en busca del paraíso perdido. Al final del viaje, se da cuenta que ya no puede volver al lugar de donde partió y sin esperanza asume una fe salvadora en sí mismo, a pesar de sus incertidumbres.

Amigos(extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

La despedida fue más que larga. / Planes de reencuentro, / teléfonos que sabíamos no sonarían jamás. / Cada quien anduvo con su noche. / Yo iba con lo mío a cuestas / recordando el paraíso perdido / el único que existe.

El guerrero(extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

Fue allí́, en la precisión de aquel instante / que inicia la costumbre de caminar solamente de espaldas intentando / el camino de regreso a los primeros pasos para / escarbar en el acto de sus propias raíces, lo aún no recibido, / lo hasta ahora vedado.

Me faltas más que tú (extracto, del libro Exceso de presente)

Sin ti estoy perdido/ en un desierto idéntico y eterno / donde abundan el agua en manantial y los frutos más dulces / para colmo de males, / pues no podré morir / ni de sed ni de hambre sino de soledad / que es la pena, supongo, más cruenta de estar vivo / porque la soledad / es eternidad repetida al revés. / Tú no eres suficiente. Me faltas más que tú. / Existo al encontrarte. / Por eso me repito: / se te pasó la mano, corazón.

Cuando de paso estés (extracto, del libro Henry Morgan lo sabe)

Cuando de paso estés, no te detengas. / Hazlo como quien sabe de antemano que un nido es una huella que se borra. / Ten el coraje de no arrancarle la suerte a lo próximo. / Abandónate así / sin que la dejadez invierta en entredicho / tu responsable desazón. /Paséate nada más / únicamente de soslayo / para que el otro lado de tu cara se desoriente para que tu previsión no / te acorrale.

Quizás Boris Cyrulnik acierta al decir que “una pérdida sin palabras es un pozo sin fondo. Las historias que uno construye para llenar este vacío crean un sentido de existencia, a pesar de todo».[4]  En Los barcos íntimos(Henry Morgan lo sabe), Area expresa con desazón: “Todo nacimiento es un destierro” o, en Mi padre, (del libro La casa extraviada): Mi padre nació́ en Cuba / Nunca lo vi jamás / Me dejó en herencia / unas tremendas ganas de bailar.

Como nosotros (del libro Henry Morgan lo sabe)

Sepultados a la sombra de la Academia Palatina, Pipino, hijo de Carlo Magno, y Alcuino, / preceptor y amigo, / discurren sobre las formas del silencio. / El joven insiste luego de un / largo mutismo: «Maese, ¿qué es la escritura?», / y aquél que observa las hormigas sin tiempo responde: / «La conservadora de la ciencia». / «¿Y la palabra, maestro?» / Alcuino que ve el puñal de su cinto sin dudar alega: / «La traición del pensamiento» / El texto ha cancelado la memoria. / Por qué en vez de escribir no digo, bailo o callo, sin sentir disgusto o pena. / ¿Por qué nos duele tanto Alejandría? / El libro es una ilusión occidental contra el olvido, objeto ritual frente a la muerte.

El escritor francés Romain Gary afirmaba que el humor es el arma blanca de los hombres desarmados. Es una forma de revuelta pacífica que desactiva la dolorosa realidad que les está sucediendo. En muchas de las páginas, Area emplea esa navaja: Nada de sumas/ reptas / El verbo agregar es letra mueca.  (…) Los pianos nunca han escrito sus conciertos. (…) corbatas que no combinan con la historia.

En sus poesías, Leandro Area va desandando palabras desde el desasosiego a un desahogo incomprensible para quien no posee la llave del cálido recinto de las interpretaciones. Algunos de sus poemas se articulan mediante la yuxtaposición de escenas, de actos y acontecimientos hasta lograr una abstracción. A propósito de esto, Luis Camnitzer, artista conceptual, afirma que “el artista (…y yo añadiría, el poeta) es el que tiene la intuición disciplinada”.[5] Por eso, al abordar la obra poética de Leandro Area, realicé un ejercicio de permutación de las escenas metafóricas a un marco intuitivo ya que éste funciona por asociación, como lo expresa Christophe Haag: “La intuición es la activación del ‘inconsciente adaptativo’, en el que el cerebro analiza el entorno y luego busca en el álbum de la memoria acontecimientos o emociones que tengan algo en común con la situación, de allí que una imagen desencadena una sensación y esta revela una idea”.[6]  Según Area, el tiempo es “un irremediable misterio de infinitos cajones. El reloj es un truco de olvido, / más transparente que una ventana fuera de sitio, / en lugar de un techo por ejemplo”; “Cuánto pesa este sol de mediodía. / Se detiene el tiempo en relojes distintos”; “—al mediodía la hora es la misma en todas partes— sin importar el siglo”. Pero, si bien la metáfora es la sustitución de una palabra por otra, la metonimia es la conexión de una palabra con otra palabra. La metáfora se liga con el ser, la metonimia con su falta. “Sé río sin saberlo. Ya mar habrá́ una vez”. Su poesía rebosa de metonimias y de incógnitas.

Teje (Henry Morgan lo sabe):

Nunca esperes que desde el otro lado del camino alguien alguna vez te diga que la ruta está abierta. / Mira bien delante de tus huellas / y recuerda como aquél que tiene tras de sí́ / el polvo de las noches sin sueño, / que la pálida oruga teje su muerte sin saberlo. / Las sombras jamás mienten, / la contorsión es otra treta de su estilo. No finjas el regreso / pues el sosiego no está́ sino detrás / de la muralla / que nunca encontraremos.

Area compone una oda muy particular a la ciudad que lo vio nacer: Alguna vez me iré́ / por el patio trasero / para evitar las despedidas / y encontraré un aguacero en el desierto florido / al que nos parecemos. / Por eso en vidas futuras / no dudaré en qué ciudad nacer. / Novia y puñal, tú: Caracas. Al finalizar la lectura de sus poemas, el lector no conocerá el secreto de sus perplejidades, solo rasgos de su geografía íntima y unos mapas que conducen al final del laberinto donde moran rabiosas confesiones: “Se pierde lo eterno al descubrir el tiempo”; “Uno no sabe por qué́ escribe o más bien sí lo sabe / y por eso lo esconde”; “Uno no entiende para quién escribe y por ello se oculta con lo escrito en alguna nostalgia salvadora”. A quienes osen hostigarle, les dice sin rodeos: “Convénzanse muchachos: Nadie me borrará. Soy invisible”. 

edgar.cherubini@gmail.com


[1] Martin Heidegger, Hoelderlin y la esencia de la poesía, ULA, 1968. Traducción y  

  comentarios por Juan David García Bacca.

[2] Enrique Viloria Vera, Villas, pueblas y escritores. Centro de Estudios Ibéricos y  

  Americanos de Salamanca, 2017.

[3] George Steiner, Grammaires de la créatión, Gallimard, 2005.

[4] Boris Cyrulnik, La nuit, j’écrirai des soleils, Edit. Odile Jacob, 2020.

[5] Bea Espejo, Retrospectiva de Luis Camnitzer en el Museo Reina Sofía, El País, 15/10/2018.

[6] Christophe Haag, La Contagion émotionnelle, Ed. Albin Michel, 2019.

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Maduro y la “estrategia del espejo”

Maduro y la “estrategia del espejo”

Edgar Cherubini Lecuna

Es indudable que la crisis política en Venezuela tomó un nuevo curso con la elección el 28-J de Edmundo González, conducido por el liderazgo popular de María Corina Machado. Pese a que no hay dudas del triunfo, basado en el soporte de actas del escrutinio del CNE presentado por la oposición democrática y avalado por el Centro Carter y el Comité de Expertos de ONU entre otros, sin embargo, Cuba, los “Estados forajidos” aliados del régimen y otros países gobernados por la denominada “izquierda progresista” o influenciados por el Grupo de Puebla, han avalado el fraude y le han dado la orden a Maduro de mantenerse en el poder y resistir para no permitir el restablecimiento de la democracia en Venezuela. El régimen, además de cometer un fraude descomunal, ha desatado una violencia ciega, contra líderes y activistas de la oposición o cualquier ciudadano que se atreva a manifestar en contra de sus designios, secuestrando, desapareciendo y encarcelando a miles de ciudadanos pacíficos. El conteo de asesinatos va en aumento cada día que pasa.

La situación de la disidencia se agrava aún más al sufrir un bloqueo informativo sin precedentes. Ya la agencia EFE (26/06/2024) había informado que, en Venezuela, en los últimos 20 años, 405 medios han sido cerrados, esto incluye prensa, radio, televisión, “este cierre y los ataques contra los medios, los periodistas y las limitaciones que hay en el ejercicio del periodismo forman parte de una política de Estado”. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) denunció un “apagón informativo casi total, algunos grandes diarios fueron comprados por el régimen (el Gobierno) y los que existen de forma independiente debieron migrar a internet, espacio en el que sufren bloqueos digitales permanentes”. El ciudadano solo recibe información sesgada, es decir, la verdad oficial emitida por el régimen. Es una guerra contra los valores democráticos y en especial contra la libertad de expresión, porque sin una prensa libre no hay democracia, ya que esta es la que condiciona el ejercicio de los demás derechos. De allí que Maduro la ha recrudecido confiscando las señales de las redes sociales. El (12/08/2024) Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional ilegítima y segundo de abordo del régimen, después de llamar “basura” al comité de expertos de la ONU, decretó la prohibición de las redes sociales: “(…) por el bien de los venezolanos, les vamos a quitar acceso a las redes sociales para que vean la realidad, porque las redes sociales son el mayor peligro para la libertad y la paz”. Esta declaración Orwelliana forma parte de lo que se ha denominado “estrategia del espejo”.

La estrategia del espejo antecede a las masacres

Son innumerables los actos de violencia verbal y física del régimen, que convierten al disidente, al adversario político o simplemente al que no piensa como ellos, en “enemigo” al que hay que hostigar, golpear, encarcelar, torturar y aniquilar. Entre sus argucias el régimen ha usado la estrategia del espejo, trampa en la que caen sus militantes y peor aún los medios internacionales controlados en su mayoría por la denominada “izquierda progresista”. Consiste en la inversión de la realidad política, así, el opositor es “fascista”, “golpista”, “corrupto”, “terrorista”, “traidor a la patria”, cuando esos adjetivos le corresponden al régimen chavista-madurista-militar. Las víctimas del abuso de poder, de fraude electoral y de la brutal represión se convierten en los responsables de los delitos cometidos por el victimario. El dictador se convierte en custodio de la democracia, el esbirro se convierte en víctima.

Maduro y los portavoces del régimen utilizan la retórica de la humillación. La violencia, el avasallamiento, el odio, el irrespeto y la indignidad constituyen la estructura de su discurso, limitado a un mundo de conjeturas confusas, de eslóganes y mentiras. Es un lenguaje reduccionista y es parte de la psicopatía política de los totalitarismos de todo cuño.

Según Jean Pierre Faye (Langages totalitaires, Hermann, París, 1972), el lenguaje totalitario es de por sí limitado debido a la exclusión que hace del resto de la sociedad que no piensa como su emisor. Es un lenguaje pervertido debido a la ilegitimidad, indignidad y deshumanización del que trata de imponerlo, pues para lograrlo debe recurrir a la fuerza contra la voluntad de los otros 

Por su parte, Yves Ternon (Guerres et Génocides au XXe siècle, Odile Jacob, París, 2007), afirma que el genocidio es el acto final de un discurso de discriminación, de agresiones verbales que prepara el terreno para expropiaciones, hostigamiento, persecuciones, deportaciones y masacres. George Bensoussan (Idéologie du Rejet, Manya, París, 1993) y Ternon (L’Etat criminel), coinciden en que el lenguaje totalitario deshumaniza a las víctimas con la idea de eliminar el sentimiento de culpabilidad en sus ejecutores. Según los autores antes citados, la retórica genocida es un uso consciente e instrumento de una política criminal del Estado. La primera etapa del genocidio es la supresión de la identidad de la víctima, cosa que se consigue a través de los insultos y la deshumanización del enemigo. El discurso político y la propaganda identifican al grupo a eliminar y preparan su destrucción. Mediante su previa desnaturalización, la futura víctima es rebajada a un nivel inferior a lo humano, se la compara con un “gusano”, “parásito”, “tumor”, “cáncer”, “basura”, “podredumbre”, “excremento”. Al transformar a su víctima en eso, se ayuda al asesino o ejecutor a invertir el sentido del crimen como un acto de profilaxis. El asesino no se siente asesino, se siente “terapeuta” o “sanitarista” y actúa con sobrada impunidad. En dos palabras es la “estrategia del espejo”.

edgar.cherubini@gmail.com


					
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Terremoto político en Francia y la reinvención de la UE

Elecciones europeas

Terremoto político en Francia y la reinvención de la UE

Edgar Cherubini Lecuna

El escritor Yann Moix, en una de sus novelas, describe algo parecido a lo que en este momento viven los franceses: “El acontecimiento es el vencedor. Traiciona las previsiones, liquida las teorías. La realidad nunca puede resistir su embate”. De allí surge el sobresalto que recorre la vida de los políticos en Francia por el ascenso meteórico de Jordan Bardella que, junto a Marine Le Pen, lideran el partido Le Rassemblement national (RN). Según los escrutinios oficiales, 31,37% del electorado se decidió por el RN contra un 14,6% de Valérie Hayer (macronismo), un “acontecimiento” que responde al desencanto y al hartazgo de las políticas desacertadas que padecen los franceses. Los estudios de opinión, semanas antes de las elecciones, mostraban que el 41% estaba “muy descontento” con Emmanuel Macron (Baromètre Ifop/JDD), demostrándolo con sus votos en una suerte de plebiscito. 

El 80% de los franceses piensa que Francia está en decadencia, en todas partes se resiente la pérdida de valores culturales, la inmigración descontrolada, el auge del islamismo y la violencia en alza que han provocado un período de inseguridad nunca visto en Francia. Los déficits públicos, la inflación, la desindustrialización, el sistema sanitario en crisis, la escuela en declive, el wokismo aupado a extremos, entre otros males que sacuden a los franceses, provocó la decepción y desconfianza en el “macronismo” y su visión de Francia en la UE.

Si denunciar la inmigración ilegal, que por cientos de miles hace su entrada en Francia y en la UE, o reclamar al Estado que cumpla su función de proteger al ciudadano contra el crimen y la violencia, significa ser de derechas, el pueblo francés voto por esas exigencias.

El domingo 9 de junio, el 52,5% de los electores acudieron a votar por sus representantes en el Parlamento Europeo. Esta participación no había sucedido desde 1994. Las promesas electorales de Bardella y el RN se pueden resumir en sus claras propuestas: antiinmigración (control de fronteras y expulsión de clandestinos), firme apoyo a Israel y protección a los judíos franceses, nacionalismo económico (prioridad a las empresas francesas), desislamización de Francia (tolerancia cero, expulsión de delincuentes e islamistas), control de la globalización (no a la imposición de controles e impuestos europeos, promoción de nuestra agricultura), promoción del patriotismo y la cultura francesa, poner fin a la ampliación de la UE (no a la adhesión de los Balcanes y Turquía), soberanía y derecho a veto sobre decisiones contrarias a nuestros intereses vitales,  estrictos controles fronterizos. En todos los estratos de la población, en los círculos populares, entre los trabajadores y empleados, entre los agricultores y jóvenes, los umbrales alcanzados por RN son espectaculares. Como expresó el analista político Jérôme Jaffré: “La Agrupación Nacional (RN) avanza como una aplanadora”.

La diabolización de la izquierda contra el RN no dio resultado. La imagen del LFI de Jean-Luc Mélenchon y de Manon Aubry (9,89%), su cabeza de lista, declarando su apoyo a Palestina y a Hamas, contrastaba con la RN en su larga marcha hacia la respetabilidad que mostraban a Marine Le Pen y a sus dirigentes participando en la gran manifestación contra el antisemitismo. Los resultados de la elección traducen el rechazo a esa distorsión del derecho de asilo que ha permitido la entrada en Francia de miles de inmigrantes sin control, aupada por la izquierda en su afán de sumarlos a su militancia, la mayoría islamistas, asumiéndolos como el nuevo proletariado, debido a que los agricultores franceses ya no utilizan la hoz sino cegadoras automáticas guiadas por drones y los obreros cambiaron el martillo por aplicaciones digitales que controlan las líneas de producción robotizadas.

La disolución de la Asamblea

Ante la gravedad de la derrota sufrida, Emmanuel Macron decidió disolver la Asamblea Nacional, convocando a una nueva elección el 30 de junio, añadiendo así una crisis institucional a la crisis política desencadenada por el triunfo del RN. Alexis Brézet, director editorial de Le Figaro, lo resume así: “En respuesta a una derrota que tenía todas las características de una humillación para él, Emmanuel Macron decidió ir a por todas al declarar la disolución de la Asamblea Nacional contra todo pronóstico, calculando que el electorado, algo asustado por su audacia y por la conmoción que acaban de provocar las elecciones, rectificará en las legislativas el voto que emitió en las elecciones europeas. Convencido, a pesar de todo, de que aún conserva un vínculo personal con los franceses, espera, dramatizando lo que está en juego y haciendo él mismo campaña, restablecer la situación y quizás mediante nuevas alianzas, recuperar la mayoría. Pero no hay ninguna garantía de que esto vaya a ser así. El ascenso de la Agrupación Nacional (RN) no es casual: refleja una cólera que viene de lejos, que recorre ahora toda Europa, y que está alimentada principalmente por dos preocupaciones: los riesgos que la inmigración incontrolada supone para el equilibrio de nuestras sociedades, y la amenaza que el islam político representa para el futuro de nuestra civilización”. (Alexis Brézet, Dissolution : le pari dangereux d’Emmanuel Macron, Le Figaro, 10/06/2024)

Para sobrevivir, la Unión Europea necesita reinventarse

La onda sísmica ha movilizado a la izquierda en la creación de un frente común para contrarrestar al “lobo feroz del populismo ultraderechista”, sin considerar que la mayoría votó justamente por las promesas de RN en Francia, en forma similar a la de los partidos de derecha nacionalista en Alemania, Italia, España y otros países, un movimiento tectónico que invita a reflexiones más profundas que las manifestaciones violentas que están protagonizando en Francia. Sobre esto último, Pierre Haroche, en su análisis de sobre la Unión Europea y las dos visiones que se confrontan, expresa: “Si el proyecto europeo ya no pretende tanto reducir las fronteras entre los Estados miembros como erigir otras nuevas frente a las amenazas exteriores, los partidos políticos se ven incitados a posicionarse no sólo en la división clásica entre más y menos integración, sino también en un debate sobre el tipo de demarcación que pretenden establecer con el exterior, es decir, el tipo de “civilización europea” que buscan defender frente al mundo (¿Meloni o Macron? La Europa nueva, en la forja del mundo, Le Grand Continent, 2024),

Sin entrar a detallar las amenazas actuales que se ciernen sobre Europa, como la invasión rusa a Ucrania, los resultados de las pasadas elecciones al parlamento europeo han mostrado la enorme brecha entre la élite dirigente europea y lo que la gente común aspira en su vida cotidiana, entre la globalización corporativa darwiniana y los valores culturales de la civilización europea. Sobre el conflicto entre decisiones democráticas a lo interno de cada nación y decisiones tecnocráticas a escala supranacional, Dani Rodrick (The Globalization Paradox, 2011), afirma que “no podemos sustentar simultáneamente la democracia, autodeterminación nacional y globalización económica”. Al analizar la globalización económica (la financiera y comercial) concluye que existe una paradoja: para que la globalización produzca beneficios económicos para toda la sociedad en general, aquella necesita de democracias nacionales fuertes y normas nacionales que protejan a todos los actores socioeconómicos, pero normas que, a la vez, permitan a estos una suficiente interacción y maniobrabilidad internacional. Esta propuesta contrasta con la doctrina predominante en la actualidad que exige que la hiperglobalización económica vaya acompañada de instituciones públicas mundiales. El autor ve la globalización como un trilema donde no es posible combinar simultáneamente instituciones nacionales del estado-nación (soberanía nacional), la híperglobalización y la democracia. Rodrick concluye que tenemos que elegir a lo sumo dos de estos tres factores ya que la hiperglobalización, mediante la competencia ilimitada internacional, impone decisiones al estado-nación, reduciendo la soberanía nacional. A su vez, estas decisiones suelen ser de carácter político y estar sujetas a procesos democráticos y de consenso en cada nación. Por tanto, si las decisiones impuestas no son refrendadas vía los procesos democráticos nacionales, no se implementarán y se truncará la híperglobalización.

La UE existe para construir sociedades donde cada individuo tenga la oportunidad de emprender su propio progreso en libertad, disfrutando plenamente de sus derechos humanos y una vida libre de la violencia y la guerra. Para eso, necesita estadistas y líderes con visión, capaces de encarar las incertidumbres y desafíos del presente. Europa necesita de un discurso innovador que promueva de una vez por todas un cambio de paradigmas. Para sobrevivir, la Unión Europea necesita reinventarse.

edgar.cherubini@gmail.com

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Dia D

Desembarco de las tropas de la alianza en Normandía el 6 de junio de 1944

Dia D

“En la tumba de los héroes late el corazón de los vivos

Edgar Cherubini Lecuna

Hace 80 años, en el Día D, 6 de junio de 1944, con gran determinación y coraje, por mar y aire, 132.000 soldados de infantería y 24.000 paracaidistas cruzaron el canal de la Mancha hacia Normandía, arriesgando sus vidas al igual que miles de combatientes de la Resistencia que les brindaron apoyo para liberar a Francia y a Europa del nazismo. Ese día, más de 10.000 combatientes perdieron la vida en esas playas. El Día D abrió paso a los ejércitos aliados que se unieron a los de la France Combattante. Desde la batalla de Normandía, el 6 de junio, hasta el mes de agosto de 1944, las bajas fueron de 53.000 soldados, 155.000 heridos y 18.000 capturados o desaparecidos. A ellos les debemos nuestras vidas. En sus Oraciones Fúnebres, André Malraux escribió: “En la tumba de los héroes late el corazón de los vivos”.

Deseo rendir un homenaje personal a los comandos del cuarto batallón francés del Special Air Service (S.A.S.) o Régiment de chasseurs parachutistes, que se lanzaron en paracaídas en Bretaña a las 00:30 cerca de Plumelec en Morbihan (operación Dingson) y sobre el bosque Duault en Côtes-d’Armor (Operación Samwest). La misión fue la de establecer una base secreta de apoyo en Bretaña, cerca de Vannes, para unirse a la Resistencia Francesa local en las operaciones de guerrillas, despejar y establecer zonas seguras de aterrizaje, realizar operaciones de destrucción de las líneas de comunicación enemigas, emboscadas y sabotajes para impedir que los convoyes de refuerzos alemanes avanzaran hacia Normandía después del desembarco.

En esta operación de comandos se utilizaron los versátiles Douglas DC-3

Solo para reflejar la convicción, el sentido del deber  patriótico y el honor de estos hombres recios y valientes, a continuación copio la fervorosa oración de los paracaidistas franceses que esa madrugada, en medio del tremendo ruido de los motores de fondo, entonaban a coro con voces graves a abordo de los aviones de transporte antes de lanzarse detrás de las líneas enemigas y combatir fieramente por la Francia libre:

La oración de los paracaidistas

Dios mío dame tormento

Dame sufrimiento

Dame el valor para luchar

Dios mío, Dios mío dame tormento

Dame sufrimiento

Y después la gloria en la batalla

Y después la gloria en la batalla

Lo que otros no desean

o se han negado hacer

Dámelo a mí, sí, todo eso

No quiero descanso ni gozo

Dios mío, es lo que te pido

Pero dame, dame fe

Dame fuerza y valor

Pero dame fe

Para estar seguro de mí mismo

Dame tormento

Dame sufrimiento

Dame el fervor para luchar

Dios mío, Dios mío dame tormento

Dame sufrimiento

Y después la gloria en la batalla

Y después la gloria en la batalla

Solo pienso que, por la falta de visión, rigor, ética, entereza, coherencia, coraje, fe y voluntad, estamos perdiendo lo que costó tanto esfuerzo y tantas vidas lograr, un occidente libre de los enemigos de nuestros valores.

edgar.cherubini@gmail.com

www.edgarcherubini.com

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El silencio de las sirenas

Gueto de Varsovia, 1943. Holocaust Memorial

El silencio de las sirenas

Edgar Cherubini Lecuna

George Steiner, en Lenguaje y Silencio, dice que vivimos dentro del acto del discurso, pero que hay realidades que no pueden narrarse, que no pueden expresarse con palabras, “Lo inefable está más allá de las fronteras de la palabra, hay acciones del espíritu enraizadas en el silencio”.

El pasado seis de mayo en Israel, las sirenas resonaron durante dos minutos, no se trataba de las alertas que diariamente se activan ante los ataques de misiles lanzados desde Irán, Gaza, Líbano, Siria o Yemen, esta vez anunciaba la ceremonia Yom HaShoá o Día del Recuerdo de los Mártires, en homenaje a las víctimas del Holocausto. Es el día de un ritual social conmovedor, cuando a una determinada hora suenan las sirenas a lo largo y ancho de Israel, para anunciar el momento en que toda una sociedad se detiene en silencio. Los conductores interrumpen su marcha en calles y autopistas descendiendo de sus vehículos, permaneciendo de pie sobre el asfalto. Los trenes y buses suspenden su circulación, los empleados dejan los teclados de sus ordenadores y teléfonos, los deportistas paran de correr, aunque estén próximos a llegar a la meta, en las aceras se congrega una multitud guardando un silencio riguroso. Ese minuto de silencio es el sentimiento de cada individuo y a la vez el espíritu de toda una sociedad, creando una vivencia inexplicable cargada de emociones, donde se mezclan el recuerdo del horror y el optimismo al contemplar su pujante nación erigirse como un baluarte democrático en el Medio Oriente y en el mundo. Como lo expresaron ese día mensajes como éste: “El Estado de Israel no es una compensación por lo que hicieron los nazis al pueblo judío, es la garantía de que nunca más algo así́ vuelva a suceder”. La intensidad del silencio se convierte en una fuerza poderosa de unión, de determinación, de identidad. Ahora entendemos lo dicho por Maeterlinck: “el silencio nunca se desvanece”.

En silencio, el Estado de Israel y la comunidad judía mundial conmemoran la Shoah́, el genocidio de seis millones de judíos, entre ellos un millón quinientos mil niños inocentes asesinados por el nazismo. “Si deseamos vivir y legar la vida a nuestra descendencia, si creemos que debemos allanar el camino hacia el futuro, en primer lugar, no debemos olvidar”.

Si bien para Aristóteles “el hombre es el ser de la palabra”, que lo hace imponerse sobre el silencio de la materia, algo similar escribió́ Henry Miller: “Es del silencio de donde se extraen las palabras”. En un mundo construido por las palabras, el silencio es una forma de expresar la indignación ante los crímenes contra la humanidad. El silencio se convierte en la última palabra.

En el prólogo del libro de Henry Ashby Turner, A treinta días del poder (1996), Antonio Muñoz Molina expresa con asertividad la necesidad de impedir el olvido. “Sabemos el final de esta historia y estamos familiarizados con cada uno de sus episodios y de sus personajes, pero una y otra vez sentimos la necesidad urgente de que nos la cuenten de nuevo, y según nos adentramos en ella casi se nos olvida que sucedió́ hace mucho tiempo, y deseamos angustiosamente que los hechos no tomen el mismo curso inevitable, y se apodera de nosotros la mezcla de incertidumbre y esperanza con que solemos volvernos hacia un futuro sombrío que sin embargo no está́ prescrito”.

Junto al minuto de silencio para rememorar la Shoah́, deberíamos guardar un minuto de silencio para recordar todos los genocidios y masacres ocurridas en la historia producidos por el comunismo.  El libro negro del comunismo (Le livre noir du communisme: Crimes, terreur, répression, 1977), escrito por investigadores de varios países europeos y editado por Stéphan Courtois, director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), de Francia, efectúa un inventario de actos criminales (hostigamientos, asesinatos, tortura, exclusión, deportaciones) que arrojó la implantación del comunismo en el mundo, un balance más terrible que el del nazismo. En la introducción, el editor sostiene que “El comunismo real, puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno”. De acuerdo con las estimaciones realizadas, el informe cita un total de muertes que “…se acerca a la cifra de cien millones”. La estadística del horror es la siguiente: 20 millones en la Unión Soviética, 65 millones en la República Popular China, un millón en Vietnam, dos millones en Corea del Norte, dos millones en Camboya, un millón en los regímenes comunistas de Europa Oriental, 150.000 en Latinoamérica, 1,7 millones en África, 1,5 millones en Afganistán, 10.000 muertes provocadas por “el movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder”.

¿Cuantos minutos de silencio necesitaremos para recordar la violación masiva de los derechos humanos, la destrucción de las naciones, el horror y las muertes de las dictaduras? Las sirenas que anunciaron el día del recuerdo de los mártires, me recuerda un pasaje de Franz Kafka, en El silencio de las sirenas: “Las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio”. “(…) Es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio”.

edgar.cherubini@gmail.com

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Días perfectos, un film impresionista

Días perfectos, un film impresionista

Edgar Cherubini Lecuna

Las sociedades contemporáneas están pobladas de seres invisibles, son aquellos que están detrás del funcionamiento de las cosas y que hacen posible que nos insertemos en la dinámica social, ya sea la movilidad, el trabajo o el esparcimiento. Nunca vemos al conductor del metro o al operador de una central hidroeléctrica que nos proporciona luz en casa o el operario del acueducto o del proyeccionista en el cine. Algunos otros oficios son considerados como de baja categoría, como por ejemplo los empleados de limpieza de los baños o aseos públicos. Win Wenders escoge como personaje de su historia “Días perfectos” (Perfect Days), a Hirayama, encarnado magistralmente en el actor japonés Koji Yakusho, un empleado de la municipalidad de Tokio encargado de limpiar inodoros. Nos hace acompañarlo en su rutina diaria, en la que observamos cómo cumple su trabajo a niveles de excelencia en los detalles, cuando limpia un inodoro o los grifos de un lavabo, hasta dejarlos relucientes. Es un perfeccionista. Se comporta en silencio, no conversa con nadie, es un hombre digno. De noche, lee “Las palmeras salvajes” de William Faulkner. Esto último no se si es una clave que nos brinda Wenders, porque una de las dos historias en la descarnada novela de Faulkner, narra los momentos de un hombre que encuentra el amor y huye de él.

Esa disciplina estricta que lleva a Hirayama a acometer sus funciones a la perfección se basa en una rutina que comienza con el despertar en su pequeña vivienda, plegar el tatami, salir de su casa y observar cada nuevo día con una sonrisa. Al mediodía almuerza en los bancos de un frondoso parque, lo vemos concentrado en tomar fotografías del entretejido de ramas y hojas de la copa de los árboles con una vieja cámara instamatic, es allí donde comenzamos a descubrir el secreto del propósito que lo anima e ilumina, su rostro refleja éxtasis cuando observa el Komorebi. Ésta es una palabra japonesa que se compone de tres caracteres, o kanji: ko que significa árbol, more que significa escapar de, y bi que significa sol; la expresión significa: “La luz del sol filtrándose a través de las hojas”.

Para la espiritualidad japonesa, el concepto de komorebi exhorta a encontrar en los detalles del juego de los haces de luz que se filtran entre las copas de los árboles y el hipnótico cinetismo que produce el movimiento de las hojas, el regocijo de la vida y la belleza esplendorosa que se enuncia allí en instantes, en tiempo presente. Hirayama colecciona cientos de fotografías que ha capturado del Komorebi, contemplándolas con recogimiento cada noche antes de acostarse. Si el impresionismo está caracterizado por el intento de plasmar la luz y la impresión visual de un instante, pintar el momento de luz más allá de las formas, este último film de Wanders podríamos catalogarlo de impresionista.

Las relaciones que acontecen en su rutina diaria, la del lenguaraz joven ayudante, la encantadora encargada del bar a donde, de vez en cuando, va escasos minutos para escucharla cantar, el juego infantil con un desconocido a pisar sus propias sombras, el encuentro con su sobrina o con su hermana que sugieren un drama latente por errores del pasado, son peripecias que sortea con un afecto escondido en lo profundo de su corazón. No sabemos si su mutismo es timidez, depresión o iluminación. Hirayama es un hombre que vive de instante a instante el presente. Como bien lo expresa el crítico de cine Ernesto Diez Martinez, “La rutina para Hirayama no es el preludio de la muerte ni de la autodestrucción, sino el asombro hacia la vida, que puede ser efímera, pero también no deja de ser constante”. (Letras Libres, 15/02/2024)

Para no ser spoiler en relación con el final de la historia, solo digo que el close-up en toma continua de ese rostro mientras escucha “Feeling Good” de Nina Simone: “Birds flying high, you know how I feel/ Sun in the sky, you know how I feel/ Breeze driftin’ on by, you know how I feel/ It’s a new dawn/ It’s a new day/ It’s a new life for me”, resume el concepto del film. Su rostro expresa lo que cada día podemos sentir en nuestras implacables rutinas personales: tristeza, alegría, esperanza, en ese orden, a la inversa o en forma aleatoria, en cada nuevo día a pesar de ser días perfectos.

edgar.cherubini@gmail.com

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