La juventud francesa entre la profanación y la esperanza

La estatua de Nuestra Señora de los Monts d’Or fue decapitada, al igual que la del Niño Jesús

sostenido en sus brazos. Mayo 2026. Imagen tomada de las RRSS.

La juventud francesa entre la profanación y la esperanza

Edgar Cherubini Lecuna

En Francia, la barbarie ha traspasado los límites de lo tolerable. Mientras las hordas de vándalos enmascarados bloqueaban, incendiaban y golpeaban a maestros y estudiantes en los liceos a lo largo y ancho del país, al mismo tiempo, un grupo de jóvenes cometía actos abominables contra la estatua de la Virgen María, patrona de Córcega. Al tumbar la estatua, se filmaron unos a otros simulando actos sexuales sobre la figura de la virgen, enviando el video a las redes sociales, haciendo viral el sacrilegio y la obscenidad. La relación entre Córcega y la Virgen María, su patrona, es una devoción que se remonta al siglo IV y constituye uno de los rasgos más importantes de su identidad religiosa, cultural e histórica. Su himno tradicional, Dio vi salvi Regina, es una oración mariana. Su invocación a María como madre protectora expresa una relación singular entre la fe religiosa y el sentimiento de pertenencia de los corsos. Cuando destruir lo sagrado se convierte en espectáculo, nos encaminamos peligrosamente a un nihilismo moral imperdonable. Es el momento de reflexionar seriamente sobre un cambio de rumbo y enfrentar la barbarie para evitar caer en el abismo o deducir que ya nos despeñamos.

Actos anticristianos registrados en Francia

El reciente episodio de Porto-Vecchio, en Córcega, el 1 de octubre de 2026, no es un caso aislado. En mayo de este año, la estatua de Nuestra Señora de los Monts d’Or, en Ródano, erigida en 1938, fue decapitada, al igual que la del Niño Jesús que sostenía en brazos. La decapitación de estatuas de la Virgen María, de Cristo y santos cristianos constituye un fenómeno recurrente en Francia. Según un comunicado del Ministerio del Interior, las cifras oficiales registran 843 actos anticristianos, que incluyen decapitaciones y degradaciones de símbolos religiosos, incendios de iglesias, amenazas y agresiones a fieles. No es solo la destrucción del patrimonio espiritual, dichas estatuas forman parte de la memoria colectiva, del paisaje histórico y de la identidad local, incluso para los que no practican la religión católica. En el caso de Córcega, ambas dimensiones se superponen por la vinculación entre la Virgen María y la identidad corsa. Por eso, los episodios documentados plantean una cuestión que va más allá del simple vandalismo cuándo la destrucción de un símbolo religioso se convierte también en una agresión contra la memoria cultural de una sociedad. Es importante apuntar que Francia, es el país donde más iglesias “se incendian”. Al hostigamiento a los judíos se ha sumado la agresión a los cristianos. En el fondo, es el odio a nuestra civilización.

El Corán ordena decapitar las estatuas

La destrucción o la degradación de las estatuas, los rostros de mármol desfigurados a martillazos o las figuras manchadas de pintura, son para el historiador Stéphane Ratti una expresión del damnatio memoriae, una manera de maldecir o destruir la memoria y herir profundamente el sentimiento histórico de la sociedad. Esta escalada de vandalismo contra el patrimonio cultural y religioso en muchas ciudades de Francia, Europa y América no es espontánea, obedece a una estrategia contra las sociedades democráticas occidentales nacida de la unión de las organizaciones de extrema izquierda internacional orquestadas con el islam integrista que se beneficia del despropósito y la política del avestruz de sus dirigentes. Para el islam, es un pecado mortal representar de ninguna manera a Dios y está estrictamente prohibido colocar estatuas que perpetúen la memoria de reyes, santos, grandes hombres o cualquiera que sea digno de admiración, eso explica la decapitación de las estatuas de Colón y la degradación de aquellas erigidas en memoria de Churchill y de Gaulle, entre otras. Solo Alá merece ser venerado, es el único dios, Allahu Akbar, pero es «incognoscible», es decir, que no tiene representación, por eso, en el Corán se ordena decapitar las estatuas para solo concentrarse en Allah. Sería una ingenuidad pensar que todas estas acciones vandálicas contra las estatuas que estamos presenciado en Francia y en otros países no tienen correspondencias con el islamismo radical que en alianza con la izquierda buscan destruir las democracias y los valores de occidente.

Estatua profanada de la Virgen María de Córcega. Octubre 2026. Captura de pantalla del video tomada

de Facebook.

La paradoja del episodio de Córcega

Si lo sagrado hubiera desaparecido completamente de la conciencia colectiva, su profanación probablemente no habría provocado una reacción de intensa indignación de los corsos, lo que demuestra que los símbolos religiosos conservan una capacidad considerable de movilización social, emocional e identitaria.Podríamos afirmar que, con apenas unos días de diferencia, la juventud francesa reunida ante León XIV y la destrucción de la Virgen de Córcega representan dos actitudes frente a lo sagrado en la Francia del presente. El 25 de septiembre de 2026, cerca de 80.000 jóvenes se congregaron en el Stade de France, en Saint-Denis, para recibir al papa León XIV durante su visita apostólica que congregó en París a 700.000 fieles. Procedentes de diferentes regiones y medios sociales, los jóvenes participaron en una vigilia de oración, cantos jubilosos y testimonios de fe y esperanza. Seis días después, el 1 de octubre, mientras hordas de jóvenes enmascarados bloqueaban los liceos del país, otros desalmados profanaban una estatua de la Virgen María en Córcega, realizando gestos obscenos contra la imagen. La escena fue grabada en video y difundida por las redes sociales. La proximidad temporal de ambos acontecimientos plantea una paradoja a destacar. En Saint-Denis, decenas de miles de jóvenes se reunieron para expresar una relación de respeto y veneración hacia lo sagrado. En Córcega, unos jóvenes convirtieron la profanación en motivo de escabrosa exhibición pública. Dos actitudes frente a lo sagrado, una que busca reconocer su significado y otra que lo desprecia. Sin embargo, ambas conductas pertenecen a una misma sociedad y a una misma generación.

La extraordinaria concurrencia juvenil durante la visita de León XIV demuestra que la espiritualidad cristiana conserva una notable capacidad de convocatoria y revela la existencia de una juventud que busca abiertamente en la fe una fuente de identidad y de orientación moral y ética. Mientras miles de jóvenes escuchaban con absoluto fervor la exhortación del Papa a construir su vida alrededor de la responsabilidad, la solidaridad y la esperanza, en una demostración de orden y civismo republicano, otros jóvenes protagonizaron un acto cuya difusión digital amplificó la humillación de un símbolo venerado. Las imágenes de ambos acontecimientos fueron filmadas y difundidas por las redes sociales. La diferencia reside en el sentido moral de lo que unos y otros mostraron. Una imagen puede comunicar esperanza en la fraternidad o convertir la humillación y la destrucción sacrílega en entretenimiento obsceno. Tal vez la gran división de nuestro tiempo no se encuentre simplemente entre creyentes y no creyentes, sino entre bárbaros que pretenden destruir nuestros símbolos sagrados y el de una juventud que insiste en su redescubrimiento.

Como las estatuas no pueden defenderse, hay que pensar en cómo rebelarnos ante la barbarie y hacerles frente a estas acciones destructivas contra los valores occidentales. No olvidemos que los ángeles portan espadas para luchar contra el mal. Es cuestión de supervivencia. De no ser así, tras decapitar las estatuas, los bárbaros vendrán por nuestras cabezas.

edgar.cherubini@gmail.com

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