¡El monstruo está vivo!

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¡El monstruo está vivo!

Edgar Cherubini Lecuna

París, julio 2018

Hace doscientos años, en julio de 1818, una tímida adolescente llamada Mary Shelley (1797–1851), veraneaba en Suiza con su esposo, el poeta Percy 
Bysshe Shelley, alojándose ambos en la casa de Lord Byron, en villa Diodati, a orillas del lago Leman. Byron, aventurero y poeta romántico, se había instalado en Suiza ese año, huyendo de la mala fama que había acumulado en Londres debido a sus escandalosos amoríos.

Una noche, para matar el aburrimiento, Byron propuso un juego en el que cada uno redactaría una historia de miedo para compartirla en las tertulias habituales a la luz de las velas en medio del bochorno. Tres semanas después, la joven Shelley, quien contaba apenas 17 años, una noche les leyó su Frankenstein o el Prometeo moderno, dando origen a uno de los grandes mitos de la literatura universal. Esta obra ha sido traducida a todos los idiomas del planeta, representada en teatro y plasmada en más de cuarenta versiones de cine.

Frankenstein es un ser creado por un científico que utiliza el cerebro de un criminal, trasplantándolo a los fragmentos de otros cadáveres con los que ha creado un cuerpo semejante a un humano. Por medio de la descarga eléctrica de un rayo, logra pasar la chispa de la vida a esa tosca simulación de hombre, que al sentirse vivo se rebela contra su creador, sembrando el caos y el terror en su huida hacia ninguna parte.

Según Sébastien Lapaque en Frankenstein, doscientos años y ni una arruga (Frankenstein, deux cents ans et pas une ride), más que una historia de fantasmas como la pidió Byron, representa la confrontación del hombre moderno consigo mismo: “En el libro de Mary Shelley, el Dr. Viktor Frankenstein es un científico extraño y solitario que hurga en el cuerpo humano, incluyendo el de los animales tratando de ubicar la esencia, el origen del principio de la vida. Al escudriñar el misterio del paso de la vida a la muerte en los cementerios familiares de su pueblo, logra dar con el camino opuesto: el paso de la muerte a la vida. En un pasaje del libro se lee: «Después de días y noches de increíble fatiga, logré descubrir la causa de la generación y la vida: incluso, yo mismo fui capaz de animar la materia inerte». La cultura popular ha denominado Frankenstein al monstruo que los aterroriza con su poder inhumano. Ese artificio de hombre está fatalmente condenado al mal. Así es como la novela de Mary Shelley es más moral de lo que parece”, expresa Lapaque.

En el libro de 1818, Shelley lo denomina simplemente «la criatura». Sin alma, sin nombre propio, desdichado en su fuerza sobrehumana desatada y sin control. Curiosamente también se refiere a él como daemon, nombre que en la mitología griega refiere a un ser sobrenatural. En El banquete, Platón definió un daemon o demonio como un ser intermedio entre los mortales e inmortales, puesto que debía transmitir los asuntos humanos a los dioses y los asuntos divinos a los hombres. Dentro de esta concepción platónica, las principales funciones de los daemones eran servir de guías a los hombres a lo largo de su vida y de conducirles al Hades en el momento de la muerte.

Criatura, monstruo o demonio, Frankenstein está más vigente que nunca, como lo resume Maria Popova (200 Years of Frankenstein, Brain Pickings, 2018), refiriéndose al Proyecto Bicentenario de Frankenstein de la Universidad Estatal de Arizona, un esfuerzo multidisciplinario y multimedia para involucrar y hacer reflexionar a la gente sobre los eternos temas de ciencia, tecnología, ética y responsabilidad creativa planteados en el libro. El proyecto explora las preguntas proféticas de Shelley, enfocándose sobre la naturaleza de la conciencia, la evolución y la definición de la vida, la ética de la ingeniería genética, el futuro del cuerpo humano y la inteligencia artificial. La novela de Shelley está viva en el corazón del mundo. En el portal Web del proyecto The Frankenstein Bicentennial Project se lee: “…It’s alive! ”, “¡…Está vivo!”. https://frankenstein.asu.edu

Por su parte, MIT Press, publicó “Frankenstein: comentado para científicos, ingenieros y creadores de todo tipo” (Frankenstein: Annotated for Scientists, Engineers, and Creators of All Kinds). Se trata del manuscrito original de Shelley de 1818, editado en línea con los comentarios, anotaciones y ensayos de destacados pensadores contemporáneos en ciencia, tecnología, filosofía, ética, feminismo y ficción especulativa. En el prefacio se lee: “Ningún trabajo de la literatura ha hecho más para dar forma humana a los humanos y a sus consecuencias morales que Frankenstein el Prometeo Moderno”. https://mitpress.mit.edu/books/frankenstein

FOTO No 3_Frankenstein_poster_1931

La primera versión cinematográfica de esta obra, está plasmada en un cortometraje de Searle Dawley, autor del cine mudo americano de 1910. La versión más aclamada sin duda es el Frankenstein de James Whale (1931), protagonizada por Boris Karloff, es una obra anticipatoria de lo que sucedería en Europa cuando la sociedad alemana creó a Hitler y el nazismo. Recordemos que al final de la cinta, la gente del pueblo pierden el miedo, se unen y se arman con lo que tienen a la mano, Frankenstein es perseguido, acorralado y quemado vivo por una turba iracunda. La moraleja es que para que no te aniquile, hay que unirse y enfrentarse al monstruo.

El interés científico o literario que hoy despierta un monstruo creado por la imaginación de una adolescente hace doscientos años, nos convence de su existencia real y del temor a que nuestras creaciones e inventos escapen de nuestro control sembrando el caos. Me refiero, solo para citar algunos ejemplos, a los primeros experimentos sobre la fusión nuclear, que condujo a la creación de la bomba atómica y que, a partir de Hiroshima y Nagasaki, desató una carrera armamentista que hoy, en manos de sicópatas iraníes o norcoreanos, amenaza no solo con borrar borrar del mapa a naciones enteras, sino con destruir la vida sobre el planeta. Otro ejemplo serían los experimentos de las grandes corporaciones enfocadas en la biogenética, que exigen de la sociedad leyes, control y normas éticas, dirigidas especialmente a los que pretenden modificar los genes de los alimentos para humanos y animales. El monstruo anda suelto.

Una interpretación adicional podría ser que las sociedades, sean avanzadas o subdesarrolladas, han creado por igual sus monstruos ideológicos alejados de toda humanidad, volcándose contra sus propios pueblos, sembrando el terror y la muerte; ejemplos de esto son Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, así como sus émulos, me refiero a Fidel Castro y sus frankensteins latinoamericanos: Chávez, Kirchner, Correa, Lula, Evo, Ortega y Maduro. El monstruo vive entre nosotros.

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El dolor y la dignidad de los demás


Fotografías de James Natchtwey

El dolor y la dignidad de los demás

Edgar Cherubini Lecuna

París, junio 2018

Las fotografías de la exposición Memoriade James Natchtwey (1948), que actualmente exhibe la Maison Européenne de la Photographie en París, me hicieron recordar que Susan Sontag expresaba que no es un acto inútil “el hacer que el sufrimiento parezca mas amplio, al globalizarlo, al darle la indispensable significación, acaso lo vuelva un incentivo para que la gente sienta que puede interesarle” (Susan Sontag, Ante el dolor de los demás, 2003). Es que, el conjunto de fotografías de esta muestra, nos remiten al concepto de compasión (del Latín compassio: “sufrir juntos”) de este fotógrafo de guerra, que en el fragor del combate, se interesa en captar la desesperanza y el dolor de las víctimas del conflicto, sin importarle a cuál de los bandos pertenecen. El dolor de los demás le interesa, no como punto de vista, sino como una actitud genuina, la de exponerse en combate para comunicar lo que otros no pueden expresar por sus propios medios. Pero ¿Quiénes son esos «otros» en cuyo nombre James Nachtwey arriesga su vida en Irlanda, Vietnam, Cambodia, El Salvador, Irak, Rwuanda, Kosovo, Afganistan, Darfur?  Win Wenders responde a esta pregunta en el discurso que ofreció durante la ceremonia de entrega del Dresden International Peace Prize, otorgado a este fotógrafo:¿Los sujetos de sus fotografías, acaso son solo los hambrientos, los moribundos, los muertos, los perpetradores, los enfermos, los heridos, los horrorizados? ¿O acaso estos «otros» también nos incluyen a nosotros, los espectadores, en el mismo momento en que comenzamos a involucrarnos con una de sus imágenes? Cuando se hace de testigo y se cumple con esta tarea, ¿no nos llaman también a nosotros como testigos? Si este es realmente el caso, entonces James Nachtwey crea una comunidad entre los sujetos de sus fotografías y nosotros, una comunidad de la que no podemos zafar fácilmente. Él nos convierte en una sola humanidad, ni más ni menos: una humanidad común. La palabra «compasión» adquiere su significado original. (En alemán, literalmente, significa «compartir el sufrimiento»). No connota condescendencia o «lástima», «sonrisa compasiva», sino empatía real, cuando el sufrimiento de los demás se convierte en el nuestro también”. Ese día, Wenders pidió al público dejar de llamar a Nachtwey fotógrafo de guerra, en su lugar propuso llamarlo fotógrafo humanitario (Menschenfreund).

James Natchtwey (en primer plano), Ramallah, 2000

Originario de Syracuse, New York y diplomado en Historia y Ciencia Política del Dartmouth College, se inicia como fotógrafo de guerra en 1980 cubriendo el conflicto de Irlanda del Norte para las agencias Black Star y Magnum. En una entrevista reciente le preguntan sobre cómo, después de 40 años como fotógrafo de guerra, esos dramas humanos lo afectan, a los que Natchtwey responde: “Periodistas, médicos, trabajadores humanitarios o bomberos enfrentan las tragedias de otros y viven situaciones insoportables. Pero hay una justificación para eso, tenemos una razón para estar presente, debemos respaldar y aceptar nuestro papel. Pero admito que me agota. Busco dormir cuando no puedo soportarlo más, pero mis sueños son pesadillas que nunca me abandonan. Llevo estos horrores conmigo y me persiguen. Este trabajo es una carga. Tienes que estar preparado para todo eso. Aún no me ha llegado el momento crítico de decir “no puedo más”. Mientras pueda hacerlo, física y moralmente, continuaré. Es mi responsabilidad. Y si un día sucede que desaparezca, otros tomarán mi rol. Muchos de nosotros estamos haciendo este trabajo con esa esa determinación en mente” (Entrevista de Dimitri Beck, Polka, 2018).

Bosnia-Herzegovina, 1993

Sobre su experiencia en la guerra de los Balcanes, Natchtwey afirma: “Durante la guerra de Bosnia, hubo masacres en Srebrenica, bombardeos de mercados en Sarajevo, entre otros horrores donde mataron arbitrariamente a civiles … Los cínicos decían de este conflicto que no había escapatoria, que era imposible una solución. Pero la opinión pública fue informada y sensibilizada por los que estábamos allí cubriendo ese desastre humanitario. Los políticos se vieron obligados a reaccionar. Se llegó a un acuerdo y se firmó una paz. Es muy fácil desesperarse, eso nunca ha resuelto el más mínimo problema. Eso sí, debemos mantener la presión sobre los líderes políticos” (Beck).

La fotografía de guerra ha contado con figuras de gran talla y coraje, causando la muerte de algunos o quedando severamente mutilados otros. Robert Capa, estaría a la cabeza con sus reportajes sobre el desembarco en Normandía y la guerra civil española. Alfonso Sánchez Portela, cuyas imágenes brindan un testimonio invalorable de la batalla de Madrid. Joe O’Donnell, quien fotografió el drama posterior a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Eddie Adams y Nick Ut, ambos ganadores del Premio Pulitzer, por su cobertura de la guerra de Vietnam. Nick Ut es el autor de la foto donde se observan unos niños quemados por Napalm, huyendo desnudos de su poblado, fotografía que ocasionó un revuelo político mundial contra esa guerra. Otro es Laurent Van Der Stockt, fotógrafo francés que reveló con su reportaje gráfico el uso de armas químicas por el gobierno sirio. Michael Kamber reunió sus pavorosas fotografías de guerra en un libro titulado Untold Stories From Irak. Rodrigo Abd, es otro acreedor del Pulitzer por sus imágenes sobre las víctimas civiles de la guerra civil en Siria, entre otros fotógrafos, tan valiosos como éstos, que cubren decenas de conflictos armados en este momento alrededor del planeta.

Kaboul, Afghanistan, 1996

Lo más notable de la actitud de Natchtwey es su compromiso con los desamparados por la guerra y su empeño de mostrar la dignidad del ser humano en medio del caos y la violencia: “Yo he sido testigo de cómo le han quitado todo a esa gente – sus hogares, sus familias, sus brazos, sus piernas y hasta el discernimiento. Pero, una sola cosa no les han sustraído: su dignidad, ese elemento irreductible del ser humano. De eso dan testimonio mis imágenes”.

Joven Hutu sobreviviente al genocidio, Ruanda, 1994

Las imágenes de Natchtway, hablan más que mil palabras porque las guerras han agotado las palabras, las han debilitado, las han deteriorado, sus imágenes nos observan y reafirman lo que nutre la férrea voluntad de este fotógrafo: “Hay un trabajo que hacer… registrar la verdad. ¡Quiero despertar a la gente! Los sucesos que he documentado, no deberían olvidarse y ¡…No deberían repetirse!”.

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(*) Fotografía del encabezado: El Salvador, 1984

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Sobre el vacío y la caída de los cuerpos

Sobre el vacío y la caída de los cuerpos

Edgar Cherubini Lecuna

Junio 2018

El 20 de mayo, fecha en que se consumó el simulacro electoral organizado en Venezuela, Radio France International en su sección geopolítica emitió un debate titulado “¿A dónde se dirige Venezuela?” (Élection présidentielle: où va le Venezuela?), con la participación de los expertos: Célia Himelfarb, de Science Po Grenoble; Pierre-Jean Vandoorme, ex embajador de Francia en Venezuela y Gaspard Estrada, director del observatorio político sobre América Latina (l’OPALC). Marie-France Chatin, conductora del programa, lo primero que hizo fue preguntarle a los panelistas: “¿Quién es el responsable de lo que ocurre en Venezuela?”. Durante 50 minutos, los analistas aludieron al desastre humanitario y económico del país, de cómo en los tres últimos años Venezuela ha perdido el 53% de su PIB, con una hiperinflación que el FMI sitúa este año entre 1.349% a 3.000%, de la deuda externa en default parcial, de la pobreza en aumento, de la migración de millones de personas incluyendo exilados políticos, la degradación de PDVSA que comenzó con el despido de los ejecutivos y técnicos competentes hasta quedar hoy en ruinas, del control de cambio para que el gobierno monopolizara el comercio y la corrupción, de la permisividad de Chávez con la narco guerrilla, de la injerencia cubana con sus 40.000 comisarios políticos en todas las áreas de decisión incluyendo la militar, de la represión, de un CNE compuesto por afectos al gobierno, de la militarización de las instituciones y empresas del Estado (14 ministros militares). También hablaron de no haberle hecho caso a Uslar Pietri en 1936, cuando aconsejó “sembrar el petróleo”, convirtiéndose el país en un parásito del mismo, de la imbecilidad y la corrupción (Vandoorme dixit) de un país anclado en el pasado y aislado internacionalmente, entre otras consideraciones. A la pregunta de Chatin todos coincidieron en la respuesta: “el chavismo, sin dudas es el responsable”, pero fue igual de inquietante cuando hablaron sobre la crisis de una oposición democrática dividida y sin propuestas.  Sobre la desunión de la oposición coinciden las declaraciones de todos los representantes de los países aliados a la causa democrática venezolana y esto es verdaderamente alarmante.

Hace ocho años escribí un artículo titulado: El martillo y la pluma, una reflexión de lo que percibía en ese momento del régimen de Chávez y la falta de coherencia de la oposición, por eso reproduzco aquí algunos extractos, porque si bien no es Chávez sino Maduro el que continúa dirigiendo este desatino en el presente, intento convencerme sin lograrlo, que los escenarios han cambiado y que los actores tienen otro libreto.

Las bolas de Galileo

La caída de los cuerpos ha sido objeto de observación y estudio a lo largo de los siglos. Galileo Galilei (1564-1642), demostró que los cuerpos, tanto los ligeros como los pesados, pueden caer con la misma rapidez. En lo que se conoce como “las bolas de Galileo”, el sabio dejó caer desde lo alto de la Torre de Pisa dos bolas de idéntica circunferencia, una de madera y otra de plomo. Para el asombro de los testigos, las dos esferas se estrellaron al mismo tiempo. La conclusión a la que llegó es que la única fuerza que reduce la velocidad de los cuerpos en su caída es la resistencia del aire. La ley que descubrió Galileo y que perfeccionaron Newton y Boyle, nos dice algo muy sencillo: si hay resistencia, el cuerpo tarda en caer. Si le cambiamos la forma éste caerá más rápido. Boyle demostró que sin aire, no importa la forma ni el peso, los objetos caen a la misma velocidad.

Hoy me hago las mismas preguntas que me formulé en el 2010, cuando el 80% del país coincidía en responsabilizar a Chávez de todos los males: ¿Es que Maduro es más ligero que el aire? ¿Es que tiene una forma aerodinámica que le permite sustentarse, planear, flotar? ¿Es que Maduro es un peso pluma? Habría que añadir a los análisis sobre el país una variable sobre las leyes físicas aplicadas a la política.

El riesgo del vacío

La oposición, cuando se haga visible, reconocible, identificable, cuando adquiera forma, tendrá la oportunidad de convertirse en fuente de esperanza. Para lograrlo hace falta darle un cuerpo, una fisonomía, un rostro, un liderazgo, “una voz”, convertirse en promotora de una idea poderosa y aglutinante, donde el ciudadano común tenga la convicción de saberse parte de una comunidad de intereses e ideas con perspectivas, integrado a una causa y a un destino común de nación. Esto dejaría sin sustentación el fenómeno Maduro, que flota en una atmósfera de populismo, ignorancia, mentiras y desinformación. Desafortunadamente, eso no ha sido posible hasta el día de hoy.

Debido a la desunión, la arrogancia, el oportunismo y el colaboracionismo de algunos dirigentes, la oposición ha desperdiciado oportunidades irrepetibles. En un Estado fallido día a día vemos agravarse la crisis y la falta de respuestas. La realidad es que lo que impera en Venezuela es una gran y estruendoso vacío.

El historiador y analista político alemán Georg Eickhoff, buen conocedor de la realidad política del país, afirmó en diciembre de 2017: “La vía electoral está cerrada desde el bloqueo del revocatorio. De cierta manera, el derrotado es el chavismo, que carece de apoyo popular y solamente puede sobrevivir como dictadura”. Hace pocos días se expresó sobre la crisis de la oposición, sus divisiones y falta de programa, amen de sus desvaríos electoralistas manejados por la dictadura, siendo tajantes sus afirmaciones: “La oposición venezolana está más dividida que nunca y así va a seguir mientras siga la tiranía. Las llaves de la unidad están en manos de la tiranía. Cualquier estrategia opositora exitosa debe prescindir de la unidad y apostar por una solución de élites con ayuda externa” (@JorgeEickhoff – 6:14 AM – 2 Jun 2018).

A propósito de esto, son preocupantes los pronósticos que van, desde el desmembramiento final del país en una especie de Somalia, donde diferentes organizaciones armadas (militares, paramilitares chavistas, narco guerrilla, carteles de la droga, hampa común) se disputan parcelas del territorio nacional en medio del caos, pasando por un golpe militar, hasta una intervención militar in extremisde una coalición de países.

A la llegada de la misión Apolo XV a la Luna en 1971, uno de los astronautas decidió experimentar sobre la caída de los cuerpos en el vacío, dejando caer desde la misma altura y al mismo tiempo un martillo y una pluma. Debido a que en la Luna no hay atmósfera, los televidentes que presenciaban la transmisión vieron con asombro cómo ambos objetos cayeron al suelo al mismo tiempo, mientras el astronauta exclamaba: “¡Vieron, Galileo tenía razón!”. El riesgo en Venezuela, es que en el vacío todos los cuerpos se desplomen a la misma velocidad.

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La revolución de Pierrot el loco

Mayo 68

La revolución de Pierrot el loco

Edgar Cherubini Lecuna

París, mayo 2018

Para tratar de comprender los sucesos de mayo de 1968 en Francia, habría que comenzar por entender a una sociedad surgida del siglo de las luces y de la revolución de 1789, que descabezó el absolutismo dando inicio a un régimen basado en el principio de la soberanía popular, germen de una democracia moderna, pero que durante los siglos XVIII y XIX basculó entre la revolución y el terror, el imperio napoleónico, la monarquía constitucional y finalmente en la democracia republicana. Marchas y contramarchas donde siempre prevaleció una burguesía rica y culta que se convirtió en la fuerza política dominante del país desde que Francia entrara en la fase de industrialización.

La educación en la Francia de los años sesenta, se destacaba por una gran rigidez enmarcada en un modelo cartesiano tradicional, encaminada a sostener los valores de una extendida clase media urbana y provincial, así como los logros del desarrollo y la estabilidad económica que por primera vez disfrutaban los franceses después de las dos guerras mundiales. Pero, como sostiene Inglehart, “el crecimiento económico de un país trae consigo cambios en la escala de valores de los ciudadanos por la adopción de valores de auto-expresión (self-expression), que exigen mayores libertades”.

Sobre la crisis de mayo de 1968, pienso que hay varias circunstancias que inspiraron y encendieron las revueltas y que minaron esa solidez aparente de Francia, dando paso a los que Zygmunt Bauman denomina “la modernidad líquida”, signada por la inestabilidad y la desaparición de referentes, donde se pasa de la rigidez, la estabilidad y la repetición, a la liquidez, a la flexibilidad y a la incertidumbre. Ese año, la Quinta República fundada por Charles de Gaulle en 1958, estaba por llegar a su fin.

Afiche del film Pierrot le fou, 1965

Aburrimiento, liquidez e incertidumbre

Un primer evento tiene que ver con la incertidumbre, reflejada en un film de Jean Luc Godard: “Pierrot el loco” (Pierrot le fou), realizado en 1965, tres años antes de la llamada revolución de mayo. Es un film clásico – no hay trucaje – y a la vez moderno en su narrativa, libre e intuitiva. Habría que agregar algo más, fue un film premonitorio.

Como la mentalidad del francés se caracteriza por una bipolaridad entre el cartesianismo y el surrealismo, la película se hizo viral. El personaje es un “Bo-Bo” (bourgeois bohème), perteneciente a una clase social caracterizada por sus valores consumistas junto con comportamientos y gustos bohemios, actitudes hedonistas y pulsiones asociales. Ferdinad o Pierrot, que admira a “un poeta llamado revólver” (en alusión a Robert Browning) y al pintor español Velazquez “porque no buscaba pintar cosas precisas, sino lo que yace entre cosas precisas”, no soporta su incertidumbre existencial y escapa de la estabilidad de su matrimonio y entorno familiar, iniciando un aparatoso viaje sin retorno. Todo comienza la noche en que asiste con su esposa a una fiesta familiar. Es genial la escena donde los invitados, altos ejecutivos con sus esposas, conversan animadamente entre ellos, pero poco a poco el espectador se da cuenta que los parlamentos son los mensajes publicitarios de marcas comerciales en voga en el mercado francés.

Pierrot deja la fiesta y decide huir con una antigua amiga. Durante la travesía no para de leer en voz alta los diálogos de los personajes de Les pieds nickelés (Argot: pillos), publicadas en L’Epatant,un semanario de historietas que versaban sobre un universo enrevesado. Pierrot y Marianne, su compañera, inician una deriva hacia el sur de Francia, hacia “donde los vendavales arrastraron los siglos”, una aventura romántica plena de poesía, filosofía, extravagancias y riesgos, que culmina en la exacerbación del nihilismo y finalmente el suicidio: “que bella muerte, tan estúpida”, exclama Pierrot en la escena final, mientras enciende la mecha de decenas de cartuchos de dinamita atados alrededor de su cabeza (el filme fue prohibido a menores de 18 años).

Otro evento lo produce el manifiesto publicado por la Internacional Situacionistaen septiembre de 1966, titulado Sobre la miseria en el medio estudiantil, panfleto que fue reeditado ese mismo año por los estudiantes de docenas de universidades en muchos países. El primer párrafo del texto resume el contenido: “Hay que hacer más infamante la infamia, denunciándola. Podemos afirmar, sin gran riesgo de equivocarnos, que en Francia el estudiante es, después del policía y el sacerdote, el ser más universalmente despreciado”. Le sigue una agresiva crítica a la izquierda, en especial al Partido Comunista, a la Unión de Estudiantes (UNEF), a los partidos del estatus, a los medios de comunicación y a la sociedad de consumo. Las exigencias de reformas estudiantiles y sociales no se hicieron esperar ese año en las universidades de Estrasburgo, Nantes y Nanterre, con manifestaciones y barricadas.

Guy Debord, 1967

En 1967, son publicados dos libros fundamentales para entender la revuelta de mayo, se trata de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord (1931-1994), quien fue el fundador de la Internacional Situacionista, y El tratado de saber vivir del filósofo Raoul Vaneigem (1934).  Ambos libros le dan un sustento conceptual a la protesta juvenil. En la introducción de La sociedad del espectáculose lee: “Y sin duda nuestro tiempo, prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser. El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizada a través de imágenes” (Eso mismo es lo que había plasmado Godard en su film).

Raoul Vaneigem

Vaneigen, por su parte, se dirige sin ambages a los jóvenes, he aquí dos párrafos tomados al azar de su libro: “Tu voluntad individual es un arma poderosa que, manejada por otros, se vuelve inmediatamente contra ti”, “Que coincidan diez hombres decididos a la violencia fulgurante antes que a la larga agonía de la supervivencia, e inmediatamente se acaba la desesperación y comienza la táctica. La desesperación es la enfermedad infantil de los revolucionarios de la vida cotidiana”.

Lo que sucedería el siguiente año, se podía respirar en el ambiente. El artículo de Pierre Viansson-Ponté publicado en Le Monde el 15 de marzo de 1968, es un retrato caustico de la vida del francés burgués promedio, de su individualismo e indiferencia en su mundo bien organizado: “Lo que actualmente caracteriza nuestra vida pública es el aburrimiento. Los franceses están aburridos. No participan mayormente en las grandes convulsiones que sacuden al mundo (…) además la televisión repite al menos tres veces cada noche que Francia está en paz por primera vez hace casi treinta años (…) El joven francés está aburrido, mientras en España, Italia, Bélgica, Argelia, Japón, Estados Unidos, Egipto, Alemania y en la propia Polonia los estudiantes manifiestan, protestan, se mueven, pelean, ya que tienen conquistas que emprender…”.

 

“Prohibido prohibir”

Los sucesos de mayo se producen y desencadenan espontáneamente, las ideas creativas, el sexo, el humor, todo lo que estaba reprimido es volcado en las calles compulsivamente y vaciado en los muros: “La imaginación toma el poder”, “Seamos realistas, demandemos lo imposible”, “Prohibido prohibir”, “Desde ahora, la poesía está en las calles”, “Desabotona tu mente, tantas veces como desabotonas tu bragueta”, entre otras tantas frases que brotaron de los sprays multicolores. Una de estas, podría haber sido pintada por Pierrot: “El futuro no tiene futuro”.

Daniel Cohn-Bendit, lider de la revuelta de Mayo 1968

Los partidos políticos, como suele ocurrir, no entendieron la rebelión juvenil. El Partido Comunista calificó de “falsos revolucionarios” a los estudiantes, acusándolos de “prestarse a intereses fascistas y ser agentes del gran capital”, denigrando y atacando duramente a Daniel Cohn-Bendit, que en ese momento era el líder estrella de la revuelta. Los comunistas, que hasta esa fecha no se habían desprendido de su equipaje estalinista, tuvieron y siguen teniendo posiciones reaccionarias ante cualquier expresión de libertad o ante manifestaciones individuales o colectivas que ellos no autorizan o no comprenden. Los comunistas le tienen horror a lo espontáneo y al humor. Durante ese mes se comportaron como la inquisición católica que prohibió la risa, por pecaminosa. Quizás les molestaron pintas como esta: “Yo soy marxista tendencia Groucho” o “Abajo el realismo socialista, viva el surrealismo”.

A medida que se extendieron las manifestaciones y desórdenes, los sindicatos de izquierda y organizaciones extremistas, trataron de aprovecharse del desorden. Durante la gran marcha por los bulevares, George Marchais, el secretario general del Partido Comunista francés, intentó sumarse, siendo rechazado por la multitud.

Mientras ustedes duermen, nosotros soñamos

Aquí un breve recuento de los acontecimientos: El 3 de mayo, los estudiantes de La Sorbona apoyados por los de Nanterre toman las instalaciones de la universidad y ocupan el teatro Odeon. En el barrio latino, los estudiantes se enfrentan a la policía con el resultado de cientos de heridos. El 10 de mayo se conoció como la noche de las barricadas (La nuit des barricades). Durante una de las escaramuzas nocturnas, alguien pintó un enorme graffiti que decía: “Mientras ustedes duermen, nosotros soñamos”. El 13 de mayo, en La Sorbona, los estudiantes creían haber revivido La Comuna de París de 1871, mientras ese mismo día la izquierda convocaba a su militancia para pescar en río revuelto, pidiendo la renuncia del presidente de Gaulle.Ya para el 19 de mayo, Francia estaba paralizada, no había combustible, los bancos seguían cerrados y los obreros de las fábricas de los suburbios estaban en los bulevares de París reclamando reivindicaciones laborales, entre ellas la de trabajar menos horas y ganar más. Comenzaba a reinar la anarquía y el desabastecimiento.

El 29 de mayo, el presidente de Gaulle toma un helicóptero y se dirige a la base francesa de Baden Baden en Alemania, para reunirse con militares leales, entre ellos los generales Hublot y Massu, para asegurarse así el sostén a su gobierno. De regreso a Francia, pronuncia un vigoroso discurso utilizando la televisión como si fuera la radio. En pantalla solo se veía una foto fija de la bandera de Francia y la voz de Gaulle en “off”, para lograr un efecto subliminal al evocar su famoso discurso de 1940 convocando a los franceses a la resistencia desde Londres. Fue enfático al decir: “No me retiraré … no cambiaré al primer ministro … hoy disuelvo la Asamblea Nacional …”. Esa misma tarde, un millón de personas desfilaron desde la plaza Concorde a la plaza Etoile respaldando al presidente. A la cabeza de la multitud se vio marchar al admirado escritor Andre Malraux, entre otras personalidades. Manifestaciones similares de apoyo a de Gaulle se dieron en las demás ciudades del país. Al día siguiente hubo transporte público, correos, bancos, panaderías abiertas, los trabajadores asistieron a las fábricas y oficinas.

El 7 de junio, el presidente de Gaulle utiliza la televisión para hacer un análisis de la crisis y explicar al país las decisiones y reformas que serán aplicadas para remediar las demandas populares. Días más tarde, las legislativas son ganadas por los Gaullistas con una abrumadora mayoría. Volvió la calma. “Las gasolineras fueron surtidas, no para utilizar la gasolina en bombas molotov sino para llenar el tanque y tomar carretera en el puente vacacional de Pentecostés (…) Fue una revolución hecha en nombre del pueblo por los hijos de la burguesía (E Zemmour, Mai 68, la grande désintégration). Según este pensador, mayo del 68 dio inicio a la fragmentación de Francia y sus valores tradicionales e identitarios.

                                         Pierrot le fou, escena final

Sumido en su individualismo, el francés que siempre ha exigido un espacio personal para diferenciarse y no rozar al otro, vio disueltas las distancias y diferencias en el tumulto de mayo. Sentirse estrujado por la masa era una sensación desconocida que evocaba la consigna “igualdad, fraternidad”. Los estudiantes marchaban abrazados con obreros de la Renault, juntos lanzaban adoquines a la policía y cantaban a coro la Marsellesa. De allí la percepción, por demás irreal y efímera, de una revolución social que algunos creyeron realizar.

Después de treinta días, todo retornó a la normalidad y a la cotidianidad. Una revuelta plena de creatividad y poesía, que murió de “una bella muerte” como el rebelde Pierrot. Si bien no hubo un cambio real de paradigmas, aceleró transformaciones que cincuenta años después aún vivimos, para bien o para mal.

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¿Cuántos minutos de silencio necesitamos para acabar con el horror?

¿Cuántos minutos de silencio necesitamos para acabar con el horror?

Edgar Cherubini Lecuna

París, abril 2018

George Steiner, en Lenguaje y Silencio, dice que vivimos dentro del acto del discurso, pero que hay realidades que no pueden narrarse, que no pueden expresarse con palabras, “lo inefable está más allá de las fronteras de la palabra, hay acciones del espíritu enraizadas en el silencio”.

Si bien, para Aristóteles “el hombre es el ser de la palabra”, que lo hace imponerse sobre el silencio de la materia. En la dimensión mística del budismo, los sutras hablan del silencio de Buda, que Octavio Paz (Aguila y sol, 1957) interpreta sabiamente: “Hay ciertas cosas que no se pueden decir sino con el silencio. La palabra es dialéctica: si afirma algo, niega algo. Yo creo que significación y no significación son trampas lingüísticas y que el silencio disuelve esa falsa disyuntiva. Eso sería el sentido del silencio de Buda. Pero es el silencio después de la palabra. O sea, lo que está después del saber”. Algo similar escribió Henry Miller: «Es del silencio de donde se extraen las palabras». De allí que sea necesario hacer silencio para poder pronunciar la palabra apropiada ante hechos aberrantes que nos conmueven, como bien lo dice el filósofo Raphaël Enthoven: “El silencio es la última palabra, ya que el silencio es el origen y la finalidad de toda palabra”.

En un mundo construido por las palabras, el silencio es una forma de expresar la indignación ante los crímenes contra la humanidad.  Cada año, el 12 de abril, con un minuto de silencio, el Estado de Israel y la comunidad judía mundial conmemoran la Shoá, el genocidio de seis millones de judíos inocentes asesinados por el nazismo. Es el día de un ritual social conmovedor, donde a una determinada hora, suenan las sirenas a lo largo y ancho de Israel, para anunciar el momento en que toda una sociedad se detiene en silencio. Los conductores interrumpen su marcha en calles y autopistas bajándose de sus vehículos, permaneciendo de pie sobre el asfalto. Los trenes y buses suspenden su circulación, los empleados dejan los teclados de sus ordenadores y teléfonos, los deportistas paran de correr aunque estén próximos a llegar a la meta, en las aceras se congrega una multitud firme y silenciosa. Ese minuto de silencio es el sentimiento de cada individuo y a la vez el espíritu de toda una sociedad, creando una vivencia inexplicable cargada de emociones, donde se mezclan el recuerdo del horror y el optimismo al contemplar su pujante nación erigirse como un baluarte democrático en el Medio Oriente y en el mundo. Como lo expresaron muchos mensajes ese día, “El estado de Israel no es una compensación por lo que hicieron los nazis al pueblo judío, es la garantía de nunca más algo así vuelva a suceder”.  La intensidad del silencio se convierte en una fuerza poderosa de unión, de determinación, de identidad. Ahora entendemos lo dicho por Maeterlinck: «el silencio nunca se desvanece».Junto al minuto de silencio para rememorar la Shoá, deberíamos guardar un minuto de silencio para recordar todos los genocidios y masacres ocurridas en la historia, productos de la intolerancia religiosa, política o ideológica, en especial los producidos por el Comunismo.

Junto al minuto de silencio para rememorar la Shoá, deberíamos guardar un minuto de silencio para recordar todos los genocidios y masacres ocurridas en la historia, productos de la intolerancia religiosa, política o ideológica, en especial los producidos por el Comunismo.  El libro negro del comunismo (Le Livre noir du communisme :Crimes, terreur, répression, 1977), escrito por investigadores de varios países europeos y editado por Stéphan Courtois,director de investigaciones del Centre national de la recherche scientifique(CNRS), de Francia, efectúa un inventario de actos criminales (hostigamientos, asesinatos, tortura, exclusión, deportaciones) que arrojó la implantación del comunismo en el mundo, un balance más terrible que el del nazismo. En la introducción, el editor sostiene que “El comunismo real, puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno”. De acuerdo con las estimaciones realizadas, el informe cita un total de muertes que “…se acerca a la cifra de cien millones”.  La estadística del horror es la siguiente: 20 millones en la Unión Soviética,65 millones en la República Popular China1 millón en Vietnam2 millones en Corea del Norte2 millones en Camboya1 millón en los regímenes comunistas de Europa oriental150.000 en Latinoamérica1,7 millones en África1,5 millones en Afganistán10.000 muertes provocadas por “el movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder”.

En 1977, fecha de la publicación del libro, Chávez no había llegado al poder, por lo que probablemente su mandato y el de su sucesor serán tomados en cuenta en la reedición de dicho informe, ya que en 20 años de régimen chavista las cifras hablan de un promedio de 25.000 asesinatos anuales, producto de la inseguridad y la violencia adoptados como política de Estado, que ha propiciado que los militares y grupos de civiles armados, asedien, repriman, secuestren, encarcelen, torturen y asesinen a quienes no piensan como ellos. Sumando a esto, la aberrante exclusión social de todo aquel que no milite en el partido de gobierno, impidiéndole el acceso a los servicios públicos, alimentos y medicinas, provocando una mortandad que crece exponencialmente, incluyendo a centenares de recién nacidos. Entonces me pregunto: ¿Cuántos minutos de silencio necesitaremos para recordar la destrucción de una nación, la violación masiva de los Derechos Humanos, el horror y las muertes de la dictadura comunista que asola Venezuela? Como dijo Ionescu, creador del teatro del absurdo, “…A veces la palabra impide que el silencio hable”.

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Villas, pueblas y escritores

Giorgio de Chirico, I piaceri del poeta, 1911.

Villas, pueblas y escritores

Edgar Cherubini Lecuna

París, Febrero 2018

“Dime el paisaje en que vives y te diré quién eres”, esta concluyente frase es de José Ortega y Gasset (1885-1955). En sus caminatas por “las lomas nerviosas de Guadarrama”, el filósofo consiguió entender y traducir el lenguaje de ese paisaje serrano. “Había en torno nuestro un silencio que en cada instante iba a romperse y persistía, silencio donde laten las entrañas de las cosas, en que esperamos que rompa a hablarnos cuanto no sabe hablar”. En esas contemplaciones confiesa descubrir una parte de sí mismo “más compacta y nervada, menos fugitiva y de azar”.

Citar a Ortega y Gasset me pareció acertado para comentar este libro de Enrique Viloria Vera (1950), Villas, pueblas y escritores, ya que se trata de una singular antología de paisajes interiores expresados en las voces de escritores y poetas vivos o lejanos en el tiempo y en la geografía.

Villas, pueblas y escritores, es como un mapamundi de sentimientos y a la vez un inventario a escala, de tristezas, soledades, alegrías, amores, nostalgias y olvidos, en el que podemos ubicar a quienes sobreviven gracias a un hilo vital anclado a su terruño, aldea, villorrio, pueblo, villa, ciudad o puerto natal, que no los deja perderse en el extravío. Se trata de “un espacio vital y vitalista, un lugar que existe por sí mismo, ‘un lugar en sí’, pero sobre todo para la poesía, sin él, ella poco sería”, así lo refiere Enrique Viloria en su libro, publicado este año por el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, España.

Enrique Viloria Vera, 2017. © Jacqueline Alencar.

En su quehacer académico y literario en el que ha sido autor o coautor de más de ciento treinta libros, Viloria es un conocedor de las claves para comprender esos vasos comunicantes entre el escritor y su entorno: “El ciudadano construye la ciudad; inclusive el ciudadano que jamás coloca un ladrillo, o una piedra, un cable o un tubo: todos los ciudadanos van haciendo la ciudad según sus intereses y sus ignorancias, sus conocimientos y sus sentimientos. Y al mismo tiempo, la ciudad va procreando los ciudadanos que necesita para descomponerse o embellecerse, para sublimarse o envilecerse. (…) La ciudad es, en primer lugar, un refugio donde cada quien concibe su sueño. En segundo lugar, la abundancia de sueños frustrados, convierte a la ciudad en una guerra de pareceres, en un escenario donde se buscan las huellas que va dejando la belleza en su constante deambular de antílope y se evaden milagrosamente, por milímetros, los factibles encuentros con la muerte, esa habitante”, expresa el escritor.

En el prólogo, encontramos un poema de Constantino Kavafis lo dice todo: “La ciudad te seguirá. Viajarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo; y entre las mismas paredes irás encaneciendo”.

Ese paisaje citadino tiene un lugar reservado en el libro, en especial cuando nos lleva de la mano a revisitar Barquisimeto en las palabras de Ramón Guillermo Aveledo: “¿Somos nosotros un invento de Barquisimeto? ¿Nos ha creado la ciudad a su imagen y semejanza? ¿Somos hechura de estas calles y estos modos y este paisaje árido por dos lados y verde por los otros dos? O, al contrario, ¿Es Barquisimeto nuestro invento? ¿Nos imaginamos una ciudad y la habitamos y hablamos de ella, sin que necesariamente sea realidad? ¿Es Barquisimeto un espejismo en nuestro cariño? ¿Es una creación de nuestros recuerdos? La verdad anda a caballo entre las dos posibilidades. A las dos preguntas es posible responder que sí. Y no hay contradicción, sino verdad. Barquisimeto nos hace, y nosotros la hacemos. Nos inventa y la inventamos”.

Para que no existan dudas de la unión entre el sujeto y el predicado, Viloria utiliza la conjunción para subtitular sus visitas poéticas guiadas: Ciudad de México y Alan Riding, Barcelona y Eduardo Mendoza, Macondo y Gabriel García Márquez, Iquitos y Mario Vargas Llosa, Guatapé y Juan Mares. Este último, es un poeta antioqueño que se adentra en los recuerdos de lo que vieron sus ojos y sintió su piel en Guatapé, expresándolo así en su libro El árbol de la centuria: “Traigo noticias / de un tiempo sumergido en las distancias. / Y son noticias / de un pueblo paria en las ciudades / De estas noticias / Me surte un pueblo oculto y diligente. / Que son noticias / Que brillan de sudor y sangre. / Mas mis noticias / Ni son augurio de salvación de nadie. //

La poesía de José María Muñoz Quirós, no puede prescindir del sagrado misterio que encierran las murallas y las torres de Ávila. “Aquí estoy / una vez más / frente a las torres / (…) Aquí estoy / como los pasos mismos / me han traído / hasta el borde del tiempo, / como he necesitado así rozar / la piel de este momento / para reconstruir la vida, / para hacerla merecedora / de este instante que recupero / en esa lucha de amor que a muerte sabe”. //

Albert Camus, en su afanosa búsqueda de un significado del mundo y de la vida humana se refiere al Orán de su Argelia natal, al señalar que “el modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y como se muere”. Quizás esa fue la misma inspiración que motivó a García Lorca a realizar el retrato poético de una ciudad avasallante al escribir Un poeta en Nueva York: “¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? / ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? / ¿Quién el sueño terrible de tus anécdotas manchadas?”.

Por su parte, Enrique Gracia Trinidad, no ha podido saldar las deudas con su Madrid de miserias y alegrías: “Nada te debo a ti, ciudad amarga y fiera, y todo te lo debo (…) Y cuanto más te pago más te debo”.

La villa Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora es la urbe que convoca los recuerdos más sentidos de Guillermo Morón. Recordemos cómo “el calor se aposentó en la ciudad y el calor soltó al diablo”, en esa extraordinaria atmósfera construida palabra a palabra para describir la villa en las páginas de su maravillosa novela El gallo de las espuelas de oro.

La costumbre de vivir del recuerdo enseña que el amor tiene un espacio donde algo sucede si el lugar se nombra y el nombre es Puerto Maldonado, donde el recuerdo es el ensueño de la redención: “cerrar los ojos y ser dueño / repentino de cursos fluviales”, así describe su terruño Alfredo Pérez Alencart.

Cumaná ocupa un espacio singular en Los Legajos del Marqués, de José Tomás Angola Heredia: “(…) Con el sol rabioso del mediodía / asando cabo corchado y chicote / aguas verdinas cuando en felibote / ancoré en la Nueva Andalucía (…) En puerto del paraíso soñado / do los ángeles son aves fermosas / y el mar un manto de azul templado. / Y es que lo nunca antes imaginado / a no ser me digan que falseo cosas / aquí se hace delirio de afiebrado”.

En su libro, Viloria reconstruye “esa gran nostalgia que acoge lo vivido en esa felicidad germinal que se llama infancia”. Por eso pienso que en el Canoabo de Vicente Gerbasi, el recuerdo de su terruño actúa en él como el “estadio del espejo” (Le stade du miroir) de Lacan, afirmando su yo al observarse a sí mismo en su pueblo, sin fragmentarse en su amor. “Es que Canoabo está en mí. Ya no necesito tener nostalgia de él, es mi alma. Yo soy Canoabo”.

Podríamos decir lo mismo del Barquisimeto primordial de Aveledo: “ciudad de dulce de higos pelados en teja (…) de café y de pan de tunja, de acemitas”. Ya que para el cronista, describir su ciudad es contruir su persona en el espejo del mundo: “Por aquí andan mis rastros, mis nostalgias, mis mejores risas, mis esperanzas primeras. En los rincones, en las esquinas, hay trazos de lo que he querido y lo que he detestado, Aquí respiro, camino, mis memorias. Me reencuentro con el que quise ser”.

Virginia Wolf, acertó al decir que sólo existe lo que se nombra y Gracia Trinidad lo testifica: “Poner nombre a las cosas / es el mejor oficio de la vida, // Lo hizo el Padre Adán cuando su Dios / se lo ordenó en el Paraíso. / Y así nacieron árbol, pájaro, río, piedra, / hormiga, pájaro, gacela, viento…/ Nada quedó sin nombre. // Pero luego ocurrió lo que ocurrió / la expulsión amplió los horizontes. / Ni Dios habría imaginado / que Adán siguiera su costumbre / y aún le quedasen nombres que asignar. / Así nacieron risa, amor o llanto, / dolor, tristeza, ausencia o esperanza”.

El libro sirve también como una piedra de afilar para el espíritu. “Es oficio de vértigo este asunto / de acuchillar palabras al papel, / juego de locos, / inútil alboroto de campanas, / pretencioso ejercicio que no sabe / si vive sueños o si arrastra vida. // La verdadera profesión / de los poetas / debería ser el silencio”, proclama Enrique Gracia Trinidad.

Cierto, este libro, invita a callar, a un silencio profundo, a meditar sobre nuestro paisaje interior, entrañable, germinal e inmutable del que partimos y al que nos dirigimos.

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El orden del día

En la foto destacan Adolf Hitler y el empresario Fritz Thyssen. 1933

El orden del día

Edgar Cherubini Lecuna

París, Febrero 2018

El orden del día de la reunión que sostuvieron los veinticuatro líderes de empresas alemanas con Hitler y Goering el 20 de febrero de 1933, contempló el financiamiento de la campaña electoral del Partido Nazi para las elecciones del 5 de marzo de 1933. Los dueños de las corporaciones e industrias alemanas, apoyaron a un psicópata megalómano y genocida a cambio de estabilidad para sus negocios y finanzas. Ese es el primer escenario que Éric Vuillard El orden del dia (L’Ordre du jour, Premio Goncourt 2017), indaga sobre los demonios que desataron el nazismo y el sometimiento de una de las sociedades más cultas y pujantes de Europa a un proyecto expansionista y desquiciado. El segundo escenario, que discurre en paralelo en el desarrollo de la trama, ocurre cinco años después de esa reunión, se trata de las dramáticas escenas del Anschluss, la anexión de Austria, donde se ensayó con éxito la tesis geoestratégica del “espacio vital” de la Alemania nazi, preámbulo de la ocupación de Europa por las tropas de Hitler.

En la reunión con los 24 grandes capitanes de la industria y la banca alemana, apenas a un mes de que Hitler fuera elegido Canciller, el rudo Hermann Goering les dirige un exhorto sin sutilezas: «Caballeros, acaban de escuchar al Canciller Hitler, queremos una victoria en las elecciones del 5 de marzo para estabilizar la economía de Alemania, erradicar a los comunistas y opositores y eliminar a los sindicatos para restaurar el poder del empresariado. Les pido que aporten lo suyo sin chistar”. Siete días después, del Parlamento (Reischstag) solo quedaban cenizas y Hitler, que comenzó a gobernar gracias a un decreto de emergencia, se erigía como dictador. De allí que el autor hable de “las pegajosas combinaciones e imposturas que forjan la historia”.

En dicha reunión estaban presentes los dueños de Bayer, Siemens, Opel, BMW, Daimler-Benz, Agfa, Porsche-VW, Telefunken, Krupp, Thyssen, I.G. Farbenindustrie AG (un conglomerado de 2.000 empresa alemanas), el presidente del Reichsbank, entre otros notables, terratenientes y nobles. En ese encuentro, el Führer da un simple discurso: “Para poner fin al comunismo y recuperar la prosperidad, se deben ganar las elecciones parlamentarias del 6 de marzo”. Invitados a financiar la campaña del partido nazi, “los veinticuatro patrones pagan sin fruncir el ceño. Permaneciendo allí, impasibles, como veinticuatro máquinas calculadoras a las puertas del Infierno», escribe Vuillard. Pasando de la contabilidad a la estadística, allí se decidió el destino de Alemania y de Europa: 55 millones de muertos, incluidos los 6 millones de judíos y un continente destruido fue el resultado del “debe y haber”.

Vuillard, se refiere a esa reunión con una ácida ironía, debido a que en el presente, continuamos consumiendo productos de esas mismas empresas: «Las empresas no mueren como los hombres. La sangre que las alimenta siempre renueva las cabezas que las dirigen. Son cuerpos místicos que nunca perecen”. Amen de aquellas que usaron mano de obra judía extraídas de los campos de concentración. Horror e ironía, son los dos términos que se aplican a sus hallazgos en los intersticios de las historias oficiales.

Sobre Lord Halifax, Secretario de Asuntos Exteriores británico quien, pese a las advertencias de Churchill, intentó por todos los medios de convencer al Parlamento y a la Corona Británica de que a través del diálogo con Hitler y Mussolini lograrían la paz, como si se tratara de dos estadistas democráticos normales, el autor lo describe con gran cinismo: «No es el error de un viejo aturdido, el es un diplomático imbuido del orgullo de la aristocracía inglesa a la cabeza de su fila de antepasados, sordos y ciegos como una morgue”.

Para Jean-Louis Thiériot (L’Ordre du jour : un Goncourt au mépris de l’Histoire, Le Figaro 01/12/2017), la pluma de Vuillard, seca y cruel, dibuja las imágenes sorprendentes del teatro de sombras de la comedia de poder. “El orden del día” no es una novela, es un relato detallado, casi una rendición de cuenta que muestra la triste pantomima de los estadistas en la complejidad trágica de esos años decisivos”.

Para escribir su libro, Vuillard analizó cientos de fotografías y documentales, los incontables archivos del proceso de Núremberg, cartas, libros, documentos y testimonios de origen diverso que le permitieron hurgar en detalles que otros historiadores pasaron por alto. Comenta que se encontró con terribles ironías que lo sacudieron, pero lo hicieron comprender mejor lo ocurrido en Alemania y Austria, como la espeluznante carta de Walter Benjamin, donde cuenta que la empresa austríaca de gas se niega a suministrarle servicio a los judíos de Viena ya que estos utilizaban con preferencia el gas para suicidarse durante la ocupación nazi y eso le impedía cobrarles la factura al fin de mes.

Y es que Vuillard, investigó los 1.700 suicidios ocurridos tan solo en la primera semana de la ocupación, las demás muertes no fueron reseñados por la prensa por temor a las represalias nazis, que prohibieron mencionar los casos, so pena de ser apresados por la Gestapo bajo el delito de conspiración.

En una entrevista de Françoise Dargent (L’histoire est une manière de regarder le présent, Le Figaro 06.11.2017), Vuillard se refiere las distorsiones de la realidad debido a la influencia de la poderosa propaganda nazi en los noticieros de los cines de Europa, lo que contribuyó a una errada visión de la historia aún después de la guerra: «Las imágenes que tenemos de la guerra son y serán para la eternidad dirigidas y manipuladas por Joseph Goebbels. Es extraordinario que las noticias alemanas se conviertan en un modelo de ficción”.

Sobre su estilo de escritura, manifestó que la literatura y la historia siempre han tenido relaciones endogámicas: “La Ilíada es un poema, pero también es un libro de historia. Cuando uno lee Los miserables, uno encuentra         allí los episodios de la vida colectiva (…) Yo estoy impregnado de mi época y mis libros son igualmente productos sociales”.

Los hechos históricos, son útiles en la medida que nos sirven como un espejo para analizar el presente y decidir sobre nuestro futuro. Sobre esto último y salvando las distancias, las escalas y las dimensiones de los personajes, a comienzos de 1997, un importante empresario venezolano me pidió examinar unos videos que le habían suministrado un año antes. Para mi sorpresa se trataba de los discursos de Chávez y Fidel Castro en la Universidad de La Habana en 1994, el día en que Chávez fuera recibido como un jefe de Estado por los Castro, para trazar “el orden del día” de la llamada revolución bolivariana.

En la presentación de mi análisis ante un selecto grupo de empresarios y hacendados convocados por mi cliente, no olvidaré el vehemente rechazo que produjeron mis palabras en los allí presentes, en especial el de un exaltado gran cacao, cuando expresé que las intenciones de Chávez eran las de plegarse a las órdenes de la revolución comunista cubana y que ese día Fidel Castro le había traspasado el testigo de la subversión al inculto pero astuto militar, para utilizarlo como un muñeco de ventrílocuo en su estrategia de demoler las democracias del continente. Cuando cesaron las agrias críticas a mi cliente y a mi persona por habernos atrevido a presentar tal escenario, comprendí que todos ellos estaban apoyando y financiando a Chávez. Esos ciegos, voraces y altaneros hombres de negocio, algunos de ellos prestos a avasallar a quien se les atravesara en su camino, también habían acordado de antemano “el orden del día” de la vorágine que acontecería en Venezuela.

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La incertidumbre de las langostas

Adolf Hitler y Neville Chamberlain, 30 de Septiembre de 1938.

La incertidumbre de las langostas

Edgar Cherubini Lecuna

París, Enero 2018

Werner Heisenberg, Premio Nobel de Física 1932, enunció el llamado principio de incertidumbre o principio de indeterminación, según el cual es imposible medir simultáneamente, con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula. Esto significa, que la precisión con que se pueden medir las cosas es limitada. La incertidumbre no se deriva de los instrumentos de medida, sino del propio hecho de medir. Con los aparatos más precisos imaginables, la incertidumbre continúa existiendo. Desde entonces, el vocablo es de uso cotidiano. Por su parte, Stephen Hawking, dedicado a la didáctica y popularización de los complejos alcances de la Astrofísica, en su Teoría del tiempo, dice que “Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido de que es solo una hipótesis: nunca se puede probar. A pesar de que los resultados de los experimentos concuerden muchas veces con la teoría, nunca podremos estar seguros de que la próxima vez el resultado no vaya a contradecirla”.

Si en física las cosas no son absolutas, sino que, por el contrario, son inciertas, lo son más aún en la escala humana, ya que nuestras pequeñas y a veces colosales incertidumbres cotidianas se han convertido en un modo de vida, en algo natural. Ante la falta de certezas, la gente se alimenta de ilusiones, como las langostas que se sienten atraídas por un señuelo y no ven la nasa de red, la trampa que consiste en un cilindro que se va estrechando en forma de embudo invertido, de forma que cuando la langosta se introduce dirigiéndose hacia el cebo, cae en un depósito del que no puede salir, permaneciendo allí por días, hasta que es recogida, almacenada por semanas y posteriormente distribuida “viva” local e internacionalmente en todo el planeta. No puedo dejar de pensar en la analogía de las langostas de mar con las ideologías y fanatismos religiosos.

A propósito de la ingenuidad de las langostas, causa de su irremediable destino, no nos sorprenden las declaraciones del 12 de Enero de 2018, emitidas por Federica Mogherini, representante de la Política Exterior de la UE, a la salida de una reunión con Javad Zarif, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, en la que estaban presentes sus pares de Inglaterra, Alemania y Francia: «El acuerdo con Irán hace que el mundo sea más seguro», afirmó emocionada la diplomática. Los nuevos Chamberlain se reunieron con el nuevo Goering para poder declarar a Occidente: «Hay que seguir escrupulosamente los términos (del acuerdo), es un instrumento crucial para mantener la paz en la región y en el mundo», expresó por su parte el enviado de Francia a esta consulta.

Esta noticia nos hace recordar a Hitler y a su lugarteniente, el hampón disfrazado de mariscal Heinrich Goering, al prometer paz, estabilidad y seguridad a Europa al políticamente correcto canciller inglés Neville Chamberlain, mientras la maquinaria de guerra Nazi ocupaba Austria, Checoslovaquia y Polonia y preparaba la invasión al resto de Europa. El acuerdo firmado el 30 de Septiembre de 1938, fue suscrito en términos similares al de Irán: “Hemos tenido una reunión hoy y estamos de acuerdo en reconocer que la cuestión de las relaciones anglo-alemanas es de primera importancia para los dos países y para Europa. Consideramos que el acuerdo firmado ayer por la noche y el Acuerdo Naval Anglo-Alemán como símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no ir a la guerra de nuevo. Estamos decididos adoptar el método de la consulta para hacer frente a cualquier otra cuestión en referencia nuestros dos países, así como estamos decididos a continuar con nuestros esfuerzos para eliminar las posibles fuentes de diferencia y contribuir así a asegurar la paz en Europa”. Dos meses más tarde, el 6 de diciembre de 1938, von Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich y Georges Bonnet, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, firmaron otro acuerdo, en términos idénticos al anterior: “(…) para la consolidación de la situación en Europa y el mantenimiento de la paz general”. En Mayo de 1940, Alemania invadió Francia ensayando con éxito su novísima Blitzkrieg o “guerra relámpago”.

La incertidumbre es alimentada día a día por la irresponsabilidad, la ingenuidad, superficialidad, el colaboracionismo en los negocios o la estupidez de los políticos occidentales. Como si nada, el régimen totalitario iraní, siguiendo su dictado teocrático de sojuzgar a los infieles de Occidente, continúa con sus pruebas de misiles balísticos y su retórica genocida contra Israel, país al que ha jurado borrarlo del mapa. Sumemos a esto el ingreso de miles de yihadistas a Europa, Norte de África y Gaza, debido a la retirada del Estado Islámico (ISIS) de Irak y Siria, muchos de éstos diluidos en la avalancha de inmigrantes que diariamente penetran las fronteras de Europa y que engrosarán las redes de fanáticos ya enclavadas en el corazón de las ciudades, donde ensayan nuevos métodos para sembrar el terror, cobijados a la sombra de la corrección política de los gobernantes, protectoras ONG’s y organizaciones políticas de extrema izquierda. Hay que anotar en este resumen el incremento exponencial de la persecución y matanza de cristianos con el auge del fundamentalismo islámico. En 2017 fueron asesinados 3.066 cristianos, el doble del 2016.

  Busto de Putin emperador, San Pétersburgo, 2015               

En este recuento de acontecimientos acaecidos en 2017 y las sospechas que en el 2018 serán similares o peores, no podemos pasar por alto los alcances del poder económico global de China y su penetración en varios continentes, ni el impulso con el que Putin ha iniciado el nuevo ideal hegemónico de Rusia como superpoder. Sobre esto último y aunque parezca una mera anécdota, no deja de ser significativa una noticia que pasó desapercibida en medio de tantas superficialidades, amenazas y calamidades globales. Se trata del busto en bronce de Putin, engalanado con una toga de emperador romano, erigido al Norte de San Petersburgo. Un despacho de la AFP da cuenta de la ceremonia inaugural donde se desveló la estatua: “Andrei Poliakov, líder de la asociación Ibris, que reúne a los cosacos de San Petersburgo, expresó: ‘La imagen de un emperador romano es la de la sabiduría, y esto corresponde al rol histórico de Vladimir Putin que logró unir Rusia y Crimea”. La anexión de esta península ucraniana en marzo de 2014 y el apoyo de Moscú a los separatistas en el este de Ucrania han llevado a un deterioro sin precedentes en las relaciones entre Rusia y los países occidentales desde el final de la Guerra Fría, que no reconocen esta anexión y han impuesto fuertes sanciones económicas a Rusia. La situación en Crimea se encuentra estancada hasta la fecha, pese a los diferentes encuentros amistosos de Putin con líderes europeos y con Trump.

Pero el incierto futuro del mundo, ante una posible reedición de la Guerra Fría, es minimizado en un análisis del pretigioso Hudson Institute, titulado The New Era of Global Stability (19.12.2017). Arthur Herman, su autor, afirma que Putin “no está interesado en revivir el comunismo o la revolución mundial. El presidente ruso simplemente quiere preservar su propio poder y restaurar la ascendencia de su país en Europa del Este, decidido a revertir el eclipse de Rusia como superpotencia”. Sobre China, Rusia y el posicionamiento de la nueva administración norteamericana, afirma: “Algunos dirán que esta rivalidad a tres bandas está causando tensión, arriesgando otra guerra mundial. Lo dudo. En esta nueva era, la fricción y los intereses en competencia serán vistos como naturales. La Estrategia de Seguridad Nacional (de EE UU) lo dice claramente: «La competencia no siempre significa hostilidad, ni conduce inevitablemente al conflicto». Pero el conflicto puede detenerse antes de la guerra, gracias al equilibrio de las fuerzas opuestas y el poder de disuasión económica y militar”. Para confirmar esto, el autor cita una frase del presidente Trump: «Una América que compita con éxito es la mejor manera de prevenir el conflicto». El autor concluye: “No es una era que hará felices a los idealistas o humanitarios. Pero a pesar de todas sus imperfecciones, después de un siglo en el que los ideólogos y los fanáticos han matado y mutilado a decenas de millones tratando de hacer del mundo un lugar perfecto, ¿existe la probabilidad de que lo hagamos peor?”.

Pero la incertidumbre se hace presente con énfasis en América Latina, donde se instituyó como cultura la perversión política, la corrupción y la reedición de las dictaduras, esta vez de izquierda, operadas por la tiranía cubana en su impune expansión subversiva contra las democracias continentales, gracias al sostén de la izquierda internacional enquistada en todas las instituciones internacionales, asi como del Papa Francisco, del apoyo del partido demócrata americano y los partidos socialistas y comunistas europeos. La dramática crisis venezolana es el reflejo de esta destructiva psicopatía política, que ha provocado 25.000 asesinatos anuales en ese país y en el que 30 millones de personas subsisten sin poder ejercer sus derechos ciudadanos, sin comida, ni medicinas, en la más completa incertidumbre, rehenes de unos militares y delincuentes en el poder. Nadie tiene la certeza de si amanecerá al día siguiente. Como bien dice el editorial de El Nacional (17.01.2018), “Venezuela está al arbitrio de un juego de dados, de una suerte que puede o no llegar a su destino”.

En medio de un destino incierto para los habitantes de este planeta, del desastre humanitario de Venezuela y de minorías en peligro de extinción en diversas regiones, hay quienes se preocupan por los sentimientos de las langostas que se van a comer en el almuerzo o cena. Los diarios europeos dieron cuenta de la revisión de las leyes de protección animal en Suiza, que motivó a su gobierno a emitir un decreto el 10 de enero pasado, prohibiendo a los cocineros sumergir langostas vivas en agua hirviendo, considerado esto como acto de crueldad, debido a que los defensores de los derechos de los animales y algunos científicos han llegado a la conclusión de que las langostas tienen sistemas nerviosos complejos y son propensos a experimentar dolor cuando se las hierve. A partir de ahora tendrán que “aturdir a los crustáceos de antemano con descargas eléctricas o destrucción mecánica del cerebro, antes de arrojarlos en agua hirviendo”, dice la ley. Importadores y vendedores de este sabroso y costoso crustáceo también se verán obligados por este decreto a “mejorar el bienestar de las langostas durante el transporte y almacenamiento”. Como referencia, el precio de una langosta de 500 gramos, importada viva de USA o Canadá, cocinada según la tradición de los restaurantes parisinos, es decir, arrojadas al agua hirviendo, está por el orden de los 52 Euros, es decir, el equivalente a 12.148.679 BsF, la moneda nacional de una Venezuela hiperinflacionaria.

Es probable que esta toma de conciencia sobre las langostas se deba al relato del periodista y escritor estadounidense David Foster Wallace, el día que asistió al Festival de la langosta en Maine. Foster Wallace describe el sufrimiento de estos crustáceos: “Incluso cubriendo la olla y alejándose de ella, puedes escuchar el chillido, el golpeteo y el chirrido de la langosta contra las paredes. O las zarpas de la criatura aruñando la olla tratando de salir. En otras palabras, la langosta tiene mucho de ti y de mi si nos arrojaran en agua hirviendo» (Consider the Lobster, 2006).

Como, gracias a los suizos, ya existe una certeza para las langostas, al poner fin a sus incertidumbres antes de ser cocinadas y almorzadas, sin duda habrá esperanza para nosotros los humanos, de ponerle fin a las nuestras.

Fernando Savater, en su artículo Incertidumbre (El País, 11.05.2015), afirma: “El principio de incertidumbre de Heisenberg, en física cuántica, dice que no se puede conocer al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula elemental. De modo semejante, el sabio no logra conocer la conjunción de su situación histórica y el vértigo acelerado de sus descubrimientos. Y quizá tampoco ninguno de nosotros sepa determinar juntamente dónde está y a dónde va en este mundo hermoso y atroz”.

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El Azul Klein y el amarillo Cruz-Diez

Carlos Cruz-Diez, Induction du Jaune avec le Bleu Klein, París 2017. © Atelier Cruz-Diez Paris

El Azul Klein y el amarillo espacial de Cruz-Diez

Edgar Cherubini Lecuna

En 1951, Yves Klein (1928-1962) escribió en su diario: “Para luchar contra todo en la vida, creo que el único medio es tomar un poco de infinito y utilizarlo”. Sus primeros experimentos pictóricos fueron pequeños monocromos sobre cartón que, con el tiempo, se convirtieron en objetos de culto. La búsqueda espiritual de este multifacético artista, se confunde en el camino con su idea del arte: “Pinto el momento pictórico que nace de una iluminación”.

Inspirado por el cielo de Niza, su ciudad natal, inició una búsqueda mística, dedicándose a pintar fragmentos de azul infinito, “el mundo del color puro». En Enero de 1957, en la galería Apollinaire de Milan, Yves Klein exhibió once paneles idénticos con su famoso “Azul”, culminando así la evolución de su búsqueda monocromática. El “periodo Azul”, fue el resultado de un proceso de investigación sobre el color azul, que lo llevó a desarrollar un fijador por medio de una resina sintética llamada Rhodopas, que se retrae en el secado, revelando así el pigmento en su pureza original conservando el aspecto luminoso del azul ultramarino. Desde ese momento, en el mundo del arte se conoce dicho color como International Klein Blue (IKB).

La Fundación Ives Klein y la casa de subastas Christie’s recibieron con beneplácito la iniciativa del artista cinético Carlos Cruz-Diez, de elaborar una obra bidimensional utilizando la fórmula original del “Azul Klein”, para ser exhibida y subastada junto a la de otros artistas el día 4 de diciembre, con la finalidad de recoger fondos para la restauración de la iglesia de Saint-Germain-des-Près, edificio emblemático ubicado en el barrio del mismo nombre, conocido escenario asociado históricamente a la vida cultural y artística de París.

Esta obra de excepción realizada por Cruz-Diez, en homenaje al pigmento IKB utilizado por Yves Klein, se titula Induction du Jaune avec le Bleu Klein, París 2017 (pintura acrílica sobre aluminio / 120 x 120 cm) y su precio de puja ha sido fijado por Christie’s entre 110.000 y 160.000 Euros. El monto total recaudado en la subasta, será donado para las obras de restauración de la Iglesia Saint-Germain-des-Près.

Conversamos con Cruz-Diez en su taller de París, sobre su obra presentada por Christie’s en la portada del catálogo de esta subasta.

Siendo la Inducción del Amarillo la génesis de su discurso cromático ¿Cómo ha sido posible la conjugación de dos posturas ante el hecho pictórico que estamos presenciando, un cuadro del cinético Cruz-Diez elaborado con el azul de un místico del arte como lo fue Klein?

Mi postura en el arte es con la realidad, pero, reconozco y admiro que la posición de Ives Kline, era una importante y arriesgada aventura del pensamiento contemporáneo. El haber utilizado su azul para hacer una de mis obras, es un modesto homenaje a su pensamiento.

En varias oportunidades, usted ha dicho que usted no se inspira, que sus propuestas que han proyectado el color fuera del plano, son producto de una intensa reflexión sobre el fenómeno cromático. Por su parte, Yves Klein, en su búsqueda espiritual expresaba que sus cuadros representan “eventos poéticos de la vida en libertad que es la llama de la poesía durante el momento pictórico”. ¿Qué significado tiene para usted el encuentro con las ideas de Klein?

Su obra está más ligado al mundo surrealista, que al arte concreto que yo profeso. Una de las grandes cualidades del arte es que múltiples y contradictorios discursos pueden convivir y dialogar. Por eso podemos ver al mismo momento un Botticelli, un Picasso, un Monet y un Mondrian a la vez y disfrutar plenamente de cada uno de sus mensajes.

Desde sus primeros experimentos sobre el comportamiento del color, usted logró efectos de post-imagen con gran precisión mediante la utilización de líneas de las cuales logra proyectar gamas de colores en el espacio. Por su parte, Klein busca la pureza del azul como una síntesis asertiva e implacable, “el mundo del color puro» como él lo expresara. En esta obra de excepción estos dos discursos se integran y conviven ¿Cómo ha sido posible lograrlo?.

La línea no es un elemento estético en mi trabajo, es el medio más eficaz que pude encontrar para multiplicar las zonas críticas de visión entre dos planos de color. La mezcla óptica integrada por dos o más colores genera nuevas gamas que no existen en la superficie y que se hacen visibles al espectador, se trata del color saliendo del plano estático al espacio dinámico. Es así como puedo generar nuevas e inestables gamas cromáticas. Lo cual no impide que el resultado sea un hecho expresivo, comunicativo y sensible. El pigmento amarillo que vemos surgir de entre el blanco de fondo y las líneas de color azul no está plasmado en el soporte. Ese amarillo tiene una existencia virtual, sin embargo, es tan real como el pigmento azul Klein.

edgar.cherubini@gmail.com

Christie’s Paris, 4 décembre 2017

Patrimoine de Saint-Germain-des-Prés

Vente aux enchères

Lundi 4 décembre 2017 à 19h00

9, avenue Matignon, Paris 8e

Commissaire-priseur: Camille de Foresta

Catálogo: http://www.christies.com/salelanding/index.aspx?intsaleid=27369&saletitle=

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Laurence Debray, hija de subversivos


             Portada del libro. Laurence Debray, fusil en mano, Brigada de Pioneros, Cuba, 1986

Laurence Debray, hija de subversivos

Edgar Cherubini Lecuna

París, Noviembre 2017

La biografía del Rey Juan Carlos de España que escribió Laurence Debray en 2013, acuciosa investigación sobre los personajes históricos que se entrecruzaron en la vida de Juan Carlos, fue sin duda una empresa ardua y laboriosa, a ratos delicada debido a la alta investidura del sujeto de marras. Pero escribir su propio relato autobiográfico, siendo la hija de dos personajes ligados a los avatares de la revolución cubana y agentes de la subversión en Latinoamérica en las décadas de 1960 y 1970, es sin duda una audaz aventura literaria, un camino espinoso para una niña que en Cuba aprendió a manejar un fusil de asalto antes de jugar con una Barbie, que fue mimada por Jane Fonda y Simon Signoret, que dio sus primeros pasos de la mano del pensador Jorge Semprún y aprendió a cultivar flores en el jardín de su casa de campo con el teórico marxista Louis Althusser.

Laurence Debray, conoce muy bien el desarrollo político tanto de Cuba como el de Venezuela, realidades que no hicieron sino confirmar su acertada decisión de dejar atrás el engorroso equipaje marxista que arrastraban sus progenitores, pero también, como ella lo expresa, de “deshacerse de los afectos para lograr la libertad”. Laurence es una de esas mentes brillantes del nuevo escenario intelectual francés, que ha sorprendido a todos con esta historia, su historia, en la que trata de armar el rompecabezas de su familia venezolana y francesa, hurgando con su característica minuciosidad de historiadora, dando marcha hacia atrás, desandando los caminos que recorrió su familia en Venezuela y Cuba (Fidel Castro y Elizabeth Burgos, su madre), en Bolivia (la aventura del Che Guevara y Regis Debray, su padre) y el de sus ancestros (la alta burguesía y clase política francesa). Una iconografía que había permanecido en penumbras, de pronto se ilumina en estas páginas.

Bajo el título “Hija de revolucionarios” (Fille de révolutionnaires, Éditions Stock, France, 2017) y que pronto será pubicado en Español por Editorial Anagrama, la autora realiza una radiografía del ambiente social, político e intelectual de las décadas de 1960 y 1970 en su Francia natal.

En el corazón de la historia narrada a sus 41 años, Laurence intenta comprender a las dos figuras míticas de su infancia y adolescencia: Regis Debray y Elizabeth Burgos, dos figuras ante las que se sobrecoge por “la dignidad de su pasado y la implacable pureza de sus compromisos”. Leer las 300 páginas de su libro significaron penetrar en un intrincado laberinto en cuyo centro moran dos Minotauros. Laurence encarna a la vez el coraje de Teseo y la sabiduría de Ariadna, al poder desentrañar el hilo del amor logrando su propia redención. “Amor, esa herida en el universo, ese exilio interior, ese déficit ontológico, pero que no existe hasta ser nombrado”, como bien lo expresara Lacan. Conversamos con la autora en el preámbulo de este otoño parisino y su singular meteorología. Aquí resumo sus palabras.

ECL: Indagar sobre Regis Debray y Elizabeth Burgos, subversivos de los años 60’s, es penetrar en un laberinto poblado de pasiones, aventuras y secretos. Aún siendo usted su hija, le ha costado mucho tiempo hilvanar sus historias. Si le pidiera un retrato de ambos personajes, en pocas palabras cómo los definiría.

LD: Son personajes complejos y comparten una historia compleja, ellos han evolucionado a través del tiempo. Si los padres suelen ser personas cercanas, para mi, ellos siempre fueron extranjeros. Escribí este libro en un intento de indagar en sus vidas para entenderlos mejor y entenderme mejor.

ECL: Por lo que relata en su libro, pareciera que su vida ha estado signada por dos polos de atracción: Cuba y Venezuela ¿Cómo ve al castrismo y al chavismo? ¿Cómo siente a esos dos procesos en la actualidad?

LD: Hoy en día, ya es evidente que el castrismo ha logrado imponerse como modelo político y económico en Venezuela. Es un castrismo con casi 60 años de experiencia de ejercicio totalitario del poder, que ha logrado fusionarse con el modelo petrolero venezolano, generando esa “águila de dos cabezas” que es hoy Venezuela.  Venezuela es un país que vive del petróleo desde hace un siglo, y que tiene la cultura de adquirir todo fácilmente, mediante su “petrochequera”, sin producir casi nada. El pragmatismo de Cuba y su proyecto geopolítico imperialista se puso al servicio de esa tendencia de la cultura venezolana, diseñándole a Chávez un método para la compra de adhesiones políticas y de paso, un modelo económico arcaico, el trueque, destruyendo la actividad económica del país al decretar la nacionalización de las industrias privadas. Pero lo que podría ser considerado como un fracaso del modelo económico castrista, el de transformar una economía floreciente en una verdadera ruina económica, como fue la destrucción de la industria azucarera en Cuba, y luego la de la industria petrolera en Venezuela, no es tal en términos de la lógica política castrista. Después de haber logrado el exilio de los sectores opuestos a la dictadura, queda una mayoría, el “pueblo”, convertido en masa dócil, que va acostumbrándose a la penuria, y que da su aval al poder a cambio de una bolsa de comida. Negociar, otorgando un espacio de democracia a la sociedad, significa ceder una parte de su “soberanía” y de su prepotencia. Así lo veo, lastimosamente sin solución.

ECL: Regis Debray, al pasar del pensamiento a la acción, al menos se destacó de la generalidad de intelectuales de la izquierda francesa, de tendencia “filotiránica”, que arrellanados en sus sillas académicas o desde las animadas mesas de los bistrots, donde nadie los persigue por sus ideas, siempre han pretendido hacer revoluciones a distancia en el tercer mundo, sea en Asia, Medio oriente, África o Latinoamérica, terminando éstas en genocidios como en Camboya y en tiranías como la cubana y la venezolana. Desde su punto de vista ¿qué es lo que pretendían y aún pretende esa “izquierda enceguecida”, como bien la denomina usted?

LD: La izquierda francesa ha conformado su imaginario político en la Revolución francesa y cree que todos los países deben pasar por esa fase con el fin de “emanciparse”. A ello se agrega la influencia marxista que ha sido muy fuerte en Francia en los años 60 y que conlleva la idea del “internacionalismo proletario”. También pesa el pasado colonialista de Francia y detrás de este, el mito del “buen salvaje” del siglo de las luces. El imperio colonial se vive hoy bajo la forma de la culpabilidad, lo que provoca un cierto sentimiento de condescendencia hacia los antiguos oprimidos por el colonialismo. En cuanto a América Latina, ésta le cae de maravilla, pues el antiamericanismo es una pasión que la izquierda radical francesa comparte con el castrismo.

ECL: Su madre se deshizo de las ataduras del castro-comunismo posicionándose como una crítica analista del proceso cubano. Elizabeth Burgos no cesa de escribir, alertando sin cesar sobre el modelo aplicado por Cuba en Venezuela ¿Acaso su padre le ha comentado algo en relación a cómo Cuba y Venezuela terminaron convertidas en dictaduras despiadadas y sangrientas?.

LD: A mi padre no creo que le importe mucho la dimensión represiva de los regímenes que se autocalifican de izquierda. Tal vez lo vea como una fatalidad de ese tipo de procesos. Porque el imaginario francés se divide entre aquellos que comulgan con el Club de Jacobinos cuyo presidente fue Robespierre, que desencadenaron el periodo del “Terror” y la otra corriente moderada, la de los Girondinos, opuesta al “Terror”.

Regis Debray y Laurence

ECL: En estos días, todos los diarios del mundo rememoran los cincuenta años de la muerte del Che Guevara y su fallida gesta en Bolivia, acompañado por Regis Debray, su padre. Siendo la hija de dos revolucionarios y habiendo sido entrenada en las filas de los “Pioneros” cubanos ¿Cómo pudo usted desconectarse del mito del Che Guevara, diseñado especialmente para la juventud?

LD: Nunca practiqué la adoración del mito del Che Guevara. Mis padres nunca me lo inculcaron, nunca tuvieron un retrato ni del Che ni de Fidel Castro en sus casas. He sabido que en el apartamento en el que vivían en La Habana, era el único en toda la isla en el que no habían fotos de Fidel ni del Che. Ellos no han sido parte del público que se alimenta de imágenes, ellos han sido actores políticos, gente de acción. Por el contrario, como mi vida transcurrió en parte en España, mi único héroe es Juan Carlos I, rey de España, al que dedique una biografía. El es uno de los actores políticos mas importantes del siglo XX, un héroe pacifico de la democracia. Como puede ver, no me atrae la épica heroica y trágica. Soy un producto de lo institucional. Como lo explico en mi libro el ejemplo de mis abuelos paternos cuenta mucho en eso. La historia de Francia tiene también muchos otros personajes importantes para escoger y seguir.

Che Guevara (centro) y Regis debray (derecha), Bolivia, 1967

ECL: Si bien usted describe a sus padres como “electrones libres propensos al ocultamiento”, mientras que se refiere a sí misma “en búsqueda de la claridad, la transparencia y un lugar”, sin especificar a cuál lugar se refiere ¿Existió o existe ese lugar? ¿Dónde está la luz y dónde la penumbra?

LD: Todas las generaciones piden rendir cuentas a las generaciones anteriores. Es un proceso normal y saludable. A veces, a ellos les cuesta mucho porque no han sido acostumbrados a rendir cuentas a nadie ni a justificarse ante nadie. Han pensado mas en la Historia que en su propio legado o en su descendencia.

ECL: Al leer su apasionante relato sobre las aventuras revolucionarias de sus padres y la búsqueda detectivesca de sus rastros en la historia política latinoamericana, le brinda el motivo para escribir sobre su exploración en busca de una identidad a través de una minuciosa descripción autobiográfica de su vida plena de nostalgias, alegrías, ganancias y pérdidas, queda pendiente una incógnita; ¿Quién es usted?

LD: Yo soy un producto de mi época, con preocupaciones conjugadas en tiempo presente. No tengo la pretensión de impactar el mundo, solo a veces de aclararlo. Tengo la suerte de haber crecido en un medio intelectual interesante y abierto, donde la democracia es un hecho inalterable, pero que siempre hay que cuidarla. La vigilancia política es una prioridad.

ECL: En su libro, usted cita una frase de Félicien Marceau que resume muchas páginas, por eso le pregunto ¿En cuál de los dos pisos vive usted?

“- En primer lugar, ¿cómo está?

–  Está bien.

– ¿Él es feliz?

– Es libre.

– ¿Es diferente?

– Es el piso de arriba».

LD: En el piso de arriba …libre, desde luego. Una libertad que heredé de mis padres.

edgar.cherubini@gmail.com

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